20th Century Boys 1 (Kanzenban)

Una serie de misteriosos crímenes, una extraña secta con un impactante símbolo, un grupo de amigos que tiene que retrotraerse a su infancia para intentar resolver todo... Bienvenidos a 20th Century Boys, el magnífico seinen de Naoki Urasawa que nos invita a un viaje cultural por el último medio siglo nipón con una historia de villanos que quieren destruir el mundo y héroes que buscan su salvación.

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Edición original: 20 Seiki Shounen, Shogakukan 1999.
Edición nacional/ España: Planeta Cómic 2017.
Guión: Naoki Urasawa.
Dibujo: Naoki Urasawa.
Traducción: Marc Bernabé, Verònica Calafell.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta, A5 (148×210), 416 páginas.
Precio: 15,95€.

 

Entre los aficionados al manga se tiene la “teoría” de que la primera obra que lees de Naoki Urasawa se convierte en tu obra favorita del autor. En mi caso, sin ningún tipo de premeditación para romper la estadística, esto no fue así por culpa de 20th Century Boys. Mi puerta de entrada a los mundos de Urasawa fue la mítica Monster, una obra que me cautivó de principio a fin al ser uno de los primeros seinen que leía, con esa mezcla de misterio, suspense y un toque de terror ambientado en un escenario tan exótico en un cómic japonés como la Europa del Este de la Guerra Fría, con gran protagonismo de las dos Alemanias. Ni que decir tiene que me enganché como nunca a la historia de Tenma y compañía y en ese momento estaba muy arriba en mi top de obras que me han marcado. Sin embargo, unos años más tarde, después de haber leído mucho más, decidí acercarme por fin a otra obra de Urasawa, 20th Century Boys, empezando por los capítulos que hoy conforman este primer tomo de la kanzenban de Planeta. Y desde ese momento supe que esa historia iba a ser mi favorita.

20th Century Boys nos cuenta la historia de Kenji Endo, un japonés que regenta una pequeña sucursal de una franquicia de supermercados junto a su madre, a la vez que cuida de Kanna, su sobrina, debido a la repentina desaparición de su hermana. Luchando contra los típicos obstáculos que le pone la vida, Kenji ha madurado desde su época de juventud y está enfocado en sacar adelante a su familia. Sin embargo, su anodina vida comienza a torcerse cuando una oleada de asesinatos azota a la sociedad mundial, aparentemente relacionados con un extraño símbolo que Kenji recuerda sin saber bien porqué. Tras asistir al funeral de su amigo de la infancia Donkey, Kenji se reúne con su antigua pandilla para hablar acerca del símbolo, descubriendo que fue una creación de ellos mismos durante sus juegos infantiles y que ahora parece haberse apropiado una secta liderada por Amigo para firmar sus crímenes. Ante la extraña y estrecha relación que hay entre los asesinatos y los juegos de Kenji y los suyos cuando eran pequeños, el grupo se pone manos a la obra para cumplir su promesa de defender la paz y la justicia en el mundo.

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A grandes rasgos esos son los pilares sobre los que se asienta el argumento de esta enorme obra que luego se ramifica una y mil veces más. 20th Century Boys arranca bebiendo mucho del planteamiento general del Monster, donde encontramos a nuestro protagonista principal relacionado de alguna manera con una extraña sucesión de crímenes que traen de cabeza a las autoridades. Sin embargo mientras que Tenma tenía un aura más especial, más del típico protagonista de una historia de suspense, aquí desde un primer momento nos encontramos con Kenji, un tipo con el que se puede empatizar mucho más desde el principio porque representa todo lo que podemos esperar de un hombre promedio. Te encuentras a un personaje que regenta una tienda y cuida de su sobrina pequeña, que poco a poco te va mostrando toda su humanidad, sus fracasos y sus miserias, todo lo que ha dejado por hacer y las malas decisiones que ha tomado. Alguien muy alejado de lo que esperas de un protagonista en contraste con Tenma que era un reputado cirujano que salvaba vidas, valiente y con éxito. Y sin embargo, Kenji tiene algo, tiene esa perseverancia y esos valores que hacen que a la vez te identifiques con él y le admires como el héroe que de pequeño quería llegar a ser.

Sin embargo, por mucho que en un primer momento Kenji destaque sobre el resto, 20th Century Boys es una obra coral, posiblemente una de las mejores en cuando a creación, originalidad y desarrollo de sus personajes. Cada aparición, por pequeña que sea, de alguien en este manga tiene una razón de ser, es una pieza más del enorme e intrincado puzzle que Urasawa monta para sus lectores. Una telaraña argumental que, además, provoca que el ritmo no decaiga en ningún momento una vez el lector interioriza que cada cosa que lea puede ser vital en el futuro y que reposa su peso sobre Kenji y su grupo de amigos, con una concepción, tanto a nivel personajes como argumental, que recuerda a cierto tipo de literatura o cine, del que It puede ser su mayor exponente, también presentando un grupo de niños y su lucha por librarse de un mal que les acosa aun en su etapa adulta. No solo el desarrollo de los personajes es exquisito, sino también el de la trama, con la complejidad añadida de que a lo largo de los 22 tomos que conforman la misma Urasawa es capaz de hilar hasta cuatro líneas temporales diferentes, que irán desde finales de los años 60/inicios de los 70, hasta bien entrados los 2000. Cuatro líneas temporales en las que todo tiene cabida para exponer, desarrollar y solventar uno de los mayores, originales y geniales misterios que se pueden leer en la historia del cómic japonés, un intrincado aparato de pistas, giros de guión, escenas memorables y genuina tensión que a día de hoy parece difícil de superar. Todo ello, personajes inolvidables y carismáticos, desarrollo narrativo impecable y una trama a prueba de bombas que admite relecturas, hacen de esta una obra maestra sin peros.

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Precisamente esa concepción temporal de la historia da la posibilidad a Urasawa de plasmar uno de los elementos que más atrae de esta obra a muchos, y que hizo que fuese mi favorita sin haber sido la primera de él que leía, y es el amplísimo recorrido cultural japonófilo que nos hace a través de los ojos de los personajes y sus actuaciones. De este modo encontramos detalles y menciones a la música de diferentes épocas (especialmente rock), la apertura de Japón al mundo y la importancia de la expo de Osaka de los 70, la fiebre por la carrera espacial y la llegada a la Luna, la carrera tecnológica nipona, el auge de la robótica y su plasmación en multitud de mangas de la época (Tetsujin Nº28, Astroboy, Mazinger Z), la aparición de un montón de esas obras de cómic nipón que encandilaron a los niños de la época, el clima de la Guerra Fría y como se vivía en Japón, la aversión nuclear nipona y su protección del ecologismo, el terror a un ataque biológico y la relación de ello y la secta de Amigo con los atentados con gas sarín en el metro de Tokyo perpetrado por el grupo Aum Shinrikyō y su líder, Shōkō Asahara, en los 90, el famoso efecto 2000, la informatización, el control de las masas, lo sobrenatural… Una enorme cantidad de temáticas que ayudan a pintar un genial cuadro costumbrista del Japón de los últimos 40 años, sin dejar de lado lo fantástico, lo imprevisible, lo que te deja sin respiración. En este sentido podemos decir que Urasawa mezcla aquí lo mejor de obras como Monster o Master Keaton (fidelidad y contexto histórico, narración sólida…) y le da una vuelta de tuerca más a través de más y mejores personajes, situaciones que te obligan a seguir leyendo más y más y una presentación de elementos que te hacen amar la obra e identificarte con ella al cien por cien.

El género de la obra tampoco escapa a esa amalgama que conforma la obra en su totalidad y, si bien es claro que estamos ante un seinen de tomo y lomo, uno de los mejores que se han hecho y harán, también es cierto que encontramos capas dentro de la historia que beben de otros géneros. El fundamental es quizá el shônen, y es que la historia de 20th century boys no deja de ser la de unos niños (ya crecidos) que quieren salvar el mundo y defender la justicia del malo de turno, con todo un despliegue de valor, amistad, confianza, sacrificio, valentía… Y es curioso esto ya que nos presenta del mismo modo personajes blancos o negros, sin matices, por esa vertiente shônen, pero a su vez la humanización más propia del seinen hace que se vayan convirtiendo en duales. Además de esto encontramos también mucho humor japonés, acción, momentos de terror, suspense y psicología pura y dura, momentos musicales, secciones puramente tecnológicas y que van hacia la ciencia ficción… No hay elemento de esta obra que escape de lo coral, y si bien hay que enmarcarla sin ningún género de duda en el seinen, es una obra para cualquier lector que se atreva a sumergirse en sus páginas y se deje atrapar por los encantos de Kenji, Amigo y compañía.

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Ciñéndome ya al primer tomo de esta kanzenban, que corresponde a los dos primeros tomos de la tankôbon que ya publicó Planeta hace unos años, creo que es uno de los mejores arranques que puede tener una obra, ya que te sitúa rápidamente en el escenario que va a acoger toda la función, te dispone poco a poco los distintos elementos que moverán las cadenas y juega muy bien con el misterio de ir dejando pistas, dando pequeñas pruebas de las soluciones y acomodar al lector para después girar completamente la mesa de juego y poner todo patas arriba. Ha sido genial reencontrarme de nuevo con el comienzo de la historia de Amigo (uno de los mejores villanos que se han escrito) y envidio a muchos de vosotros que comenzaréis ahora, sin saber nada de lo que ocurrirá después y entréis en la dinámica adictiva que Urasawa logra con el ritmo y la narración. Es una deliciosa estructura narrativa que se cuece a fuego lento, en el que este primer tomo tiene un peso importante, ya que sienta las bases de lo que compondrá el mastodóntico trabajo del autor, que maneja con maestría los flashbacks y el desarrollo de los personajes, escondiendo sus cartas pero dejando miguitas a la vista, si bien algunos giros están cogidos con pinzas. Este es quizá uno de los puntos negativos de la obra para muchos, que si bien no se nota hasta los tomos finales, es un elemento que disuade a muchos de poner esta obra en lo alto del podio de las creaciones de Urasawa. Aun así, esto no la hace menos disfrutable, y son detalles que se pueden pasar por alto gracias a la suspensión de incredulidad que genera la inmersión en la magnífica trama.

Pero más allá de eso, ya desde este primer volumen encontramos el tremendo magnetismo de Kenji y Amigo, esa dualidad que camina sobre el alambre que supone el intentar satisfacer los deseos y las metas que se propusieron en la infancia y el duro momento de confrontarlos con la cruda realidad. Y es que, más allá de todo lo que ya he dicho, 20th Century Boys tiene como fondo ese aspecto del humano, su capacidad de madurar, de aceptar los sinsabores de la vida y resignarse a las cartas que te ha tocado jugar, pero siempre con un punto de esperanza que da el creer en ti mismo, en la confianza y en la amistad, que hace posible delegar y confiar en los demás al mismo nivel que lo hacen ellos contigo. Aquí ya vemos la ruptura de la individualidad que se suele achacar tanto a la sociedad japonesa y que ha venido a darse con el paso de los años y la consolidación de la globalización y el nihilismo de las nuevas generaciones. Kenji y compañía se necesitan mutuamente y son ejemplos de una generación que aun tenía unas metas y unos sueños que lograr, unos valores que defender. Y Urasawa tiene la genial habilidad de mostrarnos esta lección vital y este reflejo generacional enmascarado en un thriller que asombra.

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En cuanto a la parte artística, no voy a descubrir ahora a Naoki Urasawa, un autor que si bien no deslumbra a primera vista, es técnicamente excelente y muy personal. En 20th Century Boys su uso de la tinta es sublime, preciso y lleno de detalles especialmente en los rostros de los personajes. Personajes cuyo diseño habla por sí solo y nos cuenta su historia, en una ejecución magistral de Urasawa que tiene su punto culminante en la potencia gráfica lograda en Amigo y su símbolo, ya iconos de la cultura popular. Aparte de esto, los planos poco convencionales que usa para articular la acción rompe con el esquema lineal típico del manga y obliga al lector a detenerse a disfrutar de la viñeta y a la vez extraer toda la información que hay en ella, ya que Urasawa narra a través de ellas y domina el tempo de lectura a la vez. No solo eso, sino que también con sus juegos de luces y sombras es capaz de mostrar los sentimientos de un personaje, insinuar al lector, aumentar el misterio o engrandecer el descubrimiento. Y por supuesto, destacar la enorme e importante labor de presentarnos a los personajes en épocas tan distintas de su vida (niñez, juventud, edad adulta e incluso la 3ª edad) con una ejecución precisa e inolvidable.

Poco más que decir, más allá de que 20th Century Boys es un imprescindible, el manga con mayúsculas para todos aquellos que adoramos la cultura nipona, con uno de los mejores planteles de personajes que se ha creado, una ambientación sublime, un esquema narrativo a prueba de fuego y un ritmo que atrapa y no te suelta. Una obra que os hará recordar buenos tiempos de la infancia, os enseñará cosas sobre Japón y su cultura, os pondrá en tensión, os aterrará, os hará reir y estrujaros los sesos para descubrir quién diantres es Amigo. Además, la edición kanzenban que ha traído Planeta es excelente, por calidad y por diseño, y una manera genial de comenzar con esta obra o de rendirle homenaje en nuestra estantería por los servicios prestados. Ojalá la editorial tenga a bien traer el tomo 12, que incluye 21st Century Boys y que cierra por completo la trama y que, en esta ocasión, incluye un final alternativo creado por el propio Urasawa. Esperemos que sea posible, pero mientras tanto, leed 20th Century Boys. Si os gusta el misterio, el manga, lo japonés, Urasawa… os encantará, pero es una obra que simplemente gustándote leer se convertirá en una de vuestras lecturas de cabecera.

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  Edición original: 20 Seiki Shounen, Shogakukan 1999. Edición nacional/ España: Planeta Cómic 2017. Guión: Naoki Urasawa. Dibujo: Naoki Urasawa. Traducción: Marc Bernabé, Verònica Calafell. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta, A5 (148x210), 416 páginas. Precio: 15,95€.   Entre los aficionados al manga se tiene la “teoría” de que la…

Valoración Final

Guión - 9.5
Dibujo - 9
Interés - 10

9.5

20th Century Boys y Naoki Urasawa. Solo con mencionar estos dos nombres ya vale para recomendar esta obra. Una genial edición integral de Planeta que rinde merecido homenaje a esta obra maestra del manga. Uno de los mejores seinen que se han escrito y dibujado que enmascara un recorrido genial por Japón y su cultura durante el último medio siglo. Imprescindible.

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Rubén MerinoSesetenmarcbret87rober687 Recent comment authors
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rober687
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rober687

Una obra maestra.

marcbret87
Lector
marcbret87

Magnífica reseña. Es una serie fantástica que nadie debería perderse y que engancha desde el primer instante. Yo la pondría algo por debajo de Monster, en la que creo que la trama está algo mejor resuelta. Diría que ese es el punto flojo de Urasawa, crea una trama acojonante que luego no resuelve del tod bien. Pero claro, el camino seguidos, los personajes… hacen que todo valga la pena.

Eduardo Sesé
Autor

¿Se sabe con qué periodicidad van a salir los tomos? Quería aprovechar esta nueva edición para conocer a Urasawa, pero si la historia es enrevesada va a ser muy duro leerme un tomo cada varios meses.

¡Muy buena reseña!