Alex Paknadel nos regala en estos cinco números al mejor Scott de los últimos años
«You don’t want to be an X-Man, Mei. Go. Build. Dance.
Justo en el momento en que la factoría mutante atraviesa un momento delicado, nos encontramos con una serie, la de Cíclope, que sorprende gratamente por la escritura y por la evolución de la propia historia y personajes.
He de reconocer que cuando se anunció la serie escrita por Alex Paknadel, temí que Cíclope fuera escrito por sus poderes, o que incluso los aumentasen, en vez de que se le desarrollara. Y afortunadamente me equivoqué. El guionista ha demostrado entender al personaje y ha mostrado a lo largo de 5 números todas las aristas del mismo: desde sus miedos, su inteligencia, lo leal que es a los suyos, e incluso, para mí sorpresa, dotándole de una pizca de humor irónico, que sienta de maravilla al líder mutante. Scott ha sido capaz de bromear acerca del honor que rodea a Logan, e incluso con sus enemigos. El guion ha mostrado una faceta poco explorada de Scott, que deja atrás al soldado, y que muestra el lado más humano del mayor de los Summers.

Esa escritura jugó con paralelismos, en el primer número, de la propia historia de Scott. Empezó con un paralelo precioso entre el accidente que le costó al líder mutante el control de sus poderes, y el accidente actual, que le quitó el poder de sus poderes. Y aunque la historia se inició con referencias y homenajes a Scott Lobdell y Chris Bachalo, X-Men de Mackay, Uncanny de X-Men de Bendis y a Schism y Marvels Snapshots: X-Men, el viaje de Scott en estos números ha permitido a Scott evolucionar y crecer y distanciarse de esas referencias iniciales.
Ese Scott que en un principio piensa en reclutar a Mei como nueva incorporación en los X-Men, finalmente la deja elegir libremente su destino. Él ya es un X-Men, pero no pudo elegir si quería serlo, él le da a ella esa libertad de ser lo que ella quiera ser. Además, es capaz de reconocer que se equivocó. Cuando pensó que convertir a los X-Men en una especie de armada, tras el final de Krakoa, era la mejor opción. Una gran evolución, que permite al gran genio estratégico de Marvel, dejar atrás sus decisiones más controvertidas de la etapa de Schism, y que nos recuerda que sigue siendo el gran heredero del sueño de Xavier. Scott se ha convertido en la tercera vía mutante: un camino intermedio entre la idea idealista de Xavier, y la idea radical de Magneto, él sería la vía realista.

Además, de esa evolución de Scott, la evolución de la dinámica entre Scott y Mei es preciosa. La historia arrancó con Mei, que recordaba a los inicios de Hope, y la relación que ella tenía con Scott en Generation Hope, pero luego, de forma sabia, el autor establece un paralelismo bello entre Scott y Mei. Él no puede controlar sus poderes, debido al accidente, y ella también es incapaz de controlar sus poderes. Ese paralelismo permite, gracias a la relación de amistad que se establece entre ambos, crecer. Scott se deja influenciar en ciertos momentos por ese carácter impetuoso de Mei, y ella aprende a racionalizar la situación, a no ser tan impulsiva. Además, ambos se cogen cariño mutuo, Scott ve lo que Mei no ve en ella misma: su inteligencia, buen corazón y lealtad a sus amigos, y ella se percata de lo leal que es Scott. Él, como ha hecho muchas veces con su familia mutante, es capaz de sacrificarse por los demás, pero Mei no le deja que se sacrifique. El panel, de este último número, donde Mei le dice que, igual que él vino por ella y sus amigos, ellos no lo dejan solo a él. Sorprende, gratamente, como en pocos números, Alex Paknadel ha conseguido que se respire un aire de familia, algo que últimamente falla en el universo mutante.
Pero no sólo brilla Scott, también brillan Mei y sus compañeros, a los que Scott, el gran mentor de los mutantes, como se ha mostrado muchas veces en series como Second Genesis, o incluso en los X-Men de Mackay, les da instrucciones y les explica cómo pueden vencer a su gran enemigo. Es bello como ese empoderamiento de estos jóvenes mutantes recuerda en cierta forma a cómo Scott confió en Dani al elegirla para liderar los Nuevos Mutantes. Es emocionante como el autor ha investigado en la historia del mayor de los Summers, para mostrar todas las capas del personaje.
Otro aspecto precioso de esta mini serie es la evolución de Pierce y de los Reavers. Al principio, el guionista se inspiró en Siniestro para crear a Pierce, el gran antagonista de Scott y de Mei en esta historia. Pero, Pierce no es una réplica exacta de Siniestro. A pesar de que ambos se dedican a la ciencia y a los experimentos, Pierce no llega a creerse un dios, como si ocurre con Siniestro. Pierce muestra respeto hacia la figura de Scott, y trata de adelantarse a las decisiones de éste. El final que tiene es distinto al que ha tenido Siniestro.

En cuanto al arte de Rogê Antônio es notable, y apoya de forma sólida la escritura de Paknadel. Además, el color, que va evolucionando hacia tonalidades más cálidas para mostrar cómo las acciones de Pierce van encolerizando a Scott. El color, además es más oscuro y siniestro, cuando representa a Pierce, y las acciones cuestionables de éste. Cuando uno termina la lectura de esta serie, se percata de que Paknadel es un escritor a tener en cuenta en el universo de Marvel. Es uno de los autores que ha entendido que una buena historia y los vínculos entre los personajes es lo que verdaderamente hace a los lectores amar la historia.
Lo mejor
• La escritura sabia e inteligente de Alex Paknadel, que nos ha regalado al mejor Scott de los últimos años
• El juego con la propia historia del mayor de los Summers, recordando a los lectores quién es y mostrando cuánto ha evolucionado.
• La gama de colores de Fer Sifuentes-Sujo, para mostrar el estado de ánimo de Scott, y el dibujo de Fer Sifuentes-Sujo
Lo peor
• No tener nuevos números para leer.
• El color del panel, del primer número en la escena de los Reaver, que debería haber sido más oscuro.








