El doble de rápido, el doble de diversión
«Ahora soy Flash a secas»
Érase una vez dos autores diferentes que contaron la misma historia. Pero vaya si eran diferentes y vaya si era una buena historia. Era la leyenda de un chico que se convirtió en su héroe más admirado. Barry Allen, el Flash que abrió la Edad de Plata, murió durante las Crisis en Tierras Infinitas y Wally West, su pupilo Kid Flash, había de tomar su legado en el nuevo Universo DC.
Al menos eso es lo que le dijo Dick Giordano a nuestro querido Mike Gold, exgerente de relaciones públicas de DC, después fundador de First Comics y, por entonces, editor de nuevo en la editorial de Detective Comics. En plena labor estructural tras las Crisis, concebida a través de la miniserie Legends, asume la tarea y se pone manos a la obra.
En el último número de la famosa maxiserie de Wolfman y Pérez, Wally acepta el manto para que Flash nunca muera y ya aparece con el traje de su predecesor. Y gracias a Ostrander y Byrne (y la intervención de Gold), en el primero de las Leyendas, el joven héroe se muestra en acción con las dudas y remordimientos que conlleva. El asunto no es baladí, ya que es el primer sidekick de la historia de los cómics que viste el traje de su mentor de manera oficial (si no el único que lo ha hecho definitivamente).

Ahora tocaba lo más difícil, relanzar la serie propia, como bien comenta Gold en los correos de los primeros números, sabiamente incluidos en esta nueva edición de Panini y co-distribuida por SD. Magnífico tomo que, además, incluye una algo confusa aunque siempre curiosa introducción de Baron y un interesantísimo texto de BAMF!. Además de portadas originales, múltiples fichas del Who’s Who in the DC Universe y hasta antigua publicidad de la serie.
Eso sin mencionar que es la primera vez que disfrutamos de la mayoría de estos números en España. Sin que sepamos el motivo, Flash nunca fue el favorito de Zinco cuando nos trajo la DC de los 80 a los 90, y nos cayeron sus grapas y tomos con cuentagotas. En posteriores editoriales con los derechos, etapas mucho más comerciales y cerradas han disfrutado de nuevas reediciones, pero nunca este periodo de la serie.
Serie, decíamos, que necesitaba ser lanzada. Gold no olvida los talentos con los que se codeó en First, y se trae a Mike Baron (Madison, Wisconsin, 1949) por los méritos acumulados en Nexus y Badger. Y para el dibujo se le ocurre alguien que comienza en DC y que dibuja sus héroes bien dotados de piernas (nada mejor para Flash), Jackson Guice (Chattanooga, Tennessee, 1961).

Aunque Gold no lo menciona, lo cierto es que Guice ya había trabajado con Baron en una corta aventura en la propia DC, Teen Titans Spotlight #7-8 y precisamente en Nexus. Sí dice traerse al entintador Larry Mahlstedt de la misma TTS, pero olvida mencionar que exactamente de los mismos números en los que trabajó Guice. Y lo que no creo que ni Gold supiera, es que el dibujante ya había dibujado a un super-corredor en un módulo de rol llamado, atención, Bad Medicine For Dr. Drugs.
Lo que tampoco parece saber Gold es que Baron se siente capaz de mover el mundo y justo por la misma época, sin dejar sus queridas creaciones en First, también acepta lanzar la primera serie regular del Castigador para la Maravillosa competencia. Algo que tendrá negativas consecuencias para todos los implicados en un futuro demasiado cercano.
Pero nos estamos adelantando, ya que el guionista viene cargado de ideas frescas para Flash y se le nota conocedor del personaje. Ha hecho los deberes tanto de ciencias, pues se le ocurre el alto consumo de proteínas que debe necesitar un velocista y otros muchos detalles de tono más científico, como de letras, recurriendo a secundarios ya conocidos del personaje entre padres, novia y amigos Titanes.

Alrededor de ese elenco, da con un formidable enemigo al que “resucita” para el universo DC post-crisis. Vandal Savage, el inmortal hombre de las cavernas, rondará por su etapa desde el emocionante principio hasta el apresurado final. Y de hecho será heredado y aprovechado por su substituto a los guiones. Pero por villanos que no quede, que en su run nos dará muchos de creación propia, como ya veremos.
El conflicto principal es que a Baron también le divierte el concepto de que Wally sea un veinteañero, para poder jugar con sus hormonas (por ser educado), candidez e impetuosidad. Sin embargo, el que consiga acertar como escritor, que lo hace, choca con ofrecer un personaje que resulta algo duro de tragar para el público.
Con todos estos elementos en la mochila nos llega un número uno indudablemente original y trepidante. The Flash #1, de fecha de portada de junio de 1987, con patriótica cubierta de Guice y Mahlstedt y el equipo mencionado al interior, más Carl Gafford a los colores (variará de vez en cuando) y Steve Haynie a la rotulación (se mantendrá fiel).

Una grapa, en todo caso, emocionante de principio a fin, con la misión de llevar un corazón de una punta a otra del país para salvar una vida. Con sus más (esa aparición de Vandal asesinando de la que Wally se da cuenta una décima de segundo y 30 km después), sus menos (el héroe exigiendo dinero por hacer el bien), sus curiosidades (Wally menciona su encontronazo con Hawk en el TTS#7) y su final de infarto.
En el 2 termina el encuentro con Vandal y Wally comienza a disfrutar de las mieles del éxito… inmerecido, pues gana la lotería. Algo totalmente inesperado para un cómic de superhéroes pero de lo que Baron saca jugo como puede. Por lo pronto el protagonista se compra una mansión e invita a su novia Frances Kane a vivir con él.
La presión puede con la chica, que en el número siguiente deja colgado al muchacho. Aunque la pena le dura poco, pues le reclaman para unas pruebas en el desierto. Allí conocemos a la científica Tina McGee y al Kilg%re. Primera aparición para la madura científica, casada y fuente de amor y desasosiego con el protagonista, y para el enemigo, con un gran potencial que dará para un número más y al que volveremos a ver ya en otro tomo.

Descansamos con el primer anual de la serie, aparecido en septiembre del 87 y con una auténtica portadaca de Guice, gracias en buena parte al entintado de Ed Hannigan. El equipo de la serie mensual nos trae una aventura de artes marciales en la que Baron admite inspirarse en el curioso y polémico Count Dante, el cual era muy conocido para los aficionados norteamericanos al aparecer en las publicidades de los cómics.
El guionista también nos ofrece uno de los soliloquios más vergonzosos de Wally. Sin embargo, visto desde el punto de vista de un machito de los 80 en los EEUU, ese machismo soterrado de “pobres mujeres” es totalmente plausible. Lo dicho, bien escrito pero terrible para nuestro supuesto héroe, el cual en manos de Baron irá pasando de cama en cama y hasta se traerá a su madre a vivir con él, creando un triángulo de malestar con su ligue más estable.

Esto lo veremos pronto en la serie regular, cuyo número 5 nos regala la portada preferida del guionista, que disfruta de la soap opera que había ido preparando con el vengativo marido de Tina reconvertido en villano de Flash. No contento con este Speed McGee, Baron comienza a crear velocistas experimentales a punta pala entre la Trinidad Roja (rusos buenos o adictos al capitalismo) en el siguiente número y la Trinidad Azul (rusos malos o comunistas) a continuación.
Llega la saga Millenium a DC, que si recordamos supone buscar un traidor a cada colección, y Baron ni corto ni perezoso decide que sea el padre de Wally. También nos corta la respiración al admitir éste haber matado a la madre del chico. Algo que desmentimos casi de refilón en el número siguiente, donde tenemos nuevo enemigo, Chunk. Por cierto, que a los colores del crossover tenemos a Michele Wolfman, que se queda un número más hasta que vuelve Gafford.

También es substituido Guice por Mike Collins en el 10. Pero el artista que mola de verdad es Steve Lightle, que nos regala dos de sus espectaculares portadas para el affaire Chunk. El 11, entintado por Romeo Tanghal, es sin embargo el último de un Guice bastante desganado, al que tampoco echaremos mucho de menos, sinceramente.
El que fuera definido por Byrne como el Greco de los cómics (descaradamente odiosas comparaciones, es cierto que sus estilizadas figuras se dan un aire al pintor precursor del Barroco) nos ha regalado una imprecisión tras otra. Cierto que imprime espectacularidad y sensación de velocidad y esfuerzo al corredor, pero sus patadas a la anatomía o a la simple proporción llegan a exasperar.

Sigue por tanto un pobre pero correcto Collins para la siguiente saga, en la que vuelve el villano del comienzo. Baron inventa para Vandal la droga Velocity 9, la cual proporciona súper-velocidad pero con un desgaste físico también acelerado. La portada, que salvo lo comentado habían sido siempre de Guice, es obra de Mahlstedt, que en todo caso sigue de entintador. También se reincorpora la colorista Wolfman hasta el final de etapa. Aunque lo realmente interesante es el cambio de editor de Gold a Barbara Kesel (por entonces aún Randall).
También es curiosa la inserción en el mismo número de un “Bonus Book”, iniciativa de aquel mes en DC. En este caso, Panini ha optado por incluirlo pese a la nula relación con la historia. Pero bien que nos alegramos los fans de la editorial americana, porque el breve relato de George Broderick y Gordon Purcell con Tim Dzon, es la razón por la que un patético Dr Luz se une al Escuadrón Suicida de Ostrander por aquella época.

Intrusiones aparte, llegamos al confrontamiento final de Vandal y Flash entre el número 13, en el que Gold aparece por última vez como consultor editorial, y el 14, en el que, con tanto Mike (Gold, que sigue en el correo, Baron y Collins), aparece ese mismo nombre como el de todos los artistas que firman el cómic.
Pero vamos, lo importante de ese número es que Baron se despidió para siempre de la colección. El autor dijo quedarse sin ideas y le pareció creer que podía permitirse dejar una serie así de importante. De hecho, también dejó su bizarra Sonic Disruptors para la misma editorial sin acabar. Es cuando se le rasca un poco que admite estar pasado un “periodo oscuro” por aquel entonces.
Ese periodo al que se refiere es su propia cresta de la ola entre series en las dos grandes, sus éxitos independientes, y la drogadicción. Aunque Nexus no se ve demasiado afectada, los argumentos de Bagder y, especialmente, El Castigador, reflejaron esa fiebre creativa producida por la coca. Una época ciertamente tenebrosa para el guionista que por suerte ahora puede recordar desde la distancia.

Dicen las malas lenguas que Gold salió de la edición de Flash por sus comentarios en la sección de correo hacia Baron, cuyo trabajo calificó como “rarezas aleatorias”. Pero eso ocurrió meses después de la espantada, y acabamos de ver que Gold había ya sido reemplazado antes por Kesel. Lo que es innegable es que lo tuvo que pasar mal con la caída del guionista que él mismo había traído a DC, y que fue él mismo el que tuvo que buscar substituto.
Éste fue el dibujante y escritor William Francis Messner-Loebs (1949, Ferndale, Michigan), que (también era un rolero) había publicado más bien poco en el mercado independiente antes de ser llamado por Gold. El editor le vende que Baron no puede dar su total atención a la serie por culpa de su trabajo en Marvel, pero también le proporciona todo el material de éste e incluso escenas clave del periodo de Wally en los Titanes.
Messner-Loebs, que ya era fan de Flash, se mete de lleno. Le encanta el tono de Baron y sigue gran parte de sus tramas, ya que incluso admite ser mejor jugando con las ideas de otros que creando desde la nada. En todo caso, es un escritor de caracteres, al que le importa poco sin son superhéroes porque ante todo son personas. De hecho, dice, a Flash hay que darle drama, si no ¿cómo explicas que no lo solucione todo nada más empezar?

Su etapa comienza con The Flash #15 (de Agosto de 1988), con portada nada menos que del gran George Pérez, el cual nos acompañará un tiempo, y los lápices interiores de Greg LaRocque. El resto del equipo se mantiene excepto por el colorista, que comienza con Nansi Hoolahan pero luego vuelve a saltear entre los conocidos Wolfman y Gafford.
LaRocque (1954, Baltimore, Maryland) había empezado su carrera precisamente en DC, haciendo historias de complemento, pero luego se marchó a Marvel donde empezó a coger carrerilla. Sin embargo, por razones personales se marcha de allí y llama a Karen Berger, que le ofrece la Legión de Superhéroes, uno de sus grupos favoritos desde la infancia. Aunque la siguiente oferta, para relanzar el Flash de Messner-Loebs, es la que le aupará definitivamente al estrellato.

Entre ambos realizan un cambio de tono fundamental. Como explica BAMF!, pasamos de un héroe que, aún sin poderes y arruinado, se muestra seguro junto a su chica ante la reciente victoria. Mientras que al pasar la página (o la grapa, originalmente) ya es consciente de su situación y comienza a reflejar la debilidad de su relación. Ha llegado la esperada madurez.
Creo que vale la pena mencionar que el extraño doble apellido del guionista nacido Loebs, se debe a incluir el de su esposa tras el matrimonio, algo impensable para un estadounidense de por entonces (o ahora, seamos sinceros). Con esto somos conscientes de que su tratamiento de género sería muy diferente, sin romper necesariamente con lo visto hasta ahora con «hormonas» Wally (lo que había levantado tanto revuelo que sería impunemente aprovechado por Giffen y DeMatteis en su Liga de la Justicia Europa, para nuestro disfrute, cierto es).

Wally sigue atraído por el sexo opuesto, pero sus monólogos interiores ya no son tan machistas y las personas a su alrededor le dicen verdades como puños que le hacen reflexionar. Entre éstas, su madre y Tina, que curiosamente forjan una relación más comprensiva y amistosa, y el propio ex de Tina, que también ha aprendido de sus errores y cobra un inusitado protagonismo.
De hecho, los tres últimos números del tomo forman una trilogía llamada “Las Aventuras de Speed McGee”, en honor a este redimido villano exadicto a los esteroides. No es la única redención, ya que Chunk también se va convirtiendo en otro secundario habitual. Ni el único adicto (no va por Baron), pues los últimos estertores de velocity 9 y su creador son el argumento principal de la saga.

Por tanto, entre el 16 (en cuyos créditos, las distintas labores son substituidas por palabras relacionadas con la velocidad) y el 18 (en el que la portada es de un Andy Kubert sospechosamente parecido a su padre, la editora cambia por fin su apellido al de casada, no como otros, y se incorpora Dzon a las tintas), Messner-Loebs cierra la práctica mayoría de asuntos pendientes de su predecesor.
La continuación, que pronto veremos, es pura inventiva del guionista que decía no gustarle partir de cero. Una montaña rusa de emociones de unos personajes mucho más creíbles y que reflejarían problemas reales. Bueno, lo más realista que puede ser el hombre más rápido del mundo. Con ustedes, The Flash.
Lo mejor
• Las locuras de Baron
• El reciclaje de las mismas por Messner-Loebs
Lo peor
• Las locuras de Guice
• … las locuras de Baron







Una etapa fundamental, los personajes parecen verdaderamente personas, se respira realismo en las interacciones entre ellos. Me encanta
A mi me está encantando también
Bueno, acá puedo inflar el pecho y decir «acá si lo teníamos…a Flush-man!!!». No vamos a explicar por enésima vez por que los editores de Perfil se decantaron por ese nombre-inodoro, pero la realidad es que, si bien como se remarca, eran medio irregulares sus historias, a nosotros nos caló muy hondo, estoy seguro que Wally (nunca Barry!)sigue siendo de los personajes más queridos en Argentina. Fijense como las ideas usadas las fueron reutilizando con el rubio renacido: la personalidad de Wally, sus amigos, sus enemigos (el Kilg%re, Vándalo, la Velocidad 9, los problemas con sus poderes), su metabolismo necesitado de comida…en fin, se que la etapa de Waid es más aclamada, por el contexto, el gran universo y reciclaje de personajes (que en esta época post crisis estaba mal visto en general), pero mi corazon esta con Baron, Collins y Messner Loebs…con Laroque la verdad que no, sus caras huesudas me siguen costando.
LaRoque tiene viñetas que dan miedito. Gracias por compartir tu amor por Flushman, Dr!
Gran reseña, gran contextualización, maestro.
Flash no supo encontrar su hueco en tiempo de Zinco por el despiste de los lectores en gran medida, pero con el paso de los años ha ido ganando terreno y fruto de ello es que haya llegado, por fin, este tomo para cerrar una de las cicatrices más profundas y sangrantes de un personaje del Universo DC.
Crecí con Wally y siempre fue el Flash que me acompañó hasta convertirse en el personaje que más me gusta de todos los que pueblan el diverso Universo DC. Para mí es muy importante por su enorme arco como personaje, pues primero fue un chaval con poderes a la sombra de Barry, para pasar a formar parte de los Titanes, asumir el legado de su mentor y lograr volar en solitario a tiempo que engrosaba las filas de la JLE y más tarde la JLA. Y a todo esto hay que sumar su evolución desde estos primeros pasos erráticos en su condición de héroe, para migrar hasta la figura de padre y tener una relación extraordinaria con Linda Park. Compañero del héroe, titan, héroe, miembro de la Liga, marido y padre. Así es la vida.
Loebs construyó todo el andamiaje sobre el que luego Waid construyo su particular templo. Ha llegado el momento de descubrir ese trabajo de artesano que llevó a cabo Loebs. Metódico, calmado, de progresivo crecimiento explorando las facetas de héroe y persona. Han pasado muchos años, pero ha llegado el momento de ponernos las zapatillas y hacer cardio.
Maestro tú! Si te ha gustado, que vaya parrafaco de cariño al personaje te has soltado, me puedo dar por satisfecho. Zapatillas puestas!
Celebro que por fin se publique esta etapa en España.
Creo que el tono no ha envejecido demasiado bien y como dice Enrique, tiene tres problemas:
1) los vaivenes, la falta de caracterización consistente, y algunas ideas de bombero de Baron
2) la falta de un dibujante puntero y
3) un carácter poco heroico del protagonista le lastran en demasía…
Sin embargo, esas ganas por hacer algo diferente lo hace bastante original y curioso. A bote pronto:
-el impacto de ganar la lotería en un personaje con pies de barro
-su apetito sexual
-la necesidad de ingerir comida a mansalva
-la humanización de sus poderes (golpea 25 veces en 2 segundos a un terrorista para noquearlo y justo después ya nota cómo su mano empieza a hincharse)
-la galería de villanos que le sirve para tocar temas de época (soviets comunistas, agujeros negros, impacto de las drogas en performance-)
-lo culebronesco, los triángulos amorosos y su evolución sentimental
Así que recomendaría acercarse a este material con cautela, sabiendo que es hijo de su época y muy imperfecto, pero con suficientes mimbres como para pasar un buen rato.
Exactamente, tiene problemas pero son súper originales… en resumen, se disfruta. Gracias por comentar.
Sólo puedo decir que me ha encantado y me ha sorprendido bastante tb. La relación toxiquisima con sus padres (con ambos), con las mujeres, con lo increíblemente superficial que es Wally… Cosas que no esperas ni a tiros en un tebeo de supers al uso y te hace querer aún más a Wally por haber evolucionado desde ese pedazo de gañán. Ha sido un alegrón ver esto publicado y un disfrute leerlo. A mí me tienen dentrisimo para el siguiente tomo
A mi también!
Pa la saca que va a caer