Edición original: Teen Titans/Outsiders Secret Files 2003 1, Legends of the DC Universe 2, Teen Titans 1-15, Teen Titans 1/2 y Beast Boy 1-4. USA (DC Comics, 2004)

Edición España: Los Jóvenes Titanes de Geoff Johns vol. 1 (Panini Comics, 2026)

Guion: Geoff Johns, Ben Raab, Judd Winick

Dibujo: Mike McKone, Tom Grummett, Ivan Reis, Justiniano, Carlo Barbieri

Entintado: Marco Alquiza, Kevin Konrad, Nelson, Marc Campos, Chris Ivy, Norm Rapmund, Lary Stucker

Color: Jeremy Cox, Sno Cone, Jason Wright

Traducción: Santiago García

Corrección: Francisco Calderón, Enrique Acebes

Realización: Studio Fenix

Formato: Rústica · 62 páginas · 552 €

Puro titanismo

«No debiste haber mentido»

Creados por Bob Haney y Bruno Premiani en The Brave and the Bold Vol. 1 #54 (julio de 1964), los Titanes fueron concebidos como una Liga de la Justicia Junior, ya que la conformaban los compañeros juveniles de los superhéroes principales de DC.

No es hasta la llegada de Marv Wolfman y George Perez en los 80 que el grupo no se despegó de su orientación infantil, con la subtrama incansable de la emancipación de los personajes.

El comic fue un superventas, buque insignia de la DC de los 80 previa a la crisis. Wolfman y Perez aprovecharon personajes añejos, pero algo desaprovechados como Robin, Kid Flash (Wally) o Beast Boy para darles entidad propia, profundidad y resortes motivacionales.

Además, crearon nuevos personajes que supusieron un complemento perfecto, como Starfire, Raven y Ciborg dando una entidad más diversa al grupo. Añadieron a Donna Troy y pulularon una gran cantidad de personajes representativos de DC.

La colección fue un espacio perfecto que los autores se hicieron suyo, donde dieron pie a la creación de más personajes como Hermano Sangre, Vigilante, Jericho, Terra o Deathstroke, entre otros.

La serie fue un éxito. Perez la dejó, pero Wolfman continuó hasta 1996. La serie fue cancelada y reapareció bajo el guion de Jurgens para volver a diluirse y reaparecer como Young Justice con guion de Todd DeZago, que culminó con Graduation Day y la muerte de Donna Troy.

Con estos mimbres, Dan Didio ofreció a Geoff Johns ser el nuevo guionista de la colección. Éste fuertemente influenciado por la obra referencial de Wolfman y Perez, no dudó en aceptar.

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Déjale volar, Clark

El grupo que hereda Johnns sufre la reseca de la muerte de Donna, pero usa de base la idea original de Wolfman y Perez, con algunas variaciones:

Ciborg y Starfire como mentores, Beast Boy, un Robin (Tim Drake), un Flash (Impulso), una Wonder Girl (Cassie) y un Superboy (Conner).

El tono es amargo y aciago, con el eterno subtexto del legado, de quien son, de la madurez y la emancipación de los personajes. Johnns no inventa, no es rompedor, ni vanguardista. Aplica su estilo descomprimido, deconstruye a los personajes, valora su esencia y moderniza sus motivaciones.

Los veteranos con mas duros, tienen cicatrices, los jóvenes reivindican su derecho a ser. La serie se va situando entre un proceso de duelo y la aparición de viejos conocidos como Deathstroke (poseído por Jericho) o la Liga de la Justicia.

En el duelo con los “adultos” resuena el dolor por la muerte de Donna Troy y el proteccionismo impositivo de WW con Cassie.

También tenemos la presencia reincidente de Superman y los Kent para intentar tutorizar un Conner que no tiene nada que ver con Clark y su juventud en Kansas, rebelándose siempre contra el disfraz humano. Johns muestra aquí una de sus maestrías, y una idea recurrente en él, diferenciar a héroes aparentemente iguales, pero que acaban siendo muy diferentes a causa de su educación y entorno.

Los primeros siete números los dibuja Mike McKone de forma eficaz y diáfana, que encaja perfectamente con el estilo sencillo y descomprimido de Johns. Muy de su época, en el buen sentido. Amplias y pocas viñetas para explicar mucho, que quepan muchos personajes en cada página de forma poco cargante. Muy al contrario que el estilo detallado, minucioso y apretujado del gran referente: George Perez.

Johns va a lo seguro y se empapa de la etapa de los ochenta, casi como si fuera un remake. En los primeros arcos, casi por orden, pero solapando, tenemos a Deathstroke, a Rose como Destructura (primera saga de Wolfman), al Hermano Sangre, a Raven avisando de un terrible peligro vinculado con Trigon… parece que quiera reseguir lo que ya funcionó, para asegurar el tiro, y lo consigue.

El guionista nos presenta a los Titanes como jóvenes desheredados, huérfanos. Su primer gran y eterno antagonista es un padre que manipula y usa a sus hijos como armas, Deathstroke. Parece que Johns nos quiera advertir sobre la mala influencia de la autoridad y el poder, y que tengamos que ser nosotros mismos quien encontremos el camino del bien, como algo intrínseco a descubrir.

Claramente subyace la trama freudiana de matar al padre.

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Otro tema recurrente es la mentira, la verdad y el posicionamiento moral que supone la reacción ante el engaño incluso si este está supeditado a un bien mayor. Johns adopta un punto de vista muy puro, muy yanki, si queréis, en el que la verdad debe prevalecer ya que es por si misma un bien superior.

La estructura de los guiones de Johns es académica, amplia, permite integrar a todos los personajes y sus subtramas, se ayuda de diálogos muy sintetizados y sencillos. Parece una tarea fácil pero no lo es, se trata de una gran virtud del autor.

La segunda parte del tomo se centra en la Hermandad de la Sangre y en Jericho. Al igual que Raven (más joven y frágil), Johns nos trae una revisión del Hermano Sangre como un vampiro adolescente, inmaduro y muy peligroso. El personaje es irresponsable y violento, un poco en la línea de los chavales del instituto Columbine. Temas de la época.

Continua el tomo centrado en un Jericho que ha estado pululando de cuerpo en cuerpo, merodeando la subtrama de Deathstroke, otro personaje redefinido por Johns después de que vuelva de la muerte a manos de su padre.

Jericho es otro de los hallazgos de los Titanes de Wolfman con una oscura historia que mezcla violencia, traición y unos turbios lazos de sangre. Johns, será por el dibujo o el tono, le quita parte de esa incomodidad.

Los últimos números se centran en Chico Bestia con la previa de cuatro números de una miniserie que Johns escribió sobre el personaje, ayudado por Ben Raab. Bastante sencillo, de relleno. Penoso es el dibujo de Justiano, deudor de lo peor de los noventa. No en vano, ojalá que lo peor fuera su desempeño artístico. El dibujante fue condenado por poseer pornografía infantil. Y DC lo tenía dibujando los Titanes, tócate las narices.

Se cierra así un primer tomo muy apetitoso (a pesar de la olvidable miniserie de Beast Boy) de la segunda mejor etapa del grupo (la primera es obvia y canónica). Nos sitúa, nos mete en harina, obvia la parte de Jurgens como referencia y se agradece, moderniza un aspecto del universo de DC que cuenta con una legión de seguidores.

Como hemos dicho, Johns sintetiza a los personajes en elementos clave, aunque los simplifica un poco. El estilo descomprimido da mucho menos margen que la prosa detallada y matizada de Wolfman. Se echa de menos el Flash realmente impulsivo y cargante, la aspereza antipática de Ciborg, la sensualidad de Starfire… a cambio tenemos un Conner realmente imbécil o un Robin mucho menos mandón.

Johns hace un comic de superhéroes más convencional, procedimental, normativo, de corte clásico, no entrando (por ahora) en los juegos de género de Wolfman y Perez con sus coqueteos con las tramas de espionaje, policías, terror o space opera.

Nos da una etapa limpia, pura, legible, coherente con los personajes, la editorial y la época.

En el apartado gráfico, destacan los números de McKone, muy de su época. Claros, diáfanos, atractivos… un poco planos también pero que contribuyen a una lectura agradable, rápida y ágil.

Colaboran en el tomo Tom Grummet, que parece a ratos Mark Bagley o un John Byrne moderno (no es un elogio) pero algo más consistente (muy de su época, esto sí, lo dicho). También un Ivan Reis muy primerizo que llega a coquetear con un toque Rob del que luego, thanks god, se alejó como de la peste.

La edición de Panini se concreta en un tomo cómodo, no demasiado cargado. Se agradece la inclusión de extras como la intro de Johns, los bocetos de los dibujantes y las fichas de los personajes del propio guionista con ilustraciones asimétricas. Son una buena manera de ponerse al día con las referencias.

↑

Lo mejor

  • La segunda mejor etapa del grupo.
↓

Lo peor

  • La miniserie de Beast Boy.

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