Esta entrevista se enmarca en la celebración de las XXX Jornadas del cómic de Avilés, que tuvieron lugar a principios de septiembre de este año. Nos gustaría dar las gracias y mandar un cálido saludo al equipo organizador, por ofrecer un evento tan especial y por tratarnos con tanta amabilidad.
Entrevista a Ram V
ZN: Buenas tardes. Es un inmenso placer conocerte.
Ram V: El placer es mío.
ZN: La primera pregunta es muy sencilla: ¿cómo te va hasta ahora en Avilés? ¿Estás disfrutando de tu estancia aquí?
Ram V: Sí. Este es mi segundo año aquí en Avilés. Disfruté tanto de mi primera estancia que decidí volver. Es muy amable por vuestra parte el haberme invitado de nuevo. Este tipo de convenciones se adapta mucho más a mi estilo que pasar horas y horas sentado en una mesa o cosas similares. Lo disfruté mucho. Es agradable ver a otros artistas y colaboradores con los que no puedo coincidir en otras ocasiones.
ZN: Pues nos alegramos mucho. Nosotros también estamos disfrutando de nuestra estancia aquí.
Ahora, la primera pregunta de verdad: te vas a Estados Unidos, estudias la carrera de Ingeniería Química, luego trabajas durante un tiempo en otros países, como Siria, Irán e Indonesia. Y, de repente, te vas a Londres a estudiar escritura creativa. ¿Cómo sucede un cambio así?
Ram V: Bueno, no sucedió tan de repente. En realidad, llevaba escribiendo historias desde los 13 años, pero solo como afición. Mientras trabajaba como ingeniero químico, también escribía historias cuando llegaba a los hoteles o en los viajes de avión. Yo tenía claro que quería publicar historias, así que seguí el consejo de Ray Bradbury. Él decía: «Si escribes un relato cada semana, tendrás 52 relatos en un año. No conozco a nadie que pueda escribir 52 relatos malos».
Tuve la suerte de que me publicaran algunos relatos cortos cuando todavía trabajaba como ingeniero químico, sobre todo en prosa. Por aquel entonces no escribía cómics.
En 2013, me di cuenta de que simplemente no disfrutaba de mi trabajo de ingeniero químico. No ponía mi corazón en él. Tenía muchas ganas de ser escritor y decidí dar el salto. Yo ya tenía algunos textos publicados. También estaba trabajando en un par de proyectos cuando di el salto, así que no fue un cambio completo, extremo y repentino.
Recuerdo que un amigo mío me dijo: «Has pasado siete años estudiando algo que no quieres hacer. ¿Por qué no pasas un par de años estudiando algo que sí quieres hacer?». Me tomé el consejo muy en serio y me mudé al Reino Unido para estudiar escritura creativa. Fue hacia el final de ese periodo cuando empecé a crear mi primera novela gráfica. Se titulaba Black Mumba. Conseguí publicarla y, desde entonces, me dedico a contar historias.
ZN: Si nos permites el comentario, antes de Black Mumba habías trabajado en unos cómics para la editorial india «Holy Cow», ¿cierto?
Ram V: Sí. Forma parte del trabajo que hice cuando todavía trabajaba como ingeniero químico.
ZN: Queríamos preguntarte al respecto de ello. ¿Cómo surgió este proyecto de Holy Cow? Nos parece muy interesante. Por otro lado, ¿cómo se te presentó esta oportunidad? ¿Y cómo fue la experiencia?
Ram V: La verdad es que no se me presentó. Yo sabía que quería contar historias y un amigo mío me sugirió que mi estilo de escritura era muy visual y podía encajar muy bien con un cómic. En ese momento supe que quería hacer un cómic.
Se me ocurrió una idea y fui yo quien se presentó en una convención de cómics. Hablé con algunos de los editores que había allí y uno de ellos me dijo: «Vale, cuéntame la idea». Se la conté, llegamos a un acuerdo para la obra y escribí algunos números para él. Es un cómic que deja muy patente mi amor por el sello Vértigo, porque tiene un estilo muy Hellblazer. Tiene elementos de magia india.

ZN: [Risas]. Estábamos hablando justo de eso antes de venir. Decíamos: «Esto se parece mucho a Hellblazer». Pero, al mismo tiempo, es muy original.
Ram V: Tiene su propia personalidad. De hecho, tuvo bastante éxito en la India. Hizo que la editorial pasara de ser una editorial pequeña a la segunda mayor editorial de cómics de la India en aquel momento.
ZN: ¿Sabes qué pasó al final con todo el proyecto de Holy Cow, con todos esos cómics que se estaban publicando?
Ram V: La verdad es que no lo sé. Hace mucho tiempo que no trabajo con la editorial. Creo que sigue siendo una organización muy semiprofesional. No hay mucha profesionalidad en el sector nacional.
Yo quería colaborar con ellos como un ejercicio para ver si era capaz de contar una historia en forma de cómic. Sinceramente, fue una gran oportunidad para aprender cómo se hacen los cómics. Cuando terminé y me puse a trabajar en mis propios proyectos, dejé de trabajar con ellos, así que no sé cómo les va ahora.
ZN: El siguiente paso ya lo has mencionado: Black Mumba. Es un proyecto que se financió mediante crowdfunding. Además, recibiste la ayuda y el consejo de algunos guionistas de cómics, ¿verdad?
Ram V: Sí. En las contraportadas se pueden ver las palabras de artistas como John Arcudi y Kieron Gillen. Sí que me ayudaron mucho, aunque creo que la sugerencia del crowdfunding la dio Chris Staros, que era editor de Top Shelf en ese momento. Me encantaban muchos de los trabajos de Jeff Lemire que había publicado originalmente con Top Shelf, así que acudí a ellos y les pedí consejo. Chris me dijo que era muy difícil publicar historias ambientadas en Bombay porque no sabían si tendrían público, pero me sugirió que lo financiara mediante crowdfunding, y así lo hice.
ZN: Sí, y el crowdfunding fue un éxito y a la gente le encantó la obra.
Ram V: Sí. Creo que recaudamos cerca de 20 000 dólares, mucho más de lo que esperaba. Habíamos pedido unos 5000 dólares o algo así. Ese apoyo me permitió hacer una tirada impresa, una bonita edición de tapa dura para la obra. En ese momento quedó muy claro que había un público para el tipo de historias que yo contaba. En las obras que escribí después, se puede apreciar una conexión similar con mis orígenes: Graffity’s Wall, Costas Salvajes…
ZN: Sí. Te preguntaremos al respecto un poco más adelante, pero, primero, hablemos de lo que sucedió tras el éxito de esta obra. Pasaste al mercado editorial de Estados Unidos para publicar Brigands junto con la editorial Action Labs. ¿Cómo surgió la oportunidad?
Ram V: En realidad, el origen de Brigands precede a la publicación de Black Mumba. Yo ya me había puesto en contacto con varios editores de Estados Unidos. Action Labs era uno de ellos. Mi propuesta consistía en una historia de espada y brujería. Yo era un gran admirador de Joe Abercrombie y tenía una historia en mente para Brigands. Action Labs aceptó la propuesta y acabamos publicándola con ellos.
ZN: Después de Brigands publicas otras obras como Paradiso o Graffity’s Wall, pero da la impresión de que tu carrera despega del todo en 2018, con el lanzamiento de Costas Salvajes. ¿Cómo lo ves tú?
Ram V: Hasta cierto punto, sí. Aunque, en realidad, creo que Black Mumba tuvo mucha más relevancia para mi carrera. Entiendo por qué se tiene esa percepción, porque siempre hay una brecha entre el momento en que un escritor firma una obra y el momento en que los lectores la descubren. Creo que Black Mumba es un poco más importante porque es la obra que les envié a los editores que acabarían contactando conmigo para ofrecerme distintos proyectos. Por ello, en cierto modo, le doy un poco más las gracias.
Lo que sí que pienso es que Costas Salvajes fue, sin duda, mi primer éxito de público, ya que tuvo muchos lectores y recibió muchos elogios entre la comunidad.
ZN: Así fue como te descubrimos aquí en España.
Ram V: Sí, creo que fue mi primera obra publicada en España.
ZN: ¿Crees que hay alguna razón concreta tras el éxito y la popularidad de esta obra en particular?
Ram V: Creo que solo se debería reflexionar sobre las cosas que podemos controlar, y no podemos controlar el éxito o la popularidad de una obra. Lo que sí se puede controlar es si la obra es buena. Me gustaría pensar que he hecho un buen trabajo desde el principio.
Considero que el éxito de Costas Salvajes sucedió por un cúmulo de factores. Yo ya tenía a un público que me apoyaba gracias a Black Mumba. Ese público se amplió con Paradiso y Graffity’s Wall. Cuando Costas Salvajes salió a la venta, lo hizo ante unos lectores que ya esperaban mi próxima obra y que estaban encantados de hablar de ella.
Considero que, desde el punto de vista del éxito y la popularidad, siempre interviene ese factor crítico: cuando hay un público lo bastante numeroso que lee tus trabajos y habla sobre ellos. El año pasado, alguien señaló que, después de hacer Resurrection Man, dejé todas las redes sociales. Al respecto, la persona en cuestión opinaba que un artista tiene éxito de verdad cuando puede permitirse no promocionar sus obras porque sabe que van a seguir vendiéndose. Puede que ese sea mi caso ahora, ya lo veremos.
ZN: Antes has mencionado uno de los aspectos por los que tus obras son tan especiales: beben de influencias muy diferentes de culturas muy diferentes. ¿También consideras que esta es una de las razones principales por las que los lectores conectan tanto con la sensibilidad de tus trabajos?
Ram V: Recuerdo haberle leído a alguien, tal vez a Raymond Carver, que el trabajo del escritor es coger los elementos mundanos del día a día y lograr que vuelvan a ser emocionantes. Creo que se aprecia en gran parte de mi obra. En Black Mumba, es el derecho penal. En Costas Salvajes, tenemos vampiros y toda la ficción histórica. En mis obras siempre hay un elemento que muestro con una lente especial y por el que trato de recuperar la fascinación.
Si pensamos en Black Mumba, parece una novela negra, pero ninguna de las historias contiene un crimen como tal. Si nos fijamos en Costas Salvajes, sí, tiene vampiros y todo eso, pero en realidad trata sobre el colonialismo. Por ese motivo, creo que a veces también da mucho juego el engañar a los lectores, en el sentido de que tú los invitas a cenar y ellos piensan que van a comer… no sé, pato a la naranja… y cuando llega la comida en realidad hay marisco y ellos no tenían ni idea, pero ahora están sorprendidos e involucrados porque ya los tienes sentados en la mesa. Muchas de mis obras tienden a ser así porque yo soy así y tengo muchas influencias e ideas que nunca he visto en los medios de comunicación.
Por ejemplo, a mí todas las obras que me llegaban eran estadounidenses o ficción europea o autores británicos… y me encantaban, pero también me di cuenta de que había cierta desconexión, de que había un espacio en el que podía coger las cosas que me gustaban y utilizarlas para hablar de aquello que solo yo sabía.
Por lo que sí, espero que mis obras proporcionen a los lectores una ventana para adentrarse en mundos que no habían visto antes.

ZN: Desde luego, creemos que es así. Son aspectos de tus trabajos que nos parecen fascinantes.
Otra de tus obras en la que se observa muy bien este tipo de influencias tan diferentes es Las muchas muertes de Laila Starr. Pensamos que tiene un elemento poético muy potente en su escritura, lo cual es bastante común en tus obras, de hecho.
Nos gustaría hacerte una pregunta al respecto: cuando escribes, ¿intentas reflejar algunas de las particularidades creativas de la poesía en el medio del cómic?
Ram V: La verdad es que no. Considero que muchos cómics y mucha ficción en general están muy influenciados por el literalismo estadounidense. Ya sabes, eso de que «una pistola es una pistola», «una montaña es una montaña»… No pueden ser otra cosa. Todas las frases tienen que ser cortas y contundentes. Lo que pasa es que mis influencias no proceden solo de esa escuela. Y no es que no me guste, pero también me encanta leer a alguien que sea muy lírico, me encanta leer poesía, me encanta leer a Michael Chabon —que no suele escribir las frases más cortas—. También me encanta leer a autores traducidos como Murakami o José Saramago. Hay un lirismo en la escritura que, de alguna manera, parece quedar relegado cuando se trata de cómics, y creo que no tiene por qué ser así.
También considero que, en general, soy una persona muy lírica. Me gusta hablar de forma lírica. Creo que ahí reside la mayor belleza del lenguaje: cuando solo puedes utilizar cinco palabras, pero te sirven para transmitir 50 ideas.
ZN (Alfonso): Hay algo que me despierta mucha curiosidad. En Las muchas muertes de Laila Starr, aparecen pequeños poemas de una poeta inventada llamada «Akur Puri». El nombre es un acrónimo de Rupi Kaur, una poeta real, ¿verdad? Su trabajo me gusta mucho y la descubrí gracias a ti.

Ram V: [Risa] No te va a gustar mi respuesta, pero adelante… [Más risas]
ZN (Alfonso): [Agitándose en la silla]. Ay, ¿no te gusta? ¡Vaya por dios! Bueno, si no te gusta, no pasa nada, puedo vivir con ello… Pero en esos poemas tratas de emular su estilo, ¿verdad? Tipo… Bueno, no sé, dime tú. [Risa nerviosa].
Ram V: Todo comenzó en un momento sin relación con la obra. Estaba con unos amigos míos, con otros escritores como Dan Watters y Ryan O’Sullivan. Íbamos de viaje a Goa y, para pasar el rato entre el aeropuerto y la playa, compramos un libro de poesía que resultó ser de Rupi Kaur. Y con todo el respeto hacia ella… usamos el libro para burlarnos un poco de su estilo de escritura, que era un poco cliché, un poco… no sé, probablemente «cursi» sea una buena forma de describirlo.
Estoy seguro de que tiene sus fans y de que su trabajo es genial, pero en aquel momento lo usamos como una forma de reírnos entre nosotros al leer los poemas en voz alta. Es un recuerdo que guardo con mucho cariño, así que, en el último capítulo de la obra, cuando Laila va a Goa, se me ocurrió que también comprara este libro de poesía. Por eso intenté emular su estilo, pero ¡los poemas están pensados para que te rías! Cuando la gente se me acerca y me dice: «Este poema es maravilloso», yo siempre me quedo como: [cara de circunstancia].
ZN (Alfonso): [Risas]. Entonces, ¿estos poemas están pensados para hacerte reír?
Ram V: Estos poemas en concreto también están pensados para ser un poco cliché y un poco cursis, pero, en general, toda la obra está pensada para hacerte reír.
ZN (Alfonso): Vaaaale. Entonces admito mis placeres culpables. [Risas]. A mí me parece una obra preciosa, pero es muy interesante descubrir todo esto.
Ram V: Igual lo que pasa es que soy incapaz de escribir algo malo. [Risas].
ZN: Cambiando un poco de tema, en tu carrera has escrito para muchas editoriales distintas, sobre todo muchas editoriales de Estados Unidos. Nos gustaría preguntarte por los motivos que te llevan a elegir una editorial antes que otra. ¿Qué te hace pensar que una editorial en concreto es la adecuada para tu proyecto?
Ram V: Si te soy sincero, la razón por la que he publicado obras con tantas editoriales distintas es que no conocía a ninguna de ellas, por lo que no sabía cuál era la adecuada para mí. No tenía la experiencia de publicar en otras partes.
Mi filosofía es que en realidad no necesito la ayuda de las editoriales para crear mis obras. Por ello, desde un punto de vista creativo, siempre he partido de la idea de que yo voy a crear mi obra sí o sí. Desde esa base, analizo lo que las editoriales me ofrecen y cómo me pueden ayudar a crearla. Después de haber publicado con tantas editoriales diferentes, ahora sí tengo preferencias sobre con quién trabajo y dónde creo mis proyectos según lo que me ofrecen, pero son en gran medida factores comerciales y funcionales. No permito que nadie más influya en la creación de la obra, ni siquiera cuando trabajo en DC y Marvel. Intento mantener esa forma de trabajar porque yo no fui a DC ni a Marvel a pedirles trabajo. El trabajo allí lo conseguí porque ellos leyeron mi obra como creador independiente y les gustó, así que, en lo que a mí respecta, no tengo por qué cambiar mi proceso.
ZN: Nos gustaría hacerte una pregunta sobre ese tema. Sin meternos a hablar mucho sobre Marvel y DC, dices que intentas que el proceso se parezca todo lo posible al que sigues con tus trabajos independientes. Aun así, ¿sigues notando diferencias importantes cuando trabajas para Marvel y DC?
Ram V: Creo que, para ser justos con Marvel y DC, estas cosas se notan cuando pasas mucho tiempo en la industria; como cuando te compras unos zapatos nuevos, estás muy contento con ellos, pero luego caminas diez kilómetros y te das cuenta de que uno de ellos te está empezando a hacer una llaga. Me parece un poco similar.
Hubo un tiempo en el que disfrutaba mucho del caos de escribir cómics con una frecuencia muy marcada, de que todo el mundo tuviera que estar haciendo entregas constantes y demás. Yo hacía un número cada semana, escribía un número cada semana. Eso significa que escribí 52 o 53 cómics en un solo año; una completa una locura.
Creo que ahora estoy en un punto en el que necesito tomarme un descanso de ese estilo de trabajo. Quiero trabajar en algo que me permita sentarme y mirar al cielo y no hacer nada durante un día. Para mí la diferencia es que, cuando trabajas en tus propias creaciones, sobre todo de la forma en que yo trabajo —que se resume en hacer la obra antes de nada—, no necesitas una editorial para empezar con un proyecto, porque tus motivaciones son puramente creativas. No te preocupas por si una página te va a llevar dos días más o si el dibujante está tardando mucho. Creo que hay muchas ventajas cuando se trabaja en una obra de esa manera. Te permite pensar mucho en ella y ponerle mucho cuidado. Para mí, esa es la mayor diferencia al trabajar en Marvel y en DC: ahí, la prioridad es si vamos a sacar el cómic a tiempo, mientras que, desde mi punto de vista, la prioridad debería ser si estamos haciendo algo bueno.
ZN: Nos gustaría hablar del último de tus trabajos que se ha publicado en España: La mano y los seis dedos. ¿De dónde nace un enfoque creativo tan interesante y diferente?
Ram V: Creo que parte de lo que me entusiasma de trabajar en cualquier medio es ver si puedo encontrar una forma de hacer algo que no se haya hecho antes en dicho medio o, al menos, que no se haya hecho lo suficiente. En el medio del cómic, no me suena haber visto la idea de dos equipos creativos distintos y dos obras distintas que cuentan, en función de cómo se mire, una o tres historias diferentes. Yo sabía que quería hacer algo así, pero no estaba seguro de cómo iba a ser la historia. Entonces leí The Sunset Limited, de Cormac McCarthy, una novela que está escrita como una obra de teatro. También escuché un podcast que me había recomendado mi amigo Dan Watters sobre las sociedades poslaborales o la idea de que algún día las máquinas harán todo nuestro trabajo y seremos libres para dedicarnos a actividades más elevadas. Al acercarme a estas dos propuestas, mi mente las unió y llegó a la conclusión de que, quizás, de ahí no saldría una utopía, sino un mundo de lo más deprimente. Al final, creo que la gente necesita trabajar y que la idea de que serás libre de todo trabajo y solo tendrás actividades más elevadas podría ser, tal vez, demasiado idealista. Así fue como surgió el concepto para la obra.
También recuerdo que un día, hace ya algunos años, llamé a Dan a las tres de la mañana para decirle: «Atento, tengo una idea», así que creo que el proyecto llevaba un tiempo macerándose. Unos años más tarde contactamos con Laurence y Sumit para empezar a perfilarla de verdad.
ZN: ¿Y cómo fue el proceso de escribir a cuatro manos con Dan? Es un enfoque muy interesante para la historia.
Ram V: Sí. Yo también era muy consciente de que, como la idea era mía, me habría resultado muy fácil decirle a Dan lo que tenía que hacer, pero no quería que fuera así. Por eso, Dan y yo trabajamos juntos en una escaleta. Luego la forma en que trabajábamos era que yo escribía la escaleta de un número y se la enviaba a Dan. Así él podía pensar en cómo continuarlo mientras yo lo escribía. Al terminar dicho número, le enviaba el guion completo a Dan y a la persona que lo dibujaría. En ese momento, Dan empezaba a escribir la escaleta del segundo número. De esta manera, manteníamos el control total de nuestros números y desarrollábamos nuestras ideas personales, pero también teníamos la oportunidad de responder a lo que hiciera el otro equipo.
ZN: ¿Como una pequeña batalla creativa?
Ram V: Sí, exactamente. Aunque yo no diría batalla. Es más como estar en un grupo de música en el que el guitarrista toca algo y el vocalista tiene la oportunidad de responder.
ZN: ¿Y sueles elegir a los dibujantes para tus proyectos independientes?
Ram V: Sí, siempre. Solo trabajo con gente con la que me siento como si estuviéramos en un grupo. Sé que en la industria estadounidense se sigue otro proceso: tú escribes el guion, se lo envían al dibujante y no vuelves a saber nada más. A mí no me gusta trabajar así. Me gusta el tira y afloja, el cambio, la colaboración, la lucha y el amor. Como un equipo.
ZN: Gracias por mencionar a Dan Watters. Estás hilando esta entrevista a la perfección, porque esa era la siguiente pregunta. [Risas]. También habéis trabajado juntos, por ejemplo, en El monstruo de la Laguna Negra, y en algunas entrevistas has mencionado que tenéis una relación muy buena. ¿Qué te hace sentir tan cómodo trabajando en proyectos creativos con él?
Ram V: Bueno, en realidad es algo que se remonta a antes de publicar Black Mumba. Yo me había mudado al Reino Unido y decidí ir al «Thought Bubble», una convención. Allí conocí a Dan, Ryan O’Sullivan y Alex Paknadel. Todos los miembros de ese grupo habían publicado su primera obra o estaban a punto de hacerlo, y en la conversación nos dimos cuenta de que todos bebíamos de influencias similares. Teníamos ideas muy parecidas de lo que queríamos hacer con nuestras historias, por lo que había una especie de sensación natural de que todos trabajábamos en conjunto, por así decirlo. Como también había una admiración mutua por el trabajo de cada uno, empezamos a enviarnos nuestros guiones antes de enviárselos a los editores. Yo se los enviaba a Dan, a Alex y a Ryan para que me dieran su opinión y, desde mi punto de vista, casi siempre tenían comentarios más útiles que los editores.
Creo que así es como se construyó la relación, que continúa hasta el día de hoy y tiene repercusiones en nuestros trabajos. Si no conocéis el trabajo de Alex, también deberíais echarle un ojo. Todos nos movemos en unas líneas parecidas. Creo que es muy importante rodearse de gente en la que confías, pero que no haya solo confianza, sino también admiración.
[Pausa meditativa].
Ser un creador, al menos para mí, es un poco como estar en un círculo de magos. Si otra persona te hace un truco y tú ya lo conoces, no te impresiona, ¿sabes? Es como: «Vale, no está mal, bien hecho». Pero luego está la gente a la que ves y hace que te preguntes: «¿Cómo lo has hecho?».
Hay algo admirable en el hecho de que a una persona se le haya ocurrido algo que tú no podías entender, que no podías hacer. Cuando trabajas escribiendo, es extraordinario cuando ves a alguien cuyo trabajo te gusta, intentas descifrarlo y no entiendes cómo funciona.
ZN: Este proyecto forma parte de vuestro colectivo, «White Noise». ¿Tienes planeado algún otro proyecto conjunto parecido o solo es una posibilidad que tenéis abierta, sin proyectos concretos en mente?
Ram V: Durante un tiempo intentamos hacer proyectos conjuntos, pero, sinceramente, el objetivo principal del colectivo era el apoyo creativo, la inspiración creativa, por así decirlo. Es muy fácil caer en la tentación de convertirlo en un grupo editorial, pero voy a usar la analogía del grupo de música otra vez: no es lo mismo hacer el cabra en el sótano de tu amigo —perdón por la expresión— que convertirte en un grupo profesional que da conciertos y tiene contratos y derechos de autor. Es algo muy distinto y, al menos en mi caso, ahora mismo prefiero ir a casa de mis amigos y tocar en el sótano en vez de tener que sacar proyectos y trabajar juntos.
ZN: Nosotros hablamos a veces de Paknadel porque tiene un cómic que se ha publicado en España, Red Fork, que nos parece MUY bueno.
Ram V: Sí. Yo se lo digo todo el rato, que es mi obra favorita de entre las que ha hecho.
ZN: También nos gustaría preguntarte sobre una obra tuya que se va a publicar muy pronto en España: Dawnrunner. En una entrevista la definías como «una mezcla de Pacific Rim y La llegada». Parece una combinación muy alocada, pero a la vez muy única… lo cual se puede decir de gran parte de tu trabajo, ¿no crees?
Ram V: Sí, eso creo. O sea, como he dicho antes, me gusta invitar a la gente a cenar y luego sorprenderla con la comida, ¿no? Creo que, para el festín del género «Mecha Kaiju», Pacific Rim es la invitación a cenar, pero, en lugar de una hamburguesa, te vamos a servir una ración de La llegada. [Risas].
ZN: Muy bonita e interesante forma de expresarlo. [Siguen las risas].
Vale, ahora tenemos una pregunta que a lo mejor es un poco complicada. Dices que consideras que un escritor debería cambiar por completo y crear una versión nueva de sí mismo cada diez años. Durante este tiempo que llevas escribiendo, ¿piensas que has pasado por ese proceso? Y, si es así, ¿cómo sientes que te ha cambiado?
Ram V: No, no creo que me haya pasado a mí porque aún no llevo diez años trabajando. Publiqué Black Mumba en 2016 y la considero el verdadero inicio de mi carrera, así que…
ZN: ¡Ahhh, amigo! ¡Entonces todavía te queda un año, claro! [Risas].
Ram V: Eso es. De hecho, sí que dije hace poco que me voy a tomar un descanso de la creación de cómics, y me lo voy a tomar justo por esa razón, porque quiero irme y quiero reflexionar: «¿Qué tengo que expresar ahora? ¿Cómo se diferencia de lo que quería expresar hace diez años?».
¿Veis? ¡Cumplo mis promesas!
ZN: ¡Desde luego! ¡Muy consistente, sí señor! [Risas].
Hablando de este nuevo tipo de proyectos y caminos a los que consideras acercarte, has mencionado que podría haber alguna colaboración con el medio de los videojuegos. ¿Podrías contarnos la visión que tienes de esta y otras posibilidades que se alejan de los cómics?
Ram V: Es un tema un poco espinoso porque hay ciertas cosas que no debería mencionar, pero creo sí puedo hablar de que he trabajado en videojuegos, de que he escrito cosillas para algunos proyectos.

ZN: De acuerdo. En ese caso, ¿puedes contarnos un poco cómo ha sido la experiencia? Habrá sido muy diferente de tus otros trabajos.
Ram V: Bueno, la verdad es que soy un jugador muy ávido desde hace mucho tiempo. Solía dirigir uno de los mayores clanes del mundo de World of Warcraft cuando empezaron a existir. Todavía juego mucho. He jugado a Path of Exile y a… casi todo lo bueno que ha salido desde entonces. En resumen, que para mí era lógico escribir para un videojuego. Creo que escribir para cómics tiene muchas similitudes con escribir para videojuegos; más de las que tiene con, por ejemplo, escribir para el cine o la televisión.
Si nos fijamos en el cine o en la televisión, hay muy pocas invitaciones a que el espectador participe. El espectador no controla nada. El encuadre, el tiempo, el ritmo… todo lo controla el director. La escritura la controla el guionista. La música también la controlan. De hecho, todo lo que rodea al espectador está bajo control. Si vas al cine, hasta la luz, el sonido y todo lo demás lo controla otra persona. Tú solo estás ahí de manera pasiva.
Los cómics, sin embargo, son muy interesantes porque no puedo definir la velocidad a la que vas a leer mi cómic. Puedo intentar guiarte con las dimensiones de la viñeta o la cantidad de información que contiene o su número de palabras, pero cada lector tiene su propia contribución que hacer al cómic, cada lector tiene que llenar el vacío entre las viñetas, por lo que contribuye en parte a la historia del cómic.
Por otro lado están los videojuegos, donde, literalmente, eres tú quien hace avanzar la historia con tus elecciones y tus acciones.
En fin, que son proyectos en los que me fascina escribir por estos aspectos. Además, he trabajado con unos equipos fantásticos.
ZN: Quizás no tengas una respuesta muy concreta para esto, pero nos gustaría hacerte la siguiente pregunta: ¿qué te hace sentir que necesitas escribir algo? ¿Cómo nace ese sentimiento? ¿Por qué crees que lo hace? ¿Siempre está ahí? ¿Desaparece a veces? ¿Es como un sentir que te invade de manera repentina y te impulsa a crear? ¿Cómo vives toda esta experiencia?
Ram V: Considero que la necesidad de crear es mucho más fundamental que la necesidad de contar una historia, por así decirlo. Antes incluso de escribir, yo ya creaba. Tocaba música, dibujaba, pintaba… Pienso que la necesidad de crear es un pilar del ser humano. Todo el mundo la tiene, la reconozca o no. Es solo una cuestión de cuánto estás dispuesto a alimentar a esa criatura. Creo que lo que diferencia a las personas que acaban siendo creadores profesionales es que están dispuestas a darle una buena alimentación a su criatura.
No sé si tengo una respuesta particularmente interesante sobre por qué creo, pero si hablamos de por qué escribo… Pienso que mi necesidad de contar historias y escribir proviene de la creencia de que hay mucha belleza en cada ser humano que ves o conoces. Tengo la sensación de que las mejores historias, el tipo de historias que me emociona, son las que hacen que me pregunte: «¿Por qué somos así?». Tanto en el sentido positivo como en el negativo. Creo que ese siempre ha sido el factor determinante detrás de mi necesidad de contar historias.
Puede parecer que estoy contando una historia sobre superhéroes, nuevos dioses, personajes en el espacio, láseres y naves espaciales y puñetazos, pero en realidad mi interés fundamental reside en explorar el legado de padres e hijos y cómo afecta a su relación, en parte porque tengo a mi propio hijo y en parte porque yo también tuve una relación con mi padre y me ha dejado una carga pesada. Y bueno, estoy seguro de que también les daré a mis hijos algo que llevar. Al final es inevitable, pero creo que esas son las cosas que hacen tan bellas nuestras vidas. Son las mismas cosas sobre las que me gusta contar historias, así que, cuando quiero contar una historia, suele ser porque hay algo así, algo que me interesa de esa manera.
Y después ya digo digo: «Vale, a meter naves espaciales, ciencia ficción, el lado oscuro y todo eso».


ZN (Alfonso): Como traductor, siempre me gusta hacer esta pregunta: ¿qué opinas de las traducciones de tu obra? ¿Conoces personalmente a alguno de tus traductores? ¿Has hablado con ellos? ¿Qué opinas del proceso? ¿Cómo te sientes cuando ocurre?
Ram V: Pues tengo opiniones muy marcadas sobre la traducción. Creo que todo acto de escritura es una traducción. Como escritor, cuando plasmo algo sobre el papel, la gente siempre lo malinterpreta: cree que es comunicación, pero no lo es. Solo es expresión.
Cuando alguien me está leyendo, no oye mi voz, no me conoce, no conoce mis experiencias. Coge mi expresión y la traduce a su propia comprensión, a sus propias experiencias vitales. Por esa razón, considero que el acto de leer y el de escribir, desde su fundamento, ya implican traducir, incluso si ambas personas conocen el mismo idioma.
Creo que, sobre esa base, el papel del traductor se vuelve algo fascinante, porque su trabajo no consiste solo en intentar encontrar las palabras adecuadas, sino también, con suerte, en intentar encontrar las palabras equivocadas para expresar los significados correctos. Y eso es muy difícil de hacer. Les tengo un respeto enorme. De hecho, mi autor de prosa favorito es traductor de profesión. Paul Auster. Es uno de mis novelistas favoritos y se lo conoce por haberse dedicado a la traducción antes de convertirse en novelista. Por tanto, sí, creo que la traducción tiene un papel muy interesante e importante que desempeñar. Como he dicho, leo muchas obras traducidas.
Sé que hay una corriente de pensamiento según la cual no hay que leer obras traducidas porque nunca se entenderá la esencia de la prosa, pero lo que el autor pretendía transmitir no importa. Ya sabes, todo lo de La muerte del autor y demás. Lo que importa de verdad es lo que yo percibo, lo que soy capaz de traducir al leer la obra.
ZN (Alfonso): Ahora mismo estoy emocionadísimo porque siempre explico exactamente lo mismo. Así es como lo explico: que en realidad todo acto de comunicación es una traducción, que ocurre cada vez que escribimos o hablamos. Me flipa que pienses así, porque me parece un punto de vista súper interesante que no se escucha tanto. Ya voy a estar feliz para lo que queda de día. Muchas gracias. [Risas].
Ram V: Gracias a vosotros. Ya tengo reflexiones de las que tirar para la charla que me toca ahora. [Risas].



















Wow! Interesantísima entrevista, parece un tío maravilloso. Muchas gracias! Y me parto con la anécdota de los poemas XD XD
¡Jajaja! Sí, tanto Ram como la anécdota son geniales. ¡Gracias por el comentario, Enrique!