Décadas. Marvel en los años 70

El nuevo volumen de la línea Décadas nos trae la explosión de los monstruos, en la Marvel de los años setenta, con personajes tan conocidos como Drácula, el Monstruo de Frankenstein, Morbius o el Motorista Fantasma.

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Edición original:. The Legion of Monsters #1, Marvel Preview #8, Marvel Preview #28, Marvel Spotlight #2, The Tomb of Dracula #1, Marvel Spotlight #5 y Monster of Frankenstein #1
Edición nacional/ España:. Panini Cómics
Guión:.Roy Thomas, Doug Moench y otros
Dibujo:.Val Mayerik, Mike Ploog y otros
Entintado:. V.V.A.A.
Color:.Janice Cohen
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

24 euros

Cuando echamos un vistazo a los ochenta años de Marvel Comics, solo podemos maravillarnos ante la cantidad de historias, de dramas, de alegrías, de héroes y, como no, de villanos. Pero hay un sector que se suele obviar en lo que atañe a la producción de la Casa de las Ideas, los monstruos provenientes del horror. Representaciones evidentes o matizadas de nuestros miedos más inherentes, la fauna del horror parece una parcela prácticamente olvidada, a día de hoy. Por tanto, es importante recordar que durante una época fueron sensación, contando con una amplia representación en el sector del magazine adulto y una destacada encarnación en comic-book. Y ese es el motivo que nos ha traído hasta aquí, reivindicar tales figuras, retorcidas, dementes, depravadas; reflejos oscuros, en muchos casos, de la peor versión de la esencia humana. Para ello contamos con la colaboración de Panini Cómics, que está publicando la línea Décadas, con aquellos tebeos que la casa madre considera más representativos de ciertos años. Y los setenta pertenecen a las rarezas.

Matizamos que estos tomos se nutren de recopilaciones antológicas, nunca basadas en el puro orden cronológico. Sobre un hilo conductor general se agrupa la selección del volumen. Así, en los años cuarenta se optó por los enfrentamientos entre la Antorcha Humana y Namor; mientras que en los cincuenta se siguió el desarrollo del Capitán América anti-comunista; el penúltimo de ellos se refiere a los sesenta, los años que comportan la creación de un Universo Marvel cohesionado, uniendo todos los rincones con la figura del Asombroso Spider-Man. En el tomo que ahora nos ocupa, que se ha subtitulado “La Legión de los Monstruos”, precisamente se van a seguir las aventuras de esa agrupación, a través del blanco y negro o del color, para dejar como colofón final las primeras apariciones de los protagonistas más destacados.

A inicios de los setenta, en Marvel tenían muchas ganas de terror. Desde el año 1954, el Comic Code Autorithy, el nocivo organismo censor, tenía vetado el género en la totalidad de las publicaciones orientadas para jóvenes. La editorial de Martin Goodman era una de las que se plegaban a las órdenes del statu quo, sin salirse un milímetro de la línea, pese a que dentro de sus filas contaba con dos entusiastas de la temática. El primero de ellos era su editor en jefe. Stan Lee había participado de la misma en los años cincuenta y era un declarado admirador de la editorial Warren, donde el terror para adultos causaba auténtico furor en los lectores más maduros de la época. El otro sospechoso era Roy Thomas, lector voraz de todo tipo de géneros desde su niñez y mano derecha de Lee. Ambos dos se enfrentaban a las reticencias de Goodman, que apenas daba alguna alegría, tanto a dar salida material para adultos, como para introducir pequeños conatos de terror.

Lee y Thomas se aliaron para intentar horadar esa resistencia enconada. En realidad, fue Roy, junto al dibujante Gil Kane, el que presentó a Morbius, la primera criatura de la noche en un tebeo Marvel. Thomas y Kane tuvieron la determinación de introducir un vampiro como enemigo para Spiderman en el Amazing #101 (octubre de 1971, fecha de portada). El tándem creativo dudaba de hacerlo pasar por el Conde Drácula, el inmortal personaje creado por Bram Stoker, o si simplemente lo dejaban estar como un chupasangre cualquiera. En esa tesitura es cuando entra en acción el editor jefe, haciendo notar que si adoptara una imaginería clásica, probablemente no pasase el corte del Comic Code. Sugirió algunos cambios, como que el motivo de su vampirismo no fuese de tipo místico, sino científico, y que vistiera un atuendo cercano al género. La conclusión es el nacimiento de Morbius, el Vampiro Viviente, cuyo debut no fue frenado por el organismo censor. Una pequeña victoria de los autores, a la que se fueron sumando algunas otras, en muy poco espacio de tiempo, lo que hizo que el Code se replanteara bajar sus exigencias. A la altura de finales de 1971, se abre la veda para la aparición de rarezas en el territorio del comic-book.

Los cambios vinieron demasiado seguidos. Stan Lee había tratado de lanzar revistas en blanco y negro, con contenido para lector maduro, y su Publisher siempre se las echaba abajo. Ya fuera con el icono de la compañía, el bueno de Spidey, o con el contenido bruto de Savage Tales, Goodman no quería saber nada de un posible mercado para adultos. Los vientos cambiaron en 1972, con la compra de acciones de Cadence Industries, nuevos socios mayoritarios, que defenestraron a Martin Goodman, convirtiendo a Stan en el flamante Publisher. Si hacía poco que el Comic Code había abierto la puerta para el género del horror en comic-book, se acaba, por el otro lado, la prohibición de circular por el sector del blanco y negro. En torno a Curtis Magazines se establece una nueva división, con contenido explicito pensado para adultos, algo que para el terror se hacía más que necesario.

Es por eso que, a partir de 1972, se produce una explosión en relación a todo este tipo personajes. Pese a que con anterioridad ya teníamos al citado Morbius y al Hombre-Cosa, que apareció en el #1 de Savage Tales, la editorial se puebla de caras muy reconocidas, como Drácula, el Monstruo de Frankenstein, el Zombi o vampiros varios. Pero también de caracteres de nuevo cuño, como nuestro Man-Thing, el Motorista Fantasma o el Hijo de Satán. Su proliferación obedecía al deseo de un público al que, durante años, le habían secuestrado la temática. Un género añorado que supo generar interés, al menos durante los inicios de la década.

La atracción del monstruo es algo que se ha estudiado a lo largo de los años. Cada ser monstruoso, cada situación terrorífica viene condicionada por el miedo, una de las dimensiones básicas de la estructuración de la experiencia. El miedo es una de las seis emociones primarias. Digamos que no es una de las agradables aunque su existencia sea inevitable y haya ayudado a la evolución de la humanidad. Se ha reconocido como mecanismo adaptativo para sobrevivir en diferentes y variados entornos. Llegado un punto, con el desarrollo paulatino de la cultura, se empezó a indagar sobre él; y lo más importante para nosotros, se comenzó a utilizar como un recurso interesado. Comienzan las leyendas, supersticiones, discursos articulados sobre monstruos sobrenaturales. Siendo este tema muy antiguo, parece aceptado que es en la Edad Moderna donde su extensión se hace más evidente. Tanto que se puede decir que su impronta comenzó a levantarse del terreno de la cultura popular para llegar a los altos estadios. Un prestigioso politólogo como Jean Bodin comparte en sus créditos sesudos tratados sobre la política junto a escritos sobre las brujas y los pactos con el demonio (“Demonomiae des Sorciers”). Que un filósofo como Thomas Hobbes apele a figuras monstruosas, como Leviathan o Behemoth, para establecer comparativas nos deja un panorama donde los referentes se podían considerar del todo extendidos. Y solo estamos nombrando un par de ejemplos. La imprenta facilitó la difusión de una literatura que versaba sobre mitos, supersticiones y rarezas, en plan erudito; ya llegarían los momentos donde estos relatos fueran utilizados para la simple y llana diversión.

El Romanticismo supone la ruptura definitiva con los modelos del clasicismo. Nuevos bríos irrumpen durante los albores del S. XIX, quebrando algunos tabús, entre ellos, la entrada de monstruos y criaturas de la noche en el terreno literario. Se crea la llamada novela gótica o de terror, que hasta este momento, como género, no existía. Estos relatos toman muchos datos extraídos del folclore popular, pero se desvinculan de una manera formal, para añadir los rasgos distintivos de la época: escenarios cerrados, dotando a la narrativa de una fuerte ambientación, atmósferas misteriosas y personajes desbocados por las emociones. De estos años son algunas de las más célebres obras sobre la temática, como el “Drácula” de Bram Stoker, “El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, “Carmilla” de Sheridan Le Fanu, “El Fantasma de la Ópera” de Gaston Leroux o “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley. No son los únicos ejemplares, pero sí algunos de los vehículos más evidentes para la entrada de las rarezas en el mundo de la cultura popular, ya metidos en el S. XX.

Val Mayerik y el Monstruo de Frankenstein

El monstruo, en plena cultura de masas, pasa a ser asumido como otro rol social cualquiera. Su figura se ha interpretado como un símbolo de subversión, por individuos que se sienten marginados por la sociedad o que tienen una identificación destructiva con él mismo. Dentro de la mentalidad juvenil, la rareza termina siendo objeto de identificación por aquellos que se perciben “diferentes”, lo que cae como anillo al dedo en el ámbito del lector de cómics. El género se introduce con fuerza el mercado tras la finalización de la II Guerra Mundial y el inicio de los dorados años 50.

La clave para que un buen monstruo triunfe parte de la estética. Condición sine qua non es ese alejamiento de la normalidad intrínseca que se le presupone a las sociedades contemporáneas. El impacto de esas imágenes deformes, maltratadas, debía apelar a los miedos internos de cada lector. Pero si hay algo que se debe tener claro es que los monstruos no son todos iguales. Tenemos el tipo que apela a la aristocracia, personajes extremadamente notables, procedentes de estratos sociales privilegiados. El caso más evidente puede ser el del Conde Drácula, aunque la Momia también podría ser válida como ejemplo. Suelen conciliar un pequeño grupo de seguidores a su alrededor, como resultado de tiempos pretéritos, probablemente restos de una sociedad ya eliminada, a la que la rareza aristocrática pretende volver, de una manera onírica, puesto que se trata de un imposible. Más sencillos son los monstruos de masas, viva muestra del Fordismo, la era de la producción en cadena. El paradigma más palpable es el zombi. No tienen personalidad, ni atributos relevantes. Su fuerza reside en un descerebrado movimiento coordinado de montones de sus congéneres. La aterradora visión de la turba. El más complejo de todos es el monstruo que surge del interior. Suelen plantear una dicotomía, una lucha interna entre el bien y el mal, que siempre acaba por zozobrar en un extraño terreno de nadie. En Marvel tenemos como claras representaciones al Motorista Fantasma, al Hijo de Satán o a la versión propia del Dr.Jekyll y Mr. Hyde.

Frank Robbins y la Legión

Stan Lee y Roy Thomas no quisieron cerrarse en banda y utilizaron todos los tipos de monstruos posibles. Algunos trataron de ser respetuosos con sus concepciones originales, otros fueron pasados por el tamiz superheroico, dado que pertenecían a un universo compartido. La cuestión es que hubiera un poco de todo para todos. Y para ello se articuló el movimiento en torno al sello Curtis, donde se partía de un mayor respeto a las esencias del terror, dado que era material específicamente para adultos, y en el más prosaico tebeo Marvel, en los que se tendía a dar una pátina casi superheroica a sus protagonistas. En cualquier momento podía cruzarse uno con Spiderman; era necesario estar preparado. Durante los años 1972 y 73 se orquestó la salida planificada de un extenso catálogo que debía sublimar el horror. Desgraciadamente, en las oficinas editoriales percibieron, a no muy tardar, que había un cierto agotamiento en el lector, pasado el énfasis inicial, ya que las ventas no acompañaban. Tocaba una solución de urgencia, si no se quería perder la carrera por el género. Es aquí el punto que tomamos como inicio de nuestro tomo.

Si hay algo más aterrador que un monstruo es la reunión de un grupo de ellos. En Marvel Comics parecían tener claro el próximo paso a seguir. Nos encontramos en 1975, un instante que se antojaba lejano al nacimiento de las dos olas creativas que poblaron la editorial de monstruosidades, durante los años 72 y 73. Después de eso quedaba el desarrollo de los conceptos y poco a poco fueron muriendo, en gran porcentaje. Las cancelaciones habían asolado la parcela del terror: Dracula Lives!, Vampire Tales, Tales of the Zombie, Monsters Unleashed!, Haunts of Horror….todas ellas finiquitadas. Resulta bastante chocante que en este ambiente se tratase de apostar, de nuevo, por una revista en blanco y negro sobre la temática. The Legion of Monsters sale al mercado en septiembre del 75 y su contenido se ve conformado por la unión de caras nuevas (Manfibio), personalidades clásicas (Drácula y el Monstruo de Frankenstein) e historias truculentas con protagonismo anónimo. El mismo Tony Isabella, editor de la cabecera, admite en su presentación de que la temática está dejando de vender. Pero en el Bullpen tenían mucha fe en las rarezas del horror; estaban convencidos de que tenían que perseverar y, realizando un gran trabajo en magazines, conseguirían perpetuar esta pequeña parcela. Craso error, pero no adelantemos acontecimientos.

Sonny Trinidad y Morbius

El concepto se mostraba diáfano; quizás un solo monstruo no era suficiente, necesitamos una legión de ellos. Así pues, Isabella organizó a un grupo profesionales en torno a Curtis, con las características ya conocidas, revista para adultos en blanco y negro, y confeccionó una colección contenedor donde tendríamos a varios equipos creativos, cada uno de ellos trabajando un sector del terror. En este primer número contamos, de forma resumida, con un argumento sobre la criatura de Victor Frankenstein, a cargo del equipo creativo que los estaba desarrollando en Monsters Unleashed!, Doug Moench y Val Mayerik. El recorrido de “Frankie” se vio cortado abruptamente en aquella por lo que aquí contaba con una nueva oportunidad. Otro caso análogo es el de Drácula. La trama original de la novela del Conde Transilvano estaba siendo realizada por Roy Thomas y Dick Giordano, de una manera aperiódica, en la revista Dracula Lives! Nos encontramos, pues, ante otra posible vía para el futuro de la adaptación. Pero no todo iba a versar sobre caras conocidas. Necesitamos un punto de excitación y ese se lo lleva el debut de una rareza conocida como Manfibio. Concebido por el talento de Tony Isabella y Marv Wolfman, al guion, y por Dave Cokrum y Sam Grainger, al dibujo, se trata de una estimulante adición al catálogo marvelita. Por último, una trama estándar, sin protagonista reconocido, a cargo de Gerry Conway, Paul Kirchner y Ralph Reese.

Hasta aquí la flamante revista The Legion of Monsters. Historias que parecían continuar tramas inconclusas y abrir posibilidades para el mañana. Siempre, y eso hay que dejarlo claro, por separado. El título no debe dar lugar a error, cada monstruo en su parcela. El castañazo resuena si cabe más profundo cuando apenas lanzada al mercado se le anuncia a los creativos que no va a haber un #2. La debacle en la zona del horror no deja de crecer. Los personajes tratarán de hacerse un hueco en revistas contenedor, con argumentos autoconclusivos o pequeñas sagas, pero hay que olvidarse de colecciones con aventuras serializadas.

Los sospechosos habituales se mostraban decepcionados, aunque no derrotados. La prueba la tenemos en 1976, donde Marvel Preview, cabecera en blanco y negro para contenido variado, recoge un número apelando a la Legión de los Monstruos. Y se seguían justificando en los editoriales, tal y como podemos leer a Ralph Macchio: “nadie sabe realmente qué hizo que los lectores habituales de cómic se aficionaran a las monstruos. Y nadie sabe por qué, de repente, toda una línea de magazines, muchos de ellos emergiendo como productos sólidos de gran calidad textual y gráfica, fueron diezmados de un plumazo. Si todos los cómics hubieran sido malos, sus defunciones habrían sido más que bienvenidas. Pero es que no lo eran. En el año o dos que existieron, hubo un sincero intento de contar historias sobre monstruos…..”. Sin duda, toda una carta de amor al género la expresada por Macchio en ese editorial, no únicamente en el parágrafo reproducido, en aras de espolear el corazoncito del lector marvelita.

Un tema a tratar respecto a Marvel Preview #8 es que inicialmente no estaba pensado para la Legión de los Monstruos. El mismo editor de la serie, John Warner, nos habla de los retrasos de un concepto largamente anunciado, el Hombre-dios. La cuestión es que no se pudo llegar a tiempo y para cubrir el vacío se recurrió a un tema fan favorite en la redacción, las rarezas. Fuesen por los motivos que fuesen, este #8 se dedica completamente a la parcela del horror. Sigue la estructura de The Legion of Monsters #1, es decir, antología de historias sueltas en blanco y negro. En este caso contamos con estrellas como Morbius, podríamos decir que el pionero de todas esta moda, o Blade, que había conseguido independizarse al nacer como secundario en La Tumba de Drácula de Marv Wolfman y Gene Colan. El número se completa con argumentos con protagonismo ajeno al catálogo editorial, realizadas por Don McGregor y Mike Ploog, en el caso del primer complemento, y de John Warner, Russ Jones y Val Mayerik, que en la última parte de la revista utilizan al guardián de los muertos egipcio, Anubis, como hilo argumental de la trama.

Eso en lo que concierne a la parcela Curtis. En ese mismo 1976 se publica Marvel Premiere #28, en el sector del cómic a color. No descubrimos nada si la definimos como una de tantas revistas contenedor de la época, válida para testear conceptos que se podrían transmutar en futuras series. El #28 se le cede a The Legion of Monsters. En Marvel tenían el convencimiento de que el título tenía gancho; ¿por qué desperdiciarlo? En esta ocasión nos localizamos en el mundillo del color, por tanto, con la obligación de pasar por el Comic Code. La historia que se plantea es algo más básica. Unamos a algunas de nuestras más reputadas estrellas y organicemos un team-up. Una obligada reunión ante una amenaza mayor. Marv Wolfman, entonces el editor al cargo, selecciona el reparto: el Hombre-Cosa, el Motorista Fantasma, Morbius y el Hombre Lobo unirán sus destinos para contener un peligro desconocido. Para llevar a cargo tal epopeya se elige a un interno en fase de prácticas como guionista, un joven Bill Mantlo, y para dibujarla a un clásico de las tiras de prensa, Frank Robbins. Ambos dos hicieron lo que pudieron con unos mimbres que todavía estaban por refinar. El concepto de La Legión de los Monstruos desapareció durante largos años del radar editorial.

Aparte de las referencias a The Legion of Monsters, con sus episodios completos, el volumen se complementa con las primeras apariciones de los más conocidos y admirados personajes que intentaron dar lustre al horror. Se trata de material en comic-book, nada de las versiones para magazines, que también las hubieron, y organizadas de manera cronológica, según fecha de publicación. En febrero de 1972, en la cabecera Marvel Spotlight #2, debuta Werewolf by Night, con Gerry Conway y Mike Ploog, bajo una idea de Roy y Jean Thomas. Después llegó Tomb of Dracula #1 (abril del 72, fecha de portada), obra y gracia de Gerry Conway y Gene Colan. Para agosto del mismo año (fecha de portada) vemos arribar la impactante figura del Ghost Rider, en las páginas de Marvel Spotlight #5, creado al alimón por Roy Thomas, Gary Friedrich y Mike Ploog. Para finalizar, la incomprendida criatura creada por Mary Shelley, el Monstruo de Frankenstein, que apareció por primera vez en revista homónima en enero de 1973. Sus autores, Gary Friedrich y Mike Ploog, dos nombres ya reconocidos en este repaso. Como ven, se trata de cuatro números uno con la suficiente entidad y relevancia para generar un interés en el lector.

Llegado al momento de las valoraciones, dejemos claro, antes de todo, que la sensación que se queda tras la lectura es muy positiva. Cuesta otorgar un criterio unificador cuando en un mismo volumen contamos con sensibilidades distintas al procesador de textos, al incluir magazines y comic-book a la par. Las revistas en blanco y negro están reproducidas en su totalidad, lo que representa algo de pin ups, artículos e interesantes editoriales. Los autores implicados solían dar lo mejor de sí en el territorio adulto y tenemos una terna de nombres nada irrelevante: Doug Moench, Roy Thomas, Tony Isabella, Gerry Conway o Don McGregor suponen una cierta garantía de calidad. El único pero que podemos señalar es que la trama de Drácula, en la adaptación de la novela de Stoker, es una parte de algo mayor, por lo que fuera de su contexto, no tiene mucho sentido.

Los cómics a color son parte importante del volumen, para nada una comparsa o añadido. Quizás lo más flojo sea la aportación de Mantlo a la Legión de los Monstruos. La trama apenas se sostiene por sí misma y los personajes carecen de una motivación real para unirse, por lo que la percepción de impostura es difícil de alejar. Mucho más satisfactorias son las primeras apariciones de Drácula, el Hombre Lobo, el Motorista Fantasma y el Monstruo de Frankenstein. Es una magnífica piedra de toque para conocer los inicios Marvel de estas estrellas del terror y que probablemente lleve a aquellos que los desconozcan a interesarse por sus aventuras. Lo que viene a ser la base primordial, el gancho perfecto, de cómo deber ser un número inicial.

El apartado artístico destaca sobremanera sobre el literario. No porque este último sea flojo, sino porque era uno de los reclamos fundamentales a tener en cuenta por los lectores de magazines. Solo hace falta fijarse en esas portadas fotorealistas pintadas por Neal Adams o Ken Barr para comprender su importancia. El elegante blanco y negro elevaba la calidad media de la producción, con artistas de gran calado, como Val Mayerik, Dave Cockrum, Gene Colan, Dick Giordano o Mike Ploog. Sin olvidarnos de especialistas en las tintas y grises, que daban el toque final a los acabados, destacando a profesionales como Pablo Marcos, Dan Adkins o Marie Severin. Pero es que, además, en lo referente al comic-book, tenemos auténticos fenómenos como encargados de los ejemplares incluidos: el maestro Frank Robbins, un soberbio Ploog y un siempre pletórico Gene Colan. La principal falla que se puede achacar es la necesaria reducción de tamaño que ha sufrido la producción en magazines, cosa a la que estamos harto acostumbrados, últimamente. Esa reducción pasa factura al apartado artístico del volumen, ya que para apreciar el talento en su justa medida, las partes correspondientes deberían haber sido reproducidas a tamaño revista, cosa que tenemos asumida como un imposible.

El tomo pertenece a la línea Décadas, una traslación literal del homónimo que se fue publicando durante el año pasado en EEUU. Las calidades son impecables. Se trata de un volumen en tapa dura, con encuadernación robusta y material perfectamente restaurado, en lo que corresponde a la sección a color; alguna historia en blanco y negro podría mejorarse, además de reiterar la sensación de reducción con respecto a su original. Aún así, es una muy válida edición para el material reseñado, que incluye algunas tramas inéditas en nuestro país, sin necesidad de mayores florituras, por lo que todos aquellos interesados en su interior tienen el formato perfecto para su degustación.

En conclusión, nos encontramos con el homenaje necesario a un género, que estuvo largamente proscrito en el terreno del comic-book, y que a inicios de los setenta parecía que había llegado para quedarse. Una explosión de contenido monstruoso que al final va a terminar registrado en los anales como una simple moda pasajera. Una pena pues aquellas revistas estaban llenas de interesantes ideas, de grandes calidades, de sugerentes posibilidades. Es justo que Marvel Comics se haya acordado de las rarezas para celebrar su efeméride. Aunque lo que de verdad sería de justicia poética es que la Casa de las Ideas cediera una porción de terreno para una relanzamiento del horror, en tiempos actuales. Los monstruos no son reliquias, todavía tienen mucho potencial. Solo hace falta que algún editor, como ocurría con sus colegas en los setenta, depositara la confianza en ellos. Seguro que no se veía defraudado.

Edición original:. The Legion of Monsters #1, Marvel Preview #8, Marvel Preview #28, Marvel Spotlight #2, The Tomb of Dracula #1, Marvel Spotlight #5 y Monster of Frankenstein #1 Edición nacional/ España:. Panini Cómics Guión:.Roy Thomas, Doug Moench y otros Dibujo:.Val Mayerik, Mike Ploog y otros Entintado:. V.V.A.A. Color:.Janice Cohen…

La Legión de los Monstruos

Guion - 7
Dibujo - 7.5
Interés - 7.5

7.3

Valoración Global

Los tebeos sobre monstruos fueron de las cosas más refrescantes y estimulantes de la Marvel de los 70. Este tomo es un claro ejemplo de la calidad que llegaron a alcanzar.

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Imparcial EnmascaradoArturo PorrasMimico Recent comment authors
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Mimico
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Gran reseña, sr. Porras. Un material que, a priori, no me llama mucho… a excepción de la Legión de los Monstruos, que siempre me ha fascinado como concepto, y con décadas de previsión respecto a TLoEG de Moore y O’Neill o la televisiva Penny Dreadful y su intento de revival con los Comandos Aulladores de SHIELD de Barbiere. Lástima que lo ponga como la parte más floja en el apartado literario… ¡Un abrazo, caballero!

Imparcial Enmascarado
Lector
Imparcial Enmascarado

Un gran artículo y reseña, como siempre, Arturo. Y valga también para el texto de Killraven, que hasta ahora no había podido leer completo.

Sobre el tomo de los monstruos setenteros, comentar que es una delicia para los que tenemos cariño a estos personajes en general, y más en particular a su versión marveliana, tan extravagantemente pop. Como bien dices, es una pena que no haya un revival de la ‘moda monstruo’ (y eso que dicen que el terror y las criaturas sobrenaturales siempre rebrotan en el inconsciente colectivo con los tiempos de crisis ecónomica, como también fueron los primeros setenta).
El popurrí que se han marcado en Décadas es muy variado y representativo de todas las variantes de esa tendencia, y solo por ver a Mike Ploog en distintos estilos (desde el de primerizo imitador de Eisner a ese elegantísimo blanco y negro del Preview) ya está pagado.

Leyendo este texto casi seguido al de Killraven, y todas las anécdotas de cómo surgieron estos personajes, me quedo con la sensación de que Roy Thomas, pese a ser un autor reconocido, no lo es en cualquier caso tanto como debiera. No me refiero entre los estudiosos del género, claro, sino entre el aficionado corriente. Lo que el universo Marvel le debe a este hombre no es menor que la deuda con Lee o Kirby. Tal vez ahora que ya no está la sombra carismática del primero para eclipsarle, haya más atención y homenajes a su figura.
(lo de que haya estado escribiendo sin firmar las daily-strip de Spiderman hasta la primavera de este año, es de traca. Ya podía estar agradecido a su ‘boy Roy’ el bueno de Stan, porque no se ha visto una fidelidad igual; aunque las pullas de Kirby durante su etapa en DC me parecen injustas y crueles).