Frank Robbins. El amo de la narrativa

Frank Robbins demostró durante su larga carrera como autor de cómics un dominio del lenguaje gráfico-narrativo excepcional. Su influencia se extendió a varias generaciones de artistas de todo el mundo.

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Frontera entre Pakistán y la India, años 50 del siglo pasado. Dos occidentales, un hombre y una mujer, hacen autoestop por las polvorientas carreteras de la zona. Al principio solo les ayuda un campesino del lugar que les transporta en un carro lleno de heno, pero de repente un coche les adelanta a toda velocidad haciendo caso omiso a las súplicas de los dos norteamericanos para que se pare. Sin embargo el automóvil da marcha atrás y su ocupante, otro occidental, se ofrece a llevarlos. Sus intenciones no son altruistas. Necesita el pasaporte del joven y se lo apropiará a punta de pistola…
Así empieza Pasaporte a Paraíso una de las historias que Frank Robbins creó para su personaje Johnny Hazard. Y esta historia era la que iniciaba la colección que la editorial Buru Lan dedicó en 1973 al personaje y que no tuvo continuidad.

Hubo un tiempo en que los reyes de la historieta no eran los dibujantes y guionistas de manga, tampoco lo eran los dibujantes, guionistas, entintadores, coloristas y editores de los comic books de superhéroes. Hubo un tiempo en que la aristocracia del cómic eran unos autores que publicaban cada día en los periódicos estadounidenses y cuya labor – en palabras de uno de ellos llamado Milton Caniff – era vender más diarios cada mañana.
Esta época la podríamos acotar desde el inicio del siglo XX hasta finales de la década de los 60 cuando los comic books de Marvel y sobre todo la televisión cambiaron los hábitos de diversión de la sociedad occidental. Durante estos años Frank Robbins realizó dos series de aviadores que resultaron fundamentales para la historia del cómic de prensa norteamericano. Fueron Scorchy Smith y por encima de todo Johnny Hazard.
Hoy se cumplen 100 años de su nacimiento y la mejor manera de recordar a un genio como Robbins es, sin duda, volver a leer su obra.

Johnny Hazard fue uno de los personajes más longevos de los comics realistas de prensa norteamericanos. La primera tira data del 05 de junio de 1944 y la primera página dominical es del 02 de julio del mismo año. Su cancelación se produciría durante el año 1977. A pesar de la gran cantidad de páginas la serie mantendría un nivel altísimo al menos hasta mediados de los sesenta donde se empezó a notar un lento pero inexorable desgaste tanto narrativo como artístico.
Su temática es heredera de innumerables series de aviación que por esta época estaban embarcadas en ambientes bélicos a raíz del inicio de la II Guerra Mundial, a diferencia de Terry and the Pirates, la serie de Robbins no se convirtió en un diario de las aventuras cotidianas de los soldados sino que potenció la faceta aventurera hecho que al finalizar la contienda hizo que tanto el autor como la serie se adaptaran mucho mejor al ambiente civil que la strip de Milton Caniff.
Otra diferencia con Terry and the Pirates es que mientras la obra de Caniff era una unidad tanto en las tiras como en las páginas dominicales, Johnny Hazard presentaba dos líneas argumentales claramente diferenciadas tanto en dailies como en sundays.

La excelencia gráfica de Robbins es más espectacular en las páginas dominicales donde predomina la aventura exótica. Hazard viaja por todos los países que uno pueda imaginar desde el Tíbet a las islas del Pacífico siempre sorteando a los más variopintos criminales. En las sunday pages a todo color, el dibujo se hace más más panorámico y la acción más trepidante. El coloreado adquirirá poco a poco peso narrativo ofreciendo a los lectores de finales de los cuarenta y de los cincuenta un festín visual cada domingo.

Las tiras están más ancladas a la aventura urbana, los escenarios son más europeos y la acción más cercana al thriller. Londres, Paris, Berlín serán el telón de fondo de historias de suspense llenas de falsos culpables, persecuciones espectaculares por vagones de metro o puentes de apertura mecánica. Es curioso comprobar que la limitación espacial de la tira diaria en blanco y negro supuso un acicate para que Robbins experimentara con la narración regalándonos momentos de suspense que pocos autores igualarán.

Finalmente la serie se canceló el año 1977; las sundays el 14 de agosto y las tiras el 20 del mismo mes. A sus espaldas Robbins había dejado durante más de 30 años una infinidad de momentos memorables, mágicos y apasionantes que permanecerán para siempre en la historia de los cómics. Johnny Hazard es un canto a la vida llena de emoción, una auténtica celebración de la aventura.

Un artista total

Con sencillez, con naturalidad y con emoción el arte narrativo de Robbins te envolvía y te obligaba a seguir leyendo; era interesante tanto en las escenas de acción como en las más reposadas y usaba como nadie las viñetas para comprimir o acelerar el tiempo. Fue un maestro en el arte de contar historias con los dibujos y su influencia ha sido enorme en generaciones de autores posteriores destacando especialmente los españoles. Si un maestro se mide por el nivel de sus alumnos Frank Robbins es uno de los más grandes autores de la historia de los cómics.
Basta mirar una página dominical de Johnny Hazard o mejor aún una simple tira diaria para ver que estamos ante un gran artista, un auténtico experto en el arte gráfico-narrativo que se atreve con secuencias de acción complicadísimas y momentos de pausa llenos de interés. Su dominio de la caracterización no tiene igual integrando en las historias a los tipos más pintorescos sin que resulten histriónicos y sus personajes femeninos fueron ejemplo durante décadas.

Uno de sus puntos fuertes fue la creación del suspense; página a página, tira a tira. Cada entrega de Johnny Hazard contenía sorpresas que eran perfectamente explicadas mediante arriesgados pero esclarecedores encuadres que potenciaban la emoción. Su influencia estilística y narrativa llegó incluso a una generación de cineastas formada entre otros por Steven Spielberg y George Lucas que retomaron muchas de sus escenas en sus películas. Es curioso comprobar además que en algunas webs de originales están colgadas una decena de tiras de Johnny Hazard propiedad de Santiago Segura. La huella de Robbins llega mucho más allá del mundo de los comics.
Su principal atractivo es sin duda lo que en francés se llama decoupage, en inglés storytelling y aquí narrativa visual o también lenguaje gráfico-narrativo. En este aspecto Robbins fue un precursor. Su dominio del espacio, del tiempo narrativo y su innovadora fragmentación del movimiento proporcionó a los asombrados lectores de la época escenas de acción espectaculares potenciadas hasta límites insospechados. Su estilo de ralentización de la acción ha sido muy estudiado por los artistas japoneses del manga, por ejemplo.

Entre la incontable legión de seguidores de Robbins podemos encontrar gente tan influyente como Bernard Krigstein, Alex Toth, Hugo Pratt, Jean-Claude Mèziéres, el australiano John Dixon o Hermann. Y también podemos citar a muchos autores españoles que, sobre todo en los sesenta, aprendieron a dibujar y narrar estudiando sus viñetas. Gente como Antonio Parras, Carlos Giménez, Jordi Longarón, Josep Mª Beà, Jordi Bernet
Frank Robbins no sólo destacó en las strips de prensa durante casi 40 años sino que realizó una actividad paralela en los comics publicitarios y al final de su carrera colaboró también con las dos grandes editoriales de comic books de superhéroes con especial repercusión en DC Comics.

Una vida dedicada a narrar

Nació el 9 de septiembre de 1917 en Boston (EE UU). Destacó por sus dotes artísticas a temprana edad y con 15 años ganó el premio Rockefeller de pintura. Estudió en el National Academy of Design en Nueva York donde se había mudado su familia a causa de la Gran Depresión. En 1935 empezó a trabajar en una agencia de publicidad y pronto empezó a realizar los carteles publicitarios para la RKO Pictures.
En 1939 recogió la tira de aviación Scorchy Smith sindicada por la Associated Press y creada por John Terry. La serie la popularizó el gran Noel Sickles, aunque cuando Robbins se incorporó estaba siendo dibujada por Bert Christman. Robbins empieza dibujando la tira diaria pero su trabajo tiene tanto éxito que al cabo de un año le encargan que realice también la página dominical. Scorchy Smith fue una típica serie de aventuras ambientada en el mundo de la aviación cuya trama se vería involucrada en la II Guerra Mundial a partir de los primeros estallidos bélicos.

En 1940 empieza a preparar otra serie de aviación con personajes propios que iniciaría su publicación el 5 de junio de 1944 con el título de Johnny Hazard. Esta serie que se publicó tanto en tiras diarias como en páginas dominicales, aunque con tramas completamente diferenciadas, se prolongó hasta agosto de 1977.
Paralelamente a la realización de esta strip para King Features Syndicate, Robbins trabajó para numerosas marcas en cómics publicitarios que era un género muy popular en los años 40 y 50. Empresas como Kolynos, Bond Street o Dr.Lyon’s se beneficiaron del enorme talento del creador de Johnny Hazard.

En los años 70 colaboró de manera intensa para la editorial DC Comics destacando sus aportaciones en el comic book de The Shadow, en la serie Batman principalmente a los guiones aunque también se encarga del dibujo en varios episodios y en otras series de la editorial de Superman.

En la misma década colaboraría aunque con menos intensidad para Marvel donde se le recuerda en una corta etapa del comic book Captain America, en The Invaders y en Ghost Rider. A finales de los 80 se retiró para dedicarse plenamente a la pintura, otra de sus aficiones, y para irse a vivir a Mexico junto con su esposa.
Murió el 29 de noviembre de 1994

La mancha como estilo

Frank Robbins fue uno de los primeros y principales integrantes de una de las más influyentes escuelas de comic realista de todos los tiempos. Es una corriente que combina lo mejor de la ilustración de inicios del siglo XX con dibujantes como Joseph Clement Coll y Franklin Booth que profundizaron en el uso de la plumilla y el rayado manual para crear efectos lumínicos, con otros como Dean Cornwell o Mead Schaeffer que trabajaron virtuosamente la mancha para capturar sugerentes atmósferas.

Además esta generación empezaría a asimilar con gran rapidez los milenarios conocimientos de los artistas japoneses en su uso de la tinta china con pincel y del grabado en madera. Katsushika Hokusai ilustrador a caballo del final del siglo XIX y principios del XX, fue una de las principales influencias de este grupo de artistas norteamericanos.
El primero que exploró esta fecunda senda fue Noel Sickles cuando tomó la serie Scorchy Smith el año 1933 tras una fatal tuberculosis de su creador John Terry. Sickles empezó imitando el estilo del creador de la strip pero a medida que fue afianzándose en la serie introducir cambios en el estilo de dibujo que desembocarían en una revolución artística sin precedentes en el cómic realista de la época. Sus contrastes lumínicos radicales (el claroscuro), su entintado a base de manchas hechas con pincel y el acabado más moderno marcaron una generación de autores. Curiosamente Noel Sickles cedió la serie a Frank Robbins en 1939 para dedicarse a la ilustración y al dibujo comercial.

Amigo de Sickles y socio en algunas de sus iniciativas, Milton Caniff fue la piedra angular de esta corriente historietística. Aplicó a la serie Terry and the Pirates todos los experimentos y todas las inovaciones que él y Sickles habían imaginado en un principio. Caniff sumó a la excelencia artística un tratamiento argumentístico y literario de primer nivel hasta conseguir que Terry and the Pirates fuera una de las series más famosas durante varias décadas. Con la participación de Terry y sus compañeros en la II Guerra Mundial casi a tiempo real Caniff enganchó a millones de lectores que vieron reflejados sus esperanzas y miedos en la serie. Terry and the Pirates consiguió como nunca en la centenaria historia de este arte popular una perfecta comunión entre el medio y su público.

Frank Robbins es el tercero de esta larga saga de artistas que formarán también Alfred Andriola, Georges Wunder, Mort Meskin, Jerry Robinson, Leonard Starr… e incluso, según mi opinión, Warren Tufts.
Sin embargo Robbins tuvo la suficiente personalidad para desarrollar un estilo propio siempre dentro de unas características comunes con sus predecesores. Su dibujo destaca por el equilibrio entre las masas de negros y blancos, por su aparente naturalidad y por el excelente dominio del encuadre.

Antes incluso de dejar Johnny Hazard, Frank Robbins empezó a colaborar en los comic books. En los primeros setenta se encargó diversos arcos argumentales de la revista Detective Comics donde se encargó de la serie principal, Batman, y donde creó el personaje Man-Bat que se convirtió en una especie de negativo de la figura heróica de Gotham City. Su aportación a la serie, paradójicamente más intensa en los guiones aunque también se prodigó como autor completo, fue crucial para la reconversión del personaje en una figura menos pop y más oscura hecho que en los años 80 supondría un motor de renovación tanto en el papel como en celuloide.

Robbins se prodigó en más series de DC Comics como The Flash, Batgirl y también en varios relatos sueltos en revistas como The House of Secrets o The Unknown Soldier. Sin embargo y pese a la importancia del personaje de Batman, la serie que más se adaptó al estilo de Robbins y donde alcanzó mayor éxito artístico fue en The Shadow.

El aire retro tomado del más puro estilo pulp que tanto Dennis O’Neil, el guionista, como Mike W.Kaluta, el dibujante inicial, le habían insuflado a la serie se adaptaba perfectamente a las posibilidades de Robbins que en tan solo 4 comic books (los nºs 5,7,8,y 9) realizó todo un tratado de narración visual y espectáculo tebeístico. La posterior incorporación de E.R.Cruz supuso un ligero bajón en una serie que en sus primeros 9 episodios marcó una época en la evolución de la editorial de Superman.
Un lustro más tarde se incorporó a Marvel Comics donde se encargaría de algunas series con aire más retro como Captain America, The Invaders o The Ghost Rider.

Durante la década de los setenta y principios de los 80 alternó apariciones en series de segunda fila con historias auto conclusivas en otras revistas no tan superheróicas. Nunca realizó una página mala aunque la edad empezaba a pasarle factura y el gusto del público se movía por otros parámetros. Frank Robbins resistió hasta finales de los 80 cuando vendió su casa y junto a su esposa se fue a vivir a Mexico para dedicarse a la pintura tras casi 50 años dedicados al comic.

Conclusión

Sin ningún tipo de exageración podemos afirmar que el arte de los tebeos no sería el mismo sin la aportación de Frank Robbins. Su inmenso talento en todas las facetas de la creación de un cómic y su extraordinaria longevidad ha hecho que fuera un referente para varias generaciones de artistas de todo el planeta y su obra permanece tan atractiva y vigente como el primer día, como cuando decenas de miles de lectores esperaban la salida del periódico para sumergirse en un mar de aventuras. Como Hazard, Frank Robbins fue durante décadas el piloto de los sueños aventureros de los aficionados y artistas de este castigado medio.

Actualmente podemos disfrutar de una estupenda recopilación de las tiras diarias de Johnny Hazard a cargo de la editorial Dolmen. Hasta ahora han publicado tres tomos y esperemos que esta iniciativa prospere porque están a punto de llegar a la mejor etapa de la serie, una etapa que duró casi 15 años y que empieza con dos jóvenes occidentales en la frontera entre Pakistán y la India haciendo autoestop… (Continuará)

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