Entrevista a Max

Después del café de la comida del sábado de Zona Negativa, nos acercamos al stand que ediciones La Cúpula tiene dentro de Comic Barcelona para acudir a la cita con uno de los autores más destacados de nuestro país: Max. De allí vamos a la zona de prensa para disfrutar de sus cuarenta años de experiencia y sabiduría. Pedimos unas bebidas y comenzamos la entrevista.

Entrevista a Max

ZN: Empezamos por la típica pregunta, ¿cómo y cuándo comienza tu afición por los cómics?
Max: Afición, no hay un punto de inicio. Me recuerdo leyendo tebeos desde siempre, dibujando y copiándolos. Entonces afición es desde la más tierna infancia. Como se suele decir. Lo que pasa es que luego durante una época, perdí el interés porque ya me había leído los Tintines, los Astérix y empezaba a ser adolescente y Pulgarcito y todos esos ya no eran para mí. No había mucha cosa que me interesara hasta que descubrí el cómic Underground americano y en ese momento me entraron ganas de ponerme a hacer cómics.

ZN: ¿Hergé, Crumb serían tus primeras influencias?
Max: Las primeras visibles sí. La primera visible es Crumb, luego recupero la línea clara y de fondo el TBO y Bruguera.

ZN: ¿Cómo era la vida de un dibujante Underground en la Barcelona de finales de los 70?
Max: Yo cuando empecé estaba estudiando COU, así que era una vida de estudiante. Lo ratos libre los pasaba dibujando a mí, no me veías jugando al futbol en la calle, estaba en casa dibujando.

ZN: ¿Cómo recuerdas la fundación de El Víbora?
Max: Yo siempre digo que lo más bonito fue que se dio una conjunción de una pandilla de gente que estaban haciendo cómic de una manera que no se habían hecho nunca aquí. Algo que se juntó con el fin de la dictadura y el inicio de la democracia además una gran curiosidad y ganas de la sociedad en general por todo lo que era nuevo y distinto.
En El Víbora lo chulo que fue los tres primeros años en que lo decidíamos todos todo, el editor era uno más, era un funcionamiento asambleario. Muy bonito.

Foto de los autores del primer número de El Víbora.

ZN: ¿Cómo ha cambiado tu forma de trabajar en estos cuarenta años?
Max: Absolutamente, totalmente, yo era como… no sé si llamarlo naif o inconsciente… yo no me ponía muchos problemas previos, me sentaba y me ponía a hacer. Salían cosas, la mayoría malas claro. Ahora en cambio me lo pienso todo veinte veces antes de dibujar. Ahora meter la pata en una viñeta me parece un desperdicio de energía brutal, intento tenerla perfectamente pensada para no cagarla. Me he vuelto mucho más reflexivo, mucho más cuidadoso en el trabajo de guion o de puesta en página y claro aplico lo que he aprendido. Entonces yo no sabía nada, yo había aprendido leyendo tebeos, era todo como muy inconsciente.

ZN: Siempre he tenido la impresión de que a pesar de que la crisis de las revistas se produce sobre todo por causas económicas, también hay un punto de una sobreexplotación del formato, una sensación de que las historias cortas y serializas no daban para más. ¿No crees?
Max: Sí, es cierto había demasiadas, había mucha más oferta que demanda, la oferta iba creciendo y se veía que la demanda iba bajando. Fue un poco delirante a finales de los ochenta, todo excesivo. Pero al mismo tiempo fue una pena que la formula revista se agotara, porque era la fórmula que nos permitía a todos crecer poco a poco, aprendiendo e irnos formando. Cuando pasas al libro, parece que tienes que nacer sabiendo.

ZN: Casi todos tus compañeros iniciales de El Víbora, salvo Gallardo, por unas causas u otras acabaron abandonando el mundo del cómic de manera permanente, incluso lo dejas un tiempo a principios de los noventa ¿Nunca estuviste tentado de dejarlo de manera permanente?
Max: Coincidió con la motivación de seguir ganándome la vida dibujando, si ya no podía con las revistas, bueno El Víbora seguía, pero es cierto que yo acuse el cansancio de diez años publicando prácticamente cada mes en El Víbora. Y como la ilustración me interesaba mucho busqué una salida económica y placentera también y estuve bastante años dedicado casi al 100% a la ilustración.

ZN: Tu vuelta al cómic se produce con el fanzine Nosotros somos los muertos que sacas para el Salón de cómic de Barcelona.
Max: Regreso despacito ya con otra visión del asunto. Me voy a ganar la vida haciendo ilustraciones, pero voy a dedicar un tiempo haciendo lo que a mí me gusta de cómic. Y más o menos con esta fórmula he ido llegando hasta ahora.

Portada del fanzine que supuso la vuelta de Max al cómic.

ZN: Tu carrera en cierta forma es un reflejo de la situación del cómic, la alegría rápida y amarga de los ochenta, Los noventa con tus historias oscuras y el optimismo filosófico-vital de tu última etapa. Algo que también sucede con tus cómics que a pesar de nunca haber hecho un cómic biográfico per se, pero leyendo tu obra tengo la impresión de que dice mucho de ti y tu forma de pensar. ¿Es algo buscado o responde a una necesidad creativa?
Max: Eso es un poco inevitable, si haces obra de “autor”, por definirla de algún modo, aunque no hagas autobiográfico es inevitable que lo que sale en cada momento responde a lo que te está pasando. Después de la época oscura, me apetecía todo lo contrario. Todo lo contario es Bardín, con él encontré un camino que he seguido, no una formula. Un camino que básicamente es el del humor. Encontré un registro humorístico muy mío, pero que vi que podía tirar por ahí. Es más, me propuse no abandonar nunca el humor, no regresar a épocas oscuras.

ZN: En Nosotros somos los muertos se ve que la historia surge de tu enfado con la guerra de los Balcanes, pero ¿cómo surgen ahora tus historias?
Max: Ahora son mucho más de pura imaginación, entre temas que interesan, que leo, que veo… No sé, de repente digo debería hacer un libro, entonces busco entre las cosas que me dan vueltas por la cabeza alguna que puede dar de sí. Que puede meterme en ella y empezar a extenderla. De ahí vienen mis temas. Es cierto que no responden a la actualidad pura y dura, ni al momento social pero inevitablemente tienen algo que ver. Pero tiendo más a trabajar sobre todo con la imaginación y con la tradición. Me interesa mucho recoger temas que ya existen en la historia del arte, por ejemplo, y a partir de ellos llegar a otro punto de vista distinto. No tengo tampoco una fórmula, cada libro sale de motivos distintos.

ZN: ¿Qué recuerdas de tu experiencia como editor en Nosotros somos lo muertos? ¿Cómo os dividíais el trabajo Pere Joan y tú?
Max: Los dos hacíamos de editores en el sentido americano, o sea directores. Era un trabajo muy chulo pedir colaboraciones a gente que te gusta, que la hagan con ganas, tú las recibes y dices que chulo es esto, ¡qué maravilla! y sobre todo disfrutábamos mucho el momento de maquetar la revista. Si una cosa teníamos clara es que una revista no es un amontonamiento de cosa heterogéneas. Efectivamente son cosas heterogéneas, pero se les puede dar un sentido según como las ordenas dentro de la revista, las secciones que acompañan… Todo eso es un trabajo que nos encantaba hacer, yo creo que era la parte más bonita de todas.

ZN: La parte ingrata, suppongo que sería estar encima de los autores por temas de fechas de entrega.
Max: Sí y más ingrato aún es no poder pagar. Eso sí que era ingrato y fue lo que más peso a la hora de cerrar evidentemente.

Portada del primer número de la revista que codirigió con Pere Joan.

ZN: ¿Sigues alguna de las revistas que se publican ahora, aunque quedan pocos?
Max: Sí, sigo La resistencia.

ZN: En muchos de tu cómics hay los personajes emprenden una búsqueda que es paralela a tu búsqueda de nuevos caminos en el cómic. ¿Es algo interrelacionado?
Max: No necesariamente, hay una búsqueda que es básicamente gráfica, que proviene de mi interés por las artes plásticas. Esa búsqueda de despojar la imagen de lo accesorio e ir a buscar una poética de lo minino que no reste potencia a la historia. Por otro lado, están los temas y estos me vienen más de la literatura, la filosofía… que no me gusta decirlo mucho porque me he granjeado una fama de dibujante filósofo. Y no es eso para nada. En realidad, si me hago preguntas sobre el sentido de la vida y estas cosas, pero como todo el mundo, es inevitable. Las temáticas van un poco por ahí, pero sucede que una cosa le va bien a la otra. Cuanto más densa es la temática o la idea, más le conviene un dibujo muy austero y un humor haciendo de colchón porque si no acabas cayendo en una solemnidad que no hay ni dios que se la trague.

ZN: Tus últimas obras tienen una carga enorme de humor de tomarse el mundo menos en serio, ¿Es una respuesta al momento tan crispado a todos los niveles en el que vivimos?
Max: Sí, todo esto cada vez me reafirma más en que el humor es como insoslayable, no puedes vivir sin él porque te conviertes en un energúmeno. Es mi mamera de combatir o defenderme de todo esto.

ZN: ¿Qué supuso para ti que el Museo del Prado te encargará El tríptico de los encantados?
Max: Me hizo muchísima ilusión y me acojono mucho al mismo tiempo. Pero es una de esas cosas que sucede una vez en la vida y que además no te la esperar. Si te dicen que te encargan portadas para el New Yorker, que también es la hostia, pero entra dentro de mis razonamientos puesto que soy ilustrador puede que algún día me consideren tan bueno como para eso. Pero lo del Museo del Prado jamás se me había pasado por la cabeza. Me quedé muy descolocado, pero dije que sí en seguida, no iba a dejar pasar la ocasión. Fue un trabajo bonito porque además hubo un periodo de un mes y medio entre que lo ofrecieron y el director del museo confirmo. Un mes y medio incierto, que emplee en ponerme a estudiar a El Bosco, leyendo cantidad de libros, ensayos… informarme bien y empezar a pensar que podía hacer yo sobre eso.

Portada de El tríptico de los encantados.

ZN: Se trata de una figura de la que no hay apenas información biográfica.
Max: Apenas se sabe nada, en cambio de la interpretación de sus cuadros es excesivo lo que se ha escrito y para todos los gustos. En todo caso, que exista tanta literatura sobre él y con interpretaciones tan distintas era una ventaja para mí, porque me dejaba el campo libre para soltar la mía y era una más. Y entonces me empecé a sentir cómodo, decidí de entrada que no iba a hablar de su vida. Aunque luego me encontré un cómic de un autor holandés que es sobre su vida. Me pareció bueno además ya que de lo poco que se sabe ha sabido extraer un libro entero muy bien. Pero bueno, yo decidí centrarme en la obra y tomo otra decisión, creo que importante y rara, que es que no iba a trabajar como El Bosco. No iba a intentar imitar ni sus paisajes ni su color, ni nada de eso porque era meterme en un jardín… El rollo era ir un poco a la contra de su estética, simplemente me apropié de sus personajes, sus cuadros están llenos de personajes, eso me lo ponían a mí muy fácil.

ZN: ¿Qué fuera sobre El Bosco fue importante a la hora de aceptar el proyecto?
Max: Posiblemente, no lo sé. Con El Bosco, yo encontré dos cosas en común. Una es que los pintores en aquella época trabajaban por encargo de la iglesia o la nobleza y yo estaba trabajando para por encargo para un museo y luego el sustrato católico de sus pinturas me lo sé de memoria porque yo fui a un cole de curas y me jodieron con el tema. Pero me lo sé todo y además me sé toda esa parte infernal de la condena. Todo eso de pequeño me daba pavor. Así que por ahí tenía una identificación con sus temas.

ZN: Llevas un tiempo haciendo una tira semanal para Babelia, ¿qué te aporta como autor tener esa fecha de entrega como una espada de Damocles siempre presente?
Max: Está bien, te obliga. Pero sobre todo lo que me gusta es tener una plataforma semanal en la prensa, en el periódico más vendido de España. Me obliga a este ejercicio de pensar. Pero es muy cómodo ya que hago una tira sobre cultura no sobre política. Y el día que me apetece hablar de política lo hago igualmente.

ZN: ¿Tienes libertad absoluta?
Max: Tengo libertad absoluta, nunca me han puesto ninguna norma ni nada, me imagino que el libro de estilo de El País, pero tampoco me lo han dicho. Yo me propongo no hacer faltas de ortografía en los textos y, por supuesto, uno es una persona sensata, no poner ciertas expresiones excesivamente malsonantes que sabes que no van a caer bien. Eso más que autocensura lo considero un acto de sensatez. Yo sé para donde estoy trabajando y que si quiero seguir trabajando tengo que seguir un poco la línea y ya está. Pero en cuanto a temática o contenidos nunca me han dicho nada y yo estoy allí trabajando cómodamente.

ZN: Además de Las aventuras de Guillermo & Miguel que editó la Universidad de Alcalá, ¿hay alguna posibilidad de recopilar los Trampantojos que haces para Babelia?
Max: No, nadie me han hecho ninguna propuesta.

ZN: Justo ahora acaba de salir una nueva edición de Peter Pank, ¿Qué sientes al ver tu trabajo de esa época?
Max: Nada especial, de Peter Pank estoy orgulloso, así como de Gustavo te diría está bien, pero el guion está fatal. Es muy inexperto todo. De Peter Pank no llego a eso porque ya estaba hecho adrede todo caóticamente, era Punk. (Risas) Pero yo estoy contento con esos libros.

ZN: ¿No sientes la necesidad de redibujarlos?
Max: No, ninguna, que va, al contrario. No lo haría ni harto de vino.

ZN: Esta mañana le hemos preguntado algo parecido a Beà y nos decía que era un ejercicio de psicología ya que se acordaba de lo que le estaba pasando en el momento que dibujaba cada página. ¿Te sucede algo parecido?
Max: No, no tanto. Pero simplemente es que yo me siento en algunos aspectos muy lejano al yo de aquel momento.

ZN: En tu carrera ha habido algunos autores muy importantes como Chaland, Ever Meulen o Chris Ware que han modificado tus planteamientos a la hora de dibujar. ¿Qué sientes al ver a autores como Lorenzo Montatore hablar de ti como un referente?
Max: Hombre es halagador, pero yo me miro lo de Montatore y no veo nada mío, él sabrá por qué lo dice.

ZN: Cuenta una historia muy curiosa que le pasó con Vapor.
Max: (Risas) Él me lo ha contado. Yo no he detectado apenas seguidores míos en lo gráfico, pero quizás sí en mi actitud, en cómo me planteo yo trabajar dentro del mundo del cómic. Es una actitud que yo le debo a Robert Crumb. Él fue mi primer referente y lo sigue siendo, en el sentido de que es el tipo que hace lo que le da la puta gana. Dibuja como Dios, mil veces mejor que yo, pero bueno nunca ha querido quitarse de esa libertad de acción que se dio a sí mismo desde el principio y ha seguido así. Y está envejeciendo así y todo lo que hace es acojonante. Yo intento hacer eso también, lo intento. Si yo puedo ser un referente para otros quizás sea en eso más que en lo gráfico.

Portada de Vapor

ZN: En la narrativa sí que veo cosas tuyas.
Max: Quizás son cosas comunes, referencias comunes.

ZN: ¿Qué autores actuales sigues?
Max: Yo he pasado muchos años de aprendizaje, yo he tenido un aprendizaje larguísimo. Pase mi época Chaland porque aprendía de él, pase mi época Ever Meulen por lo mismo y luego con Chris Ware también. Pero ahora creo que ya no necesito, por lo menos en Rey Carbón no me he fijado en nadie. He tirado para adelante así. Y sí hay autores ahora que me gustan mucho pero que no tienen nada que ver conmigo como Olivier Schrauwen que me parece ahora mismo el más flipante, o Yuichi Yokoyama el autor de El viaje publicado por Apa Apa Cómics. Este también me flipa, pero no es una influencia, es un mundo tan lejano al mío…

ZN: Tu dibujo con el tiempo se ha ido despojando de todos los elementos accesorios para mostrar solo lo estrictamente necesario para narrar la historia. ¿Hasta dónde te va a llevar esa evolución, vas a hacer algo todavía más minimalista?
Max: Ahora mismo no tengo ningún proyecto claro en mente así que no sé muy bien, pero sí que mi intención es seguir por ahí. Pero no sé hasta dónde ni cómo lo resolveré. He hecho una exposición en el Centro de Arte José Guerreiro en Granada junto a Sergio García y Ana Merino. En la que el motivo era el mismo que el de Paco Roca en el IVAM. Hacer una cosa en el espacio del Museo, lo que he hecho allí es ultra mínimo, mucho más que Rey Carbón. Y ha quedado de puta madre, además me ha salido un personaje que creó que puedo utilizar en historias cortas o algo así, pero todavía no sé. Mi voluntad es seguir por ese camino incluso hacer cosas directamente “mal” dibujadas. En el sentido de que Rey Carbón puede ser rompedor en cuanto a narrativa, pero de dibujo es muy clásico. Yo me hago mis páginas a lápiz bien hechas, luego las calco, las entinto, soy muy cuidadoso en todo. En la próxima obra igual rompo eso. Igual dibujo más espontaneo, con un acabado más descuidado de algún modo. Pero no sé, son cosas que me dan vueltas por la cabeza, al final no te decides hasta que no tienes el tema y él te impone la mejor manera de dibujarlo.

ZN: ¿El mapa de la oscuridad es un proyecto definitivamente zanjado?
Max: Si, totalmente.

ZN: Cada vez que quiero hablar de Rey Carbón siempre me sale Rey Cabrón, ¿hay alguna intención de que sea así?
Max: (Risas) No hay ninguna intención Rey Carbón se llama así porque tiene que ver con el carboncillo y el dibujo, pero para uno de los capítulos del libro quería hacer una combinación de las distintas letras e hice todas las combinaciones posibles. Vi que salía Rey cabrón, Rey bronca, cosa así… Pero no hay ninguna intención, aunque sí que es verdad que a mucha gente le pasa.

ZN: Tus últimas obras tienen un origen relacionado con otras artes (música, literatura, pintura, etc.) que sueles mencionar en tu blog. ¿Por qué no los publicas en el libro?
Max: Porque creo que es información más que nada para lectores fieles. Y ellos saben que tengo un blog en el que pueden encontrar esas informaciones extra. Meter todo esto a modo de apéndice hace que el libro coja un tomo enteradillo, resabiado… Creo que es mejor así.

ZN: ¿Planteas de manera diferente los trabajos de ilustración y cómic?
Max: No, es distinto porque en ilustración solo necesitas una idea y la acometes de composición, pero en un cómic necesitas muchas ideas conectadas entre sí con un desarrollo. Ese trabajo es larguísimo, a mí me lleva meses porque además lo hago a ratos sueltos, aunque cuando me pongo a dibujar intento hacerlo de corrido, pero el trabajo previo lo voy haciendo así. Lo bueno de los trabajos de ilustración, además de que están mejor pagados, es te duran muy poco en la mesa. Digamos que los resuelves rápido y te los quitas de encima.

ZN: Mujeres fatales fue tu intento de pasar al mercado francófono que no acabo de cuajar, ¿has vuelto a intentar algún proyecto para ese mercado?
Max: No, mis trabajos lo pienso para España, luego se acaban publicando allí. Rey Carbón aparecerá allí en septiembre, ahora en junio en alemán y en Estados Unidos, Fantagraphics ha comprado los derechos. Las cosas acaban saliendo, es verdad que si yo trabajara directamente para el mercado francés cobraría un adelanto más potente, pero los franceses tienen sus manías y hay que discutirlo todo mucho con los editores. Y yo ya no tengo edad, ni ganas para discutir lo que hago con mi editor.

ZN: ¿En La Cúpula haces lo qué quieres?
Max: Con ellos hago lo que quiero y si Emilio (editor de La Cúpula) me discute algo, es otro nivel de discusión porque ya es entre amigos. Me he vuelto comodón en eso, prefiero ganar menos y que me dejen trabajar en paz.

ZN: Cuando tienes un proyecto cómic planificado y te surgen nuevas ideas, ¿Cómo las gestionas? ¿Las dejas de lado y te centras en el cómic o las intentas incorporar?
Max: No, normalmente tengo varias cosas en marcha o medio iniciadas y voy viendo cual me tira más y la cojo. Y cuando me pongo a fondos solo hago uno a la vez. Salvo la tira de El País que tengo que hacer una a la semana o algún encargo que sale que tienes que hacerlo enseguida.

ZN: Creía que para hacer El tríptico de los encantados paraste Rey Carbón.
Max: No lo había empezado a dibujar aún, tenía algunas páginas dibujadas a lápiz, pero algo preliminar.

ZN: ¿Cierras los guiones del todo antes de ponerte a dibujar o dejas un espacio para la improvisación?
Max: A veces dejo un espacio y luego me fastidia porque no debería haberlo dejado. Pienso este hueco que tengo aquí… bueno ya saldrá, ya saldrá y no sale y llegas a él y no sale. Y te preguntas ahora qué hago. Con Rey Carbón procure tenerlo todo cerrado y lo que me paso es que me sobraron cosas que elimine, es mejor que sobre que no que falte. (Risas). De todos modos, curiosamente Rey Carbón nace del hueco que me quedó en Vapor.

ZN: Hay una cierta relación entre ambas.
Max: Están los mismos personajes y prácticamente el mismo principio de historia, eso está en Vapor porque era un hueco que me quedo en mitad del guion y no sabía cómo rellenarlo. Hasta que me di cuenta de que una historieta corta que acababa de hace para una revista suiza me encajaba como sueño. Y ya ves. Ese parche que metí en Vapor, es el que luego ha dado origen a Rey Carbón, así que nunca sabes cómo van a ir las cosas.

ZN: Hace poco publicaste un cómic en Italia pensado para invidentes, ¿Qué tal resultó?
Max: Eso salió, pero no de manera comercial. Se hizo una tirada pequeña que estaba en la Bienal de Venecia. Era una cosa muy experimental para leer con los dedos. Para mí fue muy complicada y los resultados… bueno en la teoría funcionan, en la práctica tiene que sentarse alguien al lado del ciego para guiarlo un poco. Para darle un poco de contexto. Porque es experimental para mí, pero también para ellos, que lo único que han leído son letras o planos de ciudades. Todo lo demás es nuevo así que funciono a medias.

ZN: Muchas gracias por tu amabilidad.
Max: A vosotros.

Desde aquí solo nos queda agradecer la amabilidad de Max, y las facilidades de Ediciones La Cúpula y la organizacion de Comic Barcelona para poder realizar la entrevista.

Enlaces de interés

Reseña de Rey Carbón.
Reseña de Las aventuras de Guillermo & Miguel y otros trampantojos literarios.
El blog de Max: El hombre duerme, el fantasma no.

Artículo anteriorMis diez mejores alineaciones de Los Vengadores.
Artículo siguienteDC Solicits: Comics de DC para Julio
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
Bilbao (1982). Licenciado en Sociología. Soy, desde que tengo uso de razón, un amante empedernido del Cine gracias a Hitchcock y Kubrick. Criado en Corleone, visité la puerta de Tannhäuser como tripulante de la nave Nostromo. Tras una breve etapa en Tatooine y Mordor decidí regresar a Twin Peaks, desde donde disfruto de mis otras pasiones: los cómics, la música y los videojuegos.

Déjanos un comentario

Please Login to comment
  Subscribe  
Notifícame