Transiciones
«Quiero que sepas que sigo siendo la misma persona»
Cuando uno ve que esto se anuncia como la primera serie protagonizada por una superheroína trans pues se alegra de que Alters exista, pero cuando uno ve que esto sucede en 2016… pues uno se cabrea. ¿En serio hemos tardado tanto? Pues parece ser que sí. Vale, habrá quien diga que hubo otras antes, sí, pero ninguna protagonizando una serie, así que, como poco, Alters ya pone una medalla más que merecida a Aftershock y que muchos otros se deberían avergonzar de no tener. Pero Alters no es una serie de una mujer trans ejerciendo de superheroína, como bien dice su creador Paul Jenkins, es una serie sobre personas tan diversas como es la realidad, por mucho que algunos lo intenten negar.
Una de las cosas que me gustan de las ediciones que Planeta Cómic trae de Aftershock es que vienen acompañados de un texto, generalmente como introducción, donde alguno de los autores o personal relacionado con la obra explica cómo esta se concibió. Aunque esté al principio, suelo leerlos después para sacar mis propias reflexiones y luego contaminarme con las de otros, pero en este caso todo viene al final, precisamente como forma de no decir a los demás qué pensar antes, sino de demostrarlo después.
Quien haya seguido la trayectoria de Paul Jenkins verá obras variadas, algunas pueden gustar más y otras menos pero creo que deja bastante claro ser una persona con dos dedos de frente y, en este sentido, las notas al final del tomo sobre cómo creó todo esto unidas a sus entrevistas a personas trans dan mucha más credibilidad a la serie, obviando que la propia colorista, Tamra Bonvillain, pertenece al colectivo y fue consultora. Como habla de la manera en que fue creando al personaje de Chalice, la protagonista, y cómo le surgían los cambios me quedaré con decir que recomiendo su lectura tanto como recomiendo este volumen. Eso sí, después.


Pero Alters no es solo una serie de Chalice, la intención original de Jenkins, guionista que estaba desarrollando varios trabajos para Aftershock desde los mismos inicios de la editorial, era hacer arcos argumentales basándose en diferentes personajes, que hicieran ver la variedad de nuestras sociedades, un poco también al estilo Patrulla-X pero con una modernización más que necesaria. Por desgracia solo llegaron a salir a la venta dos historias, por suerte ambas son autoconclusivas, aunque Chalice hace de hilo conductor. Así que quien quiera probar suerte que sepa que este primer tomo ofrece una historia completa. Una historia apegada al género superheroico en el sentido más clásico.
Los Alters son seres humanos corrientes que de repente despiertan un poder, alguno peligroso que necesita ser controlado, así que hay dos bandos, el Ejército de Enlace, como una especie de X-Men con lazos gubernamentales, y el villano Matter-Man, al que se puede definir como un Magneto muy poderoso que asesina a los Alters que no se ponen de su parte. El resumen es tan sencillo como parece, sin grandes vueltas, es un héroes contra villanos de manual que recuerda mucho al estilo de cómic que se hacía en los sesenta. Literalmente recuerda mucho a los X-Men de los sesenta en su forma más básica, incluso tiene un toque retro, inocente y naif que me recuerda al Madman de Mike Allred. Habrá quien piense “esto está muy visto” y tiene toda la razón, pero me atrevería a decir que la construcción de Jenkins es así para poder centrarse más en el desarrollo de los personajes y dejar de lado un poco la historia grandilocuente de lucha entre el bien y el mal. Muchas veces decimos “esto quiere ser el nuevo Watchmen”, bueno pues Alters es todo lo contrario, no hay una gran historia, hay una gran heroína.


Dentro de esa inocencia y esa sencillez que casi parece apelar a una vuelta a la niñez superheroica, Alters se alza como una obra muy natural. Las dudas y los problemas de Chalice se sienten muy reales, sin un gran drama detrás, con sus preocupaciones pero demostrando una gran fortaleza para superar las adversidades, vengan de su vida privada o de su lucha contra otros Alters. Ahí es donde Jenkins gana. Es un autor que conoce el medio, se documenta, se preocupa y todo eso se nota.
El apartado gráfico es bastante aceptable. A Leila Leiz se la ha visto evolucionar a trabajos muy interesantes en los últimos años, como Mother of Madness o It happened on Hyde Street: Devour, y aquí se ve un poco de ese inicio. Muy buenos diseños que equilibran lo clásico con lo moderno, reflejando claramente la intención del guion, y una buena narrativa, muy clásica que en ocasiones peca de poco innovadora pero tampoco es algo que pida el cómic. No destaca, pero cumple y el color de la antes mencionada Tamra Bonvillain es muy bueno, en su línea habitual.
La edición de Planeta, además de los textos de los que hablaba antes (y de una estupenda labor de traducción de Marina Borrás, en un cómic que no es precisamente fácil por la sensibilidad del lenguaje) tenemos otro pedazo de Alters, una historia corta que había aparecido en la antología Aftershock Génesis, sobre otro personaje que nada tiene que ver con este arco argumental pero que así nos da un completismo que siempre está bien, en especial cuando esas antologías de presentación no llegan aquí. Esa pequeña historia está realizada por Georges Jeanty, Dexter Vines y Rob Schwager, dibujo, tinta y color respectivamente, con un tono muy diferente a la historia de Chalice. Lo cual lleva a pensar lo grande que podía haber sido Alters. Aunque podamos disfrutar de otro volumen hubiera estado bien ver hasta dónde podría haber llegado Jenkins con esto.
Lo mejor
• Su mera existencia. Ya podían aprender otros.
• Es una historia de entretenimiento superheorico por encima de la media.
Lo peor
• La historia, en esencia, es muy sencilla. Digamos que no inventa la rueda… pero la moderniza al menos en ciertos conceptos.
Guión - 7.5
Dibujo - 7
Interés - 8
7.5
Nuestra nueva superheroína sale airosa y despierta un interés notable.









Paul Jenkins es un guionista muy cumplidor, me ha llamado la atención este cómic.