La biografía de un psiquiátrico
«Un recuerdo de mi propia vergüenza»
Si nos ponemos freudianos, y algo pedantes, y vemos a Gotham como un personaje más del mundo-batman, Arkham Asylum sería su subconsciente… la parte más oscura y peligrosa de su subconsciente.
El manicomio criminal es el lugar donde se reprimen y ocultan los más oscuros instintos asesinos y demenciales de Gotham. Un espacio cercado, tenebroso, apartado, rebosante de pulsiones homicidas, de tendencias criminales, de perversiones, de obsesiones y locuras.
Gotham se ha creado a trompicones editoriales, a golpes de impulso, a partir de las ideas de autores y editores para ampliar la leyenda de Batman y las ventas del personaje.

Cada reinicio. más o menos oficial, ha procurado dar a la ciudad una coherencia y una lógica más o menos ordenada, como si los responsables editoriales fueran los urbanistas de Gotham. Con los años se han construido los referentes de la urbe, la comisaria, la cárcel, la alcaldía, la prensa, los clubs deportivos, las calles e incluso la fábrica de cerveza local.
Emerge como un ente psicofónico propio el psiquiátrico de Gotham.
Arkham Asylum recibe el nombre como homenaje al influyente escritor de terror H.P. Lovecraft. Arkham era una ciudad ficticia del estado de Massachusets, apareció por primera vez en el relato El Cuadro en la Casa de 1920.
Fue creado para el universo DC por Irv Novick y Dennis O’Neill en Batman #258 (1974). Julius Schwartz era el editor de esta serie, curiosamente fue también agente literario del propio Lovecraft (uno de los pocos, si no el único, que consiguió vender algún relato suyo en vida).
Des de entonces pasó a ser un fondo más o menos recurrente de Gotham (principalmente por parte de Len Wein), hasta 1988 en los que Grant Morrison se abrazó al psiquiátrico de ficción para lanzarlo y lanzarse al estrellato del comic con Arkham Asylum.
A partir de allí, Arkham asumió un mayor protagonismo y su vinculo con el universo DC se potenció siendo una parada obligatoria, origen y final de cientos de arcos argumentales.

Se empezó a construir su biografía vinculada a una Gotham decimonónica y emparentando a Batman con tramas de terror psicológico.
No ha habido saga o serie que no haya visitado sus negros muros, llegando a formar parte del título de especiales y miniseries, e incluso videojuegos. Recordemos sus asiduos como el Espantapajaros, el Joker o Harley Quinn, que llegó allí como joven psiquiatra con ganas de fama.
Llegados a este punto, Scott Snyder no podía dejar pasar dar su propia versión del psiquiátrico. Absolute Batman tiene una fuerte tendencia a tramas y tópicos del género de terror, y Arkham funcionaba como un gran imán para usarlo como caja de resonancia, no en vano es el repositorio de los más terroríficos personajes de Batman.
Snyder (ayudado en los guiones por Frank Tieri) construye una biografía detallada del psiquiátrico como metáfora de la psique enferma de la familia Arkham. En esta saga familiar-psicótica el guionista despliega toda su capacidad para el terror.

La historia de la institución gothamita va ligada a la mítica figura de Amadeus Arkham. Snyder y Tieri construyen una trayectoria entrelazada, una adicción entre el patriarca de los Arkham y el edificio. Asistimos a pinceladas del horror que se ha producido entre esas paredes y al impacto de un paciente llamado Jack Doe que cambiará el rumbo del psiquiátrico y el de la familia.
Gotham y sus familias.
Las virutas de la tradición de Gotham y de DC van aderezando este relato de terror y leyenda, de connotaciones decimonónicas y muchísimas referencias a la cultura popular. Tenemos guiños a Jack el Destripador, al hombre que ríe, a la galería de dementes asesinos de Gotham que aquí se presentan en su forma más amenazadora.
Snyder y Tieri construyen un relato mezcla de dietario y cuento de terror, homenajeando a las obras que (en parte) se basaron para construir los mitos y leyendas vinculadas a Batman.
El apartado gráfico corre a cargo de Joshua Hixson, se muestra con la mezcla ideal de oscuridad, contención, efectividad y violencia para ponernos los pelos de punta. Su estilo casi documental, aséptico y objetivo, multiplica las posibilidades del relato, consiguiendo un impacto poderoso cuando debe mostrar violencia o sangre.

El trazo oscuro del dibujante de El Depravado, se mezcla con el “estilo Dragotta” en las escenas de acción (principalmente), lo que permite mantener una coherencia entre los spin-offs de la serie principal. Se agradece, aunque preferimos los colaboradores puntuales (Martin, Hixson, DWJ, Harren) al voluntarioso Dragotta, sin quitarle el enorme mérito que tiene ser el mascarón de proa de esta serie.
En conclusión, de trata de un primer número muy estimulante para lectores de Batman, de las partes más oscuras de los callejones de Gotham y del terror.
La línea Absolute progresa muy adecuadamente desplegando sus alas (de murciélago) en unas muy atractivas series llenas de posibilidades con el respaldo de crítica y público que tan necesario es para augurar una vida exitosa a este sello.
Lo mejor
• El relato de terror decimonónico.
• El apartado gráfico.
• La buena mezcla de Gotham con el terror.
Lo peor
• Que no se prodiguen estos experimentos.








