Max. Panóptica 1973-2011: Entrevista, galería fotográfica y mesa redonda

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Francesc Capdevila, más conocido como Max (Barcelona, 1956) dentro del mundo de la historieta, ostenta una dilatada trayectoria que, construida durante casi cuatro décadas, le confirma como una figura indispensable de nuestra historieta. Aprovechando la presencia del autor catalán en Madrid y la posibilidad de visitar la exposición retrospectiva que actualmente se exhibe en el Instituto Cervantes, un par de redactores de Zona Negativa decidimos liarnos la manta a la cabeza y preparar los contenidos que siguen a continuación. Material diverso planteado no solo como invitación y efusiva recomendación para que quien tenga ocasión se anime a disfrutar de dicha muestra -sencillamente impresionante-, sino también como nuestro particular homenaje a una de las voces más interesantes del Noveno Arte. Si más dilación, entremos en materia…

Galería fotográfica

Comenzamos arrojando más detalles acerca de Max. Panóptica 1973-2011, exposición comisariada por Marta Sierra, ideada a modo de retrospectiva de las casi cuatro décadas de actividad de nuestro protagonista. Exhibida originalmente en el MuVIM (Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat) entre mayo y agosto de 2011, la muestra se convertió en itinerante gracias a su paso por el Centro Cultural de España en México D.F., donde se pudo visitar durante los entre noviembre y diciembre del mismo año.

Fue el pasado 21 de febrero cuando se inauguró la estancia de Panóptica en Madrid, encontrando en la sede del Instituto Cervantes (c/ Alcalá nº 49, Madrid) el espacio perfecto en el que disfrutar de una impresionante colección de piezas, pertenecientes al autor: por supuesto, páginas originales de historietas, pero también pósters de conciertos y festivales, portadas de discos, encargos de ilustración, bocetos, esculturas, fotografías y merchandasing variado que atestiaguan la versatilidad de este autor.Pensando en aquellos que no tengan posibilidad de acercarse a presenciar la exposición in situ, nunca está de más recomendar el estupendo catálogo editado por Kalandraka. Pero de todos modos hemos optado por plantear un pequeño recorrido virtual, con la intención de que el lector se pueda hacer una idea del contenido de la muestra, que se podrá visitar hasta el próximo 13 de mayo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero para asegurar el tiro hemos optado por tomar las 90 instantáneas que podéis ver a continuación, recomendándoos visitar la correspondiente galería de nuestra cuenta en Flickr si deseáis apreciar las fotografías a un mayor tamaño y resolución:

Panóptica, un recorrido fotográfico.

Vaya por delante nuestro agradecimiento al Departamento de Prensa del Instituto Cervantes, además de por su amabilidad, por lo solícitos que se mostraron en relación a la cobertura de este evento en nuestra web.

Entrevista a Max y recorrido por Panóptica, visto en Cervantes TV.

En cuanto al vídeo que antecede a estas líneas, lo localizamos en la web Cervantes tv, donde publican contenidos relacionados con las actividades culturales organizadas por este organismo. En el caso que nos ocupa, el vídeo incrustado se corresponde con el programa número 623 de Espacio Cervantes, publicado el 1 marzo. Durante el mismo, dedican unos minutos a mostrar imágenes de la exposición, además de realizar una breve entrevista al propio Max.

Entrevista a Max

Continuamos con una entrevista de cosecha propia, complementaria de la que pudimos realizar a Max allá por el mes de junio de 2007. Aprovechando su presencia en Madrid, nos sentamos de nuevo a charlar con él, centrándonos de forma especial en todo lo relacionado con Panóptica, sin por ello dejar de lado otras cuestiones relativas a su trabajo y, por supuesto, Vapor, nueva obra que verá la luz durante el presente año. Agradecemos sinceramente al autor que nos dedicara una hora de su tiempo en un ajetreado día durante el cual también participó en una charla a la que haremos referencia con posterioridad…

Max, durante la presentación de la exposición. Foto: Mauro Torres (fuente).

Para comenzar, nos gustaría que nos comentaras cómo surgió la posibilidad de organizar Panóptica. Aunque la exposición está comisariada por Marta Sierra, ¿desempeñaste un papel activo en el diseño conceptual y estético de la muestra?

Max.- Sí, la cosa surgió a propuesta de Marta Sierra, la comisaria, que es una amiga de toda la vida. Ella además ha estado muy vinculada al mundo del cómic: en Palma organizaba la Semana del cómic a finales de los 80, fue directora del Saló de Barcelona durante un par de años… así que ya conoce perfectamente el medio. Luego estuvo más vinculada al mundo del arte, la pintura y todo eso. Pero bueno, me lo propuso ella, hacer una antológica y buscó donde hacerla: fue en el MuVIM, el año pasado y la verdad es que como con ella hay un entendimiento total, prácticamente, tanto el concepto como la selección de obra está hecho a medias y sin conflictos. La cosa ha ido muy fluida y en ese sentido es prácticamente la exposición que yo hubiera hecho también si no hubiera habido comisariado de por medio.

¿Y en cuanto al catálogo editado por Kalandraka?

Max.- El catálogo, claro, recoge lo que hay en la exposición, salvo el tema vitrinas, que ahí no entramos. Además lo diseñó mi hija, que trabaja al lado de mi mesa, con lo cual también fue una cosa como de mutuo acuerdo. Para mí todo ha sido muy rodado, muy fácil, y todo ha salido como a mí me gustaría que hubiera salido.

Personalmente, los textos que acompañan el catálogo me parecieron de muchísimo nivel, muy interesantes.

Max.- La verdad es que sí. A la mayoría de los autores del catálogo los conozco desde hace años y sé que han seguido mi obra y que la conocen bien. A Alberto Ruiz de Samaniego en realidad lo conocí no hace mucho, hace dos o tres años cuando hice una expo allí en Coruña, en la Fundación Luis Seoane. Pero es un tipo que me dejó patidifuso, porque en la rueda de prensa de esa exposición habló de mi obra mil veces mejor de lo que yo mismo hubiera sido capaz… Dije: “joder, este tío…” y quise contar con él para el catálogo. Yo estoy muy contento con los textos del catálogo, porque además me interesaba que hubiera diferentes personas para que los acercamientos fueran distintos, y creo que eso se ha conseguido bien.

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Mural ilustrado por Max, presidiendo la fachada del Instituto Cervantes

Como has apuntado, la exposición ya se ha podido ver en el MuVIM (Museu Valencià de la Il.lustració i de la Modernitat), pero también en el Centro Cultural de España en México D.F. y ahora en el Instituto Cervantes de Madrid. ¿Se ha incorporado alguna pieza durante el cambio de una a otra localización?

Max.- No, de hecho de Valencia a México se quitaron piezas, porque el espacio de México era más pequeño y no cabía todo. Hicimos un primer descarte de material, igual la redujimos un 15% o así, no mucho, tampoco. Lo que hay ahora en el Cervantes es lo que había en México, pero hemos añadido alguna cosa en vitrinas porque aquí había mucha posibilidad de espacio en vitrinas. Entonces hemos añadido no mucho, pero si bastante interesante, como son siete u ocho páginas de bocetos a lápiz y storyboards de vídeos que no se han visto ni en Valencia ni en México, pero como aquí había espacio, decidimos ponerlo.

¿Tenéis en mente algún otro destino o posible localización para continuar exhibiendo Panóptica?

Max.- Sí, sí, ahora está en manos del Cervantes, entonces está programada una itinerancia en cuatro centros de Brasil: Brasilia, Sao Paulo, Belo Horizonte y Salvador de Bahía. Y después de Brasil aún no está concretado, pero creo que la voluntad del Cervantes es continuar llevándolo por Sudamérica, si finalmente pueden disponer de los centros culturales de España que hay en Buenos Aires, Santiago de Chile, etc. Y si no, me han hablado de Asia, me han hablado de… en fin, que parece que el Cervantes le está dando cancha.

Precisamente con motivo de la llegada de Panóptica a Madrid has abordado un nuevo reto: diseñar el mural que adorna la fachada de la sede del Instituto Cervantes. ¿Qué se siente al ver como una obra tuya adquiere semejante protagonismo en un entorno urbano tan significativo y transitado como éste? ¿Tuviste claro desde un primer momento el enfoque que podría resultar más adecuado para este mural?

Max.- Eso ha sido un regalo que me ha hecho el Cervantes impagable. Es como tener cinco vallas publicitarias para mí solo durante tres meses en el centro de Madrid, es increíble. La verdad es que cuando lo vi, casi me caigo de espaldas, realmente queda muy impresionante, porque no es solo mi dibujo, sino que el edificio en sí del Cervantes es muy bonito. Sí tuve claro de entrada, cuando me propusieron hacerlo, qué tipo de cosa quería hacer: algo silencioso, sin palabras, y muy impactante visualmente. Pensé en una cosa, estuve haciendo bocetos y es lo que se puede ver ahí. Hay mensajes ocultos (risas), pero no los voy a desvelar, evidentemente, porque va a estar ahí tres meses y da tiempo…

Boceto del mural, visto en el blog del autor, donde comenta su desarrollo.

Para especular y teorizar, ¿no? (risas)

Max.- Sí, sí… pero bueno, lo de mensajes ocultos lo digo también con ironía, eh? Por supuesto. Como me decía el otro día un amigo: “es como las canciones de los Beatles, que si las pasas al revés contienen mensajes satánicos” (risas). Algo así.

Da la impresión de que la institución se está volcando con esta exposición, incluyéndose dentro del programa de actividades relacionadas: una inauguración por todo lo alto y un ciclo de conferencias que, contando con invitados de auténtico lujo, pueden resultar realmente interesantes…

Max.- Me parece genial, porque una exposición está muy bien para mí, pero se agota en eso si no la acompañas de una serie de actos. Desde un primer momento, en el Cervantes lo tuvieron claro, fue una propuesta de ellos. Me parece bien porque mantiene vivo el tema durante todo el tiempo que está ahí la exposición y lo amplifica. Además de las charlas, como has dicho, que son con gente de primer nivel con temas interesantes. Creo que también hay una sesión de cine a partir de cómics, con varias películas, un taller de cómics –que aunque no está en el programa creo que también lo están publicitando– a cargo de Mauro Entrialgo, están las visitas guiadas, y puede que surja alguna cosa más que no estaba prevista de antemano. Así que yo veo que realmente han apostado fuerte por el cómic como un tema central para los intereses del Cervantes, que es la promoción de la lengua y la cultura españolas. Me parece muy bien y estoy seguro de que es algo que se va a extender por la red de centros que hay por todo el mundo.

Como autor te has caracterizado por una gran versatilidad, por abordar nuevos caminos, haciendo en cada momento “lo que te pide el cuerpo y la cabeza” –en tus propias palabras– a través de un proceso “más anímico que intelectual”, sin por ello renunciar a determinadas claves comunes, inherentes a tu universo propio. Aunque ésta ha sido una constante durante tu carrera, el hecho de reunir en un mismo espacio físico el resultado de casi cuatro décadas de trabajo provoca la contraposición en un mismo lugar de etapas estilísticas condicionadas por diferentes influencias. ¿Este ejercicio de memoria y de autoanálisis ha propiciado alguna autorreflexión imprevista sobre tu evolución como autor?

Max.- Sí, ha propiciado reflexiones, sin duda. Pero que me hayan sorprendido, la verdad, no mucho. Ya lo he dicho alguna vez, como citas: yo reflexiono sobre mi obra siempre a posteriori, pero lo hago. Tengo mi propio esquema mental de lo que he hecho, de mi obra, que no deja de ser subjetivo, aunque yo sea el autor. Por un lado me interesa confrontarlo con lo que puedan opinar los demás y para eso la exposición es una oportunidad única. Pero por otro lado, a mí tampoco me ha descubierto nada que no supiera ya. Y a eso ha contribuido el hecho de que prácticamente, no toda mi obra pero sí la mayoría de mis cómics, se han ido reeditando continuamente, cosa que tengo que agradecer a La Cúpula. Eso los ha mantenido muy vivos en mi, porque yo también he participado en cada reedición, haciendo portadas nuevas, aportando material extra o lo que sea. Entonces, a lo largo de los años yo siempre he tenido presente mi obra pasada, por lo que no ha sido como abrir un baúl de los recuerdos polvoriento, sino que lo he tenido siempre un poco ahí.

Ejercicio retrospectivo: Las aventuras de Gustavo, Panóptica y Peter Pank.

Cabe intuir que este ejercicio de revisión y exposición de tu obra (tanto Panóptica, como los integrales de Las aventuras de Gustavo y Peter Punk) no se ciñe únicamente a la evolución de tu estilo y de tu carrera profesional, sino que implícitamente habrá provocado la reflexión acerca de experiencias vitales asociadas a cada obra. ¿Qué época recuerdas con mayor cariño y cuál crees que resultó más decisiva en el desarrollo del autor que eres hoy?

Max.- Sin duda los cuatro primeros años de El Víbora. Luego me fui a Mallorca, pero en los cuatro primeros años estaba en Barcelona, entonces estuve participando a tope de la creación de la revista cada mes. Tanto yo como el resto de autores que estábamos allí. Siempre digo que fue nuestra escuela, de verdad. Nuestro aprendizaje, además un aprendizaje pagado, que es un lujo, un lujo total. Yo creo que aprendimos allí algo que hoy en día ya no existe, que es publicar en una revista distintos autores y verte cada mes publicado: un mes al lado de Nazario, otro al lado de Gallardo, otro al lado de Martí… Y esa especie de pique que se produce entre todos, que no hay porqué negarlo: era un pique muy sano, pero era un pique. Cada mes era en plan: “Joder, éste… ¡mira lo que ha hecho éste, no puedo dormirme!”, y este tipo de cosas. Creo que esa fue nuestra “universidad”, realmente.

¿Recuerdas alguna anécdota especialmente curiosa, relacionada con algunos de los objetos que integran la exposición, más allá de los originales y reproducciones de páginas y carteles publicitarios? Las fotos de los colaboradores de El Víbora, la carta de Patricia Highsmith…

Max.- Sí, anécdotas hay varias, claro. La de la carta de Patricia Highsmith es curiosa, por la importancia de la persona, también. En El Víbora se inició una colección que era como de literatura ilustrada, no sé si te acuerdas… Salió un número con un relato de Andreu Martín ilustrado por Mariel, y un relato de Pedro Almodóvar ilustrado por Mariscal. El siguiente iba a ser un relato de Patricia Highsmith ilustrado por mí, lo que pasa es que yo, con la presuntuosidad de la juventud y tal, me plantaron el relato y vi que en mi cabeza la manera de ilustrar aquello era continuar donde el relato terminaba. Entonces escribí a Patricia Highsmith proponiéndoselo y ella me contestó diciendo que nanai (risas), Con una carta amable, pero al mismo tiempo contundente. Por supuesto ella hizo lo que veía, pero en fin… la carta está allí en la expo, es curioso.

Como ya hemos apuntado, en Panóptica no solo están presentes tus historietas, sino también, entre otros contenidos, encargos de ilustración comercial e infantil. Una faceta que te ha permitido no solo jugar con diferentes estilos, colores y registros temáticos, sino también afrontar el reto implícito en la necesidad de condensar toda la información necesaria en una única imagen, no necesariamente privado del elemento narrativo de la historieta, pero sí –tal vez– abordándolo desde otra óptica. ¿Qué te aporta un medio que no te aporte el otro? ¿Qué “músculos creativos” ejercitas en una disciplina, que permanecen “relajados” en la otra?

Max.- Indudablemente son distintos, son oficios distintos. En la historieta está muy claro: tú tienes una idea, un desarrollo narrativo que hacer y lo haces utilizando el lenguaje éste de las viñetas. Lo que pasa es que ahí estás sujeto, la historieta es una disciplina muy férrea… La gente desde fuera no sé cómo lo ve, pero para mí es muy férrea, estás muy sujeto a lo que quieres contar. En la ilustración es todo lo contrario: como dibujante te puedes desmelenar, soltar, lo que quieras. En este sentido es muy agradecida, al igual que es agradecido el tiempo que te dura el trabajo que tienes sobre la mesa. El cómic te dura meses y acabas hasta las narices, mientras en la ilustración todo pasa muy deprisa, es muy fresco, mucho más cambiante y desengrasante. Otra cosa que tiene la ilustración es que practicas muchas cosas: practicas de rebote el diseño gráfico, por ejemplo en los carteles, la tipografía… toda una serie de artes que a mí siempre me han gustado e interesado, que en el cómic también tienen su parte, pero no tanta.

Y, como decías, la ilustración también me permite abordar toda una serie de mundos que en la historieta no he podido, o no he querido o sabido. Por ejemplo, todo el trabajo que está en la exposición en formato supergrande, que suelen se carteles de conciertos o portadas de discos y tal… Ahí me ha salido una vena psicodélica que en el cómic he podido explotar muy poco.

Originales de Peter Pank, El prolongado sueño del sr. t y Bardín, el superrealista.
(haced click sobre las imágenes para ampliarlas)

En la introducción de “Max. Conversación / Sketchbook” (Sins Entido), Pere Joan hace referencia a los dibujos, bocetos y garabatos que, como otros tantos dibujantes, realizas ocasionalmente, “libre de obligación” y sin “represión de la expresión”. Quizás un modo de dibujar más primigenio, que conecta más con el impulso natural y menos con la necesidad de alcanzar un fin concreto. ¿Es comparable la satisfacción que proporcionan esos momentos de puro recreo gráfico –de dibujar por el mero placer de hacerlo– con el gozo de terminar una ilustración comercial o una página de historieta?

Max.- No, no es comparable: es mucho mejor terminar una historieta o una ilustración comercial. Quiero decir… esos dibujos que precisamente salen de forma automática, cuando dejas ir la mano e igual estás pensando en otras cosas, salen cosas muy chulas, pero no ha habido ahí un esfuerzo, una batalla. Entonces es mucho más satisfactorio el resultado final cuando ha habido una batalla, cuando te has tenido que enfrentar al dragón (risas) y en cierto modo has vencido, ¿no? En realidad, lo de los encargos es un arma de doble filo, por supuesto: siempre intentas estar a la altura de lo que te piden, e incluso dar más de lo que te piden. Cuando lo consigues, creo que es mucho más satisfactorio que cuando estás haciendo trabajo libre, ya que ahí eres tu propio amo y no te planteas grandes desafíos. En cambio el trabajo de verdad, del que tienes que comer, sí que te plantea desafíos gordos.

En una anterior entrevista nos comentaste que, en tus inicios, nada te gustaba más que dibujar y fabular, y que te dedicaste al cómic tras comprobar que éste tenía un potencial comunicativo mayor que el de la pintura. En ese momento seminal de tu carrera, ¿ya concebías tu propuesta como autor de cómics desde unos presupuestos de filosofía del arte?

Max.- No, no, que va. Era todo mucho más básico. Yo era muy joven, en el momento en el que yo vi las cosas así, estaba estudiando Bellas Artes. Estaba en el sitio correcto para darme cuenta de qué significaba intentar emprender una carrera como pintor o artista plástico, y qué significaba hacer cómics, porque ya había publicado cosas. Para mí estuvo muy claro, pero no fue en absoluto un tema filosófico, sino casi de necesidad vital. Una vez más, no era tanto un planteamiento o un proceso reflexivo, sino algo que se me aparecía como ineludible. Vi claro que si me dedicaba a pintar iba a ser una cosa muy solitaria y muy de darse cabezazos contra la pared de la incomunicación. Es cierto que el trabajo como autor de cómic también es muy solitario, pero tiene a cambio esa recompensa como es el feedback del lector. Es solitario mientras lo realizas, pero después no tanto… Y entonces no había mucho, pero ahora los feedback son brutales. Y eso se agradece mucho: yo necesito realmente saber qué piensa la gente de lo que he hecho, cómo se recibe. Lo necesito porque si no te conviertes en un autista: dándole vueltas a tu cabeza sin salir de ahí, lo cual es muy insano.

En relación con la anterior pregunta, durante tu palpable evolución a lo largo de las décadas, ¿qué crees que tuvo mayor peso? ¿El hacerse eco de lo que acontecía a tu alrededor o la necesidad de plasmar lo que bullía en tu interior?

Max.- Pues un poco todo. Sobre todo al principio de El Víbora iba más a hacerme eco de lo que veía alrededor, y con el tiempo me he ido metiendo más hacia adentro. Sin que eso signifique, creo yo, que me haya alejado demasiado de lo que tengo alrededor. Pero creo que en un momento dado me di cuenta de cuánto influye lo que tenemos cada uno dentro en constituir el mundo real. Entonces me metí por ahí, y la verdad es que el mundo interior es un tema inagotable, que da mucho de sí, en el que me siento muy cómodo. Pero, repito, no es un ejercicio solipsista, sino que para mí es un medio para hablar de lo que hay en el mundo, porque al fin y al cabo creo que por dentro todos somos un poco más o menos igual. No es que yo crea que mi interior sea más especial que los demás, sino que todos tenemos ahí dentro un lío tremendo y que mi vía para hablar de lo que nos pasa a todos es eso, ahora mismo.

Tríptico de Panóptica (haced click para ampliar la imagen). El reverso, en este link.

Creo haber leído en alguna ocasión que esa –que todos compartimos cierto mundo interior, que somos un poco iguales por dentro– es tu explicación para justificar el hecho de que en ocasiones algunos lectores sientan una identificación especialmente potente con determinadas ilustraciones tuyas: por jugar con determinados elementos que siempre nos rondan a todos por la cabeza…

Max.- Sí, de hecho ese es un tema muy estudiado: los arquetipos de Jung y tal… Yo creo en eso existe, que las construcciones mentales que tenemos todos, al menos los que hemos crecido en un fragmento cultural similar –léase Occidente, por ejemplo–, todos hemos hervido en el mismo caldo y respondemos a esos mismos estímulos de una manera parecida. A mí me interesa mucho el tema del subconsciente por eso: porque creo que es el mínimo denominador común que existe entre todos. Sé que ahí se tocan teclas que a todos tocan, por eso me interesa ese camino. Es lo que decían los surrealistas, por eso sigo pensando que el surrealismo ha sido, de los “ismos” del Siglo XX, la vanguardia más duradera en el tiempo y más sólida, en cierto modo. Porque no se fundaba en una ideología, sino en una realidad, en cierto modo. También es cierto que existía antes de que los surrealistas le pusieran nombre. O sea que esta actividad del subconsciente que se proyecta fuera, lo encuentras hasta las pinturas paleolíticas, creo. Es algo eterno.

A pesar de la transformación de tu grafismo durante estos cuarenta años, siempre ha estado muy presente en él cierta agradabilidad formal, algo que contrasta con tu evidente interés por algunos de los aspectos más dramáticos de la existencia humana, como la muerte y la sinrazón. ¿Es ese un contraste buscado y reflexionado o nuevamente nos encontramos con un caso de espontaneidad? Tanto si lo es como si no, ¿qué crees que le ofrece a tu público?

Max.- Pues mira, ésta es la pregunta difícil de la entrevista (risas). A ver… sí, yo soy consciente de que mi estilo gráfico es amable y de que entra muy bien por la vista, en general, a todo el mundo, sin distinción de edad, de sexo (risas). Y eso no es buscado, es como me sale, en cierto modo. Pero claro, eso no significa que yo esté feliz con ello. Envidio muchísimo a los dibujantes salvajes, y a mí me gustaría ser mucho más salvaje de lo que soy, gráficamente. Si me preguntas no autores de cómic, sino dibujantes, gente que dibuja y tal… uno de mis favoritos, por ejemplo, es Gary Panter. Hay momentos en que me gustaría ser capaz de dibujar como Gary Panter, pero no me salé. No sé por qué pero (risas) cada uno tiene lo que tiene y ya está, no llega más allá. Ahí está uno de mis límites, con el paso de los años vas encontrando tus límites y vas decidiendo si tienes capacidad de sobrepasarlos o no. Yo ahí, en ese tema, es uno de mis límites, y no me voy a romper los cuernos intentando hacer algo artificioso que no me sale natural. Lo que me sale natural es amable. Me pregunto por qué motivo, no lo sé. Seguramente tiene mucho que ver en ello lo que comenta Jordi Costa en su texto para la exposición, en el que comenta que yo soy mitad Lovecraft, mitad Disney, ¿no? Entonces puede que mi mitad Lovecraft sea la de la temática, y la Disney, la del grafismo. No sé por qué, pero es así.

¿Hacia dónde crees que tenderá tu estilo y tu obra en un futuro inmediato? ¿Qué derroteros te interesa transitar o descubrir?

Max.- Pues no sé, hay muchos. Más de los que realmente voy a tener tiempo de hacer… los días son breves y “Ars longa, vita brevis”, ¿no? Por un lado en cuanto a cómics estoy terminando un libro, el próximo libro, que se titula Vapor y que va de un tipo que decide ausentarse del mundo porque está hasta las narices: se va a un desierto, pero el mundo le persigue. Temáticamente está claro, ¿no? Es un cómic sobre el circo o el espectáculo en que se ha convertido todo, y lo agobiante que es no tener pausas para centrarse y decidir qué es lo que quieres hacer con tu vida. Gráficamente es muy desnudo: es blanco y negro, en un desierto, muy básico, como de horizonte, piedra, personajes y nada más. Ahí me siento cómodo, es un terreno que quiero seguir explorando. Un minimalismo gráfico, en cierto modo. Me parece además que, en fin, todos los artistas de la Historia del Arte que me gustan han ido tendiendo, a desnudarse, a despojarse, a quitar paja, a concentrarse en la fuerza de lo mínimo. Y a mí me gustaría lograrlo.

Por otro lado, sigo teniendo ganas de meterme en terrenos pantanosos y desconocidos, entonces por ahí está lo de los conciertos dibujados que hice con Pascal Comelade, él su banda y yo en un escenario. Lo había hecho otras veces en Barcelona con otros dibujantes y otra banda, Neosol, pero eso me estimula mucho, porque veo que ahí hay un lío que es como muy difícil de pillar, algo entre el sonido, la música y lo visual del trazo, que creo que a veces puede funcionar muy bien. Por ahí quiero seguir y de hecho… no lo voy a decir porque no está confirmado, pero puede que haya una experiencia de estas esta primavera, en Madrid y Barcelona. Hay aún otra cosa, que tampoco voy a decir… parece que me estoy guardando ases en la manga, pero de verdad que no lo puedo decir (risas), que es una colaboración con otro autor, que es algo que no he prodigado mucho… No vamos a decir nada hasta que no esté claro que funcione: estamos trabajando en la intimidad, porque no sabemos dónde nos puede llevar, si va a ser una mierda o si va a funcionar. Lo digo como muestra de ese “meterse en la selva y a ver qué pasa”. Esa cosa que se supone que se nos debería pasar con la edad (risas), pero es la revés. Lo que me sigue estimulando para continuar en este oficio. Al fin y al cabo de joven me metí en los cómics porque pensaba que era lo contrario de llevar una vida tediosa y aburrida. Y quiero que siga siendo así.


Max, dibujando al ritmo de Pascal Comelade y Bel Canto Orquestra.

Lo que comentas respecto a la relación entre la música, los cómics y el dibujo es muy curioso. También me encantan tanto la música como los tebeos, y siempre he tenido la sensación de que existe una relación que es difícil racionalizar. Juraría haberte leído algo parecido. Llama la atención, porque hay muchos autores de cómic que se animan a realizar ese tipo de actuaciones en directo, o que suelen reflexionar acerca de este tema: Edmond Baudoin, Craig Thompson, o Paul Pope, insistiendo en la compenetración implícita en el hecho de que “La música es un medio auditivo que no tiene componente visual, mientras que el comic es un medio visual sin componente auditivo”. Da la sensación de que ahí hay un terreno muy interesante por explorar…

Max.- Sí, por ahí hay mucho por explorar. Hay un libro clásico de Kandinski, De lo espiritual en el Arte, que habla de esto. Intentó hacer su teoría de que algunos colores responden a algunas notas. Teoría… lo cierto es que me resulta imposible teorizar sobre esto, pero cuando lo practicas, hay momentos en el que se da el Nirvana éste, “hostia, ahí ha funcionado”. No puedes evitar estar buscando propiciar estos momentos. Claro, yo no soy músico, muy a mi pesar, pero si no hubiera sido dibujante me hubiera gustado ser músico, entonces eso lo siento cercano, me paso la vida escuchando música. Y creo que ahí hay un lío interesante. Ha habido experiencias chulas: Gary Panter, que te he mencionado antes, el tipo se dedica a hacer live shows de esos psicodélicos con bandas de ahora, hace de DJ, haciendo cosas y… he visto algún vídeo y funciona. No siempre, pero cuando funciona es la hostia. Es buscar eso.

Nuestra siguiente pregunta guardaba relación con tu próximo proyecto: Vapor, del que nos acabas de comentar algunos detalles. ¿Tienes en mente una fecha concreta de publicación?

Max.- (risas) Siempre hay fechas y siempre por culpa mía se fastidian. Tal y como está ahora la cosa, va a salir en septiembre u octubre con La Cúpula, y creo que esta vez voy a cumplir, porque llevo dos años mareando la perdiz ésta y ya está bien. No, no, esta vez sí (risas).

Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas del cómic y la novela gráfica

Para finalizar, os ofrecemos el siguiente vídeo, que grabamos el pasado miércoles (29 de febrero) en el salón de actos del Instituto Cervantes. Tal y como hemos comentado durante la entrevista, la exhibición de Panóptica se ha visto acompañada por una serie de actividades complementarias, siendo la primera de ellas una mesa redonda que contó con la presencia de Borja Crespo como moderador, y de Santiago Valenzuela, Pere Joan, Agustín Fernández Mallo, Mireia Pérez y el propio Max como invitados. Bajo el título Hechos, dichos, ocurrencias y andanzas del cómic y la novela gráfica, el evento reunió al variado plantel de autores para, durante más de una hora y media, “comparar y enfrentar pensamientos, sensaciones y trabajos“. Un interesante debate que pudimos grabar, para ahora ofrecéroslo, a tan solo un click de distancia:


Podéis acceder a nuestra cuenta en YouTube a través de este link.

Comentar que éstas serán el algunas de las actividades complementarias mencionadas:

 Visitas Guiadas: Max. Panóptica 1973-2011: Como complemento a la exposición «Max Panóptica 1973-2011», el Instituto Cervantes ofrecerá un programa de visitas guiadas los fines de semana destinado a descubrir las claves de la exposición, a comprender el fondo de la obra del dibujante Max, sus fuentes y estímulos. Nos acercaremos también a los novelistas gráficos más actuales y a sus obras para conocer y comprender esta nueva forma de narrar.

 Como perros! Diálogo entre imagen y palabra: El cómic y la novela gráfica nos ofrecen una nueva forma de narrar, lojos de los cánones impuestos por el ámbito del dibujo y el de la literatura al uso, en la que escritor y dibujante pasan a ser uno, haciendo confluir su talento y llevando a un nuevo etadio el proceso creativo. En esta mesa redonda intentaremos crar un diálogo, más allá del papel, entre la imagen y la palabra. Con la presencia de Óscar Palmer, Felipe Hernández Cava, Bartolomé Seguí, Antonio Altarriba, Kim y Fernando Tarancón.

 Monólogo y alucinación del dibujante: la autobiografía en el cómic: La novela gráfica y el cómic nadan en un mar de géneros: humor, misterio, historia, política, todo a la vez… Pero hay una zona de la esencia del autor que necesita ser cubierta por luz y no hay nada mejor que la vivencia propia para sacar una buena historia. Una historia que hacer reír, soñar, pensar al lector. En esta mesa redonda los creadores se muestran en todas sus facetas como los poliedros que pueden llegar a ser. Con la presencia de Pepo Pérez, Paco Roca, Cristina Durán, Miguel Ángel Giner y Miguel Gallardo.

 Amigos atorrantes: cine y cómic: El ciclo que se propone aquí permite comprender cómo el cine se ha adueñado y ha hecho crónica de tres momentos de distintos profesionales del cómic. Se proyectarán María y yo, Barcelona era una fiesta e Historias de amor y de masacre.

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Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela y apasionado por el noveno arte desde que tiene uso de razón, en 2005 comenzó a colaborar en la web colectiva Zona Negativa, centrándose en la preparación de reseñas, entrevistas y crónicas de eventos relacionados con el mundo de la historieta. Estas tareas ocupan buena parte de su tiempo de ocio, junto con la redacción de artículos para las ediciones españolas de DC Comics por encargo de ECC Ediciones.
“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.

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Iñaki Sanz
Lector
Iñaki Sanz

Fantástica entrevista. Interesantísimo todo lo que nos cuenta Max. El nivel de reflexión sobre su obra y la sinceridad consigo mismo lo han llevado a ser el gran autor que hemos disfrutado tanto tiempo. Lo mejor es que sigue en la brecha y con inquietudes.

el tio berni
Lector

Vaya pedazo de entrada que os habéis marcado, a la altura del protagonista. Enhorabuena y gracias por el curro. Creo que ya habéis convencido a los indecisos para que se pasen por la expo y para que den una oportunidad a las actividades paralelas.

Markslaine
Lector
Markslaine

Grandísimo artículo para un autor que se lo merece, me estoy planteando escaparme a Madrid para ver la exposición.

Raúl López
Admin

Sencillamente maravilloso muchísimas gracias por lo mucho que me habéis hecho disfrutar leyendolo.

enrique
Lector
enrique

Muy buena entrada y fantástico el remate final de la grabación de la mesa redonda. Felicidades por el trabajo

El Fan Nº1
Lector
El Fan Nº1

!!!! Muy buen trabajo muchachos ¡¡¡¡ Yo también me vicié haciendo fotos como loco este verano en Valencia. No me cansaba de ver y remirar todo y aluciné con la experiencia durante hora y media.

Dany04
Lector
Dany04

Esta exposición ya la disfrutamos en México el año pasado, en el centro cultural España, la cual es maravillosa, ademas el maestro impartio un taller en dicho recinto, con motivo del 3er. encuentro de narrativa grafica.