Imaginación desbocada, mascotas y perdidas.
«Había perdido a mi amigo.»
La pérdida de una mascota es en muchos casos la primera vez que los niños tienen que afrontar el primer contacto con la muerte. Algo que siempre resulta traumático y difícil de entender para ellos. Así que no resulta difícil creer que ellos tienen los mismos problemas que Elsa, la protagonista del cómic de Noémie Weber (Ginebra, 1971) El mundo de los animales perdidos publicado recientemente por Salamandra Graphic. Nuestra protagonista se despierta el último día de verano y descubre con horror que Aldo, un pez naranja que es su mejor amigo, se encuentra flotando inmóvil en la pecera. Sin entender del todo que es lo que pasa llama a su hermana mayor, que le dice que está muerto y lo tira por el inodoro. Pero Elsa no termina de esta convencida y se zambulle tras él. Así, de la misma forma que le sucede a la Alicia de Lewis Carroll, Elsa se ve transportada a un mudo extraño y mágico en el que habitan todos los animales perdidos que una vez tuvieron un dueño que se preocupaba por ellos. Con esa premisa, la autora suiza construye un divertidísimo e imaginativo cómic que le ha valido una mención especial en la categoría de Cómic Infantil y en el Festival de Bolonia de 2023.

Es curioso como esta obra ha coincidido en el tiempo con Encías quemadas (Reservoir Books) de Natalia Velarde, ya que ambas abordan el duelo por la pérdida de una mascota, aunque están pensadas para un público muy diferente y con un tono casi antagónico, ya que la obra de la autora suiza de la que nos ocupamos en esta reseña está pensada para los más pequeños de la casa convirtiéndose en una lectura perfecta para estos días de verano en los que no tienen cole ya que es toda una carta de amor a los animales.
Con muchos elementos en común con Alicia en el país de las maravillas y La divina comedia de Dante, Noémie Weber nos trae un cómic emotivo y muy dulce que explora la relación entre las personas y los animales y sirve para suscitar algunas preguntas de calado más filosófico, junto con alguna denuncia sobre el trato que se da a los animales como los cientos de mascotas que todos los veranos son abandonados. Aunque se trata de una obra ideada para el público infantil y juvenil no cae en el error de mostrarles una realidad edulcorada, pero sí que es una obra llena de esperanza que les enseña de disfrutar de lo bueno y maravilloso que tienen las relaciones y a quedarse con todo eso y utilizarlo como apoyo para superar el duelo. Todo ello sin dejar de lado la parte más puramente lúdica de una obra que nos deja ver la capacidad de la autora suiza para crear un mundo fascinante poblado por criaturas de todo tipo y pelaje que el dibujo de la autora suiza sabe dotar de personalidad propia. Un mundo fantástico, pero en el que se ven las sombras del nuestro con sus muchas situaciones absurdas como el episodio donde los animales son clasificados en diferentes categorías, en lugar de optar por una sola que los una. Algo que vemos en una realidad en la que cada vez hay más grupos empeñados en buscar diferencias entre los humanos para enfrentarnos.
El viaje de Elsa, que tiene mucho de iniciático, está lleno de aventuras en las que se cruza con todo tipo de personajes y situaciones de los más interesantes y educativas como cuando se da la vuelta a la situación y ella acaba como la mascota de unos animales, algo que sirve para que aprenda a empatizar con la realidad de otros. Pero sin caer nunca en un tono moralizante intentando que sea el lector quien saque sus propias conclusiones.
Además de todos esos mensajes y momentos divertidos que tiene el cómic también hay que destacar el apartado artístico con algunas páginas realmente brillantes como la secuencia en la que Elsa viaja a El mundo de los animales perdidos o su primer encuentro con el hámster o una paleta de colores apagados, pero que sirve para distinguir donde se desarrolla la historia en cada momento y con un uso del naranja para destacar los momentos claves de la historia. Además, narrativamente es muy claro, pero siendo consciente de que no debe repetir con demasiada frecuencia las mismas composiciones de página para no perder la atención de los lectores más jóvenes. Los lectores más adultos podrán disfrutar de los números guiños a la cultura popular y al arte que se esconden en muchas viñetas.

El mundo de los animales perdidos es el primer cómic de Noémie Weber publicado en nuestras fronteras y hace fácil entender los motivos por los que ha sido galardonada con diferentes premios ya que se trata de un cómic inteligente y accesible que plantea preguntas y busca ayudar al lector a soportar la perdida de una mascota, sin dejar de lado la diversión y creando un mundo fascinante.
Lo mejor
• Elsa.
• La página de las cañerías.
• El mundo que crea Noémie Weber.
Lo peor
• Que este verano, tal y como vemos en las páginas del comic, muchas mascotas acabaran abandonas en cualquier sitio.










