Viaje en hacia el abismo.
«Estás perdido. Buscas un modo de regresar a casa.»
Aunque los tres cómics que ha publicado Mondo Cane Books –Perros atados 1 y No te serviré de Irra y Hate. Crónicas del odio de Adrian Smith– son muy diferentes entre sí, lo cierto es que comparten una serie de características comunes entre las que cabría citar su marcada carga simbólica, una descarnada visceralidad que hace que puedan llegar a ser incomodas para el lector y un virtuosismo gráfico salido de las entrañas de sus autores que impacta profundamente a quien se acerca a ellas. Esas mismas cualidades que las convierten en lecturas exigentes con el lector también están presentes en su nuevo lanzamiento, Andrómeda o el largo camino a casa, un cómic del autor portugués Zé Burnay (Sintra, 1991) que está desde hace unos pocos días presente en las mejores librerías. Se trata de un volumen que el autor se autoedito a través del portal estadounidense INDIEGOGO en el que se recopilaban dos historias ya publicadas, Bugonia (2016) y Una casa en el horizonte (2017). El volumen español contiene esas dos junto con dos nuevas creadas con posterioridad, Nuestra Madre la Montaña y Dog Days, de forma que podemos leer todas las historias creadas de la serie hasta ahora. Todas ellas comparten el mismo protagonista, un extraño nómada perdido en un mundo desolado donde lo real se entremezcla con lo onírico y lo surrealista. En estas tierras vemos como emprende un viaje con un destino incierto que lo lleva a cruzarse con situaciones y personajes de los turbados mientras no tenemos claro si su viaje es el tradicional del héroe o un descenso al infierno de la locura.
La propuesta de Zé Burnay no es nada sencilla, ya que la enorme carga simbólica con la que nos encontramos en cada una de las historias provoca que cada lector pueda encontrar un mensaje diferente, porque en ningún momento cae en la tentación de explicarnos cada cosa que sucede. Una bendición en estos tiempos de obras simples y sobreexplicadas que no exigen nada a un lector que, sin embargo, en esta ocasión debe hacer un esfuerzo por entrar en una historia que tiene mucho de críptica y en la que no vamos a entender todo lo que sucede, pero que a larga resulta mucho más satisfactoria. Y es que el autor portugués no busca entretenernos con una historia estándar, lo que persigue es provocar que sintamos algunas emociones, que no tienen que resultarnos particularmente cómodas o gratas, puesto que la obra se cuestiona algunos de los comportamientos humanos que se producen en situaciones extremas. Unos relatos llenos de misterios que resultan tan perturbadores como hipnóticos que nos mantienen pegados a las páginas, de forma que la resolución de las muchas incógnitas que plantea la obra se vuelve algo secundario, ya que, como casi siempre, lo interesante es el viaje.
A lo largo de las páginas descubrimos junto al protagonista un mundo desolado donde la naturaleza más inhóspita y desértica está presente a cada momento perfectamente dibujado por un Zé Burnay que nos regala un dibujo extraordinariamente realista con un limpio trazo preciso y precioso que nos recuerda al que hemos podido ver en algunas de las mejores páginas de Moebius. Una comparación que no se sostiene únicamente en el dibujo sino también en los temas místicos que aborda el cómic y en el surrealismo que campa a sus anchas por cada secuencia que le permite crear una progresiva sensación de terror en la que la presencia de la muerte y el peligro se paladeen. Pero no es la única influencia que podemos ver en unas historias en las que se entremezclan infinidad de ellas que van desde el mitraísmo a las creencias judeocristianas pasando por los mitos griegos o las deidades babilónicas, pero siempre en un estado de inminente descomposición creando un fascinante imaginario personal propio.

Las historias en las que se mezcla la aventura con el terror son totalmente descarnadas y están contadas desde las tripas de un autor que sabe narrarlas dejando que sean las imágenes las que lleven todo el peso prescindiendo de textos y diálogos reiterativos, haciendo que sea casi mudo. De esta forma cada palabra que se pronuncia tiene un enorme peso lo mismo que sucede con un blanco y negro que la dota de una fuerza inusitada y una atmósfera desasosegante. Un despliegue narrativo y de diseño que hace que muchas veces tengamos que parar la lectura para deleitarnos con los detalles de cada viñeta, reencontrándonos con la cualidad más maravillosa de un medio en el que los lectores tenemos la ocasión de pararnos cuando queramos.
La edición de Mondo Cane Books es extraordinaria como ya viene siendo habitual, con gran diseño, reproducción y papel. Como extras nos encontramos con diferentes bocetos de Zé Burnay que nos permiten profundizar en la creación de la obra y una galería de ilustraciones de diferentes artistas. Además, contiene un enlace para escuchar el álbum Sounds of Andromeda compuesto por el autor portugués como complemento a las historias contenidas en el cómic.
Hay que agradecer profundamente que se haya publicado en nuestro país una obra tan enigmática, excitante y llena de capas como esta en nuestro país que nos ha permitido descubrir a un autor como Zé Burnay que era prácticamente un desconocido por estos lares y del que ahora seguiremos su pista muy atentos esperando encontrarnos joyas como esta Andrómeda o el largo camino a casa. Un cómic que nos recuerdan lo sorprendente que puede ser el medio cuando te encuentras con un autor que desborda personalidad, una rara avis en la mediocridad imperante. Ojalá, no tardemos en poder leer nuevas obras con su firma.
Lo mejor
• Lo arriesgado de una propuesta que se atreve a ser exigente con el lector.
• El brutal despliegue gráfico que no obstaculiza la lectura.
• Las diferentes lecturas de cada una de las historias.
Lo peor
• Si quieres una obra con todo mascado y prefabricada no es para ti.












