#ZNLibros Metro 2035

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Edición nacional/ España: Timun Mas
Autor: Dmitry Glukhovsky
Formato: Tapa blanda con sobrecubierta
Páginas: 543
Precio: 21’50 €

 

El túnel del que no se puede escapar

Hace ya una década que el autor ruso Dmitry Glukhovsky sorprendía y hacía temblar al mundo con una novela apocalíptica, llena de ricos matices y con un mundo oscuro y delineado con perfección de escultor, que relataba los penosos años de la humanidad en el metro de Moscú, nuevo refugio de la humanidad tras una guerra nuclear. Tomando elementos tan reconocibles como la saga Fallout así como elementos de la tradición cultural rusa (me viene a la cabeza Stalker, la genial obra de los hermanos Strugatski) el autor nos presentaba una novela llena de acción, misterio y una voz narrativa que, aunque joven y con sus carencias, venía a dar un golpe sobre la mesa en lo que respecta a este género tan querido como vilipendiado.

Para los que no estéis familiarizados: tras una guerra nuclear, la población rusa se refugió en el metro de Moscú. De por sí lleno de leyendas y misterios, el metro se transformó una suerte de submundo, donde las estaciones pasaron a ser colonizadas como ciudades, las luces de emergencia pasaron a ser todo sol conocido y se trafica con todo lo que merezca la pena de cambiarse por cargadores de Kalasnikov. En este mundo desolado, lo que queda de la humanidad, si es que se la puede llamar así, malvive a base de excursiones a la superficie llena de radiación, cultiva lo que puede crecer en los túneles y se ve presionada, diezmada y oprimida por los males que habitan los túneles que actúan tanto de carreteras y lineas de abastecimiento entre ciudades, como de refugio para lo más horrible a lo que nos hayamos enfrentado.

Sentadas estas bases, la saga se desarrolló en dos novelas, Metro 2033 y Metro 2034, y en dos videojuegos maravillosos creados por 4A Games, Metro 2033 y Metro Last Light. Los juegos contaron además con guión del propio autor, lo que elevó lo que podría ser una simple campaña para un jugador basada en el sigilo y la acción en primera persona, en un juego con una profundidad en su historia que sobrecogieron al público y les valieron no pocos reconocimientos. Era cuestión de tiempo, visto que el autor decidió abrir su universo y que otros autores contaran sus historias en el metro (la saga total cuenta en Rusia con cerca de sesenta novelas y una docena de autores), que una tercera parte apareciera para cerrar el círculo y dejar los cimientos preparados para un hipotético nuevo juego. Este año nuestros ruegos se han visto satisfechos con la publicación de Metro 2035 por parte de la editorial Timun Mas. ¿Qué más tiene que ofrecer el metro de Moscú?

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De nuevo, Artyom

Eran muchas las expectativas que tenía en este libro, lo admito, pues las anteriores entregas me encantaron. Ciertamente la segunda bajó un poco el listón, pero me pareció atrevida y bien construida, por lo que merece mi respeto. Debe ser que este sentimiento se extendió a otros lectores, porque en esta tercera entrega el autor ha decidido volver sobre sus pisadas y colocar el peso del protagonismo de nuevo sobre Artyom. Sin embargo, poco queda del personaje aventurero, con arrojo y sentido del deber que nos encontráramos en la primera parte. No entraremos en spoilers, pero los que hayan leído la primera entrega sabrán a qué se debe este cambio. Ahora, taciturno, rodeado de pesadillas, abrumado por una culpa que no puede soportar y desconectado del deber para con sus aliados, Artyom solo tiene ojos para la superficie, y la búsqueda de una colonia humana a donde dirigir los pasos de la humanidad, cual si fuera un Moisés postapocalíptico.

Este cambio de registro en el personaje es positivo y su voz está tan bien construida como antaño, el principal problema entonces es que la novela adquiere un cariz depresivo y acaba por apabullar al lector. Durante las primeras cien páginas hay una constante reiteración en el estado depresivo de Artyom y una particular falta de acción que hacen que el comienzo sea árido e invite poco al disfrute. La premisa de partida es más torpe y menos imaginativa que en anteriores entregas y su resolución, aunque bien pincelada, resulta poco satisfactoria. Hay escenas memorables, claro, y la acción está narrada desde un punto más peligroso, menos juvenil si se quiere, y más parecido a lo que pudimos ver en los videojuegos. Es un libro que mantiene un tono bastante bajo en general, buscado, sin duda, pero que puede echar para atrás a los lectores más casuales que simplemente disfrutaron con el mundo creado por Glukhovsky en las primeras entregas.

Lo cierto es que la historia acusa cierta fatiga, el universo de Metro ya no resulta tan fresco y algunas subtramas decididamente no funcionan. Sin embargo, aún conserva ese halo de inquietud, de misterio, de thriller más que de novela de ciencia ficción. Algunas escenas resultan fascinantes y el autor sabe dónde se encuentra lo tenebroso, lo osucro, o innombrable que decía Lovecraft, dentro de su propia historia.

No sé si habrá más novelas firmadas por Glukhosvky y ambientadas en el universo de Metro, pero este cierre resulta algo agridulce. Da la sensación de que la historia no da todo de sí, y, salvo algunos giros en la trama que vuelven a buscar y encontrar el asombro del lector, hay muchas páginas de relleno y una acción muy sosegada, muy contenida, en un mundo que se desdibuja tanto como los personajes atrapados en estas páginas.

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