
La semilla del murcielago
«¿Que hago con mi vida?»
Antes de comenzar quiero recordar que esta cabecera no empieza in media res aunque no sea número 1 USA, sé que lo hemos repetido mucho pero, a raíz de la nueva licenciataria, se ha decidido empezar con el comienzo del nuevo equipo creativo y ya se irá recopilando la anterior etapa de Williamson y Di Meo -entre otres- en dos tomos en Premiere DC.
Una vez claro todo esto, vamos allá.
Damian Wayne, el hijo del murciélago y la hija del demonio, creado según gustos en la lejana obra El hijo del Demonio del mítico Mike W. Barr -si, el de los Outsiders y Camelot 3000- y dibujado de manera sublime por Jerry Bingham. O por Grant Morrison y Adam Kubert en el mítico Batman e Hijo. Lleva desde su «concepción» contemporánea siendo un pilar fundamental en las obras del murciélago.
Primero como revulsivo para Batman, ser padre de verdad con todas las obligaciones que eso conlleva, hijo compartido con una de sus más antiguas villanas y amor definitivo.
Segundo, un niño criado por asesinos (como Cassandra) siendo la «probeta» perfecta al tener tanto ADN del mejor detective del mundo y las habilidades mortales de los Al Ghul. Eso le crea a Damian un problema: siempre en constante examen para ser lo mejor de los dos mundos.
Jamás ser libre ni de la cruzada de su padre ni de lo que se espera como futuro señor demonio de la Tierra.
Esto crea un problema para Damian que se ha ido analizando por el propio Morrison en su etapa como Robin, con Dick Grayson como Batman, donde el actual Nightwing y Alfred eran los papeles de hermanos y progenitor enseñando el mundo a un niño condicionado por sus aspiraciones y por sus padres.
Cierto es que después tuvo una etapa maravillosa en Batman y Robin de Patrick Gleason y Peter Tomasi donde conectó con su padre, al morir y renacer Batman se dio cuenta en parte de los problemas que siempre da a sus otros hijos, pero al ser en ese caso biológico es más acusado para él.
Más tarde tuvo su independencia superheroica y pudo crecer como héroe —atención a ese matiz— con Jon Kent en Los Superhijos y en su serie en solitario de Williamson.
Y hasta aquí.
Hemos visto a Damian crecer como héroe, comprender en parte el mundo y su lugar en las relaciones afectivas con sus familiares y amigos, pero no le hemos visto crecer como tal como persona… hasta ahora.
Sencillo: cada Robin y Batgirl que ha estado con Batman a día de hoy tiene sus vidas y su crecimiento personal.
Los dos hijos adoptados de Bruce —Tim y Cass— tienen su vida propia: uno en el puerto viviendo con su novio Bernard teniendo su ciclo vital personal, y la otra ayudando a su madre y descubriendo por fin cómo llevar todo el caos que es su vida.
Damian no ha tenido ese paso como tal y, cuando parecía que lo tenía, se cortaba de raíz y se quedaba en la superficie. Ahora, en la serie de Batman y Robin con el nuevo equipo creativo de Phillip Kennedy Johnson -después de su genial saga de Mundo Guerra- (PKJ), Javi Fernández, Carmine Di Giandomenico y Miguel Mendonca tenemos la oportunidad de ver todo eso.
Mientras vemos las dudas del joven en todo el cómic, un villano de la juventud de Bruce, cuando estaba aprendiendo en Europa a ser detective, aparece en Gotham. Es imposible ya que está muerto. Memento, el ser que hace recordar las muertes que han acaecido en los lugares que visita, lleva a la ciudad a un estado de locura y guerra creando una disputa entre el Pingüino y el Tiburón Tigre, mientras a Batman lo va sumiendo en una espiral que lo pone desde el primer momento dudando de todo, aun sabiendo lo que ha vivido.
Cabe destacar que en el apartado gráfico de la etapa hay un propósito de unificar todo lo contado hasta ahora, ya que el encargado de dibujar los flashbacks de la historia es Giandomenico, quien hizo la miniserie de El caballero de Zdarsky, una interesante miniserie donde veíamos el viaje de Bruce por todo el país entrenando.
Un buen detalle que refuerza el cómic y la importancia de sus autores en el tiempo. Igual que PKJ nos diga que Batman y Ra’s al Ghul siempre estaban en un diálogo continuo a través de una partida de ajedrez, un detalle que perfectamente podría haber salido de las mentes de O’Neil y Adams. O nos enteremos por Capucha Roja que los Robins y Batgirls tiene sus relaciones y se cuidan entre ellos fuera de la mirada de Batman. Detalles que el lector agradece y son además importantes en este caso, para lo spersonajes al mirar al pasado y saber comprenderlo.
PKJ coge a los personajes al momento, los reconoces y les da unas capas a las relaciones entre ellos que no dejan de crecer y ser interesantes por los dilemas y el futuro crecimiento de ellos que se atisba en el horizonte en futuros arcos argumentales. Batman/Bruce como ente autoritario y a la vez padre torpe que intenta mostrar su lado humano para con su hijo, pero sus raíces un poco clasistas por su nacimiento y la constante lucha consigo mismo hacen que veamos un Batman sobrepasado en muchos aspectos, no solo el físico. Igual que ese Damian que requiere crecer y descubrirse a sí mismo es de lo mejor de todo el cómic.
PKJ lo aborda desde el principio y, claro, en el apartado gráfico con Javi Fernández vemos esos guiones mucho más perfilados, con un Damian que es todo corazón, pena, nerviosismo o, en ocasiones, sentirse derrotado porque hacer lo que hace es lo que toca. Una narrativa fluida, nada recargada, ágil, que en muchas páginas de tensión no pierde el foco ni la importancia del momento sin que el ruido del dibujo nos despiste de lo importante. Junto a Miguel Mendonca para ayudar en algunas páginas, siendo solvente aun con sus diferencias artísticas, y a Carmine Di Giandomenico, como hemos comentado, crean una continuidad parcialmente homogénea como antaño.
En definitiva, este inicio de arco ofrece todo desde elcomienzo: personajes reconocibles que evolucionan más allá de lo esperado y semillas narrativas que prometen desarrollarse con fuerza en futuros capítulos. PKJ confirma, una vez más, por qué es uno de los autores más sólidos de la editorial; Un artesano que construye historias clásicas pero con la frescura y las inquietudes del cómic contemporáneo, logrando así relatos accesibles y, al mismo tiempo, profundamente significativos para el lector.
Lo mejor
• PKJ se hace con lo personajes desde el comienzo.
• El detalle de las relaciones entre los Robins/Batgirls fuera del ojo de Batman
• Damian.
Lo peor
• La espera al siguiente tomo.















La mejor serie de las tres regulares del Murciélago hoy por hoy, esperando el segundo!
Un cómic genial
Entre Antonio y vosotros dos me habéis convencido para comprarla.
La DC actual no da tregua a ninguna cartera. Esto es un no parar.
Hazte con él, además mira qué precio por 6 tebeos. Merece la pena
Esta serie me ha encantado. Junto con Dark Patterns, me parece de lo mejor que se está haciendo. El villano que aparece está muy bien construido y la mezcla entre el tono oscuro y detectivesco consiguen mantener la intriga abierta y con interés por saber qué va a pasar. El dibujo y los colores te meten del todo en la atmósfera.