La Cruzada de los Inocentes 3

Usamaru Furuya demuestra una vez más su grandeza como autor y cierra La Cruzada de los Inocentes con un broche de oro genial, en un tomo que mantiene la esencia de la serie pero impregnado en todos sus poros del peculiar estilo del controvertido mangaka.

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Edición original: インノサン少年十字軍 (Innocents Shōnen Jūjigun), Ohta Shuppan 2008.
Edición nacional/ España: ECC Ediciones 2017.
Guión: Usamaru Furuya.
Dibujo: Usamaru Furuya.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 320 páginas.
Precio: 12,95.

 

Uno de los retos más complicados para un autor es salir de la denominada zona de confort, ese abanico temático de estilístico que permite que un creador se sienta cómodo y logre siempre una calidad media en sus obras al no tomar demasiados riesgos. Por eso es digno de valorar cuando alguien intenta salir de esta zona y experimenta en campos en los que no suele prodigarse. Algo así ha realizado Usamaru Furuya a lo largo de esta trilogía de tomos que compone La Cruzada de los Inocentes, con un resultado increíblemente bueno. Lo que en un inicio partía de una premisa curiosa tanto para un manga como para él como autor en cuanto a temática, ha seguido un proceso paulatino hasta que Furuya se ha hecho con las riendas de la obra, dando lugar a un espectacular tercer volumen, uno de los que más calidad poseen dentro de su exitosa producción.

Tanto en el primer como, sobre todo, en el segundo tomo, veíamos a un Furuya que simplemente ejercía como un presentador de la historia que poco a poco iba plantando semillas de lo que se convertiría en el florecimiento del estilo que ya conocemos del controvertido mangaka japonés. Esto termina por eclosionar por completo en un tercer tomo en el que ya sí que apreciamos a un Furuya totalmente desatado y sin ninguna censura ni límite, que impone un ritmo frenético que no se detiene hasta la última página. Y es que la espectacularidad de una historia que comenzó siendo una inocente pero crítica fábula acerca de unos niños que peregrinaban a Jerusalen a fuerza de fe, ha derivado de una manera muy natural a un auténtico carrusel de sangre, sudor y lágrimas hasta el genial desenlace de la aventura de Étienne y sus apóstoles, siendo actualmente una de las mejores series cortas que se pueden leer en el mercado español.

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La historia, inocente en sus comienzos, va tomando un giro dramático que parecía culminar en el tomo anterior con la cruenta masacre en el Bosque de los Demonios, la participación de Lilian, Guillaume y Pierre en orgías iniciáticas para poder ser caballeros templarios de pleno derecho y el asesinato de Marc por parte de un Henri que se veía sobrepasado por la presión y la necesidad de agradar a Nicolas y demostrar su valía para la Cruzada. Tras la desgraciada decisión de Henri con la que acababa el tomo 2, Henri es engañado por Lilian haciéndose pasar por su hermano gemelo, Laurent, para acudir con él al castillo de Hugo, a la vez que abandona a Remy a su suerte. Este es encontrado por Nicolas y Guy, visiblemente débil debido al empeoramiento de su enfermedad y tan solo es capaz de contarles lo que ha pasado con Henri y Marc antes de morir. Los dos muchachos, visiblemente afectados por cómo se va diezmando su compañía, le comunican a Étienne que van a acudir junto a Laurent al rescate de los miembros de la Cruzada que permanece tras los muros del castillo de los templarios, mientras que él se quedará junto a Isabelle, Colette y el resto de los niños y habitantes de la aldea para esperar su regreso, a ser posible con los bienes que Hugo les sustrajo, para continuar su viaje al sur. A partir de ese momento, una cadena de hechos trágicos comienza a desarrollarse y, como si de un alud se tratase, se vuelve imposible de detener.

En primer lugar, Godfrey, el líder de la Cruzada Cátara, descubre la cueva en la que Colette actúa como predicadora y mantiene una tensa conversación acerca de la correcta o incorrecta interpretación de las palabras de la Biblia y de la validez de la figura del Papa o de la institución eclesiástica como administradores de la palabra de Dios y de la fe, lo que convence al monje de que la herejía se ha instalado en esas montañas. Acompañado de un gran grupo de cruzados y con el apoyo de algunos habitantes de la zona, recelosos de las prácticas de la mujer y de Étienne y su grupo, Godfrey arrasa e incendia el poblado y juzga a sus habitantes como herejes, condenándoles a la muerte para ser purificados. Étienne logra escapar con la ayuda de Isabelle, y ambos se confiesan y consuman su amor, conectando de tal modo sus almas que ella incluso puede volver a hablar, un aparente final feliz dentro de tanta desgracia que se ve truncado con la aparición de Christian, que ciego de celos por su amor a Étienne, apuñala a la chica y la tira al río. Poco después Michael entra en escena y clava una estaca en el corazón de Christian, declarándole hereje y sodomita y revela su verdadero rostro: en realidad Michael estaba infiltrado en el grupo de Étienne para desenmascarar que este no era el niño elegido, puesto que él ansía por encima de todo. El pobre Étienne es juzgado y condenado a vagar sin comida ni agua y encadenado a una gran estaca para que sea Dios el que juzgue si merece vivir o morir.

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Por otro lado, Henri es retenido por Hugo, que le revela el verdadero propósito de la relación de los Cruzados con los niños: pretendían ganar reputación para la orden a costa de los milagros de Étienne para posteriormente ganar dinero vendiéndolos como esclavos para las cortes del sur de Europa y los países musulmanes. Además, el propio Hugo urdió la trampa de Lilian hacia Henri para atraerle, ya que es el más inocente y hermoso de los niños, y pretende mantenerle a su lado para hacer todo lo que le plazca con él, hecho al que Henri se resiste solo para encontrar la muerte. Algo similar ocurre con Guillaume, Pierre y Lilian, que son obligados a pelear a muerte entre los tres como última prueba para ser templarios. Todos estos hechos son descubiertos por Nicolas, Guy y Laurent, que deciden aguardar a la salida de los caballeros de la fortaleza para cobrarse su propia venganza contra Hugo y sus templarios.

Tras la culminación de esta revancha, pero perdiendo a Laurent en el proceso, Nicolas y Guy descubren lo ocurrido en la aldea y toman la determinación de partir en busca de Étienne, tras revelar Nicolas su culpabilidad en la creación de la Cruzada de los niños de tan trágico destino final: todo fue una argucia de Nicolas confabulado con Christian, que implantaron mediante hipnosis la idea de que Dios le había elegido a Étienne, dejándole la corneta y la carta para crear la Cruzada, con el objetivo de llegar a Tierra Santa para que Nicolas pudiese ser caballero como su padre y Christian pudiese cambiarse de sexo, cosa que había leído que era posible en tierras musulmanas, para poder amar a Étienne y ser amado por este libres ambos del pecado. Tras el descubrimiento se dirigen a Marsella con Isabelle, donde parece que ha llegado el rastro de milagros de Étienne, pero llegan demasiado tarde, ya que Michael y su nueva Cruzada infantil, creada por su padre, le alcanzan antes y evitan un nuevo y enorme milagro matándolo. Michael es enviado en barcos con el resto de niños a Jerusalén, en teoría para reconquistar Tierra Santa, en la práctica a ser vendidos como esclavos para costear el ascenso al papado del padre de Michael. Por su parte, en una revelación final descubrimos que Isabelle quedó embarazada de Étienne y espera un hijo suyo que, en el futuro, está llamado a cumplir la profecía de su padre de volver a llevar la fe a Jerusalén.

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El tercer tomo de La Cruzada de los Inocentes, como podéis leer, cierra de una manera perfecta y espectacular una historia que, en un primer momento, no pasaba de curiosa. Lo más destacable es la capacidad que tiene Furuya durante toda la obra de ir haciéndola suya, poco a poco, sin que el lector se dé cuenta, hasta que en este último arco argumental explota y se convierte en merecedor del sello “100% Furuya”, con un despliegue tremendo de temas controvertidos, representados de manera explícita y manteniéndose dentro del marco contextual en el que se encuadra la trama. Es un tomo que supone el clímax de una historia en apariencia inocente y casi fantástica pero que ha evolucionado y tornado en una verdadera tragedia, muy cercana al drama teatral que en este tercer acto encierra el funesto destino de la mayoría de los protagonistas. Furuya deja patente que es un autor que no pone cortapisas a su trabajo ni se deja llevar por lo políticamente correcto y muestra no solo escenas explícitas de muertes, condenas a la hoguera, torturas, violaciones y violencia y gore en general, sino que además utiliza a sus personajes infantiles como principales protagonistas de estos horrores, lo cual hace que esta obra no sea muy recomendable para aquellos especialmente sensibles a estos temas.

Por otro lado, el autor es capaz de justificar la presencia de estos actos dentro del marco histórico en el que sitúa a los personajes, incluso basándose en hechos reales. El más evidente es la referencia a la Inquisición y la persecución de herejes, evidentemente, pero también encontramos referencias históricas a la supuesta vinculación de ciertos grupos templarios con la adoración satánica, las orgías homosexuales y la corrupción de menores y la venta de estos como esclavos con fines lucrativo, así como otras más demostrables y menos truculentas, como su función como banqueros o prestamistas. Estos hechos se presentan de manera íntegra en la obra, volviendo una historia con inicio de fábula en algo mucho más cercano a la realidad cruda que suele aparecer en las obras de Furuya.

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Otra de las características fundamentales de La Cruzada de los Inocentes es la tremenda carga crítica que Furuya ha incluido de manera explícita e implícita dentro de la obra. En anteriores reseñas ya hablábamos de la moraleja que el autor dejaba caer sobre la falta de valores del ser humano cuando pierde la inocencia de la infancia al entrar en contacto con el mundo real o sobre la orden templaria y su manera de moverse por interés, falsificando para ellos los milagros y aprovechándose de la fe y la necesidad de la gente, incluso se dejaba caer más implícitamente una queja sobre la Iglesia y su doble rasero a la hora de medir y juzgar. Esta última crítica se vuelve más explícita que nunca en este tercer tomo, donde tenemos un intenso debate entre el catolicismo encarnado por Godfrey y una especie de luteranismo en la figura de Colette, donde se plantea la idea de que grado de legitimidad tienen el Papa y la Iglesia para juzgar la fe del resto de personas, basándose en unas palabras escritas en un libro que tiene una interpretación distinta según quien las lea y en el que no llega a definir siquiera qué es una herejía de manera definitoria. La parte de la quema de la aldea y el juicio por herejía es muy interesante en este sentido y troncal para entender uno de los principales temas de la obra, que no es otra que el ser humano, incluso la persona con más fe y más beata, se mueve única y exclusivamente en base al interés y el beneficio propio. Tenemos muchos ejemplos de esto en la obra, ya que todos los personajes en algún momento actúan o toman decisiones en base a lo que les viene bien a ellos, y al final los realmente buenos no son los que se autoproclaman así por ser fieles ciegamente a unos preceptos, sino los que reconocen sus errores y los asumen para poder corregirlos y hacer algo por los demás.

También encontramos una queja importante sobre el precio que tiene la fe ciega en algo que no sea uno mismo y las personas que quieres o que demuestran que merece la pena creer en ellos. Furuya deja claro que nadie es poseedor de una verdad universal y que nadie puede imponer al resto lo que debe hacer o en qué debe creer. La fe es algo importante para el ser humano, creer en algo es necesario para convertirte en alguien, pero siempre que sea libremente y no fruto de la presión o la obligación. Furuya también conviene en La Cruzada de los Inocentes que solo debemos creer y ser fieles a cosas que nos permitan ser quiénes somos y mantener nuestra individualidad, tanto física como de pensamiento, y vivir de acuerdo a ello, porque de lo contrario es cuando acabamos en el mal camino. Por ejemplo, el personaje de Christian es un fiel reflejo de cómo las prohibiciones de la fe cristiana provocan que deba ocultar su homosexualidad, para posteriormente mentir para poder ir allí donde pueda cambiar su género y amar a Étienne sin traicionar sus convicciones y llegar a asesinar cuando esto no es posible. Esa fe al final es la culpable de que se inicie la Cruzada y por tanto de la muerte de todos esos niños que perecen en la obra. Esto nos lleva a plantearnos si el pecado es inherente al ser humano o si surge a partir de las imposiciones de la fe.

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Por último, hay que mencionar que el tercer tomo es un auténtico espectáculo a nivel de construcción de guión, más allá de todas estas temáticas. El ritmo y la cantidad de sorpresas y momentos memorables es tremenda, es un volumen que no da ningún respiro al lector, ata todos los cabos de la obra y culmina en un perfecto final que se ve apoyado por el descubrimiento de quién es el narrador en off que nos lleva acompañando desde la primera viñeta. Furuya hace completamente suya una obra que comenzó siendo lo más, en teoría, opuesto a su estilo y los temas que suele usar para desarrollar sus producciones, convirtiéndose por sorpresa en uno de los mangas de más calidad, más interesante y más recomendable del autor. En su conjunto es una historia muy bien construida, con una clara diferenciación entre introducción, nudo y desenlace en los tres tomos, y que tiene la duración perfecta para convertirse en una obra redonda. A nivel artístico ocurre como en la trama, Furuya se va sintiendo cada vez más cómodo a medida que avanzan los capítulos y en este tercer tomo terminar de confirmar su autoría, con un dibujo realista y crudo, en ocasiones experimental y muy artesanal, con un buen grado de detalle. Cabe señalar el gran uso de las perspectivas y técnicas en las viñetas y su adaptación al diferente tipo de momento que nos muestra, de mayor tensión, más violencia, tristeza, nostalgia… La página y el dibujo se ponen en todo momento en sintonía con lo que nos está enseñando, aparte de que la ejecución técnica de Furuya da lugar a escenas bastante espectaculares y sorprendentes. Evidentemente es un dibujo muy explícito y duro en algunas ocasiones, totalmente justificadas por el guión.

En resumen, este tercer tomo de La Cruzada de los Inocentes pone el broche de oro a una serie que comenzó discretamente, valorada por lo curioso de su propuesta y lo anómalo de ser la historia elegida por su creador, que suele moverse en otros derroteros, pero que ha culminado en alto, con un gran despliegue de Furuya para ponerle al manga su sello de autor y convertirla en una de las obras más recomendables y con mejor desarrollo que hay en el mercado. Un tomo final que contiene muchos momentos duros y espectaculares, y en general con un guión muy bien construido y un ritmo in crescendo, La Cruzada de los Inocentes supone una genial fábula crítica sobre los peligros de la fe y los pecados del ser humano, mostrando las miserias y grandezas de un grupo de niños obligados a crecer antes de tiempo en una época que no suele representarse en demasía en el medio. Uno de los grandes tapados de este año dentro del catálogo de ECC Ediciones y una apuesta segura para los seguidores de Furuya y para aquellos que quieran descubrir a este autor por primera vez.

  Edición original: インノサン少年十字軍 (Innocents Shōnen Jūjigun), Ohta Shuppan 2008. Edición nacional/ España: ECC Ediciones 2017. Guión: Usamaru Furuya. Dibujo: Usamaru Furuya. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 320 páginas. Precio: 12,95.   Uno de los retos más complicados para un autor es salir de la denominada zona de confort,…

Valoración Final

Guión - 8
Dibujo - 7.5
Interés - 9

8.2

Fantástico cierre de Usamaru Furuya para La Cruzada de los Inocentes, un manga que empieza muy alejado de lo que se suele asociar al autor pero que finalmente lleva el guión a dónde quiere para impregnar la obra con su sello particular. Un drama en tres actos muy bien construido, cuyo último tomo supone una genialidad de Furuya, con un ritmo imparable y multitud de sorpresas y momentos crudos e inolvidables que hacen de esta serie una de las grandes sorpresas de este verano. Gustará mucho a los fans del mangaka y supone una entrada en su mundo paulatina y recomendable para los neófitos.

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