
Inocente o culpable
«Mataste gente Harvey»
Parece que a alguien del staff de DC le gustó la interpretación de Dos Caras ideada por Christian Ward en Batman: Ciudad de Locura, tanto que el propio autor ha sido elegido como guionista para esta miniserie que se lanza a rebufo del status All In, aunque tenga poco que ver con Darkseid, la energía omega y toda esa parafernalia.
Una miniserie dedicada a Dos Caras no es algo que se vea todos los días. En lugar de limitarse a contar otra historia más del villano con la moneda, Ward opta por algo mucho más interesante: colocar a Harvey Dent en el centro de su propio drama, continuando la jugada de su lucha interna entre su parte más retorcida y su lado menos cabal.
Desde el primer número, la propuesta queda clara. Esto no es una aventura sobre azoteas ni un enfrentamiento con Batman; es un drama legal con sus juicios y su humor negro, que nos transporta a una Gotham oculta y muy particular.
¿Los villanos se denuncian entre ellos y acatan la justicia, aunque sea pervertida, en su pequeño mundo, como si se tratara de una sociedad al estilo John Wick?
Pues sí, así es. Y como no podía ser de otro modo, Harvey oficia como abogado y El Segador como juez —una broma muy bien traída— dentro de un tribunal clandestino del inframundo criminal llamado la Iglesia Blanca. Pero su propósito va mucho más allá de aplicar justicia, Harvey quiere redimirse. Ha dejado atrás a Dos Caras y pretende impartir lo que, según él, es justicia sin pervertir el significado del concepto.
Comenzamos con un caso protagonizado por Victor Zsasz, pero rápidamente entendemos que los verdaderos testigos de esta historia somos nosotros, observando cómo el hombre y el monstruo que habitan en Harvey Dent se enfrentan a su pasado y a sus propios límites.
El guion de Ward se toma su tiempo para construir, y es cuanto menos curioso. Nos muestra a un Harvey que intenta hacer lo correcto —o al menos una versión retorcida de lo correcto— mientras su otro yo, caótico, impredecible y cruel, le recuerda que no puede escapar tan fácilmente de sí mismo. Como hemos comentado, nos da una Gotham inusual y abre con ello un abanico de posibilidades que se podrían aprovechar para futuras series del hampa criminal.
La trama coge ritmo con la llegada de personajes como Lake Cantwell, una especie de colega investigadora para Harvey, y organizaciones que quieren acabar con su vida. En medio de todo, nuestro peculiar personaje comienza a perder el control. La personalidad de Dos Caras se vuelve más presente, más agresiva, más desesperada. Y es ahí donde la serie da su mejor golpe, detrás de cada veredicto, de cada decisión e investigación hay un dolor enquistado que poco a poco va regresando a Harvey.
Por supuesto, tratándose de Gotham y Dos Caras, el Gran Hermano ataviado de murciélago tenía que aparecer. Ward es consciente de ello y tarda en llegar a ello. Sucede en un momento corto, al lío y sin mucho drama, pero cierto es que resulta curioso que nos recuerde las tramas de la época de los Nuevos 52, donde Bruce y Harvey eran amigos de la infancia, y por ello Batman siempre tiene un poco, digamos, de manga ancha con él. Mata gente, pero oye, fueron amigos; las prioridades del murciélago. ¿Verdad, Bárbara y Joker?
A nivel visual, el trabajo de Fabio Veras ayuda a que todo sea más claro. Su estilo es sencillo, buena anatomía, destaca en los rostros. Con su sencillez y trazo fino están muy trabajados y con pocas líneas expresan mucho. También en Dos Caras ayuda que su particular rostro dice mucho solo con los encuadres de los globos oculares.
Sus composiciones, aunque pequen de ser simples y es cierto que le falta un poco más de enjundia en la poca acción que hay, para ser una serie de casos e investigación va muy bien y no desentona nada. Entrega un buen trabajo, con algunas páginas originales, y donde mejor está es en las partes mentales del propio Harvey. Además, se nota ahí la ayuda del propio Ward en muchas composiciones y el ruido de fondo que hay en esas partes.
Paneles que desorientan justo cuando el personaje pierde el control. Y cuando Harvey se enfrenta a su otro yo, Veras no diferencia solo por diseño sino ritmo, por encuadre, por cómo se mueve el espacio dentro de cada página. Todo esto se ve reforzado por el color de Iván Plascencia, que sabe cuándo cargar la escena de tensión y cuándo dejarla en penumbra emocional. La rotulación de Hassan Otsmane-Elhaou es sublime como siempre en cualquier serie donde trabaja. Para la parte oscura del personaje ayuda a darle su propia identidad, mejorando todo el bloque artístico de la obra.
En definitiva, Ward cierra la historia con inteligencia y sin traicionar ni al personaje ni a lo que está contando. Harvey está roto, y el guionista busca exponerlo tal cual es, un hombre partido en dos que, aun así, intenta decidir qué lado de la moneda merece ganar. Quiere cambiar algo en lo que él cree que es justo. Cierto es que, a lo largo de la obra, se perciben inspiraciones claras del Caballero Luna de Lemire.
Algunas inquietudes de Ward son similares, personajes con disociación de personalidad, dudas entre realidad y ficción. Aun así, estamos ante un guion sólido, original, que aunque hay ideas con mucho potencial que no se exploran -infacia, familia- nos permite ver cómo funciona una parte muy peculiar del submundo de Gotham y Harvey en particular.
Lo mejor
• Ward y Dos Caras juntos una vez más.
• Un tratamiento que puede traer situaciones interesantes en un futuro.
Lo peor
• Algunas ideas no terminan de arrancar.
• Que no dibuje Ward la obra aunque se perciben sus ideas al respecto.












Una maravillosa sorpresa. Gracias por la reseña!
Interesante, pero le falta algo. Quizás una estética más rompedora. Quizás más tiempo para desarrollar las propuestas, que muchas se quedan en meros bosquejos o gente que entra y sale sin apenas tiempo a hacer algo (inicialmente Ward había pensado en 12 números). Recoge el guante de diferentes versiones de Dos Caras para hacer un «libro de estilo» del personaje, que da para jugar a identificar de dónde sale cada elemento (divertido para quién nos gusta esos juegos), pero que no está ni muy bien conectado con de dónde viene el personaje ni hacia dónde va. Y que seguramente este Dos Caras será ignorado por otros autores (no será la segunda ni la cuarta vez que ocurre al personaje).
Eso sí, la serie es un WTF detrás de otro, con otro tono sería un colocón lynchiano. Curiosamente el acercamiento previo de Dos Caras de Ward es más interesante (da algo más centrado con un arco de desarrollo, al fin y al cabo).
Queda por ver si recuperaremos los Dos Caras truncados de la línea azul, el detective de Ram V y el Batman de Zdarsky, antes de seguir con el de PKJ.
Saludos y gracias por la reseña!
Yo no leo DC ni nada, pero me paso para decir: vaya pedazo de cover se ha marcado Baldemar Rivas (en la cabecera de este artículo)…
A mí me ha parecido muy flojito, al igual que el de Question.
Parece que DC en estas miniseries no nos dan la buena calidad de las series regulares.
No es malo pero tampoco me parece bueno. Lo mejor que puedo decir de esta historia de Dos Caras es que es muy olvidable.