Zona Manga – Historia del Manga, capítulo cero. Invitación.

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Introducción. Las raíces de un Apocalipsis

Japón, 18 de noviembre de 1922. Albert Einstein llega a Tokio. En la estación le recibe una multitud entusiasmada al grito de “¡Einstein banzai!”. Según la prensa de la época algunas personas ni siquiera podían contener las lágrimas. La gira de Albert Einstein por las universidades del país es un baño de masas. A las conferencias no solo asisten académicos: los auditorios se llenan de personas sin formación, ansiosas por escuchar explicaciones que difícilmente podrían comprender. En los años 20 Japón está enamorada de la modernidad. Es la era del jazz, de las cafeterías y los music-hall, de las novelas de detectives, la radio y las revistas. En 1925 debuta la Kingu, remedo local del exitoso magazine Saturday Evening Post, y logra vender 740.000 copias de su primera edición. En esa primera edición de Kingu se incluyó un tablero de sugoroku, una especie de backgammon que aún se juega hoy en día en Japón. La ilustración de ese tablero de sugoroku es una de las imágenes míticas de la era Taisho.

Sugoroku incluido con Kingu

No se puede imaginar el Japón de los años 20 sin sentir el fascinante vértigo de las nuevas formas de ocio y comunicación. Las identidades no permanecían ajenas a estos cambios. Mientras Einstein impartía una de sus larguísimas conferencias (cuatro, cinco, seis horas…) en la Universidad de Tokio, una escena como la siguiente podía tener lugar en alguna calle de Ginza.

Moga to Mobo

La ilustración refleja el ascenso de las moga (contracción de modan garu, “modern girl”), las flapper japonesas, y los mobo, “modern boys”. El dibujo corre a cargo, por cierto, de Rakuten Kitazawa, considerado el primer mangaka profesional. Muchos mangaka retrataron casi obsesivamente a estas moga que tan profundamente desafiaban la concepción tradicionalista de la mujer. En los años 20 parecía que nada podía frenar el avance de una modernidad que era algo más que una simple occidentalización. Incluso el Gran Terremoto de Kantô de 1923, que redujo a cenizas gran parte de Tokio, aceleró las transformaciones socioculturales de Japón, como si la destrucción de la vieja capital simbolizará una ruptura con el pasado. Algunos artistas se preguntaban si no deberían haber aprovechado la desgracia para replantearse las bases éticas y morales sobre las que se estaba construyendo una nueva civilización. La ilustración inferior es de Kawamori Hisao. En la banda superior los habitantes de Tokio deambulan tras el terremoto. Dos años después las “mujeres modernas” vuelven a tomar la iniciativa de la vida social como si no hubiera ocurrido nada.

En la banda superior los habitantes de Tokio deambulan tras el terremoto. Dos años después las "mujeres modernas" vuelven a tomar la iniciativa de la vida social como si no hubiera ocurrido nada.

Pero volvamos a la visita de Einstein. Hay un hombre que le acompaña a todas partes, que habla inglés correctamente y que, de vez en cuando, saca un cuaderno de bocetos y toma unos apuntes rápidos. Aquí vemos a Albert Einstein durante su charla en Sendai, prefectura de Miyagi.

Einstein Sendai Okamoto

El autor del dibujo es Ippei Okamoto. Le podemos imaginar con su maleta llena de cómics europeos y americanos. Estamos ante uno de los grandes difusores de la cultura del cómic en Japón, un auténtico entusiasta de la narración gráfica. Ippei fue el responsable de que Asahi Graph y Fujokai publicasen, respectivamente, obras tan importantes como Mutt and Jeff y Bringing Up Father. Ese papel es el único mérito que le reconocen la mayor parte de las historias del manga, que reducen su figura a la de un simple mediador intercultural. Sin embargo, Ippei fue novelista, pintor, letrista, crítico, analista, teórico y, ante todo, un creador consciente de su oficio que luchó por desarrollar el ámbito artístico del manga, tanto el literario como el gráfico.

Ippei Onna 8

Esta página pertenece a Onna Hyakumenso (Las Cien Caras de una Mujer, 1917). En fecha tan temprana Ippei ya está en plena investigación de las posibilidades narrativas del manga. Las caricaturas en prensa y los relatos para niños no le parecían suficientes; reivindicaba que el manga formaba parte de la misma tradición que los grandes clásicos de la literatura puesto que solo era una forma de contar historias. Así, no pretendía escribir libros ilustrados; el cine le proporcionaba un modelo narrativo para establecer relaciones de dependencia mutua entre texto e imagen.

Un año más tarde el artista belga Frans Masereel publica 25 Images de la Passion d´un Homme, también inspirada en el cine silente, que da inicio a la breve pero interesante tradición de las novelas en imágenes. La obra maestra de Ippei, Hito no Isshou (Vida de un Hombre, 1925), impresionó tanto a sus coetáneos que fue llevada al cine por Kenji Mizoguchi, uno de los mejores directores de todos los tiempos. Los historiadores suelen incluir a Masereel como una figura importante en el desarrollo de la novela gráfica a pesar de que el belga ni siquiera creía que sus “novelas en imágenes” tuvieran nada que ver con los cómics. En cambio, Ippei Okamoto, que se esforzaba conscientemente por desarrollar las posibilidades del medio, nunca es mencionado entre los pioneros de la narrativa gráfica. En el mejor de los casos se le reconoce haber introducido el cómic occidental en Japón. Lo peor es que los historiadores del manga tampoco corrigen tan escasa consideración.

La memoria de Rakuten Kitazawa ha corrido mejor suerte, aunque se le valora más por ser el primer mangaka profesional que por sus méritos artísticos. Los historiadores del manga tienden a interesarse solamente por las obras que cumplan los criterios mediáticos del manga contemporáneo, esto es, por historias serializadas basadas en personajes estables. Si Rakuten ocupa un sitio en la historia del cómic es por haber creado el primer manga de la historia, Tagosaku to Mokubê no Tôkyô Kenbutsu (El viaje a Tokio de Tagosaku y Mokubê, 1901). Al margen de que es discutible que sea el primer manga de la historia, se ha mostrado poco interés por el talento de Rakuten que, como Ippei, también utilizaba el cine en busca de nuevos idiomas para el manga.

La primera viñeta es la de arriba a la derecha. La última, la de arriba a la izquierda. Como se puede comprobar, esta tira forma una rueda infinita.
La primera viñeta es la de arriba a la derecha. La última, la de arriba a la izquierda. Como se puede comprobar, esta tira sobre la rutina diaria no tiene principio ni fin.

En cualquier caso, la innovación formal y temática de los años 20 sufre un duro revés con el ascenso al poder de la ultraderecha y la regresión autoritaria. Mientras que los opositores se pudrían en las cárceles, la censura tomaba el control de la producción cultural, asfixiando la creatividad y el desarrollo autónomo de la primera generación de mangakas profesionales. La censura no solo intentó cortar la crítica política sino que atacó con especial saña los efectos de las nuevas sensibilidades sexuales y eróticas. Una oleada de mojigatería recorrió Japón. Incluso Hamako Watanabe, la cantante patriótica más famosa de los años 30, sufrió los efectos de la censura. Su primer hit single, Wasurecha Iyayo (No se te ocurra olvidarme), fue prohibido en 1936 por el tono erótico de su entonación.

Tuvieron que pasar muchos años para que el manga se recuperase de los efectos del imperialismo japonés. Solo cuando el clima revolucionario de los años sesenta alteró las certidumbres de la primera postguerra pudo desafiarse la concepción tradicional del manga como un entretenimiento para niños. De la mano de autores como Sanpei Shirato, Yoshihiro Tatsumi o Katsuichi Nagai el manga intentó recuperar el estatuto artístico que tanto anhelaba Ippei Okamoto. Hoy en día, ante un panorama editorial en el que gran parte del manga se ha convertido en un pastiche dedicado a satisfacer las expectativas de un público cada vez más conformista, podríamos suponer que la generación del cómic alternativo perdió la batalla. Sería un error. Sin su lucha por un medio maduro y abierto a la innovación nunca habríamos podido disfrutar de Naoki Urasawa, Jiro Taniguchi o Suehiro Maruo. Y, por supuesto, nos habríamos perdido uno de los mejores cómics de la Historia, el Apocalipsis ficcional por excelencia.

Explosión - Akira

1 – Declaración de intenciones

Neo-Tokio está a punto de explotar.

Akira V2 Por Alimpo - vhs

Es difícil explicar lo que supuso Akira para mi generación. Fijaos en el texto de la contraportada. “Akira es al dibujo animado lo que obras como ‘Ciudadano Kane’ o ‘Blade Runner’ han sido para la ‘imagen real’”Las comillas en “imagen real” son tan reveladoras como las películas que cita el texto. Akira parecía llevarse por delante cualquier dique de contención entre géneros y técnicas, abriendo, de paso, la espita para la revolución del manga y del anime. Los niños de aquella época descubrimos que casi todos los dibujos animados que merecían la pena venían del mismo país. Ya sospechábamos, vagamente, que los Caballeros del Zodíaco, Ranma o Heidi se habían hecho en Japón pero eso no les confería un perfil determinado. Con Akira cayeron todas las piezas: en algún lugar del mundo alguien estaba creando una maravilla tras otra. Japón comenzaba a adquirir un perfil mítico en nuestra conciencia.

Esta sensación de maravilla es la que me gustaría transmitir con esta Historia del manga. Durante diez capítulos vamos a recorrer la historia del cómic japonés desde mediados del XIX hasta la actualidad, incluyendo algunos aspectos sociológicos o teóricos que puedan resultar de interés. Pero no nos vamos a perder en el examen de lo irrelevante ni malgastaremos nuestro valioso tiempo en obras que no merezca la pena leer. Una historia del cine tiene que hablar de Mizoguchi, Coppola o Hitchcock, no de los blockbuster de usar y tirar. Una historia de la literatura tiene que hablar de Proust, James o Chejov, no de los premios Planeta. El manga, que no es otra cosa que cómic, quede bien claro, nos interesa como producción artística, no como fenómeno de consumo masivo. Seguiremos, en esencia, el espíritu de Ippei Okamoto, que consideraba al manga un medio para

representar la belleza del universo que surge cuando se examinan las condiciones y correlaciones de todas las cosas

El objetivo de esta historia es comprender y explicar el contexto en que se generaron las grandes obras del manga. Nos encontraremos la belleza a cada paso: en lo sublime y en lo grotesco, en la ternura y en la tragedia, en la magia y la aventura. Belleza en el tiempo perdido, en todas las cosas que ya no podremos recuperar.

evacorpse

2 – Planificación. Una historia en diez capítulos (7+3)

Cualquier definición que intente separar al manga del cómic está condenada al fracaso. ¿Ojos grandes? Contemplad Akira. ¿Alto grado de identificación gráfica con los personajes? Leed a Yuichi Yokoyama o a Terry Johnson. ¿Cosas monas, kawaii? Echad un vistazo a Kazuichi Hanawa. ¿Tramas sencillas? Naoki Urasawa. ¿Violencia? Barrio Lejano. No solo es inútil intentar simplificar el manga, sino que es contraproducente. Nada mejor que apreciarlo en toda su complejidad. Sin Ippei Okamoto no habría existido Osamu Tezuka y Moebius es necesario para comprender Akira, el manga alternativo no se puede explicar sin el auge de la izquierda revolucionaria y el ciberpunk, tanto el japonés como el occidental, son hijos bastardos de la revolución neoliberal de los ochenta. Toda historia del manga que se precie debe tener en cuenta el contexto sociocultural, tanto el japonés como el universal, puesto que el manga, en tanto manifestación artística, surge necesariamente de una permanente tensión entre los elementos nativos y los foráneos.

Con esta perspectiva abordaré la historia del manga, cuyo desarrollo cronológico ocupará siete de las diez entradas. A continuación las describiré brevemente.

La primera entrada se centrará en los orígenes del manga, entre 1862 y 1923. La primera fecha coincide con el lanzamiento de Japan Punch en Yokohama, a cargo de Charles Wirgman. La segunda fecha coincide con el Gran Terremoto de Kantô, pero también con la publicación en Japón de alguna de las tiras cómicas más importantes de Occidente.

Actualización: He decidido separar la primera entrada en dos partes. El tamaño del post resultante era excesivo y su confección demasiado densa. He optado por publicar una primera entrada que abarque el período entre el lanzamiento de Japan Punch y el de Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu, considerado por algunos el primer manga de la historia. Creo que la cronología es más manejable (1862-1902) y que la coherencia de la entrada se ha visto beneficiada.

El segundo post arranca en 1923 y llega hasta los últimos años treinta. Es la primera época dorada del manga con alguna de las mejores obras de Ippei y Rakuten, a quienes se añaden autores ahora legendarios como Suiho Tagawa, Aso Yutaka, Ryuichi Yokoyama o Oda Shosei.

Una tercera entrada nos servirá para analizar en más detalle el panorama del manga desde finales de los años treinta hasta la Segunda Guerra Mundial. Muchos mangaka fueron censurados o represaliados y el gobierno estableció férreos controles sobre la temática. El manga se utiliza para justificar el imperialismo nipón y expandir su ideología por otros territorios asiáticos. Aunque no es una época de gran creatividad, creo que es lo suficientemente interesante como para dedicarle un espacio.

En la cuarta nos ocuparemos del período comprendido entre 1945 y 1964. En 1964 se funda la revista Garo, paradigma del manga alternativo japonés y refugio de muchos autores que pretendían hacer del gekiga un género para adultos. Mientras, la popularidad -y calidad- de las creaciones de Tezuka y de Sazae-san justifica que les dediquemos gran parte del capítulo. No podemos perder de vista que en estos años surgen también figuras tan relevantes como Koike y Kojima, Shotaro Ishinomori o Shinji Nagashima. El mundo del manga comienza a diversificarse.

Esta tendencia se acelera entre 1964 y 1982. Los setenta asisten al ascenso de muchas pioneras del manga para chicas –Yumiko Igarashi, Waki Yamato…- y al nacimiento de mucho de los fenómenos sociales que hoy reconocemos como característicos del manga. En 1975 tiene lugar el primer comiket y, al igual que el cine refleja una visión más abierta de la sexualidad a través del pinku eiga, en el manga se abren las puertas al erotismo, incluyendo el homosexual. Este período se cierra con la publicación de Akira.

Desde 1982 se escriben varios de los manga más representativos y, dicho sea de paso, alguno de los mejores cómic de todos los tiempos. Junto a Akira nos encontramos con 20th Century Boys, Saint Seiya, Evangelion, Marmalade Boy, Nana, Vagabond, Dragon Ball, Ranma ½… En los últimos años parece que estamos huérfanos de grandes obras, aunque Naoki Urasawa, Suehiro Maruo o Jiro Taniguchi siguen en la brecha y “nuevos” valores como Usamaru Furuya o Shintaro Kago parecen atraer a sectores del público tradicionalmente ajenos al manga.

Quisiera utilizar dos de los tres artículos restantes para comentar aspectos que, aunque estén relacionados con el manga, no tienen que ver estrictamente con su producción gráfica. Creo que el anime merece un artículo por derecho propio y podría ser interesante comentar alguna cuestión relacionada con la sociología del manga –salones, cosplay, fandom…- o con las principales polémicas teóricas. La décima entrada queda libre. Se puede utilizar para profundizar en algún tema especialmente jugoso, o para dedicar monográficos a algún autor, género, estilo…

En cualquier caso, estas tres entradas se irán definiendo a medida que avancemos en la serie de artículos y comprobemos que aspectos puede interesar desarrollar en profundidad.

3 – Dos problemas acerca del origen del manga. Tezuka o la “historia milenaria”

A manera de apéndice me gustaría comentar dos interpretaciones de la historia del manga que, a mi modo de ver, son tan problemáticas como empobrecedoras. Algunos críticos enfatizan en exceso la influencia de Tezuka hasta el punto de que consideran al manga un fenómeno de postguerra. El segundo problema es mucho más importante y tiene que ver con la tendencia contraria, la de los autores que pretenden trazar una “historia milenaria” para el manga. Alguno de los investigadores más leídos, como Schodt o Koyama-Richards pertenecen a esta segunda corriente.

Pero comenzaré por la cuestión de Tezuka y los orígenes tardíos del manga.

Hace muy poco conseguí hacerme con la mítica Historia de los Cómics de la editorial Toutain, publicada en cuarenta ocho fascículos durante los años ochenta. Títulos como “Arrolladora implantación de una amplísima mitología gráfica” (nº3), “La depresión económica incrementa la sátira y el testimonio social” (nº5) o “Los grandes años de la aventura en Gran Bretaña” (nº 21) dan buena fe del espíritu artístico de la colección. Esperaba con ansia el capítulo dedicado al manga, así que me llevé una gran decepción cuando leí el título del volumen 45, “De Australia a Canadá pasando por Japón”. El inicio del artículo, firmado por Hisao Kato, me terminó de hundir.

¿Cuándo nacieron los cómics japoneses? Es muy difícil contestar a esta pregunta, pero sí podemos decir que el origen o comienzo de los modernos cómics japoneses data después de la Segunda Guerra Mundial. Así pues, escribiré la historia de los cómics de Japón desde 1945 hasta el presente.

Al margen de que el período de entreguerras es, desde mi punto de vista, una de las fases más fascinantes de la historia del manga, la afirmación de Hisao Kato carece de rigor. A mediados de los años 20, si no antes, ya estaban plenamente conformados los patrones narrativos característicos del manga. Aunque debo reconocer que Kato, al menos, es honesto en su planteamiento. Las historias del manga que dedican apenas unas líneas a los precedentes de Osamu Tezuka no hacen otra cosa que cumplir un ritual vacío del que bien podrían prescindir. ¿Alguien se imagina una historia del cómic seria que dedicase solo unas líneas a Little Nemo y Krazy Kat, y que comenzase directamente con Stan Lee o Will Eisner? Dudo que lleguemos a ver algo así.

El énfasis en el manga de postguerra favorece que algunos medios asuman que Osamu Tezuka lo inventó prácticamente todo. Una lista de los artistas más influyentes del cómic, publicada en 2010, hablaba en estos términos de Tezuka.

En esta lista tenemos al padre del cómic underground. Tenemos al Rey de los Cómics. Tenemos a Spirit. Tenemos al tío pionero de la animación. En Japón tienen a Osamu Tezuka, el Dios del Manga. Además de inventar el manga, inventó el anime. (…) Cuando se trata de manga, Tezuka inventó todos los trucos. Tomó los ojos grandes de Walt Disney, pero todo lo demás era suyo.

Este panegírico exagerado no solo surge de la falta de información sino que es la consecuencia lógica del desdén generalizado por el manga de entreguerras. Es injusto para los autores afectados pero también para el propio Tezuka que, desde niño, sentía verdadera devoción por las revistas clásicas y, especialmente, por Rakuten Kitazawa e Ippei Okamoto.

Recuerdo que, cuando estaba en la escuela elemental, me había dado cuenta de la diferencia fundamental entre Rakuten e Ippei. Las imágenes de Rakuten se acercaban mucho a los dibujos extranjeros, mientras que el trabajo de Ippei era algo así como “budista”. Okamoto Ippei era un artista más talentoso que Rakuten. Era hábil con los lápices, con la tinta, con la técnica de color nanga. No seguía a Wirgman o Bigot, así que le faltaba una perspectiva internacional al estilo del British Punch. Por otra parte Rakuten, con su estilo rígido, siempre estuvo dispuesto a expandir sus horizontes.

Nada más ajeno al temperamento de Tezuka que infravalorar los méritos de los artistas que le precedieron. Si pensamos en la famosa secuencia de la conducción en Shin Takarajima, de inmediato nos vienen a la mente los experimentos con el lenguaje cinematográfico de Ippei o de Rakuten.

Así que una primera precaución: conviene tomarse realmente en serio a los pioneros del manga. No son meros “precedentes”, ni “precursores”, sino creadores por derecho propio.

La cuestión de la relación del manga moderno con el arte narrativo tradicional, en particular con el ukiyo-e, es más problemática. Veamos lo que dice Alfons Moliné en El Gran Libro de los Manga.

Fue precisamente el pintor Katsuhika Hokusai (1760-1849), uno de los más famosos artistas de ukiyo-e de su época, quien fue el pionero en desarrollar imágenes en forma de sucesión de viñetas, con la aparición en 1814 del primer tomo –de una serie que llegaría a los quince- de sus Hokusai Manga. Al idear este término (…) se impuso definitivamente como sinónimo de todo lo relacionado con la caricatura o el humor gráfico, a semejanza del vocablo inglés cartoon.

Lo primero que tendríamos que precisar es que no fue Hokusai quien acuñó el término manga (漫画)”. Hay varias teorías al respecto. La más difundida sugiere que “manga” deriva de manpitsuga (漫筆画), que podríamos traducir por “ensayo divagatorio”; originalmente se refería a la escritura, no al dibujo. Según el historiador japonés Shimizu Isao, “manga” como abreviación de manpitsuga ya se utilizaba en el siglo XVIII. Además, el término “manga” no se popularizó hasta bien entrado el siglo XX, más de 80 años después de la publicación de Hokusai Manga.

La relación de Hokusai con el manga moderno es, cuando menos, dudosa. Algo podremos comentar en la próxima entrada. En cualquier caso, la influencia estética de Hokusai en el arte japonés es tan acusada que su figura no puede ignorarse, aunque solo sea porque inspiró muy directamente la obra de autores como Shotaro Ishinomori. Alfons Moliné, por tanto, solamente acepta por costumbre una suposición que merecería un análisis más detallado pero que podría ser plenamente correcta. No hay nada que reprochar.

En cambio, otros autores no se detienen en Hokusai y tratan de relacionar el manga moderno con las fases más remotas del arte japonés. Dos de los divulgadores más leídos en Occidente, Koyama-Richards y Frederik Schodt, coinciden en establecer una historia milenaria para el manga. Tiempo tendremos para discutir esta perspectiva en la que se trasluce un mal disimulado orientalismo, pero me gustaría dejar clara ya mi postura al respecto. En palabras de Santiago García, en La Novela Gráfica

En Japón existía una larga tradición de arte narrativo, y hoy en día se nos quiere hacer ver que el manga actual es la continuación de esa tradición local. Sin embargo, los verdaderos orígenes del manga están también en el siglo XIX, y en la asimilación cultural por parte de los artistas japoneses de la era Meiji de la influencia de las revistas extranjeras, primero –en 1862 el oficial británico Charles Wirgman fundó The Japan Punch, basado en el Punch británico- y de las historietas norteamericanas, después –Bringing Up Father, de George McManus, será muy imitada en los años veinte-.

Solo me quedaría por añadir, si acaso, que los artistas japoneses pusieron mucho de su parte para asimilar, renovar y expandir el lenguaje del cómic que, efectivamente, importaron de Occidente. El hecho de que al cómic occidental le haya pasado desapercibida la aportación de los pioneros del manga no debería hacernos perder de vista la calidad y originalidad de sus esfuerzos.

Okamoto cine

Espero que la invitación de este primer post haya resultado convincente y me acompañéis en este viaje. En el siguiente artículo hablaremos de algunas formas narrativas tradicionales, de las primeras revistas satíricas de Japón, de Kitazawa y Okamoto, de Norakuro y Shôchan, de las relaciones entre cine silente y narración gráfica, de literatura clásica, de las tiras cómicas de Estados Unidos, de un supuesto complot anarquista para asesinar al Emperador Meiji, del papel del humor gráfico en el colonialismo japonés y de las moga. Entre otras cosas. Creo que nos divertiremos.

Viñeta de Ippei Okamoto
Atarashikionna

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Raúl López
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Emocionante es decir muy poco del viaje que nos espera, como siempre sensacional Julio, deseando que pasen treinta días para seguir disfrutando de esta clase de historia.

asthur-kong
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asthur-kong

Pues yo no solo me apunto al viaje sino que ademas de divertirme estoy seguro que aprendere mucho.Yo no me considero un gran conocedor del manga con lo que me interesan mucho sobre todo las primeras etapas y los inicios del manga;en cuanto a los autores,conozco a los mas reconocidos y aunque Tezuka y Otomo son muy grandes a mi me encantan Kazuo Koike y Goseki Kojima.No he visto nombrado en la reseña a Keiji Nakazawa y su Hadashi no Gen pero seguro que tendra unos cuantos renglones de esta Historia del Manga.Asi pues,comenzemos este viaje señor Iglesias

José Torralba
Autor

Historia del manga. Un tema del que, lo confieso, apenas sé nada que no sea de los años ochenta para acá. Me interesaba a priori al leer el título de la entrada. Pero ver que el autor era Julio C. Iglesias y dispararse mi expectación ha sido todo uno. Paro, cierro el portátil, me hago un café, lo vuelvo a abrir y empiezo a leer… una delicia de principio a fin. En un solo artículo le ha dado tiempo de exponer el contexto cultural en el que nace el manga, de reivindicar a dos autores, de exponer su metodología y planificación y de analizar críticamente, a la luz de los textos de referencia, el origen histórico del manga. ¿Convincente? Me lo habría resultado aunque se tratara de una entrada sin ánimo de continuidad. Ea, sume un pasajero a su periplo, Don Julio. Estoy seguro de que el viaje merecerá la pena. Enhorabuena y –algo de lo que nos olvidamos a menudo los que comentamos– muchas gracias.

Ah, una pregunta… ¿cuál será la periodicidad?

Hawat
Lector
Hawat

Buenísimo, a pesar de no ser el genero que mas me apasiona, algunas obras son indispensables y me encanta saber como se llego a ello a nivel evolutivo de este arte.
Algún día llegara la revista al respecto, seguro.

Tronak el Karbaro
Lector
Tronak el Karbaro

Lo confieso. No tengo ni puñetera idea de manga.

Algo he leído (los cómics bélicos de Motofumi Kobayashi, algo de Masamune Shirow, poco más). Y el caso es que hay cosas que me llaman la atención (pese a que mi pobre cerebro casi cortocircuita cada vez que leo “al revés”), así que creo que voy a aprender un montón de estos artículos, y así podré arruinarme aún más y llenar aún más mi casa….que ya parece que tengo Síndrome de Diógenes (libros, discos, películas, comics….)

samanosuke
Lector

Creo que nos divertiremos.

Viendo esta introducción, yo también lo creo. 😉 Grandísimo trabajo, expectante por el resto de capítulos.

ikeraton
Lector

Plas! Plas! Plas! (eso son mis más efusivos aplausos en modo cómic). Estoy excitado como un colegial, que diría el doctor Jones.

Cuente con un lector (lleno de relecturas) para este artículo y los que se avencinan don Julio.

Un tema tan fascinante y todavía desconocido como es el manga se merecía la llegada de alguien que lo tratase con la rigurosidad que vd despliega por los cuatro costados en Zona Negativa.

Cuente con otro acérrimo para esta sección.

Saludos en paralelo.

Retranqueiro
Lector
Retranqueiro

Aquí otro que se apunta al viaje.