Shadow Lady

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Edición original: Shadō Redi (Shonen Jump 1995/96, Shueisha).
Edición nacional/ España: Shadow Lady (Norma, 1997/Planeta, 2004).
Guión y Dibujo: Masakazu Katsura.
Color: B/N.
Formato: Tomo 192 págs.
Precio: 1.500 pts (Norma)/ 7’15€ (Planeta DeAgostini).

 

Dado que estamos en verano, sometidos a unos calores de inframundo, qué menos que una obra ligerita, entretenida y sin complicaciones, para refrescar el ambiente. Shadow Lady fue publicado por capítulos entre el 31 de la revista Shonen Jump Semanal de 1995 y el 2 del Shonen Jump Semanal de 1996, después de hasta dos ensayos previos: uno a color en la revista V Jump entre 1992 y 1993 y otro en el Especial Shonen Jump Zetman (1995). Estas aproximaciones han de entenderse como autónomas, sin vinculación con la historieta definitiva, que viene a ser como un remake ampliado y mejorado, con nuevos orígenes y motivaciones, algo parecido a lo que ya ocurría en otras obras de su autor, Masakazu Katsura, como Video Girl Ai (aunque allí la distinción era clara pues los protagonistas no tenían los mismos nombres). Aimi Komori, una tímida jovencita, se transforma en una osada y acrobática supermujer gracias a la sombra de ojos de un estuche de maquillaje mágico. Shadow Lady es su encarnación habitual, pero -con distintos colores- también puede convertirse en variaciones “expertas” (esto es, con habilidades especiales) como Shadow Cat y Shadow Bird. Tales dones los usa para divertirse robando en bancos y museos con imponentes medidas de seguridad y burlándose de la policía con atrevidas huidas. Hasta que Blait Honda, un joven y patoso agente fascinado con el mito de la ladrona, se propone capturarla y reformarla…

Según propia confesión, Aimi Komori es el personaje favorito de Katsura, de quien afirmaba “Aunque ahora tiene un diseño perfecto, sé que podría sacársele incluso más partido”. Enfundada en cuero, con escote redondo a lo Power Girl, minifalda y una coleta que se abre como los pétalos de una flor, Shadow Lady es como una versión femenina de Batman, aunque sea una ladrona de guante blanco, lo que en realidad la emparentaría con Catwoman (y más cuando usa la sombra de ojos roja, que la convierte en una seudogata con orejas y todo), pero no en vano se dice que Catwoman es la versión femenina de Batman, así que todo queda en casa. Es inevitable mencionar que Katsura es un fanático del Hombre Murciélago y su mundo, al que homenajea, parodia o cita a la menor oportunidad. En su primera acción, por ejemplo, Shadow Lady asalta un museo y se entretiene gamberreando con las obras de arte como el Joker en la película de Burton al son de Partyman, la canción de Prince. Pero este es sólo uno de innumerables detalles. Con estas palabras comienza la historia: “Gray City, una hermosa ciudad en la que todavía abundan hermosos edificios antiguos, puesto que a los ricos les gusta vivir en ella, tiene una imagen de lujo. La otra cara es que hay una enorme diferencia entre ricos y pobres y un índice de criminalidad muy alto. La cara diurna y la cara nocturna de la ciudad son totalmente distintas. Esta es la historia de una chica que vivía en Gray City.” (Traducción de Olinda Cordukes para Norma Editorial) Apuesto a que alguno ha tenido el desliz de leer Gotham City… Katsura, enamorado de la recreación que de la urbe imaginada por Bob Kane hiciera el malogrado Anton Furst -y que le valió un Oscar-, trata de conjugar los mismos elementos para el escenario de las andanzas de su ladrona sexy, aunque la presencia de la ciudad no sea aquí tan determinante como en el citado film.

Sin embargo, la abundancia de tales guiños podría inducir a error. Las intenciones de Katsura son muy distintas de las normalmente asociadas al Señor de la Noche, a no ser que pensemos en la teleserie de los 60. Donde Batman apuesta por la gravedad y el rechinar de dientes, Shadow Lady hace del desenfado y la payasada su razón de ser. Aimi también es huérfana, pero su cruzada es una diversión exhibicionista y su Robin (un demonio llamado Demota que, a la postre, le proporciona el material para sus transformaciones) anda más preocupado por las chicas que el Jason Todd de “Ten pensamientos limpios, chaval”. Los psicópatas nauseabundos de Gotham City son en Gray City crueles, también, incluyendo un alcalde megalómano que parece sacado de Buffy cazavampiros (trato con demonio incluido), pero ello no refrena el descaro de nuestra protagonista, aún cuando uno de sus antagonistas puede convertirla en piedra con la mirada. Y, desde luego, las chanzas de Shadow Lady a costa de los agentes del orden poco tienen que ver con el respeto mutuo entre Batman y el Comisario Gordon. Como en cualquier serial superheroico, la rival del héroe en la vida civil (Laim Hosokawa, presentada en el capítulo 8) realizará idéntica función en leotardos (Spark Girl, presentada en el capítulo 9), aunque eventualmente lleguen a alianzas contra el malo de turno.

La serie está dividida en 23 capítulos (o archivos, como los denominan) de 20 páginas de extensión, salvo el primero, “Hola, Aimi”, que alcanza las 50. La trama es mayormente gamberra, con la caza policial de Shadow Lady como hilo conductor de parodias más o menos disimuladas (además de las citadas, pensemos en el robot de Blait que remite al Mataarañas de Jameson, por ejemplo) hasta que en el capítulo 12 empiezan a introducirse elementos mágicos, relacionados con Demota y su familia demoníaca. Entonces, para salvar la vida de su amigo, Aimi se compromete a localizar y robar cinco piedras que contienen a otros tantos genios malignos a fin de evitar el consabido armagedón. El tono se vuelve más grave, ciertamente, a la vez que se aleja de la ficción superheroica para entrar en la vertiente apocalíptica tan cara a los japoneses.



Katsura, jugando sobre seguro, inyecta pequeñas dosis de los elementos que han cimentado su popularidad, como los amores juveniles o el erotismo light. Intermitentemente, recupera el triángulo amoroso, arma de probada eficacia en sus obras más potentes (Video Girl Ai e I’’S), solo que aquí los vértices no son AimiBlaitLaim, como podría sospecharse, sino AimiBlaitShadow Lady, como en los superhéroes clásicos, particularmente de DC (SupermanLois LaneClark Kent o Linterna VerdeCarol FerrisHal Jordan, por ejemplo). El homenaje, evidente para cualquier lector de superhéroes, carece no obstante de brío dramático. Y se me objetará que tampoco lo tenía en origen, y es cierto, pero en el modelo era un pretexto para detonar las más descabelladas situaciones mientras que en Shadow Lady Katsura parece tomárselo en serio como motor de la caracterización a la par que se enfanga en un par de tópicos (chica tímida incluida) y chistes recurrentes (¿cuántas veces pueden acabar los policías en el baño de las chicas?).

Aparte de la ligereza del planteamiento, que impide una empatía profunda con los personajes, la serie peca de excesivos frentes abiertos para una propuesta de estas características. Para ser una obra de humor, las situaciones cómicas no están lo bastante trabajadas; para ser una entrega de superhéroes, los villanos carecen de la altura exigida; para ser un folletín de romances, las pasiones (y sus dificultades) apenas quedan abocetadas; etc. La amalgama no es suficiente para potenciar las virtudes y disimular los defectos. Es como si la serie careciera de propósito definido, acaso porque el autor, enamorado de su personaje, piense que es bastante mostrarlo luciéndose en sus cometidos. Y parte de razón tiene, pues la lectura entretiene, gracias a la acción ágil y a la simpatía de la protagonista. Pero tampoco alimenta. Mención aparte merece la etiqueta de “Manga para adultos” con que se llegó a comercializar y que puede llevar a engaño, pues esto no tiene nada que ver con El almanaque de mi padre, MW o Hokusai. Se trata de un manga juvenil de toda la vida, no en vano publicado en la Shonen Jump, ni siquiera particularmente pródigo en violencia o desnudos, mucho más recomendable para adolescentes ávidos de ciencia ficción y chicas guapas que para encallecidos treintañeros post Watchmen. Eso sí. Quienes la leímos en su día la recordamos con simpatía.

En España tenemos dos ediciones bien distintas de Shadow Lady. En 1997, tras el éxito de Video Girl Ai y D.N.A.2, Norma la publicó en tres volúmenes con formato de lectura oriental, incluyendo el one shot de Shonen Jump donde se esbozaban personajes y argumentos. En 2004, Planeta DeAgostini la recuperó en los mismos tres volúmenes, con idéntico contenido, mejor traducción y reproducción, pero en formato occidental y a menor tamaño (equivalente al tankobon). La historia corta, además, fue editada por Planeta en el segundo volumen de Las historias cortas de Masakazu Katsura, acompañado de Shin-no-Shin, a un mayor formato, pero igualmente en sentido de lectura occidental. Planeta también publicó la primera versión a color (la de V Jump) en el Libro de Ilustraciones de Masakazu Katsura.

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Alejandro Ugartondo
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Katsura siempre me ha gustado pero creo que esta es su obra más floja. Si se hubiera centrado más en hacer un homenaje/parodia de Batman hubiera tenido más gracia, pero mezcla demasiados temas y la cosa queda muy dispersa.

MrCervero
Lector

Yo tengo esa edición de Planeta de “Historias cortas de Masakazu Katsuda” que trae como volumen uno Zetman y como volumen 2 una historia corta sobre esta Shadow Lady. Es más algo curioso que no historias que enganchen o llamen poderosamente la atención. Correctas sin más.

Un saludo.