Perdidos por el más allá 1

El año 2003 en versión Boldú.

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Portada Perdidos en el más allá de Ramón Boldú Astiberri

Edición original:Astiberri Ediciones
Guion:Ramón Boldú
Dibujo:Ramón Boldú
Formato:Cartoné, 176 Páginas
Precio:18€

¿Estaré muerto? Si alguna vez cuento todo esto, lo contaré también al revés, o sea, del final al principio.

¿Qué estabais haciendo en 2003? Si sois como yo, que apenas soy capaz de recordar lo que hice hace un mes, no os acordareis, pero no sucede lo mismo con Ramón Boldú que nos transporta a ese año en el primer álbum de Perdidos por el más allá. La primera parte de una tetralogía que es su obra más ambiciosa. Boldú nos lleva contando su vida en sus cómics desde principios de los años noventa y gracias su trabajo hemos sido testigos de la realidad cotidiana de los españolitos de a pie. En sus obras hemos visto el tardofranquismo, la transición y las interioridades de la industria del cómic y del porno de los último cuarenta años. Sin duda es el gran referente y pionero del cómic autobiográfico en nuestro país.

Ramón Boldú es un historietista, guionista y director de arte nacido en 1951 en Lleida. Durante los años setenta y ochenta pudimos ver sus trabajos en el cómic en revistas como Lib, El Jueves, Al ataque, Barragan o Penthouse comix, entre otras. También ha sido director de varias revistas, incluyendo El Víbora, en la que comenzó a publicar sus primeras historias autobiográficas. Hemos podido leer su andazas en tomos como Bohemio pero abstemio, Memorias de un hombre de segunda mano, El arte de criar malvas, Sexo, amor y pistachos, La vida es un tango y te piso bailando o Los sexcentricos en los que nos han ido narrando su vida. Todas han sido publicadas o reeditadas por Astiberri. En 2014 publicó La voz que no cesa cómic sobre la vida del poeta Miguel Hernández coguionizada junto a Ramón Pereira que también ha sido objeto de una reciente reedición por parte de Astiberri.

En 2003 vemos como la vida de Ramón Boldú va a dar un nuevo giro ya que está comenzando la que será su tercera relación seria tras sus dos primeros divorcios (que ya nos contó en Memorias de un hombre de segunda mano y El arte de criar malvas respectivamente). Además, está inmerso en la creación de un club de intercambio para el que está decorando las paredes con su particular interpretación de El Jardín de las delicias de El Bosco. La gerente del club va a ser Ana Flash, una amiga suya que se cree poseída por Eva Perón.

El primer tomo de Perdidos por el más allá lleva el subtítulo de El nacimiento de la superheroína que hace referencia a Ana Flash la protagonista femenina de la obra. Al principio del tomo Boldú nos indica que, aunque estemos ante el primero tomo de la tetralogía, cronológicamente es el último ya que muchas veces es imposible discernir el principio del final de una historia. Sobre todo, en el caso de las autobiográficas ya que en la vida los finales y los principios siempre se solapan, con la excepción de la muerte y el nacimiento, claro. Cualquier que haya leído algún trabajo anterior del autor ya sabe con qué tipo de historia se va a encontrar: una tragicomedia que es tan real como la vida misma, llena de sexo y situaciones surrealistas en las que participan algunos de los personajes más excéntricos que han sido parte de la historia reciente de nuestro país. Pero narrada con el peculiar sentido del humor caracteriza sus trabajos y un enorme talento a la hora de engarzar distintas historias gracias al fantástico uso de los flash-backs.

En una sociedad en la que miles de personas comparten su vida en redes sociales, Boldú sigue ofreciendo algo novedoso, ya que en sus cómics no siempre es verano a diferencia de lo que vemos en los muros de cientos de ‘influencers’. En sus cómics no hay espacio para filtros de Instagram que venden la sensación de que todo es perfecto, porque si algo hace a la vida maravillosa es su imperfección e impredecibilidad. De hecho, leyéndole queda claro que no tiene apenas filtros y que cuenta de manera fidedigna su vida, algo que le ha llevado a ser demandado varias veces.

Su trabajo se puede reír de cualquier situación y persona con la que se ha cruzado sin que resulte cruel, porque lo primero que hace es reírse de sí mismo. Otros autores que realizan cómics autobiográficos cometen el error de tomarse a sí mismos demasiado en serie haciendo ejercicios de autoflagelación, muchas veces producto de no tener nada interesante que contar. Algo que no sucede en el caso de Boldú como sabe cualquiera que haya leído alguno de sus anteriores trabajos. Pero debajo de las sus divertidas y muchas veces dantescas vivencias somos testigos de la intrahistoria de nuestro país, de la evolución los usos y costumbres. Algo que le convierte en el cronista perfecto de una época, ya que huye de cualquier mitificación al contarla sin ningún atisbo de pudor ni romanticismo.

En esta historia vemos como la mortalidad se convierte en uno de los temas principales de la obra, lo que lleva a Boldú a cuestionarse el paso del tiempo y también la realidad. Gracias al ‘parapsicólogo’ que realiza investigaciones con Ana Flash también hay una reflexión sobre la existencia de otra vida. Además de ser testigos de ese mundo asociado al misterio que cada vez tiene más auge en nuestra sociedad y sobre todo en una gran cantidad de autores de cómic de nuestro país.

Gráficamente vemos el mismo estilo heredero del underground de los años 70 que caracteriza la obra autobiográfica de Boldú. Sus páginas tienen un estilo nervioso y suelto de entintado que hacen que la obra transmita esa sensación de inmediatez que la hace tan fresca. Como siempre prescinde de los marcos de las viñetas y las viñetas están abarrotadas de bocadillos y cajas de texto. Hay que destacar que el sexto capitulo gracias a los cuadros de un restaurante Boldú aprovecha para hacer un homenaje a una serie de autores que han influenciado su obra y estilo como Gotlib, Ivá, Coll, Wolinski, Conti, Pazienza, etcétera.

Como todos sus últimos trabajos la obra ha sido publicada por Astiberri Ediciones, con la calidad habitual de reproducción, diseño y papel. Nunca les estaré lo bastante agradecido en recuperar a un autor único dentro del panorama del cómic de nuestro país. Hay que recordar cuando aparece El arte de criar malvas en 2008 habían pasado ya diez años desde la aparición de su anterior trabajo.

Perdidos en el más allá es una obra tan divertida como todas las de Boldú, un pionero que no ha tenido el reconocimiento en nuestro país de otros autores venido de fuera de nuestras fronteras. Todas las constantes de su obra están presentes: sexo, situaciones extravagantes y su enorme capacidad para reírse de sí mismo. Tras leerla queda la impresión de que cuando veamos la serie completa se disfrutara mucho más. Ojalá no tarden mucho en ver la luz los siguientes volúmenes.

Edición original:Astiberri Ediciones Guion:Ramón Boldú Dibujo:Ramón Boldú Formato:Cartoné, 176 Páginas Precio:18€ ¿Estaré muerto? Si alguna vez cuento todo esto, lo contaré también al revés, o sea, del final al principio. ¿Qué estabais haciendo en 2003? Si sois como yo, que apenas soy capaz de recordar lo que hice hace un…
Guión - 8
Dibujo - 7
Interés - 8.5

7.8

Vida

Boldú nos sigue demostrando lo sano que es reírse de uno mismo para afrontar la vida con optimismo.

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Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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