Llamadme Nathan

Que nadie te imponga quién eres

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Edición original:Appelez-moi Nathan FRA, Éditions Payot & Rivages
Edición nacional/ España:Astiberri Ediciones
Guión:Catherine Castro
Dibujo:Quentin Zuttion
Color:Quentin Zuttion
Formato:Cartoné, 144 Páginas
Precio:18€

 

¡YA LO SABES, JODER! ¡No soy una chica, no soy lesbiana! ¡Y no me llamo Lila! Quiero que me llameís Nathan.

Astiberri publicó a finales de marzo Llamadme Nathan, un cómic con guion de Catherine Castro y dibujos de Quentin Zuttion sobre las dificultades que experimenta un chico cuando es consciente que su cuerpo femenino no está en consonancia con su verdadero sexo. Nathan en realidad es Lucas, un amigo de la guionista al que conoce desde pequeño. Ella fue testigo de primera mano de los problemas y dificultades que debió afrontar, algo que otorga verosimilitud a la obra.

Catherine Castro es una periodista, escritora y guionista francesa nacida en 1971. Llamadme Nathan es su primer trabajo en cómic. Quentin Zuttion es un historietista francés nacido en 1989, conocido por Monsieur Q, su nombre artístico. Su primera obra en el cómic fue Sous le lit en 2016 en la que ejerció de autor completo, lo mismo sucedió con Chromatopsie aparecida en 2018.

Lila nunca se ha encontrado a gusto consigo misma, siente que su cuerpo le es ajeno, algo que se acentúa a los doce años con la llegada de la pubertad. Esto le provoca un sinfín de preguntas de difícil solución y problemas con su entorno, hasta que se da cuenta de que en realidad es un chico. A partir de ese momento comenzará un proceso psíquico, físico, médico y legal para conseguir que su cuerpo sea adecuado a su sexualidad.

Estamos ante una novela gráfica que nos explica con todo lujo de detalles los problemas que tiene que afrontar una persona trans cuando acepta que su sexualidad física no corresponde a su realidad. Pese a los avances realizados en los últimos años en el mundo occidental, todavía estamos en una sociedad que tiende a señalar al “diferente” al que se sale de la “norma” y es que la moral de la sociedad sigue siendo heteronormativa discriminado a quién no entra en esa definición. Todavía hay muchas personas incapaces de diferenciar entre gays, lesbianas o trans.

La historia sabe mantener el equilibrio entre una dramatización excesiva y una visión demasiado edulcorada de la situación del colectivo transexual. Somos testigos del terremoto emocional que supone para Nathan aceptarse a sí mismo y evitar que su vida se convierta en un infierno. Nos métenos dentro de su cabeza y vemos sus dudas y miedos, pero sobre todo su decisión de elegir vivir de acuerdo a como se siente. Es una historia de búsqueda de la propia identidad que ha de enfrentarse a la incomprensión de familias y amigos, además a complicados trámites burocráticos.

El protagonismo de la obra cae de manera absoluta en Nathan, pero también está muy bien reflejado los sentimientos que su decisión provoca en su familia y amigos. Una familia y amigos que son de clase media y viven en un barrio normal así que no pueden “culpar” a nadie de la situación. Vemos como se deben enfrentar y adaptar a la nueva situación, ya que no es una fase de la adolescencia pasajera. Por suerte vemos que no todos sus amigos tienen problemas para asumir la nueva realidad, algo que nos llena de esperanza.

Llamadme Nathan es un cómic necesario, sobre todo en estos tiempos en que algunos pocos se creen con la potestad para decidir sobre la identidad de los demás. ¡Cómo si una estupidez escrita en un autobús pudiera cambiar el interior de las personas! ¡Cómo si los genitales decidieran a quién debes amar o cómo te sientes!

No hay que olvidar que además de horas de diversión y entretenimiento, las obras de ficción de cualquier tipo, también sirven para cartografiar la sociedad del momento y para ser la punta de lanza de muchas reivindicaciones. La ficción siempre ofrece un acercamiento más cercano y personal a los problemas que llega antes al corazón que a la cabeza y permite empatizar con ellos. La parte de periodista de Castro emerge para hacer una denuncia de lo costosos que son los tratamientos médicos para acabar el proceso FTM (Female to male) que en la gran mayoría de países no paga la seguridad social, algo que puede acabar costando muchas vidas. Algo que no deja de ser paradójico si se tiene en cuenta el enorme gasto que esos mismos países hacen en armas.

Zuttion hace un buen trabajo, en su estilo se pueden ver las influencias del manga y de Bastian Vives, aunque tiene personalidad propia. La soltura de su entintado y los colores en acuarelas dotan a la obra de naturalidad. Además, prescinde de las fronteras que marcan las viñetas ya que estamos antes una historia sobre la libertad que no debe encajonarse en ningún formato rígido. Todo ello llena la obra de cercanía y realismo.

Astiberri hace una buena edición con buen papel y reproducción. Llamadme Nathan es una obra arriesgada que sirve para concienciar y dar a conocer los problemas de la comunidad trans, así que es una suerte que hayan tenido el valor de publicarla. Ojalá sigan trayéndonos obras tan reivindicativas como esta.

Llamadme Nathan es una obra necesaria, directa y realista que puede incomodar a más de uno. Pero que ojalá sirva para que la mayoría de la sociedad se conciencie sobre la problemática por la que deben pasar miles de personas trans, los que no lo quieran entender jamás lo harán. Un cómic que debería ser de obligada lectura en los colegios si lo que queremos es construir un futuro mejor y más justo. Seguramente este año se publiquen cómics mejor dibujados y con historias más absorbentes, pero difícilmente lo harán con historias más humanas.

  Edición original:Appelez-moi Nathan FRA, Éditions Payot & Rivages Edición nacional/ España:Astiberri Ediciones Guión:Catherine Castro Dibujo:Quentin Zuttion Color:Quentin Zuttion Formato:Cartoné, 144 Páginas Precio:18€   ¡YA LO SABES, JODER! ¡No soy una chica, no soy lesbiana! ¡Y no me llamo Lila! Quiero que me llameís Nathan. Astiberri publicó a finales de…
Guión - 9
Dibujo - 7
Interés - 9

8.3

Esclarecedor

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Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...

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