ZN entrevista a Fidel Martínez

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Tras la pista de Pedro Rodríguez, dimos con Jorge García. Ahora este guionista nos conduce hasta el siguiente eslabón en nuestra cadena de entrevistas: el dibujante Fidel Martínez, con el que ha colaborado en Cuerda de Presas y Enviado Especial, y junto a quien ha sacado recientemente la obra Hacerse Nadie de la mano de Ariadna Editorial.

Toni Boix: Gracias a Jorge hemos sabido de tus últimas obras, pero conocemos bien poco de tus inicios. ¿Puedes arrojar alguna luz al respecto?

Fidel Martínez: Mis primeras historietas, de las que guardo un recuerdo entrañable, son las de la infancia. En aquella época estaba tremendamente influido por el cómic norteamericano de superhéroes, que era el tipo de historieta que se vendía en los quioscos de mi barrio. Aparte de ése, no conocía ningún otro tipo de tebeos. De esa época data mi admiración por John Romita Sr., dibujante entre otros títulos de Spiderman y Daredevil, y al que sigo considerando uno de los mejores dibujantes del género y una de mis primeras influencias. Creo que desde esa época hasta mi adolescencia probé suerte en casi todo tipo de géneros y estilos: desde los superhéroes a la serie negra, pasando por la ciencia ficción o la fantasía épica, deambulando entre la historieta norteamericana, europea e incluso el manga. Por eso se puede decir que he admirado a toda clase de autores, con mayor o menor intensidad y que, en principio, no tenían ningún rasgo en común. Lo hermoso de aquella primera etapa de niñez es que hacía historieta por el mero placer de hacerla, sin otra ambición en mente que la de disfrutar con ello.

Fue mi entrada en la facultad de Bellas Artes durante la adolescencia lo que cambiaría radicalmente mi concepción de la historieta. Mi contacto con otras disciplinas artísticas como la pintura, la escultura, el video, el dibujo artístico o incluso la poesía, me demostró que la historieta podía poseer también ese carácter artístico y que, al contrario de lo que algunos puedan pensar, su interacción con esas otras disciplinas podía enriquecerla y diversificarla. Este es el momento en que mi obra adquiere un carácter más personal (por otra parte muy propio del sentir de un joven adolescente), además de experimental. De esta etapa provienen algunos de mis referentes actuales: José Muñoz, Raúl y los pintores expresionistas.

Es también la época en la que comencé a publicar mis primeros trabajos, historias cortas en diversas publicaciones universitarias y fanzines, sobre todo en aquellos que autoeditábamos desde el taller de cómic de la facultad de Bellas Artes de Sevilla: los originales El Planeta Nimbus y El Niño Acuarelable, o la fantástica revista Comunicarte. En todas ellas se pueden admirar los trabajos de algunos compañeros que durante el breve tiempo que duró ese trayecto, sintieron respeto y admiración por este medio, pero que por circunstancias de la vida se vieron impulsados a seguir otros derroteros.

Durante todos esos años centré mis esfuerzos en conseguir una historieta más experimental, a veces con mayor o menor éxito, en la que cabían toda suerte de técnicas, estilos y lenguajes. El collage, la pintura, la poesía e incluso el montaje por ordenador eran válidos en esa voluntad de transgredir lo establecido. Y aunque actualmente mis intereses son menos ambiciosos, no descarto en un futuro y cuando la oportunidad surja, probar suerte de nuevo con ello. Sin embargo, sería con una pequeña historia de corte más tradicional, con la que haría mi incursión en el mercado de la historieta. La historia se llamaba L’uomo che sta vuoto y la editó una pequeña editorial italiana llamada Lo Sciacallo Elettronico, dentro de su colección Iminimi. Todavía me resulta divertido pensar que mi primera publicación, digamos profesional, la hice en el extranjero y no aquí.

Después de eso estuve alejado del mundillo durante una temporada bastante larga, porque antes de que el mercado español se viera beneficiado con la aparición de editoriales como Ariadna, Astiberri, Sinsentido o De Ponent, mi trabajo no parecía encontrar ningún hueco en la limitada variedad de ofertas con que la historieta contaba en aquel momento. Al menos, ésta es mi opinión al respecto.

Recuerdo que ese periodo de mi vida estuvo marcado por un profundo desencanto, no sólo hacia el mundo de la historieta, sino también hacia mí mismo, pues me hallaba en un momento de crisis personal y profesional. Esos fueron momentos duros que me obligaron, en cierta forma, a reinventarme como individuo y como creador.

Por suerte aquello se acabó y en 2003 me presenté al Certamen de Cómic e Ilustración Injuve. Gracias a ello conocí a Jorge García. Desde entonces comenzamos a colaborar de forma conjunta, con el libro Cuerda de Presas como punto de partida, y aunque desde entonces no he tenido oportunidad de realizar ninguna historieta en solitario, no me arrepiento, puesto que pienso que con Jorge he realizado mucho de lo mejor de mi obra. Y parece ser que la cosa va para largo.

TB: Por lo que contabas, parece ser que en la facultad de Bellas Artes de Sevilla el cómic gozaba de cierta buena consideración, algo no demasiado común. ¿Por qué crees que era debido?

FM: El taller de cómic de la facultad de Bellas Artes de Sevilla fue en aquel momento, no sé si continuará siéndolo hoy en día, un lugar de encuentro para todos aquellos que, de una forma u otra, sentíamos interés por este medio. Allí hicimos amistad algunos que nos tomábamos aquello tremendamente en serio, y otros muchos que simplemente sentían curiosidad por explorar un medio de comunicación del que tenían cierto conocimiento. La finalidad de aquellas clases y lo que hizo que la experiencia fuese un éxito, como se demostraría con el transcurso del tiempo, fue desarrollar, por un lado, la validez que la historieta posee para contar todo tipo de historias, puesto que nunca se impuso una tendencia o un tipo de historieta en particular, y por otro lado, la de crear una camaradería, un compañerismo que nos enriqueció como personas y como creadores. Y pienso que eso era debido a que las clases no eran impartidas por el personal docente del centro, ¡sino que sus profesores fuimos los mismos alumnos! Ésta, junto con otras actividades, no pertenecían al plan docente establecido por el centro. Por inquietud, surgió de la iniciativa de algunos alumnos de impulsar toda una serie de expresiones artísticas, que por ser menos convencionales, por no enmarcarse dentro del ramo de las bellas artes o por ser menos “apreciadas” por el alto estamento educativo, vete tú a saber, no eran tenidas en cuenta: video, animación, teatro, moda… Tenía cabida toda actividad en la que pudiésemos desarrollar nuestras cualidades artísticas. Eran clases dirigidas por y para alumnos. Realmente fue una experiencia extraordinaria que me mostró el poder de convocatoria que podía tener la historieta, su potencial artístico y comunicativo, para una generación que no se contentaba con lo comercialmente establecido, y lo más importante, que pudo expresar y difundir sus historias a través de múltiples publicaciones como las que mencioné anteriormente.

TB: Comentabas que de niño hacías historieta por el mero placer de hacerla, algo que cambió con tu entrada en la facultad y el descubrimiento de las potencialidades artísticas propias del medio. ¿Crees que tu primera aproximación se centraba más en los aspectos narrativos del medio y en la facultad te percataste también de sus posibilidades expresivas?

FM: Se trata de un proceso un tanto complejo y en mi caso paulatino. Cuando eres un niño no sueles ser muy consciente de por qué te gustan ciertas cosas. Por ejemplo, recuerdo que lo que me cautivaba del cómic de superhéroes era la desbordante fantasía de las historias, el intenso colorido y aquel dibujo tan propio y característico del género.

Más tarde, conocí la aportación al género de autores como Frank Miller o Alan Moore, y fui consciente de las posibilidades narrativas de un medio que podía alcanzar altas cotas literarias. Esto no quiere decir que antes no se hubiera hecho algo similar en el campo de la historieta, pero yo tuve que realizar tales descubrimientos a través del cómic de superhéroes, porque era el único que estaba por entonces a mi alcance. Eso me hizo ser mucho más riguroso tanto en el tipo de historieta que leía, que por fortuna, también se hizo más variada, como en el tipo de historieta que hacía, que fue derivando poco a poco, desde la fantasía superheroica hacia otro tipo de relatos.

Paralelamente, y durante mucho tiempo, compaginé mi interés por la historieta con el del dibujo y la pintura. Creo que esto es fundamental para comprender el giro que posteriormente tomaría mi trabajo, porque cuando conocí la obra de autores como José Muñoz, Raúl o Dave Mckean, fui consciente de que esas expresiones podían congeniar perfectamente en un mismo medio. Lo que me permitió mi estancia en la facultad de Bellas Artes fue indagar en esas posibilidades, explorarlas y madurarlas tomando como referencia todas aquellas experiencias artísticas y vitales que estaban a mi alcance.

TB: ¿Cómo es que tu primer trabajo acaba en Lo Sciacallo Elettronico?

FM: Fue por pura casualidad. En esa época trataba, inútilmente, de publicar en un mercado español que no encontraba un hueco para el tipo de material que yo estaba desarrollando por entonces. También fue la época en la que estaba terminando mi licenciatura en Valencia, porque había llegado a la conclusión de que la facultad de Bellas Artes de Sevilla no cubría todas mis expectativas artísticas. Allí conocí a un chico italiano, Claudio Stacci, que estaba cursando una beca Erasmus. Coincidió que a él también le interesaba la historieta. Fue gracias a Claudio que conocí la existencia de esa modesta editorial italiana, que dirigía un conocido suyo. A él le debo, gracias a su apoyo e insistencia, la posibilidad de haber publicado aquella pequeña historia de 16 páginas. Sólo me gustaría, en algún momento, devolverle ese gran favor que me hizo.

Hoy en día, Claudio y yo, seguimos manteniendo una buena amistad, aunque claro, la distancia, pues él reside actualmente en su Sicilia natal, no nos ha permitido continuar con la relación de una manera más estrecha. Por suerte, ambos estamos haciendo lo que más nos gusta, que es historieta.

TB: Tu estilo gráfico es muy particular, mezclando el claroscuro expresionista con cierto gusto por el esperpento de una manera poco común en la historieta. ¿Quiénes han sido tus referentes en este ámbito?

FM: Esta es una respuesta complicada, porque mis referentes no se limitan exclusivamente a la historieta. Es cierto que mi gráfica tiene ese carácter ‘expresionista’ que mencionas, en ese sentido el dibujante argentino José Muñoz ha sido para mí un modelo imprescindible, como también lo han sido una serie de pintores expresionistas del calibre de Francis Bacon, Edward Munch, Ernst Ludwig Kirchner o Emil Nolde. De ellos proviene mi debilidad por lo grotesco y esperpéntico, que es una manera de representar la fealdad con una gran dosis de humor negro. Creo que en la representación de caracteres no es más que una prolongación de esa expresividad que busco con el uso de la línea y de la mancha.

En cuanto a mi tendencia a utilizar un blanco y negro fuertemente contrastados puedes encontrar toda una serie de referentes en lo que algunos entendidos del medio denominan escuela del claroscuro, entre los que destacan grandes historietistas como Milton Caniff, Noel Sickles, Bernard Kriegstein, Will Eisner, Hugo Pratt, Alberto Breccia, el español Federico del Barrio o el propio José Muñoz. ¡Esto es, una sucesión de dibujantes que se remonta casi hasta los orígenes del medio!

Federico del Barrio/Las alas calmas

TB: Aún siendo tremendamente expresivo, tu estilo tiene ciertas limitaciones en lo que a narrativa visual y dinamismo se refiere. ¿Eras consciente de esas limitaciones cuando decidiste explorar estos senderos gráficos?

FM: Si bien mi gráfica se aleja de eso que comúnmente reconocemos como dibujo de historieta, debido a su carga más pictórica, fotográfica o cinematográfica, dependiendo del caso, no creo que eso le reste eficacia a la narrativa del relato. Más bien opino que se trata de un tipo de narrativa diferente.

No me parece adecuado comparar, por poner ejemplos totalmente dispares, la manera en que narra el dibujo de Christophe Blain (Los Piratas) con el de Javier Olivares (Cuentos de la Estrella Legumbre), y éste a su vez con el de Katsuhiro Otomo (Akira), porque son gráficas totalmente diferentes. Si establecemos que la narrativa visual debe someterse a una serie de características o directrices únicas, estamos limitando las infinitos posibilidades con las que este medio cuenta para expresarse. En este sentido no creo que esas “carencias”, como tú las llamas, sean limitaciones, sino más bien características de esa gráfica.

Y eso tampoco quiere decir que con cada historia que dibujo no me esfuerce un poco más para seguir madurando como dibujante, y por ende, en esto de la historieta, como narrador.

TB: ¿Condiciona eso el tipo de historias que escoges ilustrar?

FM: Sin duda. La elección de la gráfica siempre influye en el relato que vas a ilustrar porque es importante que lo que vayas a dibujar esté en sintonía con lo que quieres contar.

En el caso de Cuerda de Presas mi idea era hacer que el lector se parase un poco más en cada viñeta para retardar un poco más el tiempo del relato y, de esta forma, crear la sensación de que esas historias contadas en muy pocas páginas podían durar un poco más.

Tampoco son relatos excesivamente dinámicos porque son historias que invitan a la reflexión más que a la acción. Hasta ahora este es el tipo de relato, tanto de contenido como de extensión, que ha caracterizado la labor conjunta que mantenemos Jorge y yo.

Ambos compartimos afinidad por un tipo de historias de corte social, y es ese nexo común el que ha definido hasta el momento el tipo de historias que hemos realizado juntos. Eso no descarta, que en un futuro decida realizar otro tipo de historias, pero por el momento, y en lo que se refiere a mi relación profesional con Jorge, voy a seguir una línea similar.

historieta inédita realizada por Jorge y Fidel para una exposición sobre inmigración

TB: ¿Te ves trabajando en color o crees que estás hecho para el blanco y negro?

FM: Como dibujante me veo trabajando de cualquier forma, porque me gusta explorar y me atraen los retos. Si hasta ahora casi todos mis trabajos han sido realizados en blanco y negro se debe, ante todo, a imposiciones editoriales.

Personalmente me siento muy identificado con el dibujo en blanco y negro porque responde a esa casi inmediatez en la realización de un dibujo que a mí me gusta. En cambio, el color me obliga a ralentizar mucho el trabajo.

Un ejemplo de mi manera de trabajar con el color lo puedes encontrar en una historieta titulada ‘La Última Palabra’, que forma parte del libro Guernika variaciones Gernika, publicado por la Semana Negra el pasado 2006, y que Jorge y yo realizamos expresamente para la ocasión.

Con el color me gusta, sobre todo, centrarme en sus cualidades expresivas y narrativas, más allá de pensar en él como en un elemento meramente decorativo. Dispongo el color en grandes manchas que interactúan en base al contraste entre esos mismos colores, o que de alguna forman añaden o resaltan algún elemento de la narración. Me gusta que el color esté plenamente justificado en el relato.

TB: Jorge García nos dejó clara su afición por los relatos de marcado carácter histórico y político. ¿Es algo que compartís o simplemente fue él quien te dio vela en este tipo de entierros?

FM: Cuando Jorge me ofreció la posibilidad de colaborar en el apartado gráfico de Cuerda de Presas, lo que me atrajo de este proyecto no fue el carácter histórico o político de sus relatos (por otra parte, natural dada su formación como historiador), ya que no era el que solía tratar en mis historietas, sino más bien el intenso humanismo, la profunda compasión y la particular mirada con la que se enfrentó a unos sucesos tan dramáticos.

Este es un rasgo que admiro de Jorge y que no sólo caracteriza a los relatos de este libro, sino que también son el eje de los relatos que componen la serie de nuestro “Enviado Especial”; y éste es el camino que me gustaría seguir explorando junto a él en estas o en otras historias.

TB: En vuestra última historieta para la serie “Enviado Especial” compartes apartado gráfico con Luis García, un artista con un enfoque visual tremendamente apartado del tuyo. ¿Cómo ha sido la experiencia y cómo crees que ha casado tu trabajo con el de Luis?

FM: Esta colaboración, Toni, ha sido una manera de rendir homenaje a uno de los mejores autores que ha dado la historieta española. El simple hecho de contar con su participación ya supone un honor, sobre todo si tenemos en cuenta que Luis lleva mucho tiempo alejado de este medio.

Es evidente que el estilo de Luis y el mío son diametralmente opuestos y que desde un primer momento esa diferencia resulta evidente, pero en este caso no supuso un impedimento, pues fue ese contraste entre nuestras gráficas el que Jorge quería imprimir al relato y, al margen del resultado obtenido, lo importante es que tanto nosotros como los lectores podrán disfrutar de nuevo con los maravillosos dibujos de Luis. Quizás, incluso sirva de vehículo para que algunos lectores conozcan por primera vez el trabajo de este fantástico dibujante, un auténtico veterano en estas lides. Lo único que espero es haber estado a la altura de las circunstancias.

TB: En el álbum que acaba de editar Ariadna, Hacerse Nadie, se diría que tu estilo, a pesar de mantener el atractivo juego de luces y sombras que le es característico, se estiliza un tanto más en su representación de los volúmenes, volviéndose más realista, alejándose de la rigidez que podía percibirse en ciertas figuras de Cuerda de Presas. ¿Es eso cierto? ¿Ha sido fruto de un proceso consciente? ¿Por qué ahora sí y antes no? ¿El paso de unos referentes pictóricos a otros de cinematográficos ha tenido algo que ver?

FM: Ese cambio se debe en parte a una evolución en mi trabajo. ¿Por qué antes sí y ahora no? Por un lado, porque con Cuerda de Presas me había propuesto hacer algo menos realista, más icónico, más dibujo de historieta, quizás porque siendo nuestro primer libro no me atrevía a hacer algo más experimental, aunque después de ver las impresiones que ha causado entre los lectores creo que he fracasado en el intento. Puede que se deba a que, como estoy acostumbrado a utilizar un grafismo menos habitual del que se ve en la mayoría de las historietas, había pensado que lo que estaba haciendo en ese momento era un dibujo más asequible para ellos.

Por suerte el libro tuvo una buena acogida por parte de críticos y profesionales del medio y eso me animó a trabajar en una línea con la que me siento más a gusto, que es la que despliego en Hacerse Nadie, porque a pesar de que me sentí satisfecho con el resultado gráfico de Cuerda de Presas, también me quedé con la sensación de que como dibujante podía aportar algo más. En ese sentido, Hacerse Nadie es un libro en el que pongo toda la carne en el asador. Sólo espero que el libro tenga una buena acogida y que se entienda mi postura al respecto, porque soy consciente de que mi gráfica puede resultar un poco dura para la mayoría de los lectores habituales de historieta.

Esa motivación es lo que diferencia el planteamiento gráfico de cada uno de los libros, y curiosamente he sido más consciente a la hora de trabajar a partir de unos referentes pictóricos en este segundo libro que en el anterior. En el primero prácticamente me limité a buscar mis referencias dentro del ámbito de la historieta. Con este segundo he ampliado el marco de referencias, y como tú bien dices, un aporte fundamental ha sido el cine y la fotografía utilizada en algunos de los filmes más clásicos del género de serie negra, que es en torno al que giran los diferentes relatos que componen el libro. Gracias a ellos he descubierto a fotógrafos como John Alton, magnífico en su utilización de las luces y las sombras, contundente en su recreación de atmósferas amenazadoras y asfixiantes. Buena muestra de ello es su trabajo en películas como La Brigada Suicida o Raw Deal.

También me pareció interesante buscar inspiración en el trabajo de una serie de artistas que no estaban directamente implicados en el género, pero que eran contemporáneos al mismo. Es el caso del fotógrafo de sucesos Wee Gee, cuyas fotografías son un excelente testimonio de la sociedad de su tiempo, además de ser una indispensable fuente de documentación. El otro caso es el del pintor Edgard Hopper. Hopper no es un pintor de ambientes sórdidos y muy poco de su obra se podría catalogar de sombría, pero tiene una particular forma de representar la realidad. A pesar del aparente naturalismo de sus imágenes, su peculiar uso de las luces y las sombras así como de la composición, genera en el espectador una especie de extrañamiento que roza lo irreal, muy similar al de muchos de los filmes de David Lynch. Es ese rasgo psicológico el que quería aportar en algunas de las viñetas de “Viento”, una de las historias que conforman el libro, donde el pasado se entremezcla con el presente o donde las escenas y los tiempos de los personajes corren paralelos y simultáneos.

El libro ha dado como resultado un dibujo más denso, más contrastado en el uso de blancos y negros, más oscuro y expresivo en general y también mucho menos icónico que en Cuerda de Presas.

TB: ¿De dónde surge Hacerse Nadie y cómo te lo planteas?

FM: Surge de la afición que Jorge y yo compartimos por la serie negra. Después de Cuerda de Presas pensamos que hacer un libro centrado en este género sería una buena idea, sobre todo para mí, pues estar casi un año dibujando presidiarias puede convertirse en un trabajo sumamente tedioso y agotador.

Me pareció la oportunidad perfecta para representar unos ambientes y unos personajes muy característicos y que siempre me han resultado tremendamente atractivos. Además creo que es el terreno ideal para explayarme en mi particular uso del blanco y negro.

En cuanto al planteamiento, fue algo que iba surgiendo a medida que me documentaba sobre el tema. Al principio tenía una serie de ideas muy claras, como que había que respetar unas ambientaciones y unas vestimentas muy concretas, pues el rango temporal en el que se mueven los diferentes relatos es muy amplio. También tenía muy claro que ya existía una imagen visual asociada al género y que a mí me interesaba utilizarla para, de alguna forma, rescatar ese particular sabor que tienen algunos de los filmes de esa época. El resto de ideas, las que son propias de cada una de las historias, me las sugerían los guiones de Jorge o iban surgiendo a medida que iba realizando cada uno de los relatos.

TB: A pesar de ese amplio rango en el que se mueven los relatos, por las muestras que he visto se diría que vuestra propuesta no busca tanto emparentarse con las actuales aportaciones de la historieta a este género, donde en trabajos como Cuervos o Evropa se percibe esa vocación de la serie negra de retratar las lacras sociales de cada momento, como usar los lugares comunes de los orígenes de este género narrativo para elaborar un discurso algo más existencial. ¿Es eso cierto?

FM: Sí, y más exactamente para centrarnos en la dimensión ética y moral de nuestros personajes. Si existe un rasgo común que caracterice el trabajo de Jorge es su particular interés por el ser humano, por sus motivaciones e inquietudes personales. Eso es fácilmente identificable en cualquiera de sus historias. Lo es en cada uno de los relatos que componen Cuerda de Presas, es el leit motiv del Enviado Especial y es también un componente esencial en todas las historias de Hacerse Nadie.

No he tenido la oportunidad de leer las obras que mencionas en tu pregunta, pero creo que actualmente existe una imagen un tanto estereotipada del género (que un género trabaje con estereotipos no quiere decir que esté estereotipado en sí mismo, y eso lo demuestra lo prolífico que ha sido a lo largo de su historia). Observo que se hace un especial hincapié en los ambientes y en los personajes que lo hicieron más popular, así como en cierto tipo de clichés que son los que con más fuerza se han perpetuado hasta nuestros días: el detective, la atractiva y peligrosa femme fatal o el delincuente abocado a un destino trágico. También prevalece esa imagen de la ciudad sórdida e inhumana, una especie de jungla de asfalto (tomo el término del título de uno de los filmes más aclamados de John Huston), además de un tipo de acción muy determinada. Sin embargo, creo que no se suele tener demasiado en cuenta aspectos tan fundamentales de este género tan esquivo de clasificaciones y definiciones como son la dimensión ética y moral de los personajes, el auténtico motor de la historia: los ambientes y la trama son el contexto en el que los diferentes personajes tienen que tomar decisiones respecto a una serie de dilemas éticos y morales que determinarán sus acciones en el transcurso del relato, y que comúnmente suelen desembocar en un final trágico, sobre un trasfondo en el que palpita un hondo sentido de la justicia. Esto, sin duda, tiene que ver con una idea más o menos existencial del tema. Estas cuestiones son sobre las que Jorge ha reflexionado profundamente y determinan el enfoque argumental y literario que le hemos dado a nuestro trabajo. Son el auténtico engranaje que mueve los relatos que componen Hacerse Nadie.

TB: ¿Qué esperas de esta obra?

FM: Aportar un granito de arena a un género que tan buenas historias nos ha dado. Y por supuesto, que interese al mayor número posible de lectores, ya sean aficionados al género o no, porque creo que el trabajo que Jorge ha realizado en este libro ha sido sencillamente espléndido. En este aspecto, el lector se va a encontrar con historias muy bien escritas. Creo que de esa manera nos veríamos suficientemente recompensados después de toda la labor y el cariño que hemos puesto en la realización del libro.

TB: Pues nos sumamos a esos buenos deseos tuyos y te agradecemos el tiempo que nos has prestado.

FM: Gracias a ti y a los lectores. Ha sido un placer responder a tus preguntas.

Ω


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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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el nota
el nota
19 septiembre, 2007 21:51

Tiene muy buena pinta, como este mes he fundido todo mi presupuesto lo dejo para el mes que viene.

wagner
wagner
3 octubre, 2007 22:53

soy un gran dibujante y fan #1 de comics DC y me encantaria algun dia ilustrar para ustedes se que les gustaria mi trabajo
pero ustedes son los mejores

agu ariza
agu ariza
16 octubre, 2007 0:07

Fidel, está haciendo un trabajo valiente e impresionante. Increible.

Estoy intentando dar con su dirección de correo electrónico pero no hay manera y desde que dejó la facultad de Sevilla para irse a Valencia le tengo perdida la pista.

Con motivo de una expo de autores andaluces en Cádiz me acerqué pero no estaba.

En fin, si fueráis tan amables de pasarme su mail o pasarle el mío os estaría muy agradecido.