Beyond Mars. Así se editan los clásicos
«De Karth solo obtuve más motivos para odiar a los hombres y también mejores maneras de destruirlos»
Para poder apreciarlos en todo su esplendor y también distinguir más ajustadamente – en algunos casos – sus limitaciones, los clásicos de la prensa norteamericana han de editarse de la mejor manera posible, con una calidad alta de reproducción y respetando la obra original tal y como se publicó en su momento en los periódicos locales.
Beyond Mars de Jack Williamson y Lee Elias, en la publicación recopilatoria de Diábolo Ediciones, es un ejemplo de excelente trabajo de edición de una obra muy atractiva gráficamente y con algunas limitaciones a nivel argumental.
La serie se publicó en el New York Sunday News, en exclusiva, a partir del 17 de febrero de 1952 y duró hasta el 13 de marzo de 1955. Son algo más de tres años en el que la strip ocupó a menudo la contraportada de la publicación ya que normalmente la portada estaba reservada para la serie Dick Tracy de Chester Gould. Fue un encargo a Williamson y Elias de la editora Ama Baker para competir con otras strips del género – la renovada Flash Gordon de Dan Barry entre ellas – y sobre todo para contrarrestar el creciente auge de la televisión. A partir del 12 de septiembre de 1954 y en las 27 últimas entregas la serie se publicó en formato de media página.
El protagonista Mike Flint es un piloto espacial que vive y trabaja en el cinturón de asteroides más alla de Plutón, concretamente en el asteroide llamado Brooklyn Rock. El astronauta a sueldo y su socio venusiano Tham Thmith realizan trabajos por encargo que siempre se transforman en peligrosas misiones espaciales.

El entorno de la serie se engloba en el universo literario del guionista que, con el pseudónimo de Will Stewart, utilizó el original concepto de Steetee – referido a la contratierra o la antimateria – en muchas de sus creaciones literarias. En la strip también introduce otros elementos novedosos para la época como la clonación, la imposibilidad de hablar en el espacio, la antigravedad o las videoconferencias.
El desarrollo de las historias, sin embargo, peca de atropellado y parece demasiado supeditado a un esquema fijo en el que los distintos argumentos no encajan, a veces por demasiado densos y otras por demasiado livianos. Los personajes – especialmente los femeninos – aparecen y, sobre todo, desaparecen de manera abrupta e ilógica y los conflictos acaban desinflándose por las prisas de anticipar la aventura siguiente. Lo más atractivo de los relatos es la descripción de un entorno hermosamente singular y la aparición de determinados personajes secundarios que dan mucho juego.
Sin haber leído sus novelas, la aportación de Jack Williamson, que está considerado como uno de los maestros de la ciencia ficción clásica norteamericana, a los guiones de la strip es bastante irregular. Quizás por su inexperiencia quizás por la intromisión de John Gardner, editor asociado del Sunday Times que le reescribía los argumentos y los diálogos para que parecieran más atractivos, además de la molesta aportación de un corrector lingüístico demasiado fiel al editor, por lo que el resultado final acaba siendo deslucido y algo caótico; de ideas muy interesantes con un despliegue poco afortunado.
En cambio en la parte gráfica la situación es muy distinta. Lee Elias se había fogueado en el comic book, aportando un estilo muy cercano al de Milton Caniff y destacando especialmente en la colección Black Cat de la editorial Harvey. En Beyond Mars realiza un trabajo encomiable, presentando páginas dominicales llenas de acción, de un diseño que para la época era clásico y novedoso, con un colorido espectacular. Su diseño de los personajes recuerda poderosamente al de Caniff, del que fue ayudante durante un tiempo, pero su manera de resolver las escenas, especialmente las de acción, es más parecida a la de Frank Robbins por su agilidad en el cambio de encuadres, la variedad de planos y el acierto en el punto de vista de cada viñeta.
La descripción del entorno, de la escenografía y el diseño de naves espaciales en Beyond Mars es el típico de aquella época, mezclando modernidad con toques añejos de los primitivos pulps. El coloreado prioriza los colores vivos como los rojos, naranjas, verdes y azules que lucen de manera destacada en trajes espaciales y vestuario de los personajes.
Como comentábamos al iniciar esta reseña, la calidad de la realización técnica y material del libro a cargo de Diábolo Ediciones es uno de los alicientes de este recopilatorio. El álbum es en cartoné, tiene un tamaño muy generoso, significativamente mayor que la edición estadounidense, cuenta con un buen papel y una impresión excelente. El texto introductorio firmado por Bruce Canwell es interesante y lleno de información y está, además, bien ilustrado con ejemplos gráficos de la obra de los autores de la serie. El punto flaco de este producto es el precio, algo excesivo en nuestra opinión.
Beyond Mars de Jack Williamson y Lee Elias es una serie de prensa algo atípica, con un guion rebosante de imaginación, pero irregularmente plasmado y un tratamiento artístico y narrativo muy notable. La excelente edición Diábolo permite disfrutarla en todo su esplendor, especialmente en su vertiente gráfica y narrativa.
Salut!
Lo mejor
• La extraordinaria edición de Diábolo.
• El arte clásico de Lee Elias.
Lo peor
• Unos guiones algo flojos e inexpertos.
• El exagerado precio.













Gracias por tu reseña, Tristán. Creo que Diábolo ha realizado un gran trabajo con los comics clásicos. ¿Qué te han parecido sus ediciones de los comics de la E.C.?
Un poco de todo. En general están bien editadas, algunas presentan alguna deficiencia en la rotulación. Sobre todo las más antiguas. Los one shots como ‘Beyond Mars’ son muy disfrutables, el problema es cuando se embarcan en colecciones largas puesto que raramente las completan. Pero los libros en general son interesantes y hermosos. Para mí la joya de la corona de su catálogo es ‘Domingos con Walter y Skeezix’ de Frank King que tiene una voluntad explicita de antología de las mejores sundays de ‘Gasoline Alley’.