Hail Satan!

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Edición original: Worst Behaviour, Pigeon Press, mayo 2015.
Edición nacional / España: Hail Satan!, Fulgencio Pimentel, marzo 2016.
Guión, dibujo, tinta y color: Simon Hanselmann.
Formato: 66 páginas a color y bitono editadas en cartoné.
Precio: 16 € .

 

Resulta hasta sobrecogedor asistir en directo al proceso de evolución de un autor vivo a medida que va editando su obra. Pues es que sucede que con obras como este Hail Satan que Simon Hanselmann va perfilando su carrera. Si tenemos suerte, si la fama no le vuelve imbécil, si su vida sigue por derroteros de cierta miseria, es probable que el devenir del conjunto autoral del creador de Hechizo Total nos depare obras de auténtico aplauso. Esta que nos ocupa no se merece menos. Y si bien navega por mares conocidos, aquellos caracterizados por cierto nihilismo, la totemización de las drogas o el sinsentido del vivir, sí que se percibe con claridad un viraje hacia aguas más oscuras aún si cabe. Porque si antaño pasábamos de puntillas sobre la desconfianza, el descreimiento o el ensimismamiento, Hanselmann, más confiado, ya no duda aquí en lanzarse a las simas de la desesperanza. Y tú detrás.
Situada entre las encomiables Hechizo Total y Bahía de San Buho, Hail Satan es una obra que continúa las desventuras de Megg, Mogg y Búho, pero con un twist. Si en las anteriores cierto sarcasmo, cierto humor negro apaciguaban las aristas deprimentes de la narración, aquí, a pesar de chispazos de humor provocados fundamentalmente por situaciones de vergüenza ajena, nos encontramos con el episodio más negro hasta el momento de la vida en común de este grupo de desarrapados. Sí, alguna sonrisa hay, pero es cierto que se congela en el rostro cuando el cerebro procesa las punzadas de miseria que desprenden muchas de las situaciones que padecen Megg y su grupo.
Hay algo hipnótico en semejante descenso a los infiernos. Hay algo muy visceral, muy cercano en esa manera de reflejar las incongruencias de las relaciones personales, ya no de pareja sino aquello que algunos están -estamos- dispuestos a soportar ante el abismo de estar solos. Porque la relación de Megg y Mogg con Búho aquí se perfila ya como algo más que una gracieta parásita. Búho es víctima, a priori ilusa, del egoísmo perverso de sus compañeros de piso, que no dudan en no sólo vivir de él sino hacerle la vida incómoda, encontrando siempre tiempo para ridiculizarle y humillarle. Pero Búho es ese tipo que no solo da pie a ese comportamiento sino que ni le pone fin ni se queja, ya que lo disfruta. No es autoengaño, es pura adicción. Y es ahí donde se demuestra el genio de Hanselmann para perfilar a sus personajes, que resultan complejos, elaborados, humanos en definitiva. La hostia emocional es mayor cuando la apariencia caricaturesca, esa desfachatez pop, esconde esa bomba triste que te estalla en la cara a medida que avanzas páginas. Pues el autor convierte en realidad el axioma que asegura que aquello más terrible funciona mejor bajo la apariencia de algo dulce e inocente. Y ya nada hay de inocente en unas relaciones que sacan lo peor de los demás, que son conscientes de lo anterior y que no encuentran ni los redaños ni el ímpetu para cambiarlo.

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La vida no tiene sentido, parece clamar Hanselmann. Y lo hace sacando a la palestra la imposibilidad de relaciones interpersonales sanas. De ahí la carrera hacia el alcohol, las drogas, las grasas y todas aquellas cosas que nos hagan diluir el absurdo del vivir, a través de placeres efímeros y baratos que nos echen una bruma de indiferencia ante el tedio de estar vivo y la montaña rusa que son las emociones. ¿Demasiado quizás para las historias gamberras de una bruja, un búho y un gato? Personalmente, lo dudo. Hanselmann es consecuente con su narración y no duda en mostrar su historia más deprimente hasta la fecha. Que no te engañen las apariencias, que gatos que hablan y búhos antropomorfos no te lleven a pensar en edulcoración de contenidos. Esto es tan crudo como lo que representa, y supone un hallazgo para el tebeo actual respecto a las formas y sentimientos de esta generación de treintañeros como las aventuras eróticas del Gato Fritz de Crumb supusieron para la revolución sexual de los 60 y 70. Es decir, la perversión de iconos infantiles para narrar de la manera más libre las pulsiones de los adultos del momento.
Atentos todos a Hanselmann, que está por dar lo mejor.

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  Edición original: Worst Behaviour, Pigeon Press, mayo 2015. Edición nacional / España: Hail Satan!, Fulgencio Pimentel, marzo 2016. Guión, dibujo, tinta y color: Simon Hanselmann. Formato: 66 páginas a color y bitono editadas en cartoné. Precio: 16 € .   Resulta hasta sobrecogedor asistir en directo al proceso de…
Guión - 8
Dibujo - 7
Interés - 9

8

Hanselmann, rumbo a convertirse en una leyenda.

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