Cuando Batman era capaz de emocionarse
«Bruce Wayne es Batman, pero Batman no es Bruce Wayne»
“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos.” Era demasiado tentador comenzar con la famosa frase de Dickens, porque encaja de pleno con este tomo de Batman. Era el culmen de una manera de entender el personaje y era el comienzo de una arrolladoramente nueva. Era el mejor Batman de la Edad de Bronce y, sin embargo, quedaría enterrado por el realismo de Miller. Era el fin de un rico universo ficticio y su resurgimiento más fuerte que nunca.
El Batman que encontraremos en estas páginas no ha renunciado aún a su sabroso y extravagante pasado, pero es cierto que llevaba tiempo en un camino de actualización. Moench lo había estado haciendo desde 1983, cuando substituyó a Jerry Conway, el cual ya comenzó el proceso de humanización y continuidad del personaje, lo que se llamaba la marvelización de DC.

Doug Moench (Chicago, 1948), de hecho, era un magnífico y curtido guionista proveniente de Marvel. Allí había creado a un sosia del Hombre Murciélago con notable éxito, el Caballero Luna, y surfeó la moda de la ola oriental con Shang Chi Master of Kung Fu. Pero nuestro viejo y querido Jim Shooter se lo puso en bandeja a Dick Giordano, el cual lo atrajo con trabajos propios, autoeditados y hasta escoger algún personaje de la empresa “¿de qué quiere el bocata el tonto? Pues de Batman mismo.”
Moench, decíamos, aprovecha el elenco y el realismo (para un tebeo pijamero de la época) de Conway, pero si acaso va un paso más lejos trayendo referencias, trucos y motivos de otros medios culturales como la literatura y el cine. Cierto que la mayoría de las que veremos en este tomo son algo groseras, como esa “simbólica” escultura con forma de gato en la batcueva, pero otras, como la diatriba política entre Batman y Green Arrow, son bastante más sutiles.

El guionista, además, disfrutaba tanto de la cabecera de Detective Comics como la de Batman, pudiendo dedicarse tranquilamente al personaje. Joey Cavalieri con World’s Finest Comics y Mike W. Barr, el cual dirigía Batman and the Outsiders, tampoco le dedicaban mucho espacio a Gotham y sus secundarios, ni le forzaban a virguerías de continuidad (ni falta que hacía en aquella época en todo caso.)
Sin embargo, otro título protagonizado por el Murciélago sí que caería como una bomba en la visión del universo batmaníaco del autor. Por la misma época, se estrenaba El Regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller. Una versión oscura, brutal y deprimente que reflejaba los problemas sociales como ninguna obra se había atrevido antes en el género. Una obra que junto con Watchmen marcaría el final de la Edad de Bronce para dar comienzo a la Edad Oscura de los cómics.

Una obra que coincidía con la nueva idea de lo que debía ser Batman para Denny O’Neil. El verdadero culpable del cambio de tono de nuestro héroe, mucho antes del trabajo de estos artesanos, iba a substituir a Len Wein como editor de ambos títulos. El trabajo de Moench estaba por tanto condenado de antemano para dejar paso a proposiciones mucho más innovadoras y rompedoras.
El tomo abarca desde septiembre de 1985 a octubre de 1986, último año de las cabeceras del Caballero Oscuro antes del relanzamiento. En el fondo, la continuidad de Batman no cambió mucho comparada con la de Superman o Wonder Woman, salvo en algunos detalles del origen (curiosamente como pasó en los N52). Pero el cambio de rumbo editorial sí que fue evidente y decisivo.

Toda esta vorágine nos sitúa pero, dada su naturaleza contextual y externa, no nos da ninguna pista del espectacular y disfrutable trabajo que nos vamos a encontrar. No sólo por todo lo mencionado respecto a Moench, sino por el estilo tan propio de la pareja de artistas que le acompañan, nada menos que el clásico Gene Colan y la estrella emergente (por entonces, obviamente) Tom Mandrake.
Colan (Nueva York, 1926-2011) era ya un consagrado artista proveniente de la Edad de Oro que había trabajado para las grandes antes siquiera de que fueran conocidas como tales. Aunque desde luego es en Marvel donde se hizo más conocido por sus etapas en Daredevil, Capitán América o La Tumba de Drácula. El ponerlo a trabajar con uno de los personajes más importantes de la Distinguida Competencia, y tan apropiado para su estilo y sombreado, no era en absoluto una inocente casualidad.

Mandrake (Ashtabula, 1956), como decíamos, aún no había llegado a formar del todo su personal estilo de formas contundentes, composiciones arriesgadas y manchas negras, que tantas alegrías nos daría en compañía de Ostrander. Pero aún en desarrollo (cierto que sudaremos con algunas anatomías confusas), su trabajo en Batman, entintándose a sí mismo además, casa perfectamente con el del maestro en Detective Comics.
Moench por su parte mantendría la formula Conway y dedica uno, dos, o en ocasiones algunos más números a cada historia principal, mientras que todo el elenco y sus interacciones son los que verdaderamente mantienen la continuidad. Los personajes son la clave, tanto que relanza algunos de su predecesor como Robin (él no fue el creador de Jason, pero si fue quien lo vistió por primera vez de Chico Maravilla) o Julia Pennyworth (a la que da un tono mucho más creíble e independiente.)

El guionista tampoco se queda corto en crear propios. De hecho, encontraremos muchos personajes introducidos por Moench en números anteriores (algo que lastra un poco el tomo, aunque tampoco es un problema). Algunos muy nombrados, aunque no aparezcan, como Máscara Negra, otros indispensables para la historia, como Nocturna, y otros secundarios que ya permanecerían para siempre en la historia del murciélago, como Harvey Bullock.
Hablando de Harvey, hay detalles adorables de Moench que demuestran su cariño por los personajes. El detective, al que el guionista inventa como gran cinéfilo, menciona en uno de los números de este tomo que su cine preferido es el Regency. Pues fijaros que hasta una década después, el mismo Moench lo situaría en ese cine para quedar con un interés amoroso.

Con el orondo y patoso detective precisamente abre la primera historia del recopilatorio (aparte del magnífico prólogo de Santiago García), el Detective Comics #554 (fecha de portada de septiembre de 1985). En ella se inicia una de estas interesantes subtramas de secundarios que irá desarrollando el guionista, la curiosa relación “buddy film” entre el policía sabueso y el joven compañero de Batman. Referencias cinematográficas, aunque sean como ésta cogida por los pelos, habrá muchas más.
Por cierto, que la portada de Klaus Janson con Anthony Tollin que abre el tomo, cuya historia sin embargo no contiene, es un homenaje a la primera aparición de relato propio para Canario Negro en Flash Comics #92. Janson es también el excelente dibujante de los interiores, entintándose a sí mismo como debe ser, pero no lo volveremos a ver en el volumen. Dados los dibujantes principales, tampoco pasa nada.

Los siguientes Batman y Detective están dedicados a una historia en dos partes que a punto estuvo de sacarme del tomo. Moench también comparte con Conway la manía de revivir enemigos clásicos, ya no sólo del Murciélago, sino en este caso de Flash, trayendo con ellos ese sabor edaplatense del velocista que no casa tan bien con el Batman que estábamos describiendo. Por suerte, a partir de aquí todo es bocato di cardinale.
Los episodios que dan título al tomo (Batman 389-391 y Detective Comics 556-558), sí que los habíamos disfrutado en español gracias a la desapercibida pero jugosísima edición XP de las Crisis de ECC. Si no fuera por ella y algunos detalles de Zinco, la mayoría de este volumen seguiría inédito en nuestro país. Lástima que aún nos quede un gran hueco entre lo anterior a esta etapa publicado por ECC y lo que ya lleva Panini. Pero cada vez es menor y corren tiempos maravillosos para los clásicos DC, confiemos ¡y disfrutemos!

Desde luego son un auténtico disfrute estos cielos rojos, los cuales hacen referencia a las Crisis en Tierras Infinitas que remodelaban de cabo a rabo al Universo DC. Si bien el escritor cumple con el demandado crossover del evento en los mínimos detalles que le son exigidos (el color del cielo, catástrofes naturales, nombrar que el Joker anda suelto…), parece que comprende su destino y aprovecha para desatarse en su humanización del personaje, de todo el elenco.
Porque ese Batman que veremos desgarrarse de pasión es sólo uno de los protagonistas de esta historia coral, a la que hay que añadir Nocturna, Jason, Selina, Bullock, Gordon… La primera, Natalia Knight, es la que podríamos considerar el centro del meollo. Una excientífica, exvillana, exmadre adoptiva de Robin (¿? eso esperamos aclararlo en futuros tomos de anteriores entregas) y examante de Bruce (ídem) de piel blanquecina a la que pretende dar caza su hermanastro.

Este es Anton Knight, el knightslayer, un asesino formado en las mejores escuelas el cual ha perdido el juicio y mata exsecuaces de Máscara Negra creyendo que lo son de Nocturna. Crímenes por los cuales es acusada Selina Kyle, alias Catwoman. Para colmo Bruce, que dejó a Vicky Vale (sigue algo tóxica), se lio brevemente con la hija de su mayordomo (se lo toma más sanamente) y aún no ha aclarado sus sentimientos con Selina (ha pasado página), no sabe si apagó la llama de Nocturna (que se deja querer).
Tamaño constructo pasional se adereza con un Gordon entre la espada de la ley y la pared del justiciero, Bullock a la caza de las supuestas criminales y Jason haciéndose el duro con este último, pero en realidad deseando sentirse querido por Natalia, la cual no termina de aclararle al chiquillo si está por la labor.

Si todo este batiburrillo os asusta, no seáis melindrosos, porque Moench lo maneja a la perfección mientras nos regala frases tan demoledoras como la que encabeza esta reseña. O las que le espeta Catwoman a Batman sobre su incapacidad de amar a las mujeres que le atraen, porque son precisamente las peores para él. O con las conversaciones entre Gordon y Bullock sobre la renovación de Robin, obvia para ellos, y la necesidad del mismo para que el Caballero no sea tan Oscuro.
Y si eso fuera poco el dibujo es espectacular. Mandrake se deja llevar por la pasión del guion y refuerza los exagerados sentimientos de los protagonistas con posturas retorcidas y planos muy arriesgados. Pero lo de Colan es otro nivel, además de permitirse el besazo de la historia que da portada al tomo, supone un contrapunto al modernismo de Mandrake con la expresividad en la figura, con sus rostros garabateados, con su absoluto poderío de la escena.
En el camino perderíamos a Nocturna dejando cierta paz para Robin y Batman (muerto el perro…). Bruce reacciona a base de sustos, Catwoman está a punto de morir en sendas ocasiones, y se da cuenta de su amor por Selina (aunque es cierto que pasa del quiero y no puedo a perro faldero casi sin intermedio). Vicky y Julia terminan formando un excelente equipo periodístico y hasta Bullock se serena.

A la maravillosa saga le siguen un par de historias bastante substanciosas, que parecen pequeños divertimentos mientras el artista esperaba su sentencia. Ahora Batman es ya parte del nuevo Universo DC, pero no han llegado todavía los nuevos equipos (no quiero ni imaginar el trabajo de coordinación de la editorial en aquellos años). Los fanáticos de la continuidad dirán que este es el Batman de Tierra 1 aún pero en la Nueva Tierra, por misterios de Mecanique, Afodita o el Hombre Infinito, según preguntes a Thomas, Busiek o Levitz (para que luego nos quejemos de los puñetazos a la «realidad» de Superboy Prime…).
Movidas de entomólogo aparte (perdonen ustedes), como decíamos, ambas historias tienen chicha. La del Batman 392 es una delicia que rivaliza, salvando las distancias temporales, con algunas de las inspiradas historias que le dedicó King a la Gata y al Murciélago. Mientras que en Detective 559 disfrutamos de la diatriba entre Ollie y Bruce que mencionaba al principio, en la que Arrow le suelta a Batman algunas verdades como puños sobre sus licencias como vigilante.

A continuación, el tomo nos ofrece una pequeña saga de dos números correspondientes a Batman 393-394, que puedo decir sin reparos que andarán en mi top 3 del personaje. Moench se alía con su gran compañero Paul Gulacy para ofrecernos un thriller digno del mejor James Bond con la guerra fría del telón de fondo. Una obra redonda y magistral sin necesidad de salirse de los tropos del género. Un do de pecho de ambos artistas demostrando su forma en aquellos tiempos cambiantes.
Especialmente Gulacy está inalcanzable, compenetrándose con el guionista para dejarnos pegados al asiento de principio a fin a través de sus recursos cinematográficos bienvenidamente habituales. Y aprovechemos para destacar la labor de la colorista Adrienne Roy en todo el tomo, pero especialmente en estos dos números, donde sabe acoplarse al equipo con unos tonos oscuros pero no apagados que potencian aún más el estilo fílmico de todo el relato.

Pese a prácticamente matarlo, Moench no podría aguantar y usaría al Cosaco, el malo de la historia, casi diez años después en su segunda etapa con Batman. Mientras Katia, la espía rusa que acompaña a nuestro héroe, la cual intentaba librarse de todos los estereotipos habituales de ese tipo de personajes, la traería de vuelta poco después Kupperberg para Vigilante, pero rebajándola a simple villana de la KGB. Y como última curiosidad, sí, esta maravilla del suspense nos la trajo Zinco en el número 13 del segundo volumen de Batman.
Pero es que Moench está que se sale, y si en Batman nos dio ese regalo, en Detective sigue sentimental y disfrutamos de dos números más íntimos con Jason y Selina de protagonistas. Ora para enseñarnos como el bueno de Batman se las ingenia para acercarlos, ora para asomarnos a la vida privada del muchacho, tan olvidada habitualmente por entonces, donde sólo parecíamos verlo levantando la cabeza de un bocadillo de pepinillos para remarcar la batseñal en la ventana.

Parece confirmarse que le dejarán llegar al Batman 400 y el correspondiente Detective 566, con lo que Moench vuelve a sagas algo más largas y su pasatiempo favorito, crear nuevos villanos, Film Freak, o remodelar los clásicos, Dos Caras, e incluso ofrecernos una historia de suspense al uso. Pero por supuesto la clave estará en cerrar sus tramas río entre Bruce, Jason, Selina, Bullock y hasta los más secundarios como Julia o Vicky.
Para Film Freak usará 3 números en los que las referencias al cine irán de lo sutil a lo obvio, pero sin dejar de acompañarnos por giros de guion, cambios de escenario y escenas de máxima tensión. Es curioso el tira y afloja entre Batman y Catwoman por un lado y Robin y Bullock por el otro, teniendo Gordon que llamar al orden para que entre todos solucionen el caso.

La de Dos Caras sí que merece 4 números, aunque sin embargo muestra costuras típicas de una manera de entender el cómic más simple, con excusas algo burdas para situar a los personajes donde quiere el guionista. Ahora, la personalidad de la que dota a Harvey Dent es digna de mención, ya que su parte malvada no se esconde en un desdoble de personalidad, sino que parece ser una transformación clara de su antiguo yo. Es decir, Harvey es ahora Dos Caras, y usa la moneda para decidir qué hacer, no para ver qué personalidad domina.
La última historia en dos partes es interesante y muestra un Batman mucho más detective e incluso diríamos policiaco, cuyo trabajo no se limita a buscar pistas sino a vigilancia e interrogatorio. Pero lo mejor sin duda es el agridulce final de la historia de amor entre Batman y Catwoman (nunca fue entre Bruce y Selina) y la vuelta al redil de Jason, justo para el fin de fiesta.

Pero antes tenemos el último anual del Batman de Tierra 1, el 10 (aunque algunos discutimos si el 11 está ahí ahí), en el que Moench se acompaña de Denys Cowan, otro artista que no desentona en absoluto con el estilo de Mandrake y con la oscuridad de Colan. En este tenemos una historia redonda con el regreso de Hugo Strange, como siempre aprovechando su conocimiento de la doble vida de su enemigo para atacarlo desde todos los frentes.
Mucho mejor que el especial que también se nos cuela, el Secret Origins #6, sobre el Batman de la Edad de Oro (o Tierra 2). Un tributo a otra forma aún más antigua de entender al icono por, cómo no, Roy viejuno Thomas, aunque al menos se acompaña de un delicado Marshall Rogers.

Vamos ya por fin con la guinda del pastel, los últimos números de Moench en ambas series que son realmente especiales (pero aunque por fin se marcharían el guionista y Wein, O’Neil seguía sin substitutos, pero eso es otra historia). Primero el Detective #566, Conoce a tus enemigos, es una especie de Who’s Who de la galería de villanos del Murciélago, aunque muy sui generis debido al tamiz del escritor. Eso sí, el arte de Colan lo eleva por encima de la media.
Y finalmente el Batman 400, en el que la editorial tira la casa por la ventana. Además de contratar a Stephen King para una maravillosa introducción, cuenta con las mejores estrellas del momento (incluso traídas de Marvel) a los lápices… y algunos menos agraciados. Destaquemos nombrazos como Steve Lightle, George Pérez, Bill Sienkiewicz (que hace además la megaportadaca), Arthur Adams, Joe Kubert, Rick Leonardi, Brian Bolland o John Byrne.

La historia, que los que peinamos canas disfrutamos por primera vez gracias a Zinco en el primer especial de Batman, no es nada del otro mundo (aunque lo de liberar a todo Arkham lo ha vuelto a usar posteriormente más de uno, incluido el propio Moench). El mérito está en saber hilar una historia multiautoral, la cual de pie al protagonismo de todo el elenco, que resulte entretenida y encima sepa festejar tan mítica efeméride. Quitémonos el sombrero para despedir al gran autor.
Y como nota final del tomo, la del Detective #567 (que también nos coló Zinco), guionizada por otra estrella de la literatura, Harlan Ellison, y dibujada por Colan, magníficamente cómo no, que también se despide del Murciélago. El tono simpático de la inutilidad de un vigilante a la antigua usanza en el mundo de entonces sirve como perfecta y emotiva despedida a esta era de los cómics. Se acabó lo que se daba.

Quizá me he dejado llevar por la nostalgia de otros tiempos en la crítica. Hay opiniones para todos los gustos, incluso los que consideran la saga de cielos rojos demasiado naif o los últimos números de Moench igualmente simplistas y predecibles. No puedo negarlo tampoco, pero hay que entender la época y la situación que tratábamos de contextualizar al principio. Si nos situamos, es verdaderamente un broche de oro para una manera de entender Batman, el fin de una era, el comienzo apabullante de otra. Era el mejor de los tiempos…
Lo mejor
• El mejor Batman de la Edad de Bronce
• Gene Colan, siempre
• La saga del Cosaco
Lo peor
• Las costuras de la Edad de Bronce
• Queremos lo anterior!








Gracias por la reseña!
Aunque nones culpa de Panini porque le tomo viene así de USA, el mayor hándicap es no incluir el arco inmediatamente anterior de Máscara Negra, que se cita en casi todos los números del tomo.
En global, una lectura agradable (supongo que para nuestro rango de edad), con una mayor estabilidad pero con menos brillantez que el tomo del primer año plenamente post-COIE (más experimental).
Puntos fuertes: los números de Crisis (realmente la atmósfera de fin del mundo luce mucho mejor, aquí no había uno por semana) con buenas caracterizaciones y manejo de tramas secundarias.
Puntos muy fuertes: el annual de Strange, una historia cerrada que yo sitúo justo antes de conoce a tus enemigos, y el Batman 400 (qué gran traca final antes del after de Harlan Ellison). Por si te hace gracia el apunte en mi cronología cierro esta etapa (este mundo) con el Secreto Origins de Thomas, cerrando el circulo con el origen del primer Batman.
Gracias Drury! Hombre, es que el tomo del primer año post COIE incluye Año Uno, eso es incomparable con todo!
Sí, el especial de Strange no lo conocía y la trama es de las que te agarran y no te sueltan hasta el final.
Y ya sé que eres un entomólogo de la continuidad, si no habremos discutido veces… y las que vengan!
Y sí, yo soy uno de los malvados del annual 11. Mi postura sigue siendo la misma. La historia de Clayface III es pre-COIE, y explica cómo llega a Arkham con su maniquí tras el incendio de su primera aparición. Pero por cuando se publica se dibuja como si fuese post-COIE.
La del Pingüino es post-COIE y antes del Escuadrón. Me gusta pensar que Waller se cargó la redención de Oswald, pero eso ya es imaginación XD
Saludos!
Lo de Colan es de otro mundo. Dicho lo cua. El Finest muestra como desarrollar una relación BAT-CAT sin que de grima. Enorme Moench.
Totalmente de acuerdo.
Muy buena reseña, Enrique!
Mucha razón con lo de «el mejor Batman de la Edad de Bronce» en referencia, claro, a etapas largas: O’neil/Adams nunca fueron una etapa y Englehart/Rogers fue más una saga que una etapa.
Un Batman marvelizado, sí, superheroico, también, pero con su encanto: para muchos, el primero que conocimos. Luego llegó Miller y cambió el juego.
Y muy interesantes tambien los comentarios sobre el Annual 11! A mi la continuidad de los Clayfaces siempre me ha traído de cabeza.
Gracias Juan! Es verdad que el comentario era un poco provocativo, pero como indicas, ninguno de esos equipazos tuvo que enfrentarse a la prolongada continuidad.