Mundo independiente: Actualidad USA #1

Sección en la que hablamos de las series más destacadas que publican las editoriales independientes americanas

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1964

Bienvenidos a una nueva sección de Mundo independiente con la que recuperamos una antigua tradición. Se publican tantos cómics indie en el mercado estadounidense que hacía falta un espacio en el que poder comentar nuestras impresiones de los estrenos más destacados de la semana y algunas series en curso de las que poco se habla. Como el reboot de Kick-Ass, con el que inauguramos la sección.

Kick-Ass #7-8, de Steve Niles y Marcelo Frusin

 

Edición original: Image Comics.
Guión: Steve Niles.
Dibujo: Marcelo Frusin.
Color: Sunny Gho.
Formato: Grapa, 30 páginas.
Precio: $3.99.

 

Seré sincero: soy una fan de la franquicia Kick-Ass. Tengo toda la colección en tapa dura, y no me arrepiento de ello. No serán cómics profundos o rompedores, pero tienen todo lo que le pido a un cómic de acción mainstream. Me gustó el primer arco argumental de la nueva Kick-Ass, aunque se notaba que Mark Millar y Romita Jr. estaban cansados a causa de su carga de trabajo. Tanto trabajo tienen que hace dos meses cedieron las riendas de la serie a Steve Niles y Marcelo Frusin.

Otra confesión: no me gustan los cómics de Steve Niles. Todo los cómics que he leído con su firma me disgustaron tanto que me temía lo peor. Pero para mi sorpresa, está haciendo una labor competente. Millar dejó a la nueva Kick-Ass, Patience Lee, en una situación bastante desfavorecedora. Niles continúa llevandola a un callejón sin salida en una historia con toda la violencia y mala baba que uno espera de un cómic de Kick-Ass, al mismo tiempo que desarrolla un poco más a la protagonista y su entorno. Patience Lee tiene el potencial para ser mejor protagonista que Dave Lizewski.

Sin embargo, que nadie espere el gamberrismo y las referencias a la cultura popular tan característico de los anteriores volúmenes. Millar se olvidó de ellos en sus números, y su sucesor tampoco tiene interés en emular esos cómics. Teniendo a un dibujante como Marcelo Frusin, prefiere darle a la serie un toque neowestern, serio y crudo. El dibujante retrata muy bien la aridez de la América profunda y el ambiente despiadado de bandas callejeras en los pueblos olvidados de esa región. Las escenas de acción enfatizan el impacto de cada golpe y cada bala, similar a cómo hacía Romita Jr., con una composición de página bien calculada. Quién sabe, puede que Niles al final no sepa hacer buen uso de los juguetes que le ha prestado Millar. Pero los dos números publicados hasta ahora me han convencido de que podríamos estar ante una notable continuación.

Blackbird #1, de Sam Humphries y Jen Bartel

 

Edición original: Image Comics.
Guión: Sam Humphries.
Dibujo: Jen Bartel y Paul Reinwand.
Color: Jen Bartel y Nayoung Wilson.
Formato: Grapa, 30 páginas.
Precio: $3.99.

 

Amo y odio a partes iguales los cómics de Sam Humphries. Excepto The Ultimates, pero es mejor no hablar de esa serie; no quiero reabrir heridas o despertar traumas olvidados. Cuando se anuncio su marcha de Marvel a DC, la sensación de alivio fue impagable. Ya no tendría que reseñar más comics de Marvel con su firma. Pero la mala hierba nunca muere, y Humphries prueba suerte en el mercado indie con una serie de la que inevitablemente tengo que hablar. O puede que la esté reseñando porque disfruto torturándome a mí mismo.

Habiendo guionistas mucho peores, ¿por qué me gusta tan poco Humphries? Pues porque él siempre tiene buenas ideas que nunca sabe utilizar. Cada serie en la que trabaja tiene el potencial para ser algo grande, pero termina socavada por malos diálogos, un desarrollo previsible, y una recta final decepcionante. No sé si Blackbird sufrirá el mismo destino, pero su primer número al menos me transmite unas impresiones muy positivas.

En Blackbird conocemos a una chica obsesionada con la magia desde que presenció cuando era una niña a varias entidades mágicas operando en su barrio. El problema es que nadie más se acuerda de ello. Con el paso de los años se ha vuelto una persona autodestructiva (si bien por su aspecto de supermodelo nadie diría que abusa del alcohol y los antidepresivos). Hasta que un día reaparecen esas entidades mágicas, poniendo en peligro a su familia.

No falta el humor cutre ni los diálogos bochornosos marca de la casa, pero, siendo honestos, el guion de Humphries supo despertar mi interés. Pese a ser un cliché andante, la protagonista se siente como una persona cercana. Humphries subvierte las normas típicas en esta clase de historias con protagonistas jovenes, revelando que la obsesión por la magia que siente la protagonista se ha convertido en una enfermedad. Y pone las cartas sobre la mesa, dejando bien claro que el guion está al servicio del dibujo. Y qué dibujo. Jen Bartel, dibujante y colorista, le da un aspecto galamuroso a la historia, creando un universo de magos sexys y criaturas fabulosas. El estatismo que se apodera de muchas viñetas y la asistencia de Paul Reinwand para diseñar cada página evidencian que la dibujante aún tiene mucho que aprender. Pero mentiría si dijera que no me ha gustado el acabado final de cada página; no se ve un dibujo así en un cómic de Image todos los días.

Puede que Humphries vuelva a pifiarla, y no sepa cómo continuar su relato. Puede que el dibujo de Bartel pierda su lustro a medida que se van publicando más número. No obstante, eso puedo pasar con cualquier serie. Lo único que tengo claro es que estoy dispuesto a darle otra oportunidad a un cómic de Sam Humphries. Espero que no sea la última vez.

Call of Duty: Zombies 2 #1, de Justin Jordan y Andres Ponce

 

Edición original: Dark Horse Comics.
Guión: Justin Jordan (basado en una historia de Jason Blundell y Craig Houston).
Dibujo: Andres Ponce.
Entintado: Mauro Vargas.
Color: Dan Jackson.
Formato: Grapa, 21 páginas.
Precio: $3.99 (físico), $1.99 (digital).

 

La semana pasada se puso a la venta Call of Duty: Black Ops 4, la nueva entrega de la popular saga de videojuegos. Se pronostica que venderá millones de copias por todo el mundo. Por supuesto, una editorial como Dark Horse no podía dejar pasar la oportunidad de publicar una serie relacionada con un producto tan deseado. Desde que comparon la licencia publicaron una precuela y un spin-off basado en el popular modo zombies de la serie, donde los jugadores luchan contra una horda interminable de no muertos con el objetivo de sobrevivir más tiempo que en la partida anterior. Dada la ausencia de un modo historia en Black Ops 4, los editores decidieron enfocar la serie como una mezcla entre los dos conceptos previamente mencionados: una precuela del modo zombies de esta entrega.

Si bien la historia nunca ha sido su fuerte, cada entrega de Call of Duty ofrece una pequeña historia de fondo en cada mapa del modo zombies que los jugadores pueden reeconstruir si prestan atención. A veces, se entregan a premisas absurdas: en Call of Duty: Black Ops los jugadores llegamos a controlar a JFK, Fidel Castro, y Richard Nixon haciendo equipo en un Pentágono asediado por zombies. En Black Ops 4, los desarrollados han creado dos mapas para el modo zombies que son puro pulp. En ellos manejamos a un grupo de viajeros del tiempo en el Titanic y la Antigua Roma respectivamente. El cómic de Dark Horse pretende ahondar en el trasfondo de esos viajeros temporales, un buen punto de partida para una adaptación.

El primer número se ambienta en los desiertos de Marruecos en 1910. Conocemos a un militar imponente y a un misterioso científico que luchan contra la mafia y una secta ancestral. Todos buscan un objeto ancestral que otorgan inmenso poder a quien lo posea. ¿Se puede desaprovechar una combinación de elementos tan pulp? Desgraciadamente, Justin Jordan nos da una respuesta afirmativa. Pero probablemente no es culpa suya; trabaja sobre una historia de los desarrolladores, quienes exigen que dedique demasiado espacio a perfilar los personajes, estereotipos andantes, y a aludir a la trama del videojuego. Jordan elabora el guion alrededor de esas dos exigencias, dejando de lado el componente de aventuras, un tramite insulso. Y respecto al dibujo, Andres Ponce, aun con sus muchas limitaciones, hace un competente trabajo. Se le podría achacar que es incapaz de darle un sabor pulp al cómic, pero el guion tampoco le da la oportunidad de hacerlo.

En definitiva, Call of Duty: Zombies 2 termina siendo lo que más me temía. Es publicidad de pago para el videojuego, y no podría ser más anodino. Un producto para fans que ni ellos querrán. Preferirán ahorrar su dinero para pagar las infames microtransacciones que tiene Black Ops 4.

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A mí el nuevo volumen de Kick-Ass ni me enganchó. Me leí los 2 primeros números y me bajé del carro. Me parece que la idea está ya muy gastada.

Blackbird #1 me pareció entretenido y le daré oportunidad a los siguientes números.

Al Call of Duty vs Zombies no me acerco ni con un palo xD