Primeras Impresiones del XXIV Salón del Manga de Barcelona

Después de nuestras primeras horas en el XXIV Salón del Manga de Barcelona estas son nuestras primeras impresiones sobre la organización del evento de este año

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El XXIV Salón del Manga de Barcelona abrió ayer sus puertas. El evento tiene lugar este año entre el 1 y el 4 de noviembre y si tuviésemos que poner un único adjetivo a esta edición sería el de “continuista”. Los cambios introducidos el año pasado, sobre todo en relación con el aforo del recinto, son ya asumidos por los visitantes con naturalidad (o resignación si se quiere decir de esa manera). Cuando el pasado año Ficomic anunciaba -con nocturnidad y alevosía, todo hay que decirlo- que no permitirá a los visitantes salir del recinto y volver a entrar se montó un gran revuelo. Hoy podemos constatar que esta medida, junto a una distribución más coherente de la Fira de Montjuic y la apertura de otros accesos a la misma, ha servido para gestionar mejor el espacio del recinto facilitando que no se formen colas a la entrada ni grandes aglomeraciones en el interior.

Habrá que ver como discurren las próximas jornadas de esta edición, pero la afluencia de visitantes ha sido hasta ahora muy fluida y sin ningún tipo de colapso. La redistribución de los contenidos y actividades ya se demostró un acierto en la pasado edición ocupando los distintos pabellones de manera más armónica y evitando así las concentraciones. Hay pabellones con menos movimiento, como en los que se pueden encontrar los talleres y exposiciones, pero incluso eso favorece el poder disfrutar de esas actividades en un ambiente más propicio para ellas. Lógicamente, los pabellones ocupados por las tiendas de merchandising, los stands editoriales y el espacio de videojuegos son los que mueven un mayor número de gente. En realidad, esta redistribución nos ha permitido darnos cuenta de que también hay un gran número de librerías en el Salón del Manga, tanto dedicadas a la novedad como enfocadas a material antiguo y descatalogado. Esto contrasta con el Salón del Cómic donde este tipo de librerías han prácticamente desaparecido; porque por mucho que las cifras de asistencia se intenten equiparar lo cierto es que uno y otro evento no tienen hoy ni de lejos el mismo éxito y repercusión.

Los stands dedicados al merchandising siguen copando la atención de los asistentes al Salón del Manga. Hay grandes islas y grupos como FNAC o La Casa del Libro que ya nos hemos acostumbrado a ver en el certamen, a los que se añaden otros dedicados a la venta de pinturas en spray o máquinas de coser que no dejan de resultar llamativos por mucho que los visitantes tengan inquietudes artísticas o tengan que coser sus disfraces para el concurso de cosplay de turno. La continuidad también se nota en esto o en el nuevo uso de las instalaciones que ya vimos en la pasado edición; especialmente si hablamos de las salas de conferencias y auditorios que ahora acogen actividades concretas como charlas o mesas redondas. Parece ser que este año también las presentaciones tendrán lugar en estos lugares, una decisión que solo podemos aplaudir ya que saca a estas del incómodo espacio al aire libre donde hasta ahora se celebraba. Es también notorio que el Salón del Manga está intentando madurar, contrarrestando las actividades más lúdicas y culturales con una oferta mayor en relación a las citadas conferencias, mesas redondas o encuentros con autores. Esto último, siempre es peliagudo en el caso de Japón, pues las editoriales y editores nipones marcan de manera férrea las directrices de lo que sus autores pueden o no hacer.

En relación a esto último, ya comentamos en el año pasado que uno de los principales retos de la organización y las editoriales es la relación con sus homólogos japoneses cuyas exigencias parecen incluso “anti-comerciales” en la mayoría de casos. Es el celo por sus autores lo que impide una mayor presencia suya en estos eventos y que las exposiciones y otro tipo de iniciativas se queden a medio gas por la dificultad para contar con su apoyo o la cesión de materiales originales. Esto es así por el celo de las editoriales japonesas, mucho más cerradas a colaborar en este tipo de iniciativas. Es por ello que nos encontramos con comunicados como el de ayer ECC Ediciones que hacía saber a los asistentes al Salón del Manga que su invitado Nagabe solo firmaría ejemplares de La pequeña forastera y no de otras obras suyas publicadas en nuestro país como Nivawa y Saitô y la reciente Mi jefe es una Onee. La única razón que podemos deducir de esto es que se trata de una condición impuesta por el editor de Nagabe -que le acompaña en este viaje- y que es el responsable de la editorial Mag Garden en la que vio la luz originalmente La pequeña forastera, no así el resto de las obras del mangaka que ha publicado ECC Ediciones que además había sacado una edición especial de Nivawa y Saitô para este Salón del Manga.

En definitiva, estos problemas tienen que ver con un choque de mentalidades que condiciona, en parte, el crecimiento del Salón del Manga que no puede contar con un arma principal para expandir la cultura del manga: sus autores. Esta actitud también puede marcar la diferencia en relación a las exposiciones del Salón del Manga. Lo positivo de las últimas citas ha sido su ubicación como decíamos más arriba, pero, por otro lado, este año se han reducido en número siendo así una parte muy anecdótica del conjunto. Este año vuelve a repetir la exposición Tamashii World Tour con figuras de coleccionista de series, marcas y franquicias como Dragon Ball, Los Caballeros del Zodíaco, Naruto, One Piece, Mazinger Z o Star Wars. También encontramos varias exposiciones de Escola Joso, otra dedicada a Marta Salmons -la autora del cartel del Salón del Manga de este año- y el impresionante espacio de Lenguaje, objetos y bestias, una exposición acordada con la Japan Media Arts Festival con aproximadamente 130 originales de manga, así como obras de vídeo e instalaciones audiovisuales. De cara al futuro la tendencia es a realizar menos exposiciones, pero de mayor calidad.

En resumen, las primeras horas en el Salón del Manga han sido positivas en términos generales y siguen la tendencia de la anterior edición. En ella se han consagrado decisiones organizativas que parecen apuntar en la buena dirección, teniendo en cuenta que el próximo año tendremos una celebración histórica ya que nos plantamos en el 25 aniversario del Salón del Manga de Barcelona. Es una oportunidad para mirar atrás, para comprobar lo que ha sido este evento, en lo que se ha convertido y lo que se espera de él en un futuro. El Salón del Manga de Barcelona es la cita más importante para el manga y el anime a nivel nacional, su veteranía se hace notar a día, pero con lo que Ficomic no debe conformarse de ningún modo. Nosotros seguiremos aquí, disfrutando de esta edición y, por supuesto, de la siguiente y de todas las que vendrán porque más allá de sus virtudes y defectos el Salón del Manga es una experiencia que resulta difícil resistirse a repetir.

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Barcelona (Septiembre, 1980). Licenciado en Historia. Mi obsesión por las novelas de misterio y aventuras facilitó mi acercamiento al cómic con los Clásicos Ilustrados que adaptaban historias como El Escarabajo de Oro o La Isla Misteriosa. Luego llegarían Mortadelo y Filemón, Superlópez, Spider-man y Dragon Ball. Descubrí las posibilidades del medio con autores como Alan Moore, Neil Gaiman o Kurt Busiek desarrollando mi ecléctica pasión por la viñeta: cómic estadounidense, europeo, manga y webcómics. En la actualidad, colaboro como reseñista y articulista en esta, mi segunda casa, hablando de cómics y cine.
(Barcelona, 1990). Nacida con la necesidad de hacer decenas de cosas a la vez; me licencié en filosofía y ahora recorro otra aventura. Entré en el mundo del manga en un buena momento: en pleno boom de principios de siglo. Cuando por televisión emitían Evangelion y el salón del manga no tenía entradas limitadas. Fascinada por la estética gótica, oscura y dantesca, mi autora de cabecera es Kaori Yuki. Pero, reconozco que los mejores mangas que he leído son de Naoki Urasawa y Osamu Tezuka. Mi máxima: las buenas historias son aquellas que dejan huella en el alma del lector.

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