Sobre gustos sí hay disputas

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Y si no que me lo pregunten a mí (pátina de tono jocoso hasta nueva orden), que menuda se ha montado con mi lista de Top Ten 2005 en Con C de Arte. Todo esto me ha hecho poner sobre teclas una idea que me invadió cuando Pedro García cuestionaba, argumentadamente, el escaso atractivo que tenía Jack Staff para él (Fin de la jocosidad).

HerrimanSolemos zanjar estas algarabías apelando a los gustos de cada uno. Situándolos incluso por encima de las cualidades y defectos más o menos objetivos de los que una determinada obra hace gala. Y así lo purificamos todo, lo exoneramos todo y… hasta la próxima reyerta “crítica”. ¿Por qué? ¿Es lo mismo decir que nos gusta como dibuja Darwyn Cooke que alabar el tipito de Jessica Alba?

Afirmamos que nos agrada algo cuando conectamos con ello. Cuando la carga significativa que conlleva, tanto ética como estética entrecruzándose, es acorde a nuestra actitud vital.

Cualquier arte comunicativa, y el cómic de manera especial, aglutina capas y capas de mecanismos comunicativos. De hecho en nuestra vida cualquier gesto, por activa o por pasiva, lleva mensaje… y también cualquier obra de cómic.

Jack Staff, V de Vendetta, 20th Century Boys, Partida de Caza, La Peor Banda del Mundo… en cada una de ellas, conjuntos de códigos superpuestos y en diálogo al servicio de transmitir un mensaje. Con su idea central, sus matices y, según lo maduro de la peripecia vital del autor, sus contradicciones. Más o menos matices, más o menos densidad en la idea central, contradicciones reconocidas o ignoradas. Y todo esto se da a cualquiera de los diversos niveles de encriptación. A nivel argumental, con más claridad. Incluso al nivel de los géneros y al tono que se le da a la narración. Más jocoso, más épico, más costumbrista… Pero también a nivel gráfico, con estilos feistas, realistas, estilizados, ideales… Con líneas agresivas y cortantes o con la suavidad de un trazo sin demasiadas aristas. Y ante todo ello se sitúa el lector, como decía Luís Durán, de alguna manera continuador y co-autor de la obra. Y entonces, momento mágico, puede que haya contacto o que no lo haya.

Que no lo haya porque el código de la obra sea defectuoso o porque el lector no lo entienda. O que no lo haya porque, simplemente, ese lector no comparte el mensaje que se le quiere transmitir. Porque disiente de su idea central o de sus matices o de sus contradicciones. A un nivel profundo. A un nivel de actitud vital.

Yo asiento ante los matices que el humor y la grandilocuencia de Paul Grist introducen en el género de superhéroes. A Pedro García parecen molestarle. Alejarle de la idea central que transmite este tipo de género. Los diálogos de Berlín le resultan a Pepo Pérezpretenciosos, antinaturales y soporíferos”. Pero yo conecto con ellos. Seguramente, no lo dudo, porque en el fondo y no tan en el fondo le resulto pretencioso, antinatural y soporífero a mucha gente. Monolo sólo le reconoce a Urasawa su habilidad como narrador. Yo estoy enamorado de esa esperanza e integridad que impulsa a todos sus personajes más allá de la más absoluta adversidad. Pablo Gutiérrez se muestra en desacuerdo ante la blandura que inunda Las Crónicas de Narnia. Yo valoro el hálito cristiano que transmite su argumento, disfrazado de “magia profunda”. Hálito que ya nombraba Juán Gómez-Jurado, que aquí encontramos desglosado y que a otros les debe remover las entrañas. Álvaro Pons y el mismo Pepo se discuten sobre las derechas o las izquierdas en relación con obras como Alack Sinner y Sin City, pecadores y pecado por todas partes.

Más que gustos, actitudes vitales. Algo más difuso, quizás. Algo más rico, sin duda. Que tiene que ver con el sentido o la falta de él que le otorgamos a la propia existencia. Como bien claro queda cuando Pepo dice que los guiones de Jodorowsky cuentan historias que al lector le sirven de verdad, en su opinión, mientras que Álvaro las valora de otra manera.

Y en esto, como en todo, estaremos de acuerdo o no estaremos de acuerdo. Nos gustará como nos vibran corazón y orejas o nos molestará… pero esta dicho sin animo de ofender. Que tengan ustedes un buen día.

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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