«¡Qué rápido se olvida uno de las desgracias ajenas!»
El llamado Cinturón de Fuego del Pacífico es una zona de intensa actividad sísmica y volcánica que abraza las costas del océano Pacífico. La tectónica de placas hace que el 90 % de los terremotos del mundo tengan lugar en los territorios y países que se encuentran a lo largo de esta zona. Este es el caso de Japón que en 2011 padeció un brutal seismo de magnitud 9,0 MW, el cuarto más potente de todos los medidos hasta la fecha, y un posterior tsunami que generó olas de más de 40 metros. El suceso acabó con la vida de numerosas personas y con la destrucción de ciudades enteras. También provocó un daño significativo en la central nuclear de Fukushima que tuvo que declarar el estado de emergencia en sus instalaciones. El desastre medioambiental, solo comparable al de Chernóbil en 1986, fue uno de los mayores de nuestra historia reciente. Una experiencia traumática que hizo todavía más conscientes a los japoneses de una realidad a la que llevan décadas adaptados.
Es normal que este acontecimiento haya marcado al país en los últimos años. Lo podemos apreciar incluso en el manga, un medio que siempre ha estado abierto a todo tipo de propuestas. Ahí tenemos una obra reciente como Ichi Efu de
En tiempos más cercanos, en el año 2006, y en una propuesta muy diferente, el siempre inclasificable

Pero ajeno a esto último,
En esta obra Furuya vuelve a demostrar su capacidad para sobrevivir a casi cualquier imprevisto. Esto pese a que identifiquemos 51 maneras de proteger a tu novia como uno de sus trabajos más lineales y previsibles. Lo interesante de él no es tanto lo que narra, sino la deconstrucción que la historia hace de las personalidades de sus principales protagonistas y las miserias y conflictos en los que se ven envueltos. Es este el aspecto en el que se centra Furuya que no entra a analizar cuestiones políticas, sociales y/o medioambientales. La historia aporta verosimilitud y un realismo para abordar la catástrofe de la que parte su premisa; una excusa para jugar a retratar las reacciones y sentimientos de un grupo de supervivientes.

No hemos de perder nunca la perspectiva ni el contexto en esta obra. La manera en la que se comportan sus personajes puede sorprendernos en algún caso, más allá de las licencias propias de una obra de ficción. Pero estas son fieles a la mentalidad y forma de entender el mundo de los japoneses, no necesariamente tan opuestas a la nuestra. El argumento de la obra se mueve entre la evolución y contraste de las personalidades esbozadas en Jin y Nanako; él es un joven comprometido y responsable, excesivamente recto y consciente de las reglas de la comunidad; ella una outsider, una marginada con escasas dotes sociales que se repliega sobre sí misma para evitar la dura realidad. La circunstancias les hará cambiar su forma de pensar y la prioridad que otorgan a ciertos temas.
En el apartado gráfico encontramos a Furuya haciendo lo posible con su errático trazo. La genialidad de este autor ha sido siempre el adaptar su arte a la historia a narrar. El responsable de Hikari Club, Autasasinofilia o La música de Marie, ha jugado habitualmente con trabajos en los que primaba lo cotidiano y el factor humano por encima de otros criterios. Pero a la hora de adentrarnos en la catástrofe natural que da pie a la historia de este manga Furuya da la sensación de no acabar de situarse. La premisa plantea una espectacularidad de la que su creador no puede o quiere hacerse cargo. En otras manos el entorno se podría haber convertido en un personaje más de la historia, uno que aportase mayores matices y/o lecturas.
No obstante, una obra de








