Die 2: La Ruptura

Vuelvan a sacar los dados pues regresamos a Die, el mundo creado por Kieron Gillen y Stephanie Hans, con el segundo tomo publicado por Panini Cómics

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Edición original:Die 6-10 (Image Comics).
Edición nacional:Panini.
Guión: Kieron Gillen.
Dibujo: Stephanie Hans.
Traducción: Loreto Cabaleiro.
Formato: Tomo en tapa dura. 160 págs.
Precio: 19,95€.

 

Cuando uno se pone a leer un cómic de espada y brujería lo que se espera es eso, gente peleando con armas afiladas, contundentes o hechizos extraordinarios, pero cuando uno se lee un cómic de Kieron Gillen espera lo inesperado, algo diferente, alejado de lo convencional. Guste más o guste menos, no se puede negar que obras como Phonogram o The Wicked + The Divine se separan de las lecturas habituales, son originales, diferentes, tratando temas que ya se han tratado pero dándoles un toque diferente, un enfoque que siempre es más personal y que nos lleva a mundos imaginarios de manera distinta. Por eso Die nos rompe un poco los esquemas. La fantasía heroica suele ser muy clásica, aunque es verdad que en las últimas décadas han salido un puñado de obras que tratan de distanciarse de los clásicos, todas siguen unas pautas que se basan en el camino del héroe y en potenciar la épica, por lo que es normal que estas cosas sean lo primero que nos viene a la mente cuando nos disponemos a leer un cómic que pretende llevarnos a un mundo con espadas que hablan, bestias mortales, ciudades imposibles y magos manipuladores. Eso se supone que debía ser Die, pero al meter a Kieron Gillen en esa ecuación todo se va al cuerno.

Die nace como un canto de amor hacia los juegos de rol, he de admitir que yo no he sido mucho de este tipo de experiencia, pero sí lo he sido con los videojuegos de este género (los mmorpg), y la conclusión que saco leyendo Die es que los autores no nos hablan del juego de rol, no quieren meternos en su mundo imaginario a base de crear grandes batallas con las que emocionarnos, lo que quieren es que vivamos la experiencia a través de unos jugadores, no que seamos los jugadores, es decir, que empaticemos con las sensaciones de un grupo de personas que están jugando como si la vida les fuera en ello, en este caso literalmente.

Seguramente lo que voy a decir parezca un poco rebuscado, pero la impresión que saco es que se trata de que vivamos la experiencia de la experiencia, el amor, el miedo y la tensión que genera participar en algo de esto. El arte es experiencia, los juegos de rol son una experiencia muy interactiva, bueno, pues ellos quieren que veamos cómo otros viven esa experiencia y la hagamos nuestra, a base de exagerar la participación en el juego convirtiendo todo lo imaginario en real para los personajes. Como jugadores, los protagonistas ven dos capas, su vida en el mundo real y su vida en Die, nosotros vemos tres, esas dos y nuestra propia experiencia al leer el cómic. Eso hace que este trabajo sea distinto, original aun tratando el tema más común del mundo, a saber, la vida.

El primer tomo ya era toda una declaración de intenciones, como avanzaba en su correspondiente reseña, porque en ningún momento profundizaba en un mundo fantástico con las típicas clases, razas, ciudades y bestiarios. Que hay de todo, pero sin grandes explicaciones. A lo que Stephanie Hans y Kieron Gillen van es a contar los sentimientos de los personajes y cómo todo este embrollo rompe sus vidas, algunas de ellas ya rotas por el trauma sufrido al desaparecer de jóvenes jugando a Die y reaparecer años después. La mayor parte del cómic estaba destinado a contarnos sus vidas en el mundo real y cómo esto les había afectado, para acabar teniendo que regresar a Die, ya en edad adulta, todo ello narrado por un/una protagonista cuyo nombre es Ash. Difícil tarea de traducción, por cierto, el hecho de que Ash sea un hombre en el mundo real y una mujer en Die, muy dignamente llevado en ambos tomos.

Lo cierto es que ese primer tomo no dejaba de ser una presentación, a la manera peculiar de Kieron Gillen y su costumbre de dejarnos huecos. Así que a este le tocaba demostrar si la maravilla que resultó el primer tomo es algo que se pueda desarrollar con calidad. Ni que decir tiene que cumplen con creces.

Si vemos sus otras obras nos daremos cuenta que el guionista tiene tendencia a realizar ciertos giros que son bastante comunes, aquí esto es dividir al grupo para luego unirlo, pero sigue con su máxima de marcar la diferencia y no todo es lo que parece.

En este caso se usa ese recurso para construir un poco más al resto de personajes, dejando a Ash para la parte final en la que la trama avanza más, y en la que da los golpes de efecto más fuertes jugando de nuevo con el género y el sexo, pero también con una doble moral que ya se intuía en el anterior tomo. Se ve que a los autores les gusta jugar con las falsas primeras impresiones porque en el momento que ahondamos en cada uno de ellos nos cambia la percepción. No es que necesariamente nos cambie la opinión, eso queda a gusto del lector, pero sí que se les entiende mejor, tanto en pensamientos como en actos. En este punto creo que me da igual que lo siguiente que haga sea algo común o no, porque la obra va sobre otra cosa más allá de espadazos y magias. Que también hay, aunque lo que prima son las manipulaciones de palacio, la ampliación de la mitología, gran trabajo hace con la figura de los “dictadores”, o la discusión sobre las reglas. La dualidad realidad/ficción y sus reflexiones sobre la relación entre ambas es algo que se soslaya en diversas conversaciones pero que cada vez va calando más hondo, porque al final es algo que afecta a los sentimientos de los personajes, que son lo importante.

Algo que certifica esto es el dibujo de Stephanie Hans, totalmente centrado en los personajes y alejado de hacer las grandes ambientaciones y paisajes que suelen acompañar a este tipo de obras, centrándose en los diseños de los protagonistas y los pocos secundarios que aparecen, para darles a cada uno su propio estilo acorde con su forma de pensar, incluso modificándolos ligeramente cuando cambian de opinión. Hay quien se queja de que el dibujo es demasiado estático, no es algo que pueda negar, en mi caso no lo percibo tanto así, o quizás no es algo que me moleste tanto dado el estilo que quieren dar al cómic (y eso que soy de los primeros en quejarme de ello en obras de otro tipo) pero sí que veo una mejoría con respecto al anterior tomo, aquí transmite mejor esa sensación de desolación acorde con los pensamientos del grupo. No es perfecta, pero considero que narra de manera maravillosa lo que Gillen pretende transmitir, a la vez que aleja al guionista de obras anteriores.

Sin duda Panini ha acertado y Die es uno de los grandes estrenos de la temporada.

  Edición original:Die 6-10 (Image Comics). Edición nacional:Panini. Guión: Kieron Gillen. Dibujo: Stephanie Hans. Traducción: Loreto Cabaleiro. Formato: Tomo en tapa dura. 160 págs. Precio: 19,95€.   Cuando uno se pone a leer un cómic de espada y brujería lo que se espera es eso, gente peleando con armas afiladas,…
Guión - 8.5
Dibujo - 7.5
Interés - 8.5

8.2

Dictador

Kieron Gillen y Stephanie Hans nos devuelven al mundo de Die y la tortuosa vida de nuestros... ¿héroes?. Este segundo tomo certifica que viene una serie a tener en cuenta.

Vosotros puntuáis: 7.46 ( 5 votos)
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