Nemo: Heart of Ice

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Edición original: Nemo: Heart of Ice (Top Shelf Productions).
Guión: Alan Moore.
Dibujo: Kevin O’Neill.
Color: Ben Dimagmaliw.
Formato: Hardcover, 56 páginas.
Precio: US$14,95.

 

Contabilizando más de treinta años de carrera, The League of Extraordinary Gentlemen es uno de los pocos trabajos que mantienen a Alan Moore en el presente de los cómics, más allá del constante recuerdo a sus clásicas obras. Iniciada por el año 1999 y con relativa cadencia desde entonces, hasta este 2013 sigue en publicación, de una u otra manera. En aquel volumen inicial, Moore aprovechaba el genio creativo de autores pasados sumándole el suyo propio para crear un supergrupo de fantasía combinando personajes como Allan Quatermain, Mina Murray, el Capitán Nemo, el Dr. Jekyll y el Sr. Hyde y el Hombre Invisible, en el entorno de la Inglaterra victoriana, reunidos al servicio del gobierno británico para salvar al mundo.

La historia continuó en un segundo volumen de similares características al primero, y años después un especial libro titulado Black Dossier, que ya daban cuenta que no se trataba simplemente de un extraordinario (valga la redundancia) grupo de personajes, sino de todo un universo de ficción (conformado por elementos infinitas ficciones) que iban mucho más allá de aquel mundo del siglo XIX, extendiéndose por toda la historia de la humanidad. Esto se plasmó, otra vez pocos años más tarde, en una tercera serie que ya viajaba por el siglo XX (y más allá), pisando los años 1910, 1969 y 2009 en tres pequeños libros autoconclusivos que juntos forman una historia mayor, al cual se refire comúnmente como Century. Cabe notar, a su vez, que en el Black Dossier también se presenta una breve historia situada en nuestro pasado siglo, más precisamente en 1958, pero sólo como anclaje para introducir los elementos del libro conocido como, precisamente, dossier negro.

Tras esa breve recapitulación, llegamos al presente volumen titulado Nemo: Heart of Ice, en el cual Moore junto al compañero de todas estas aventuras Kevin O’Neill (ya que ningún otro dibujante podría realizar este cómic, según palabras del propio guionista) dan un nuevo giro a la publicación de la saga de la Liga, para devolvernos a principios del siglo XX; cronológicamente, se ubica luego de la primera entrega de Century, más precisamente en el año 1925.

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A su vez, el cómic que aquí nos interesa, hace las veces de interludio entre el mencionado tercer volumen y el futuro cuarto, saliendo momentáneamente de la continuidad lineal que se venía presentando en la historia, tomándose la licencia autoral de disfrutar de narrar otras historias, con otros personajes, en otros ambientes. Es así que, mientras preparan el cuarto volumen que retomará donde dejó el tercero, se dan el lujo de centrarse en elementos no muy abordados, profundizando aún más en la creación de este universo de ficción que parece no tener límites, y presentando un cómic que se aleja bastante de la vena superheroica que en un comienzo predominó, marcando aún más la tendencia vista desde el Black Dossier.

Desde luego, aquellos personajes no son incorporaciones completamente nuevas al reparto de la saga de la Liga de Caballeros Extraordinarios, sino que muy por el contrario se toman personajes ya vistos en otros momentos, algunos apenas mencionados y claro, también hay algunos nuevos. La protagonista (sí, la, no se engañen por el título que Nemo no refiere al Capitán) es Janni Nemo, o Janni Dakkar o la pirata Jenny, la hija del famoso capitán. Su primera aparición fue en el primer número de Century, con un relevante rol en el reparto de aquella historia, logrando Moore y O’Neill en aquel cómic una brillante presentación del personaje. Quienes leyeron esa historia situada en 1910, se sentirán mucho más cómodos al tomar este volumen. A ella se suma la conocida tripulación del Nautilus de Nemo, vista en las pasadas entregas de la saga, además de varios nuevos personajes secundarios que vienen a dar más vida a esta narración, tomados varios de ellos de novelas de aventuras de la época mencionada (como, por ejemplo, Tom Swift).

Respecto a la historia, tal como decíamos arriba, no se trata de una de género principalmente de superhéroes donde un grupo viene a salvar al mundo, sino que es netamente un cómic de aventuras; y de aquellas que se sucedían tan seguido en esos primeros años del siglo XX, en las cuales se exploraban lugares del mundo que el ser humano no conocía demasiado. Por lo tanto, en Nemo: Heart of Ice se cuenta nada más (y nada menos) que una expedición a la Antártida, reeditando la hija la aventura de su padre narrada en El Almanaque del Nuevo Viajero (incluido en el volumen II de la saga). Los cómos y los por qués de esta aventura los dejo para su lectura, ya que al tratarse de un cómic relativamente breve al contar algo probablemente lo cuente todo.

Nemo de Alan Moore y Kevin O'Neill

Con ello como premisa básica, Moore desarrolla una trama menos compleja respecto a lo que solemos leer con la Liga, con menos elementos de misterio y casi por completo narrada de manera lineal. Para compensar tal vez, o para no perder la costumbre de sorprendernos y confundirnos, el escritor de Northampton hacia el final lo torna todo más complicado, aunque muy bien justificado por lo que nos está contando, dejándonos sin entender por un momento qué, cómo o cuándo sucede lo que sucede, lo cual tiene que ver con Lovecraft y su historia en la Antártida, En las montañas de la locura. Desde luego, los que conocen la obra de este maestro del terror, así como el interés que él despierta en Moore, en el mismo momento que se supo que Nemo: Heart of Ice trataría sobre una expedición antártica, sabíamos que la referencia existiría. De esta manera, este complicado giro en la historia la lleva hacia el género de terror, combinado con la aventura siempre presente, propio de Lovecraft también.

Puestos a nombrar autores referenciados, homenajeados (y por qué no, también plagiados) no podemos evitar mencionar a Julio Verne o Edgard Allan Poe, elementos de cuyas obras también se repiten a lo largo de estas páginas. Y son sólo dos, de muchos que mencionamos. Para el detalle, podemos referir a las infaltables anotaciones a esta obra recopiladas por Jess Nevins, que pueden hallar en este sitio.

Retomando lo que veníamos diciendo, la señalada menor complejidad en la trama no implica que el cómic esté mal escrito, ni tampoco que sea más fácil de leer; esto último, ha quedado en claro con las referencias al terror lovecraftiano. Sobre la calidad del guión, no estamos ante el mejor Alan Moore, ni tal vez tampoco ante el mejor Moore de toda la saga de la Liga. El poco espacio para contar esta historia, muy probablemente autoimpuesto, va en detrimento de la capacidad del escritor de desarrollar personajes y escenarios en detalle (y con detalles). No obstante eso, aún así encontramos un poco de esas características propias del estilo de Moore para introducir al mundo en que se narra la historia y para presentar a sus protagonistas, aunque deba hacerlo rápidamente.

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La narrativa, por otra parte, es muy correcta para el espacio proporcionado para desenvolverse, con los elementos de introducción, conflicto y resolución bien definidos, un buen tempo y ritmo de narración que construye progresivamente hacia el final climático, pero no sin varios picos de tensión en el curso de la historia para mantener al lector atento, con el fin de que no deje de leer hasta llegar al final. Sin ser un trabajo descollante, sin dudas sí es muy efectivo.

En cuanto al dibujante, es el mismo Kevin O’Neill de siempre, que ya es mucho decir para saber de lo que hablamos; y quizás sea incluso mejor que antes, con un dibujo más nítido por una línea más definida para los personajes (favorecido por las mejoras tecnológicas del color digital respecto a los volúmenes más antiguos de la Liga), una notable expresividad para los momentos aterradores de la historia, y un espectacular trabajo de detalle para las doble páginas panorámicas que obligan a detenerse un momento para observar. Podría afirmarse que O’Neill está yendo de menor a mayor, lo que nos haría esperar ansiosos las próximas entregas de esta saga, que en lo inmediato continuará con otras dos entregas centradas en Janni Nemo.

En definitiva, la dupla Alan Moore / Kevin O’Neill sigue maravillando, ya sea por el talento de uno o de otro, como por el mundo que supieron construir. Nemo: Heart of Ice claramente no es lo mejor de la saga de la Liga de Hombres Extraordinarios, pero es un interesante abordaje lateral al universo de ficción de ficciones creado por los autores. Y, por encima de todo eso, se trata de un muy entretenido cómic de aventuras.

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NobTetsujin
NobTetsujin
Lector
26 junio, 2013 12:32

Bastante chulo y para mi un alivio después de la demasiado extravagante Century. A ver si la Liga sigue en esta línea.

jorgenexo
jorgenexo
26 junio, 2013 12:50

Peor que los dos últimos es difícil que sea. Yo me he releído recientemenre las dos primeras series, y me temo que las tenía bastante mitificadas por lo fan que soy de las novelas en las que se desarrollaron los personajes centrales.
Esta relectura, que seguramente será la última, además, me ha convencido de que este señor tiene mucha (pero mucha, de ahí que le quepa tanto pelo en la misma) jeta quejándose de que otros retomen sus historias cuando él ha hecho lo propio con verdaderos mitos de la literatura de aventuras: alguien con los huevos de sacar a Hyde sodomizando hasta la muerte al Hombre Invisible no es nadie para exigir respeto a nadie a la hora de sobreexplotar personajes ajenos.
Al menos los primeros doce números cuentan una historia entretenida; a partir de aquí casi me da la impresión de que son un intento por parte del barbudo por epatar al lector con sus enciclopédicos conocimientos de literatura fantástica (ya reflejados en los textos que acompañaban a las dos primeras series) que un interés en contar buenas historias.
Sus grilladas metiendo en el mismo barco referencias a Moby Dick y a Harry Potter, a Los mitos de Cutulhu y a Mary Poppins, además de descolocarme, me desagradan, pese al evidente chauvinismo british que implican estas, en mi opinión, abusrdas inclusiones.
En conclusión, que el tema se había tenido que quedar, en mi opinión, en la derrota de los invasores marcianos gracias al híbrido del Dr. Moreau.
Realmente, me gusta más como Warren Ellis trabaja con estos conceptos (sumándoselos a los iconos Pulp) en Planetary (pese a que evidentemente echa mano de lo reflejado en La Liga) que lo que ha terminado por hacer Alan Moore.

Ataúd Johnson
Ataúd Johnson
Lector
26 junio, 2013 12:51

Yo me cansé de defender Century cuando llegó el último número que ya si que no tenía por dónde cogerlo. De todas formas los dos primeros arcos de La Liga son genialidades y si este Nemo recobra un poco de ellos pues a esperar que la publiquen pronto.

Con Black Dossier casi que he perdido la esperanza de verlo por aquí.

Eh, Nob, me mola tu nuevo avatar!!!!

Johnny99
Johnny99
Lector
26 junio, 2013 12:55

pues yo a este aun no le hinqué el diente, pero coincido con jorgenexo, Century no hay por donde cogerlo, me parece una obra flipada y autocomplaciente

NobTetsujin
NobTetsujin
Lector
26 junio, 2013 12:57

Yo es que ya no tenía ni por donde coger Century en el segundo número, y mira que el primero si me gustó…

De Black Dossier, olvídate, Ataud, no pueden publicarlo por un tema de derechos, si no recuerdo mal. A mi me lo regalaron hace años y ya te digo que es durillo.

Y gracias, justo ahora estoy releyendo por quincuagésima vez Calvin y Hobbes y… 😉

Ataúd Johnson
Ataúd Johnson
Lector
26 junio, 2013 13:03

Ya he dicho alguna vez que me quisieron vender en el Forbidden de NY el Black Dossier de segunda mano bastante hecho polvo por 100 dólares. Les dije que si habían oído hablar de España: país del tercer mundo donde queremos becas para ponernos tetazas. Con lo que mis posibilidades de leerlo se redujeron a la mínima expresión.

Y qué me vas a decir de Calvin si lo tengo de avatar en todos lados menos en Zona! Y sí, no pasa una semana sin que me lea un par de tiras al azar…un integral de lujo ya hostias!!!!

Jerónimo Thompson
Lector
26 junio, 2013 13:17

Yo lo leí hace unas semanas y sí, está bien, pero ni mata ni engorda. Historia de aventuras simpática, con una interesante parte intermedia (cuando las cosas se descontrolan y los acontecimientos saltan adelante y atrás en el tiempo), pero que deja un poquito que desear en lo que se refiere a la caracterización de personajes (aspecto que canta sobre todo con la hija de Nemo, siendo como es la protagonista).

Esperaba un poquito más de este cómic, lo reconozco…

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 13:46

¿Cómo va la edición Española de la Liga? Tengo en mi poder los tomos 1 y 2. ¿Century llegó a salir recopilada en tomo?

Jerónimo Thompson
Lector
26 junio, 2013 14:29

No, Century sólo está disponible en los tres tomitos correspondientes, y Black Dossier de ninguna manera, así que tienes todo lo que se puede tener en tomo bonito.

Khonshu
Khonshu
Lector
26 junio, 2013 14:40

“Esta relectura, que seguramente será la última”

Ños, jorgenexo, tienes una enfermedada terminal? Eres más viejo que Ocioso y te restan pocos años? Ya tienes planificados tus próximos 50 años de relectura y estas no vuelven a entrar?

Es que me ha sorprendido esa seguridad en que nunca volverás a leerlo.

Javier Agrafojo
26 junio, 2013 14:42

A mí la Liga me gusta. No es el mejor Moore, vale, tal vez no sorprende como antaño (o no me van mucho los pastiches) pero me entretiene: son tebeos bien narrados y que admiten segundas lecturas. Siempre me ha parecido más un divertimento, como Tom Strong, que una obra de enjundia y como tal la trato.

Dicho lo cual, lo que tenía pintaza es el anunciado proyecto sobre Lovecraft. Se ve que el tío se ha metido de lleno en el mundillo del de Providence, por lo que leo en la reseña.

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 14:54

“Esta relectura, que seguramente será la última, además, me ha convencido de que este señor tiene mucha (pero mucha, de ahí que le quepa tanto pelo en la misma) jeta quejándose de que otros retomen sus historias cuando él ha hecho lo propio con verdaderos mitos de la literatura de aventuras: alguien con los huevos de sacar a Hyde sodomizando hasta la muerte al Hombre Invisible no es nadie para exigir respeto a nadie a la hora de sobreexplotar personajes ajenos.”

No es la primera vez que escucho (bue, leo) ese argumento y me parece una chorrada como un piano. Una cosa es que cojan una obra tuya, sus personajes y todo su universo ficticio, para hacerle secuelas, precuelas y adaptaciones a otros medios sin permiso. Y otra cosa que recojan ideas y personajes de tus obras, los junten con otros, y creen una obra con entidad propia, con su propio universo y sus propias reglas narrativas y de coherencia interna. Lo primero me cabrearía. Lo segundo me llenaría de orgullo y satisfacción.

Ocioso
Ocioso
Lector
26 junio, 2013 15:08

Pero si además todo esto de que si lo hace Moore está bien y si se lo hacen a él está mal ya lo hemos hablado.
La conclusión final (era mi postura, o sea que me imagino que sería la conclusión) fué que todo depende de si el reciclador pretende que su nueva obra se integre en el canon o no.

Usease, Moore juega con esos personajes ajenos pero no pretende que lo que cuenta pase a formar parte de su (de ellos) biografía oficial. Veredicto: bien.
Las sanguijuelas responsables de Before Watchmen sí lo pretenden. Veredicto: mal.

jorgenexo
jorgenexo
26 junio, 2013 16:33

Discrepo. Pero bueno, el favoritismo está de moda, así que ni tan mal. Y la reflexión de Sputnik, sin parecerme una chorrada como un piano, como a él le parece la mía, va más allá de la subjetividad, como la de Oci: eso de que el autor de la tropelia tenga mayor o menor intención que la misma forme parte del canon… ¿quién lo decide? A lo sumo, es la caracterización socialmente reconocida de un personaje lo que, al final, determina si es parte del canon o no. Es como lo del gabán, la gorrita y el pipón de Holmes: no son canon atendiendo a las novelas, pero la producción posterior a las mismas ha determinado que en el imaginario colectivo sí lo sean.
Quizás Mina Harker, atendiendo a la peli que adapto La Liga, sea realmente un vampiro…
Pero, a lo que vamos: no me vengáis con que os parece peor que “mancillen” Watchmen, una obra que realmente jamás ha pertenecido a Moore y eso Moore lo sabia desde el puto principio, a “que recojan ideas y personajes de tus obras, los junten con otros, y creen una obra con entidad propia, con su propio universo y sus propias reglas narrativas y de coherencia interna”, sobre todo a) cuando hablamos de los personajes y obras referenciales de las que hablamos b) sus autores hace décadas que poco tienen que decir al respecto c) la libertad de la que se hace gala en su reutilización se pasa por el forro de los cojones los previamente escrito sobre ellos.
A mí me encanta Watchmen, pero que lo hayan precuelizado en realidad me la trae al pairo, personalmente no me merece el respeto ni el reconocimiento como obra que sí que me merecen Dracula, Allan Quatermain , 20.000 leguas de viaje submarino, El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr Hyde o La guerra de los mundos, por poner cinco de los ejemplos de obras con las que Alan “Lo mío que no me lo toquen” Moore se lo pasa como le sale de los cojones.
¿Que crea una historia inteligente, logra que los personajes encajen con la misma e interactuan de puta madre? Pues sí, muy bien. Pero su osadía me parece significativamente superior a la de DC respecto a su tebeo, que, al fin y al cabo, pertenece a la editorial y eso Moore lo sabía perfectamente cuando lo creó.
Si Stoker y Rider Haggard, por poner dos ejemplos, vieran lo que hace el genial Moore con Mina y con Allan, por separado y juntos, estoy convencido de que les hubiera encantado…
En fin, todo esto se solucionaría con mi vieja tesis de que los derechos de autor deberían de ser eternos, recayendo en estados si fuera menester (anda que no le vendrían bien a Grecia los derechos de La Iliada, La Odisea, Edipo Rey…), imponiéndose por ley un canon inteporal hasta para el autor de la foto de la tapita del yogur de plátano de Danone. ¿Que quieres hacer uso de ella? Ok, hablemos, dime qué vas a hacer, cómo lo vas a hacer, dónde se va a consumir, etc. ¿Que dices, que vas a convertir el Nautilus, el mayor referente de anticipación científica de la historia de la literatura, en una aberración científica de chichinabo que se mea en las intenciones de Jules Verne cuando lo creo? Mmmmm… No. O sí, claro, pero ya que te vas a mear en la cabeza del viejo Jules, le vas a pagar una pasta a su tataranieto. ¿Que qué ha hecho él para merecer esta pasta? Nada, exactamente lo mismo que tú has tenido que hacer para inventarte el Nautilus y utlizar a su mundialmente conocido capitán como uno de los personajes de tu próxima genialidad. Si no te gusta, puedes hacer como en esa obra tuya tan cojonuda que hiciste para la Warner Corporation y le llamas Sargento Calamar y en vez de un submarino que tripule un destructor a vapor: estoy seguro que de la misma forma que no utilizaste a los personajes de Charlton y te cascaste un obrón, puedes hacer lo mismito con remedos de Nemo, Quatermain, Hyde, Giffin…

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 21:45

Yo sería superfan de que fuesen públicos de una vez personajes que ya deberían de serlo, tipo Mickey Mouse o Superman. Perderíamos en continuidad, pero seguro que ganaríamos en variedad lo que (literalmente) no está escrito.

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 21:48

“Y la reflexión de Sputnik, sin parecerme una chorrada como un piano, como a él le parece la mía,”

Perdón por los modales, tron!

emilio
emilio
Lector
26 junio, 2013 22:23

A mi ya me timo el señor barbudo con la ultima liga y no me saca mas dinero poniendo su nombre en una portada de comic. Porque en eso se ha convertido Moore: una marca que sigue la gente. Como el que compra NIKE porque son las mejores zapatillas del mercado (aunque las asics le den cien mil vueltas) el caso es comprar una marca que todo el mundo reconozca como buena y que por lo tanto me de prestigio. Ya me gustaria leer lo que dicen quienes defienden lo indefendible si en lugar de aparecer Moore en la portada de hubiese aparecido cualquier otro nombre.

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 22:24

Voy a extenderme un poco más, porque no estoy en absoluto de acuerdo con tu teoría de los derechos de autor eternos.
Creo en el derecho de un autor a percibir remuneración por sus creaciones en vida y a decidir sobre su futuro. Se lo ha ganado. Y creo, hasta cierto punto, en que su familia pueda percibir esos derechos, en concepto de legado, una vez el autor en cuestión haya pasado al otro barrio. Pero hay un punto en que dichas creaciones pasan a formar parte del patrimonio de la humanidad que, incluso cuando hace referencia a un pueblo, cultura, ideología o época concreta, es por definición Universal y por tanto no entiende de fronteras ni de dueños. Y es orgánico: crece y se transforma a base de reutilizar conceptos viejos para crear conceptos nuevos.
Ya bastante hemos privatizado la cultura, en mi opinión, como para ponerle aún más frenos a su uso otorgándoles a estados, empresas o tataraherederos control sobre cosas incontrolables. Creo que directamente emigraría a una cueva a cagarme en la civilización occidental.

Sputnik
Sputnik
Lector
26 junio, 2013 22:33
isaac29977
isaac29977
Lector
27 junio, 2013 13:29

Lo q hay es q situar en el tiempo la primera serie de la liga donde todavia se dejaba notar en los comics la influencia image, con lo q este comic fue un sopko dw aire fresco dandonos conceptos e ideas nuevas q a dia de hoy nos parecen conocidas gracias a q el señor Moore siempre esta para sanear la mierda con la q nos tenian inundado el mercado.

Mr. X
Mr. X
Lector
27 junio, 2013 20:37

“Realmente, me gusta más como Warren Ellis trabaja con estos conceptos (sumándoselos a los iconos Pulp) en Planetary (pese a que evidentemente echa mano de lo reflejado en La Liga) que lo que ha terminado por hacer Alan Moore.”

Hombre, la diferencia es que Planetary es lo mejor que ha hecho y que probablemente hará Ellis; y la Liga es, en mi opinión, una obra menor de Moore… yo creo que ahora a Moore le interesan más sus novelas, sus cortometrajjes, sus montajes teatrales y hasta sus ceremonios paganas que escribir cómics. Es un poco triste (para los lectores de cómic; seguro que Alan se lo pasa pipa con toddo eso), pero es así (creo).