Marvel Omnibus. Hulk de John Byrne y Ron Garney

Reseñamos la segunda etapa de John Byrne al frente de Hulk. No tan controvertida como la primera pero igual de corta

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Edición original: Hulk #1-11 y Annual 1999 USA (Marvel Comics, 1999-2000)
Edición nacional/España: Marvel Omnibus. Hulk de John Byrne y Ron Garney (Panini Cómics, 2021)
Guion: John Byrne, Jerry Ordway, Erik Larsen, Ron Garney
Dibujo: Ron Garney, John Byrne, Lee Weeks, Sal Buscema, Dan Jurgens, Mark Texeira, Mike Miller, Ron Frenz
Entintado: Dan Green, Klaus Janson, John Byrne, Scott Koblish, Sal Buscema, Mark Texeira
Color: Tom Smith, Steve Buccellato
Formato: Tapa Dura. 336 páginas. 35,00€

La segunda llegada de John Byrne

«Y una vez más, aquí estoy, destruyéndolo todo»

Es febrero de 1999 y el escritor Peter David ojea un ejemplar de Hulk #1, guionizado por John Byrne y dibujado por Ron Garney: “Era como leer sobre un desconocido”. En la década de los 90 Hulk era David y David era (para muchos lectores) Hulk. A pesar de haber alcanzado una alta reputación en la industria gracias a su trabajo en Factor X, Aquaman, Supergirl o Young Justice, la obra que uno asociaba a David era El Increíble Hulk. 12 años, nada menos, estuvo el guionista en el título. 12 años en los que hubo de todo, momentos buenos y otros no tan buenos, grandes dibujantes y otros del montón, historias para recordar y algo de relleno también. Pero siempre con un brillante desarrollo de personajes y con la marca especial del autor a la hora de escribir diálogos. La marcha de David de Hulk fue un terremoto para los fans. Hulk ya no era un personaje secundario frente a las franquicias de vengadores o mutantes. Era un personaje con un tirón creciente entre el público y con gran potencial para trasvasarlo a otros medios como la televisión o el cine. El shock de su marcha solo puede compararse, por longevidad, con la de Chris Claremont de La Patrulla X. Yo, sin haber comprado un cómic de Hulk en la vida, me acerqué en mayo de 1999, a mi librería especializada para conseguir el #15 del vol. 3, publicado por Forum, el último de David en la colección. Aún lo conservo.

La Marvel que David conoció cuando se hizo cargo de Hulk en 1987 no era la misma que estaba a punto de llegar al siglo XXI. Bob Harras, el Editor en Jefe, había conseguido que Marvel alcanzará cierta estabilidad en una compañía que había sufrido enormemente tanto en lo creativo como en lo económico durante los años 90. El fin del experimento Heroes Reborn, una crisis en toda regla para el staff de la editorial, había traído su total opuesto: Heroes Return. Entre 1997 y 1998, Harras había apostado por un retorno a las esencias apostando por cómics que se anclaban en la rica historia de personajes, en muchos casos, con más de 30 años de existencia por aquel entonces. Era la Marvel de Kurt Busiek y Mark Waid. La Marvel de la continuidad, la de construir sobre el pasado. Los Vengadores de Busiek y George Perez fueron un gran éxito de ventas y de crítica pero ese éxito no siempre pudo ser replicado. El caso más sangrante de back-to-the-basics fracasado tendría como protagonistas a Spiderman y a John Byrne.

John Byrne había alcanzado casi un estatus de “vaca sagrada” para finales de los 90. Lejos de su mejor época (finales de los 70-mediados de los 80 con obras maestras como La Patrulla X junto con Claremont o Los 4 Fantásticos en solitario por mencionar solo dos de las más conocidas), Byrne había conseguido mantener un aura de prestigio apoyado descaradamente en una lectura tradicional de los personajes en los que trabajaba. La fina línea que separa el clasicismo de lo reaccionario se llegaba a difuminar en varias ocasiones dentro del trabajo de Byrne. Tras varios años trabajando en DC y encargándose, entre otras, de Wonder Woman, John Byrne aterrizaba de nuevo en Marvel con la tarea de revitalizar a uno de los héroes más icónicos de la editorial: Spiderman. Para ello, además de dibujar la colección principal del lanzarredes (convenientemente relanzada con un nuevo #1), lanzó una nueva cabecera titulada Spiderman: Capítulo Uno, en la que “rehacía” los primeros números originales de El Asombroso Spiderman originalmente publicados a principios de los 60. Sin ser un desastre en ventas, los números fueron decepcionantes, y las criticas de público y prensa especializada, se ensañaron con una colección innecesaria que además palidecía ante lo que acababan de hacer Busiek y Pat Olliffe en Las historias jamás contadas de Spiderman. Sin embargo, y como a Byrne le gusta poner sus huevos en varias cestas, el enfant terrible había puesto su mirada en Hulk.

Tras la marcha de David en El increíble Hulk #467, Joe Casey y Javier Pulido se encargaron de la cabecera durante poco más de seis meses, con historias que no eran capaces de huir de la alargada sombra de David. Harras quería un reseteo, quería volver al Hulk salvaje y sin mente (idea que intentó forzar en la serie mientras David todavía era guionista), quería más espectáculo y, sobre todo, quería un nuevo #1. Con Byrne de nuevo en el título se cerraba un extraño círculo. En 1985, el británico-canadiense se había hecho cargo de Hulk durante seis números (#314-319) y, tras un breve paso de Al Milgrom como autor completo, David llegaría a la cabecera para quedarse definitivamente. A finales de los 90, David no le daría el relevo directamente a Byrne, sino que este se produciría, como acabamos de mencionar, tras otra breve estancia en la colección, en este caso de Casey y Pulido.

¿Y qué se encontraron los lectores en este relanzamiento? Una mezcla de la serie televisiva de Hulk de los 70 junto con una película de catástrofes. Bruce Banner, errando por la América rural, llega a un pueblo que es, claro, destrozado por Hulk. Banner entablará amistad con el shérif del lugar (y con su hija pequeña) pero aparentemente será incapaz de controlar al gigante esmeralda y se suceden los actos de destrucción masiva, incluyendo el derribo de un avión comercial. Finalmente, descubriremos que el caos provocado por Hulk es culpa de Tyrannus, que ha conseguido desarrollar un dispositivo para controlar a Hulk en la distancia. A continuación, Banner aterriza en una especie de comunidad dentro de una zona pantanosa (y el Hombre-Cosa no andará lejos) donde creerá haberse reencontrado con Betty, su esposa fallecida al final de la etapa de David. No es Betty, claro, sino una planta que, merced a los poderes del líder de la comunidad, cree ser Betty (Steve Englehart imagino que daría su visto bueno a historias así con plantas que creen ser personas muertas).

En el #8 se anuncia una pelea entre Hulk y Lobezno cuando, oh sorpresa, Byrne desaparece del título. Para quienes conozcan al autor, esto no puede ser algo novedoso. Las espantadas de Byrne son famosas (yo mismo he hablado de alguna de ellas aquí y aquí). Byrne también es conocido por tener un temperamento, digamos, “complicado”. Son famosas sus peleas con otras figuras de la industria como el mismo Peter David o Mark Waid, sin olvidar cuando en los años 80 llevó una gigantesca piñata a las oficinas de Marvel, le pegó una foto de Jim Shooter (editor en jefe de Marvel en la época) y le prendió fuego. En el caso de su segunda estancia en Hulk, las informaciones son contradictorias. Marvel afirma haberle despedido. Byrne defiende que se marchó él. Es casi imposible encontrar referencias tanto a palabras de Byrne, como del editor Tom Brevoort que mencionen el incidente. Como ejemplo, esta entrevista a Byrne realizada en el año 2000, donde se cierra totalmente en banda cuando le preguntan por ello. Lo único que podemos tener por seguro es que Byrne y su nuevo editor en la colección, Brevoort, tuvieron algún tipo de discusión/enfrentamiento, relacionado posiblemente con el rumbo que debería tomar la colección; y que esta discusión llevó a la salida de Byrne de Hulk.

El guion del #8 correría a cargo de Erik Larsen, uno de los miembros de Image que nunca escondió su deseo de volver a trabajar en Marvel. Larsen, fan absoluto del personaje, quería encargarse del título a largo plazo pero Brevoort tan solo le permitió escribir un número. De aquí al final de la “etapa”, el dibujante Ron Garney y Jerry Ordway serán, a cuatro manos, los que cerrarán las tramas y dejarán la casa limpia de polvo y paja para el siguiente inquilino/equipo creativo. Este final de etapa incluirá enfrentamientos entre Hulk y la Cosa, por un lado; y Hulk y los vengadores por otro. Por último, el gran villano en las sombras, Tyrannus, será derrotado en su intento de obtener los poderes de Hulk.

Mención aparte merece el Anual incluido en esta recopilación de Panini. El Anual 1999, con Byrne al guion y Lee Weeks a los lápices, es otro ejercicio de retrocontinuidad en el que se vuelve a contar el origen de Hulk pero convirtiendo al ayudante de Bruce Banner en el experimento de la Bomba Gamma (reconvertido en el láser Gamma por Byrne), Igor, en un skrull. De tal manera que Igor ya no es un traidor que quiere ver muerto a Banner para quedarse con los secretos de la bomba Gamma, sino que es un alienígena que teme que los humanos puedan defenderse con el rayo Gamma de una eventual invasión skrull. Un cambio innecesario y que fue rápidamente olvidado. Más aún, el mismo Peter David en Capitán Marvel #2 incluía una escena en la que Rick Jones lee el Anual en una tienda de cómics y se cachondea de esta idea. No es una disculpa por lo que hizo Byrne en este Anual pero hay que recordar que esta rescritura del origen de Hulk formaba parte de un proyecto más grande, la maxiserie Marvel: La generación perdida, un proyecto de Byrne y Roger Stern para llenar los huecos entre los años transcurridos desde el origen de Marvel/Timely y la Marvel de Stan Lee y Jack Kirby. Esta serie, hoy en día, solo es recordada por los más completistas.

La breve segunda estancia de Byrne en Hulk se divide en dos historias. La que tiene como protagonista el entorno rural, con el pueblo de Faulkner como centro, y en la que Banner acaba en la comunidad del pantano. La primera de ellas es lo mejor del tomo. A pesar de las inconsistencias del guion, destacadas por David en una de sus columnas But I Digress como que el sentimiento de culpa de Banner no le hace alejarse del pueblo o cómo el shérif confía a su hija a un casi completo desconocido, estos números presentan una historia sencilla y directa, repleta de acción y con un interesante trasfondo (la culpa de Banner, cómo compensar el daño que hace como Hulk). Y qué decir del dibujo de Garney. Tras su paso por Capitán América y Daredevil, el dibujante presenta un Hulk por momentos terrorífico, una auténtica fuerza de la naturaleza, un monstruo de mirada enrabietada. El dibujo de Garney es lo mejor del tomo. Estamos hablando de un dibujante que no ha tenido la prensa que otros con igual o incluso menor talento pero al que aquí no hay casi nada que reprochar. Sin saber si fue idea de Garney o de Ordway, no quiero olvidarme de un personaje fundamental para la resolución de la historia. Estoy hablando del minero Archer Leopold, quien ayuda a Hulk en su enfrentamiento contra Tyrannus… formando un sindicato con los topoides que trabajan para el villano.

Byrne no tardaría en abandonar Marvel (otra vez). En este caso, la bronca la tendría con Joe Quesada, el sustituto de Harras como editor en jefe. La versión oficial es que Quesada quería recortar el número de títulos de la franquicia mutante para hacerla más manejable y un proyecto como el de La Patrulla X: Los Años Perdidos era inviable en la nueva Marvel. Y no queremos decir que esto no fuera cierto, que lo es, sino que, además, Byrne, en uno de sus clásicas salidas de madre, hizo una broma a costa del viaje de Quesada a Florida para asistir al entierro de su madre, lo que le costó estar “cancelado” en Marvel desde ese momento en adelante.

El futuro de Hulk post-Byrne quedaría en manos de Paul Jenkins en una etapa que disgustó a muchos fans clásicos del personaje (aunque no tanto como la posterior de Bruce Jones) pero que casaba mejor con las inquietudes de la Marvel de Quesada. Iba a hacer un mal juego de palabras (no hay mal que por Byrne no venga) pero prefiero terminar reivindicando el trabajo en este tomo de Ron Garney y, por supuesto, la reedición del Hulk de Peter David en formato Marvel Héroes a partir de este mismo mes de noviembre 2021.

Lo mejor

• El dibujo de Ron Garney

Lo peor

• Es una etapa abortada y sin trascendencia alguna para la historia del personaje

Edición original: Hulk #1-11 y Annual 1999 USA (Marvel Comics, 1999-2000) Edición nacional/España: Marvel Omnibus. Hulk de John Byrne y Ron Garney (Panini Cómics, 2021) Guion: John Byrne, Jerry Ordway, Erik Larsen, Ron Garney Dibujo: Ron Garney, John Byrne, Lee Weeks, Sal Buscema, Dan Jurgens, Mark Texeira, Mike Miller, Ron…
Guion - 5.5
Dibujo - 7.5
Interés - 6

6.3

Otro coitus interruptus de John Byrne en el que destaca el dibujo de Ron Garney

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Jose Maria Vicente
Autor
21 noviembre, 2021 13:27

Qué pena el fin de esta etapa. A mí, que no había leído el Hulk de David por aquel entonces, me gustó mucho cuándo la leí por primera vez. El enfoque de Byrne hubiera estado muy bien para una miniserie aparte, ajena a comparaciones.

Como bien dices, Garney está inmenso aquí; de los mejores dibujantes que ha tenido el personaje. Admiro mucho el dibujo de Sal Buscema, pero aquí fue un auténtico bajón en comparación con Garney.

Por cierto, se suele alabar los primeros años de Quesada por la libertad que dio a sus autores estrella, pero vaya si nos olvidamos del caos que reinaba en otras series donde se imponía su voluntad -o la de Bill Jemas- sobre las del equipo creativo.

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Lector
21 noviembre, 2021 21:39

Recuerdo que hace ya como 10 años compre un libro (creo que era de Penguin Random House “Debolsillo”) a tamaño reducido que justo tenían estos números. Sabía poco de Hulk y de Marvel en general, pero en su momento me gusto, a pesar de que en ese momento no tenía mucha idea de quién era Samson, Tyrannus, Man-Thing o incluso Visión.

Quizá por eso, mis recuerdos de estos números siguen siendo positivos y coincido con que el dibujo de Ron Garney era adecuado para el personaje por cómo consigue dibujar a Hulk y dar la sensación de ser un monstruo y por la energía que transmitía en las peleas, tanto la que tiene con Wolverine como con la Cosa.

Personalmente, creo que uno de mis números favoritos de esta serie fue cuando Hulk estaba siendo controlado por Tyrannus y un narrador externo narra (valga la redundancia) como Hulk va destruyendo todo a su paso, cómo destruye un camión, como el conductor que lo había manejado por años intentaba escapar y luego estaba a punto de atacar a un hombre protegiendo a su hija, el hombre sacaba una pistola aún sabiendo que no haría mucho, Hulk se reía y estaba apunto de golpearlo pero luego se contenía justo porque estaba siendo controlado. Dado el tono, ese número no hubiera desentonado mucho en la etapa de Ewing.