El arte del asesinato.
«¿Es que desea saber más? Para eso hay que entrar en el club, señor. Así presenciará conmigo los siniestros acontecimientos de los que he sido escenario.»
El Club Diogenes de las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, el Reform Club de La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne, el Club Pickwick de la novela de Charles Dickens son algunos de los clubs de caballeros más famosos de la literatura clásica. Entre sus paredes hemos sido testigos de apuestas, reuniones y conversaciones entre hombre poderosos que han sido el comienzo o final de fascinantes aventuras, pero también se han convertido en los lugares de conspiraciones y negocios turbios. Sin duda, el guionista francés Fabien Vehlmann (Mont de Marsan, 1972) tenía todo eso en mente cuando creo junto al dibujante belga Denis Bodart (Namur, 1962) el londinense club Green Manor que da nombre a su primera gran obra como guionista. Se trata de una serie compuesta por historias breves de unas seis u ocho páginas que debuto en el número 3161 de la revista Spirou en 1998 que fueron apareciendo de forma irregular hasta completar 18 entrega que, posteriormente se publicaron en tres álbumes entre 2002 y 2005. Y finalmente en un integral con dos historias publicadas después de la salida de esos álbumes que es el que ha editado Nuevo Nueve. Un volumen con varias páginas de extras y una historia inédita en España, ya que no había aparecido en la primera edición de la serie en España publicada por Dibbuks en 2011. Una nueva edición de mucha calidad, pero que tiene un desgraciado error tipográfico en el lomo con la palabra Historias mal escrita. Sin embargo, es un cómic que hará las delicias de los amantes de las historias cortas de misterios y asesinatos deudoras de Conan Doyle o Poe.
En el club Green Manor se dan cita caballeros capaces de cometer, resolver y relatar todo tipo de crímenes y asesinatos durante los últimos años del s XIX demostrando una total falta de escrupulos y una imaginación tan truculenta y retorcida como malvada. Unas historias que son un homenaje y pastiche de las que iniciaron el género negro y de misterio en las que habitualmente nos encontramos con un giro final inesperado y mucho humor negrísimo, pero que al estar ideadas para aparecer en la revista Spirou no contienen dosis excesivas de violencia y pueden ser leídas por todo tipo de público sin problemas.
Cada una de las historias es completamente autoconclusiva coherentes y nada tramposas con unos protagonistas diferentes y todas transcurre en un año diferente: Un escalofrío de placer (Octubre de 1879), Postdata (Agosto de 1882), Modus Operandi (16 de Julio de1882), 21 alabardas (Marzo de 1893), Sutter 1801 (Abril de 1872), La balada del Doctor Thompson (1878), Juego de niños (Marzo de 1871), La marca de la bestia (1885), Últimas voluntades (1876), La sombra del centurión (Julio de 1897), Noche vudú (Diciembre de 1870), El final de la partida (Junio de 1871), La musiquita del crimen (1867), En la mente de William Blake (Agosto de 1827), Duelo en la cumbre (Mayo de1 859), El testamento (1872), El asesino dimensional (1895) y La máquina de asesinar en el tiempo (1896). El único elemento en común es el club que siempre aparece en ellas. Como sucede en series compuesta por historias con una temática muy marcada podemos ver altibajos entre ellas con algún giro previsible, pero con otros que nos los ves venir. Si bien es cierto que en esto también influye mucho la experiencia lectora previa.
Lo que, si está muy bien logrado siempre es la ambientación, los diálogos y el ritmo de las historias, aunque hay alguna que podría desarrollarse en más páginas. Pero el guionista de obras como El marqués de Anaón, Solos o El Dios salvaje ya deja ver todas las herramientas que le han convertido en uno de los escritores más sólidos e interesantes del cómic francobelga de los últimos años con una especial habilidad para presentarnos personajes e historias complejas en muy pocas páginas. En estas historias también hay que destacar el buen manejo de la intriga y un tomo burlón que sobrevuela todas las historias que desnuda la pedantería, el clasismo y miserias de los miembros del club de una forma muy sutil. Lo que le sirvió para que el primer álbum de la serie fuera nominado al mejor guion en el festival de Angoulême del año 2002.
De entre todas las historias que componen el volumen seguramente la más redondas sean Un escalofrío de placer, La balada del Doctor Thompson, Juego de niños, Noche vudú y El testamento. Pero todas tienen muchos puntos de interés empezando por el fantástico trabajo de Bodart. Un dibujante de una larga trayectoria en su país, pero del que en el nuestro quitando esta obra solo hemos podido unos pocos trabajos en volúmenes grupales que homenajean a Casacas azules y al Marsupilami y un tomo titulado Nicotina en el que dibujo un guion de Yann y publico La Cúpula a principios de los noventa. En sus páginas de Green Manor nos encontramos con un estilo heredero de la escuela de Marcinelle lleno de personajes dinámicos y muy expresivos y una atención al detalle en fondos y ropajes que nos traslada al instante a la época en la transcurren las historias. También hay que destacar el enorme trabajo al color que consigue transmitir la luz de las velas de los interiores de esa época y la de Londres. Todo ello junto con una narrativa muy eficaz que sabe potenciar el tipo de historia y ritmo que necesita hace que estemos ante un trabajo que ha sabido modernizar el estilo que siempre ha primado en la revista Spirou y dotarlo de un toque personal y reconocible.

Con Green Manor, Denis Bodart y Fabien Vehlmann firman una colección de historias breves de misterios llenas de crímenes y asesinatos que nos retrotraen a los clásicos del género de una solidez y originalidad envidiable que recomendamos disfrutar a sorbos pequeños. Unas historias que nos dejan ver lo peor de ser humano con un tamiz de humor negro y un dibujo que enamorara a los fans de la escuela de Marcinelle.
Lo mejor
• Muchos de los giros son brillantes.
• El sentido del humor.
• La ambientación que consiguen los dibujos de Bodart.
Lo peor
• El error de la edición.
• Aunque son historias muy variadas y diferentes al tratar el mismo tema si se lee el volumen de una sentada es posible que nos deja una sensación a repetición.









Este me lo regalaron en la edición anterior. Hace bastante y no sabiendo nada de su contenido ya desde las primeras páginas me engancho. Como son historias cortitas es uno de los que más pillo de la estanteria para lecturas puntuales. Muy buenas historias todas.
Esa es la forma en la que más se disfrutan.
Es una obra muy recomendable. Además, creo que Fabien Vehlmann es un excelente guionista a quien todavía no se le ha dado en el habla hispana la relevancia que merece
Vehlmann es una garantía de calidad.