Metropolis de Osamu Tezuka

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Edición original: Metropolis (Tezuka Productions, 2004).
Edición nacional/ España: Metropolis (Glénat, 2004).
Guión y Dibujo: Osamu Tezuka.
Color: B/N.
Formato: tomo rústica 168 págs.
Precio: 10€.

 

En 1927 se estrenó en Alemania una de las películas más influyentes de la historia del cine. Metropolis, la obra maestra de Fritz Lang que adaptaba la novela de su esposa Thea von Harbou, rompió moldes al presentar una sociedad futurista de decorados colosales donde la infranqueable brecha entre las élites gobernantes y los ciudadanos embrutecidos por un trabajo despiadado amenazaba con una pronta y sangrienta revolución. Por si fuera poco, la cinta mostraba la creación de vida artificial: un androide llamado María confeccionado para usurpar y desacreditar a la líder revolucionaria. La película, sobreponiéndose a serias mutilaciones en su metraje, ha mantenido su prestigio y vigencia hasta el día de hoy. Sus imágenes conservan una potencia devastadora, su imaginería ha sido copiada y homenajeada una y otra vez y el relato, pese a sus derivaciones pulp (científicos locos, amores puros, etc.) y sus ínfulas de fábula, incide en cuestiones sociales que siguen en el candelero.

En 1949 Osamu Tezuka (1928-1989), autor de Adolf, El libro de los insectos humanos, Fenix, Black Jack o Alabaster, entre otras, publicó su Metropolis, aprovechando un encargo editorial que le permitía una mayor extensión (160 páginas) y unos estándares de publicación más elevados que las revistas de la época. El llamado “Dios del manga” había revolucionado el mercado dos años antes con La nueva isla del tesoro, donde probaba que las viñetas eran vehículo idóneo para desarrollar una historia completa y no solo situaciones cómicas o gags, como era costumbre entonces. Esta Metropolis fue un gran éxito de público y un avance en la carrera de su autor, cada día más ambicioso sobre las posibilidades del medio. A menudo se la relaciona con Lost World, publicada un año antes, y con Next World, que vería la luz en 1951, con las que comparte algunos protagonistas, así como el gusto por la ciencia ficción.

Pese a ser un gran aficionado al cine, Tezuka aseguraba no haber visto la película de Lang en el momento de concebir su historia. Su inspiración brotó de algunas imágenes del robot María publicadas en una revista. De cierto, ambas Metropolis tienen poco o nada que ver, más allá de que ambas se ubiquen en el futuro y que personajes importantes de la trama sean concebidos artificialmente. Forzoso es señalar también la enorme distancia artística entre las dos propuestas. El japonés ni roza siquiera la magnificencia del film alemán. En parte se debe a un problema de base: es claro que el largometraje de Lang va dirigido a un público adulto, capaz de apreciar la lucha de clases, por ejemplo, mientras que el cuento de Tezuka recurre en demasía a un humorismo infantil como que el malvado sea identificado por una nariz desproporcionada, páginas enteras dedicadas a chistes que detienen la trama o los nombres de muchos personajes, que transitan entre el homenaje (Micky Mouse, Sherlock Holmes, Frankenstein) y el juego de palabras (Duque de Panolien, Conde Sakamoko, Sir Tokofondo, etc.) En parte, también, se debe a la juventud de su autor, que contaba 21 años en aquel momento, y a las circunstancias externas, pues el manga incipiente de los años ’40 poco tiene que ver con la cima del expresionismo cinematográfico de los años ’20 en Alemania.

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Pero centrémonos en la obra en sí. De lo dicho hasta ahora deduciremos que Metropolis de Tezuka tiene más interés por la relevancia de su autor que por las cualidades intrínsecas de la obra. Esto es verdad, lo que no quiere decir, sin embargo, que carezca de aciertos propios. La reflexión sobre la existencia artificial, tratada como una nueva forma de vida, sin los prejuicios heredados del monstruo de Frankenstein (al cual se homenajea repetidamente, por otro lado) es un buen ejemplo de visión adelantada a su tiempo. Es curioso como el asunto se presenta y justifica como un caso de evolución humana, con un prólogo que nos retrotrae a la Prehistoria, casi veinte años antes de que el cineasta Stanley Kubrick planteara del mismo modo su 2001, una odisea del espacio. El personaje de Michi, amén de servir de modelo a otros más célebres de su autor (como Astroboy), ofrece también características interesantes. Por un lado, recoge de Superman ciertas habilidades (el vuelo, la superfuerza, la invulnerabilidad ante las balas), lo que tiene su gracia, pues la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster tampoco es ajena a la influencia del clásico germano: baste recordar cómo se llama la ciudad donde residen Clark Kent, Lois Lane, Lex Luthor y el resto del elenco. Michi, además, es transgénero: apretando un botón en su garganta cambia de chico a chica y viceversa. Algo poco habitual en la ficción infantil y juvenil y que nos hace reflexionar sobre los distintos tabúes por épocas y geografías. Evidentemente, el Japón de 1949 aceptaba esta condición sin mayores problemas… al menos en la ficción.

Por desgracia, muchos otros conceptos parecen anclados en el siglo XIX, como el personaje de la violetera, que Tezuka confiesa inspirado en Los miserables de Victor Hugo, aunque sería lícito vincularlo a los clásicos del cine mudo USA (Griffith, Chaplin). La narrativa aún no se ha despegado de sus raíces de gag de una o dos páginas, lo que resulta sorprendente si reparamos en el gusto de Tezuka por Norteamérica y el conocimiento de sus clásicos de prensa, que incluso homenajea (p. ej. el Popeye de Segar en la pág. 103). Visualmente, Tezuka sigue a pies juntillas el estilo Disney, hasta el punto de que uno de los personajes se disfraza de Micky Mouse y va de esta guisa un buen número de páginas. Pero quizá lo más decepcionante sea el propio argumento, que se limita a enredar persecuciones y chistes que distraen de los conceptos más atractivos mencionados antes. Se percibe en especial en algunas splash page de ejecución brillante pero cuestionable relevancia desde el punto de vista narrativo. Algunos personajes entran y salen sin mucha justificación, cosa que el propio autor admitía, descontento con haber tenido que eliminar varias planchas -ya dibujadas- para acogerse el formato pactado.

A nuestros ojos actuales, tal vez un poco injustos, el Metropolis de Tezuka ha envejecido mal. También es cierto que a mí, particularmente, me interesa más el llamado Tezuka oscuro, con tramas más audaces y maduras. En Japón, en cambio, este Metropolis sigue siendo un respetado clásico que mereció los honores de adaptación cinematográfica en 2001, con el celebrado Katsuhiro Otomo (autor de Akira) a los guiones y Rintaro (seudónimo de Hayashi Shigeyuki) en labores de dirección. En España el manga fue publicado en 2004 por Glénat, siguiendo la versión revisada por Tezuka Productions.

  Edición original: Metropolis (Tezuka Productions, 2004). Edición nacional/ España: Metropolis (Glénat, 2004). Guión y Dibujo: Osamu Tezuka. Color: B/N. Formato: tomo rústica 168 págs. Precio: 10€.   En 1927 se estrenó en Alemania una de las películas más influyentes de la historia del cine. Metropolis, la obra maestra de…
Guion - 5
Dibujo - 6
Interés - 7

6

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