Manifiestamente anormal

Max nos dibuja el cabreo que sentimos todos.

Por
1
844

Edición original:La Cúpula
Autor:Max
Formato:Rústica, 36 Páginas
Precio:5,5€

¿Soy el único al que se le ha quedado cara de gilipollas con todo esto?

No es la primera vez que Max (Barcelona, 1956) crea un cómic que le sirve como manera de protestar y exorcizar sus demonios ante una realidad que le gusto. Ya lo hizo en 1993 con Nosotros somos lo muertos, una descarnada denuncia de la pasividad de Europa ante las masacres de la Guerra de los Balcanes. Y en estas fechas tan complicadas ha vuelto a sentir la necesidad de hacerlo, aunque el tono de Manifiestamente anormal está marcado por el humor. Algo que es diametralmente opuesto a Nosotros somos los muertos. Sin embargo, el cabreo y la necesidad de rebelarse ante la realidad están presentes en ambas.

En los últimos meses Max había creado un nuevo personaje llamado Ubrut lo tacat que se había convertido en el protagonista de algunos de sus últimos trabajos cortos aparecidos en diversos medios como el diario Ara, La residencia de Historietistas, el blog del Centro José Guerrero o la revista Lardín. Él es el vehículo que usa en esta obra para volcar su humor más negro y gamberro, heredero de Peter Punk uno de sus personajes más conocidos. Pero a pesar de estar ante una obra de humor no se trata de una lectura cómoda, ya que te acabas cuestionando y cabreando por lo mismo que el autor catalán.

Manifiestamente anormal está formado por dieciocho historias de longitud variable en las que Max nos da su opinión sobre algunas de las situaciones y actuaciones de nuestros conciudadanos que nos han sobresaltado en plena pandemia. Vemos a Ubrut cargando contra todos. Contra los que se saltan el confinamiento, los policías del balcón, los conspiranoicos del 5G, los que aplaudían por la tarde después de amenazar a su vecina cajera o enfermera, los bancos y empresarios que pusieron sus beneficios por encima de las personas, los manifestantes de extrema derecha que querían aprovechar para derrocar al gobierno (impagable la frase de Ubrut “que bajen el brazo y se laven las manos de una puta vez”) o los dirigentes que dejaron morir a miles de ancianos en las residencias y que ahora se tiran la pelota de la culpabilidad unos a otros. Ubrut y Max tienen unas palabras para todo ellos, ejemplos de la irresponsabilidad y mezquindad de la que es capaz el ser humano. Así que esta obra le ha servido a Max como catarsis ante la poca capacidad crítica que hemos visto en los medios de comunicación y de autocrítica en los responsables de la gestión. La obra deja ver el pesimismo que siente el autor catalán ante la deriva que está tomando la sociedad y el mundo, incapaz de ponerse de acuerdo para avanzar, si retroceder un paso por cada dos hacia delante.

El humor que emplea está lejos del que lleva tiempo usando en sus últimas obras y se vuelve más salvaje y descarnado, aunque igual de certero que siempre. Algo que le lleva a mitad del cómic a plantearse los límites del humor y su responsabilidad como autor que hace ficción. Una defensa del humor más necesaria que nunca en unos días en los que se ha vuelto a defender la infame ley mordaza con la excusa de combatir las fake news. Pero también vemos un alegato a la importancia de la cultura que te lleva a reflexionar y cuestionarte el mundo por encima del entretenimiento consumista puro que es lo que nos han ofrecido en estos días.

Gráficamente estamos ante un nuevo paso en la evolución que hace años emprendió Max que le ha llevado a despojar su dibujo de todo lo accesorio, dejando solo las partes imprescindibles para entender la historia. Pero también se puede ver la premura con la que lo ha realizado, un solo mes, que hace que no tenga el acabado de otras de sus obras. En las páginas vemos una narrativa soberbia que juega con el blanco, el negro, el gris y el ámbar, además de con la expresividad y dinamismo de Ubrut para conseguir algunas páginas fantásticas.


La obra ha sido editada por La Cúpula, como todos los cómics de Max, con el apoyo de la Conselleria de Cultura de Baleares y el Institut d’Estudis Baleàric. Es una grapa con tapa rígida con buen papel y buena reproducción.

Como ya nos advierte la portada, Manifiestamente Anormal es un panfleto y una catarsis de Max, pero que trata de temas de actualidad que todos hemos vivido en primera persona. Un compendio de lo peor que nos ha traído a reciente crisis del COVID-19, con un humor salvaje que no se casa con nadie. La vuelta del Max más punk.

Edición original:La Cúpula Autor:Max Formato:Rústica, 36 Páginas Precio:5,5€ ¿Soy el único al que se le ha quedado cara de gilipollas con todo esto? No es la primera vez que Max (Barcelona, 1956) crea un cómic que le sirve como manera de protestar y exorcizar sus demonios ante una realidad que…
Guión - 8
Dibujo - 7
Interés - 9

8

Cabreo

Un cómic de actualidad que nos trae de vuelta al Max más reivindicativo.

Vosotros puntuáis: 9.4 ( 2 votos)
Artículo anteriorMe-Teru no Kimochi, de OKU Hiroya
Artículo siguienteLoki. El Dios que cayó a la tierra
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
1 Comment
Antiguos
Recientes
Inline Feedbacks
View all comments
Abraham
Abraham
Lector
8 julio, 2020 0:01

Critica muy necesaria en los tiempos que corren
Ganas de leerlo