Mundo Independiente – Especial Halloween. AIDP: Una plaga de Ranas

En esta noche de brujas, repasamos extensamente el primer gran ciclo de lo que empezó siendo un spin-off más de Hellboy

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Cuando Mike Mignola nos presentó en 1993 a su más celebre creación, Hellboy, hizo lo que a muchos les pareció una curiosa elección de planteamiento. Así, en Hellboy: Semilla de destrucción, publicada por Dark Horse y coguionizada por John Byrne, no solo conocíamos al peculiar demonio con las astas recortadas, sino que quedaba establecido que era un agente de campo que trabajaba para la Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal, y junto a él aparecían otros dos miembros de la misma con capacidades sobrehumanas (la pirokinétika Liz Sherman y el anfibio Abe Sapien), dotando a la historia de cierto protagonismo coral. Resultaba un tanto atípico que para la primera aparición del personaje se recurriese a diluir un tanto su estrellato y lucimiento de esta manera, y era como si a pesar del título, aquello no fuese la serie de un héroe sino de todo un supergrupo. Resulta que algo de eso había, pues Mignola ha confesado en alguna ocasión que esa era un poco su idea original, pero que no se le ocurría ningún título de nombre de grupo con gancho y que finalmente decidió tirar por el que más le gustaba, aunque fuese de un personaje individual: Hellboy. Esto lógicamente condicionó la dirección de la serie, haciendo que en seguida se centrase más en su héroe titular. Pero quedémonos con ese dato, que lo que Mignola quería originalmente era hacer una cabecera de la AIDP.

Primera versión de la AIDP en la que ya podíamos ver a Hellboy, Abe Sapien y Liz Sherman

Ya en aquella primera aparición aprendíamos que esta agencia había sido fundada en 1945, en plena segunda Guerra Mundial, por el profesor Trevor Bruttenholm. Que su objetivo era estudiar y combatir las diversas fuerzas sobrenaturales que amenazaban al ser humano y que crecientemente estaban despertando por culpa de las búsquedas de poder esotérico del Tercer Reich y otros elementos. Que, a lo largo de los años, esta organización con base en Connecticut (en principio de titularidad privada, pero con estrechos lazos con el ejército norteamericano y el gobierno británico), además de su nutrido personal meramente humano, reclutaba también a varias personas o criaturas con talentos sobrenaturales, de las cuales Hellboy era el agente más destacado.

Según fueron sucediéndose las miniseries y apariciones del Hellboy, fuimos descubriendo más detalles de la organización, y conociendo a varios de sus miembros más destacados, que pasaron a formar parte del elenco de personajes secundarios, como el director Tom Manning o la enlace con los agentes sobrehumanos Kate Corrigan. También pudimos ser testigos de cómo algunos miembros especiales se unían a la agencia, como el entrañable homúnculo Roger.

Hasta que llegó la miniserie El Gusano Vencedor, en la que Hellboy abandonaba la agencia para seguir sus propios pasos, un tanto desencantado con la falta de lealtad exhibida por la misma hacia precisamente Roger.

El escudo de la AIDP

Con Hellboy fuera de la AIDP, las intervenciones de ésta en sus páginas lógicamente menguaron. Pero en 2001, apareció Las Tierras Huecas, la primera miniserie dedicada a la agencia y a sus miembros. La idea inicial con AIDP era ofrecer una “serie de miniseries” autoconclusivas, un poco siguiendo el patrón de la cabecera de Hellboy. Sin embargo, con el tiempo, ese modelo acabó derivando a poder ser considerada una serie regular en toda regla. Los números en grapa norteamericana llevaban una doble numeración: la que les correspondía dentro de la miniserie que tocase, y la de la posición dentro de la serie en general entendida como un todo, como la suma de todas las miniseries. Éstas pasaron a no ser considerados más que arcos argumentales dentro de la serie, que iban entre todos generando una enorme historia-río que acabaría constituyéndose como el eje real del universo ficticio compartido creado por Mignola. Y las cotas de calidad acompañan a este honor, gracias a talentos como los del propio Mignola, el guionista John Arcudi, el dibujante Guy Davis, y el colorista Dave Stewart.

Abe Sapien, quizás el personaje más icónico de AIDP

Hoy, víspera de la festividad de todos los santos, la noche de Halloween para los anglosajones, desde Zona Negativa y su área de Mundo Independiente queremos ofrecerles un terrorífico análisis y repaso por la historia de la AIDP en su primer gran ciclo argumental, Una Plaga de Ranas, que recorrió nada menos que 68 números norteamericanos. Para ello, tomaremos como base los cuatro lujosos volúmenes de AIDP integral publicados en nuestro país por Norma Editorial, y que recopilan toda esta macrohistoria, desgranando dentro de cada uno las diversas miniseries contienen. Se trata de tomos con cierto recorrido, y que además por su propia naturaleza, reeditaban material ya antiguo, por lo que al no poder ser considerado actualidad, nos tomaremos la libertad, en aras del análisis, de exponer parte de las tramas y giros argumentales. Por lo tanto, quede avisado todo lector: hay SPOILERS (trataremos que no más allá de los imprescindibles, eso sí, pero sin ellos resultaría imposible realizar esta labor) a lo largo del artículo que viene a continuación.

Los antecedentes

AIDP es una serie que mayormente se puede seguir por sí sola, pero no debemos olvidar que por definición es un spin-off de Hellboy y que es parte de su universo ficticio. Por tanto, antes de la aparición de Las Tierras Huecas, hubo varias historias que resulta muy recomendable leer previamente para un disfrute pleno de la experiencia, ya que allí es donde se presentaron varias de las ideas que sería retomadas y ampliadas en la cabecera de la agencia. Si nos queremos recudir estrictamente a las fundamentales, quizás lo óptimo sería ceñirse a dos, ya mencionadas:

Hellboy: Semilla de Destrucción

El inicio editorial de todo, donde se presentó a los personajes principales, aunque se suponía que llevaban ya años viviendo aventuras juntos. Aquí además aparecen por primera vez las criaturas llamadas Las Ranas en las que algunos humanos acaban transformándose, se establecen las bases de la cosmología del Ogdru Jahad (el monstruoso y antiquísimo dios que tendrá una progenie de 369 vástagos conocida colectivamente como Odgru Hem, destinada a devorar la Tierra), muere el profesor Bruttenholm, mentor de Hellboy y fundador de la AIDP, y conocemos a su sucesor Tom Manning.


El Gusano Vencedor. Donde Hellboy abandona la AIDP, segundo punto de inflexión que vivimos los lectores en tiempo real, tras la muerte de Bruttenholm, dentro de la historia que la agencia ficticiamente llevaba a sus espaldas. De paso, así nos iremos familiarizando con personajes como Roger el Homúnculo, o Kate Corrigan, que ya habían aparecido en otras historias de Hellboy. Se habla además por primera vez de Lobster Johnson, un justiciero de los años 30-40 que tendrá cierta importancia en el futuro de la serie. Y ya vemos que los monstruosos dioses exteriores pseudolovecraftianos de Mignola tiene cierta afición a eso de transformar personas en criaturas batracias para que sustituyan a la especie humana, y que lo de Semilla de Destrucción no ha sido una ocurrencia de un día, sino una pauta.


Cabe destacar que leerse estas dos historias no es solo un trámite para disfrutar luego de AIDP, sino que estamos ante grandes tebeos por sí mismos, absolutamente recomendables. Es decir, estamos hablando de guion y dibujos de Mike Mignola, y una ayudita de John Byrne a la escritura en Semilla de Destrucción. Bocatto di cardinale, vaya.

AIDP integral volumen 1

Este tomo reúne de lujosa manera las tres primeras miniseries que se le concedieron a AIDP a partir de 2001, además de múltiples historias cortas que aparecieron en distintas publicaciones. Los equipos creativos van variando de una a otra, y en su mayoría son de altos vuelos. Todavía no encontramos en ello la dirección clara que más adelante adquirirá la serie, pero varias de las ideas que se presentan se retomarán y resultarán fundamentales.

A continuación iremos dando un somero análisis a cada una de las diversas historias contenidas en el volumen, agrupándolas según el tomo que inicialmente las reunió y que a su vez se encuentra reeditado aquí, marcando sus autores y su importancia relativa dentro de la saga general, proceso que seguiremos a lo largo de todo el texto según vayamos recorriendo cada uno de los cuatro integrales. ¿Preparados? Pues allá vamos.


Las Tierras huecas

Mignola guioniza junto a Christopher Golden y Tom Sniegoski esta miniserie, la primera de AIDP, publicada originalmente en 2001 y dibujada por un soberbio Ryan Sook que elige en esta ocasión mimetizar el estilo del creador de esta franquicia dando lugar a un resultado gráfico espectacular.

Aquí conocemos a Johann Kraus, el nuevo miembro del equipo: un médium alemán que en mitad de una sesión de espiritismo vio cómo su cuerpo físico quedó destruido. Su forma ectoplásmica puede habitar un traje de contención especialmente diseñado para ello, y es capaz de comunicarse con los muertos. De hecho, varias páginas más adelante, podremos ver la historia en la que apareció por primera vez, publicada en formato apaisado. El personaje dista bastante de aquella versión suya que vimos en la película de Guillermo del Toro Hellboy y El ejército Dorado, donde se nos presentaba como un pomposo insufrible, y es alguien bastante más sobrio, atormentado y taciturno.

Johann Kraus, el hombre sin cuerpo

Kraus llega justo a tiempo, porque el AIDP parece que se va a quedar sin agentes con características paranormales: Hellboy se fue en El Gusano Vencedor, Abe Sapien está a punto de hacer lo mismo llevándose a Roger, y descubrimos que Liz Sherman hace dos años que ingresó en un monasterio oriental de los Urales, al que acudió buscando la mítica ciudad de Agartha y paz para su tribulada alma. Parece que nos vayan a hacer un Alpha Flight en toda regla y que el grupo se va a disolver en cuanto por fin tiene su propia serie regular, pero la cosa no llegará a mayores. Una aparición ígnea de Liz pidiendo ayuda desesperadamente a Abe al otro lado del mundo pondrá en marcha a los miembros de agencia a socorrerla.

Una vez llegan al arrasado monasterio, descubrirán que éste ha sufrido un ataque por parte de una raza de criaturas de aspecto Kirbyesco que habita en las profundidades de la tierra. Dirigidas por su Rey del Miedo, pretenden poner en marcha, usando el poder pirokinético de Liz, un ejército de Mechas de tecnología arcaica de la raza preterhumana de los hiperbóreos a la que servían en el pasado remoto. No será la última vez que veamos a estos habitantes de las Tierras huecas, también llamados La Mano izquierda, pero su retorno a la serie se hará esperar.

El Rey del Miedo, amo y señor de las Tierras Huecas

En esta miniserie nos encontramos, aparte de acción desenfrenada, terror, y misterio pulp, con escenas conmovedoras de recuerdos de Liz y Abe, en las que asistimos a cómo fue el primer encuentro de cada uno de ellos con Hellboy, y por qué le consideran un amigo. El gusto con el que están tratadas hace que sintamos realmente que ese tipo de rojo, con cola, aspecto hosco, gabardina y cuernos recortados, se merece amistad y lealtad profundas.

A continuación, hay una serie de historias cortas que se recopilaron en el TP norteamericano de Las Tierras Huecas (y en su correspondiente edición en castellano de Norma en su día) y que incluyen esas páginas apaisadas relatando el origen de Johann de las que hablábamos antes. Tras ellas, tenemos El Asesino de mi cabeza, una historia protagonizada por Lobster Johnson, que no tiene más de memorable que el expandir el relato tras una viñeta que vimos en flashback en El Gusano Vencedor. Tanto ésta como el origen de Kraus llevan el mismo equipo creativo que la miniserie precedente. Después, asistiremos a Abe Sapien contra la ciencia, en la que el hombre pez hace un poco el mismo papel con Roger que en su día jugó Hellboy con él. Ambos relatos llevan guion de Mignola y dibujos de Matt Smith. Y después leeremos Los Tambores de los muertos, una historia protagonizada también por Abe, escrita por Brian McDonald y dibujada de Derek Thompson. Al contrario que el resto del volumen (y que casi toda la serie) no está coloreada por Dave Stewart, sino por James Sinclair.


El Alma de Venecia
Este tomo que se incluye en el lujoso libro recopilaba a su vez otra tanda de relatos breves de la Agencia, con la peculiaridad de que estaban realizadas por varios equipos creativos: comenzamos con la historia que le da nombre, escrita a tres bandas por Miles Gunther, Mignola y Michael Avon Oeming, que también se encarga del dibujo. Unos extraños hechos en la italiana ciudad de los canales llevarán a los miembros de la AIDP a enfrentarse con un vampiro que ha secuestrado la efigie de la diosa etrusca Cloacina, alma de Venecia.

En Aguas Oscuras, escrita por Bryan Augustyn, la agencia acude a la localidad de Massachusetts llamada Shiloh para investigar el hallazgo de los cuerpos de unas mujeres ejecutadas injustamente durante la histeria de hace siglos en los juicios de Salem. Aquí haremos un pequeño parón, no tanto por la historia contada en sí, sino para hacer hincapié en que es el primer trabajo del dibujante Guy Davis en la serie. Este artista nacido en Michigan se labró toda una reputación durante los años noventa, con trabajos independientes como Baker Street, The Marquis, y sobre todo por ilustrar el Sandman Mystery Theatre de Matt Wagner para DC-Vertigo. Ha ganado varios premios Eisner y, además, se ha dedicado a ilustrar en otros campos, como los juegos de rol, los videojuegos, y el arte conceptual de películas de Guillermo del Toro como Pacific Rim, La Cumbre Escarlata, y su serie de televisión The Strain. El caso es que Davis acabará siendo, algo más adelante, el dibujante regular de la colección, y a la vista de los resultados, no podría haber sido una mejor decisión: con su estilo feista, su narrativa ágil y sus atmósferas sombrías y macabras, marcará la identidad visual de AIDP en los momentos más destacables de la misma, aún por venir.

Tras esa historia leeremos Tren Nocturno, con guion de Geoff Johns y dibujos de su frecuente colaborador Scott Kollins, en la que los miembros de la agencia investigarán avistamientos de un tren fantasma que les llevarán a cerrar un caso que Lobster Johnson dejó abierto en los años treinta.

Después, Hay algo bajo la cama, firmada por Joe Harris y Adam Pollina, con una trama de niños desparecidos en Pensilvania y terrores infantiles, a la que sucede Otro día en la oficina, con guion de Mignola y dibujos de Cameron Stewart, una historia de zombies en Moldavia.

Kate Corrigan, enlace de la AIDP con los agentes sobrehumanos

Hasta ahora, todo lo que hemos visto en la serie de AIDP son relatos de no mucha extensión, a cargo de profesionales como la copa de un pino, pero que resultan un tanto insustanciales, que se sienten intrascendentes, y tan agradables a la lectura como rápidamente olvidables. Es un poco el mismo síndrome que aqueja un poco a la serie de Hellboy, en realidad. Pero mientras que este personaje tiene su propio tirón y funcionaba bien con ese formato, con AIDP da un poco la impresión de que se no se pretende nada más allá de cumplir, ofrecer un producto de buena manufactura, vender unos ejemplares de un spin-off de una franquicia popular, y nada más. Resulta curioso que si en origen Mignola tenía en mente una serie grupal que derivó en una en solitario de Hellboy, cuando por fin, casi diez años más tarde, le da cabecera propia a esa idea inicial, da la impresión de que ya no sepa muy bien qué hacer con ella ni en qué dirección llevarla. AIDP necesitaba un revulsivo para no acabar siendo una serie cumplidora pero mediocre. Y es justo a continuación cuando empieza a tenerlo.


Una plaga de Ranas

Esta miniserie, la última del abultado volumen integral, fue publicada en 2004 y marca el inicio de un super arco argumental que durará hasta el número 68 norteamericano, y que colectivamente se conoce también como Una Plaga de Ranas, el auténtico objeto de este texto. Guy Davis comienza aquí su andadura como dibujante regular bajo de guion de Mignola para una historia en la que empezaremos a vislumbrar que Sadu Hem, el horror que vimos en Hellboy: Semilla de Destrucción, no pereció en Cavendish Hall, y que las transformaciones de seres humanos en criaturas batracias que catalizaba han ido pasando, de casos puntuales, a una infestación en toda regla. Así, toda la población del pueblo de Crab Point, Michigan (el lugar donde nació y reside Guy Davis, por cierto) ha sido convertida en estos seres por un presunto sucesor de Rasputín como heraldo de Sadu Hem, para invocar a los oscuros dioses a los que sirve y sustituir a la raza humana.

Además, en una genial y semi muda secuencia en la que Abe tiene una experiencia cercana a la muerte, vislumbramos por fin algunos elementos de su olvidado pasado, los cuales serán bastante relevantes más adelante.

Como ya decíamos, con Una Plaga de Ranas, que resulta de tal importancia que ése mismo pasará a ser el subtítulo de la serie durante una larga temporada, el enfoque de Mignola para AIDP vira por fin, de sucesión de miniseries y one-shots independientes, a una suerte de cabecera regular compuesta por miniseries que irán constituyendo entre todas, un gigantesco arco argumental. A partir de ahora se establece foco en una amenaza concreta, aunque de múltiples frentes: la de la invasión de ranas y los esfuerzos para traer por parte de éstas y demás servidores por traer a la Tierra a los Ogru Hem, provocar el apocalipsis de la humanidad y sustituirla en un paisaje pavoroso.

Liz Sherman, la atormentada y poderosísima pirokinética

El tono de cómo se cuentan las historias también ha cambiado sutilmente en este punto, y esta evolución no irá más que a más en el futuro próximo. Los personajes, sus circunstancias, secretos y pasado, y sus interrelaciones, cobran mayor relieve; y la narrativa, gracias a la labor de Davis resulta más trepidante, más orgánica y menos estática. Pero a pesar de todo, a AIDP todavía le faltaba una pieza fundamental para que llegase a ser lo que acabó siendo. Y para ello, tendremos que esperar al material del siguiente volumen.

AIDP integral volumen 2

Mike Mignola está decidido a cambiar el rumbo de la serie. Quizás sus desavenencias con Guillermo Del Toro sobre la película de Hellboy que se estrena ese mismo 2004, y que le hacen temer que el filme será un fracaso que hundirá la reputación de su creación, sean lo que le lleva a apostar por otras obras a las que recurrir en caso de que así sea para seguir teniendo futuro en el mundo del cómic. Después de todo, Mignola ha confirmado expresamente a posteriori alguna vez que creó un nuevo personaje fuera de esa continuidad, Joe Golem, básicamente para tener un plan de contingencia al que dedicarse en caso de que sus temores se confirmasen. Tal vez sea ese mismo motor el que le lleve a poner patas arriba a otras de sus creaciones en busca de posibles éxitos artísticos y de público. ¿Quién sabe?

El caso es que, a pesar de estar decidido a apostar por el cambio de dirección de AIDP, sobresaturado de trabajo, no puede afrontar la responsabilidad de escribir sus guiones (una tarea que varias veces ha declarado que no le resulta muy grata) para que otro los dibuje, cometido éste último que ya por supuesto que está fuera de cualquier cuestión que pueda asumir. Confía en Guy Davis para esa cuestión, pero necesita a alguien que ponga texto concreto a sus argumentos y que Davis reciba un guion técnico en condiciones. Para ello recurre a John Arcudi, un profesional de los de confianza en la editorial Dark Horse, que aunque todavía no ha realizado ningún trabajo sobresaliente, ha sabido demostrar oficio en proyectos como The Mask, Barb Wire, Major Bummer, Robocop, Aliens, o Gen 13 en Image. El tiempo demostrará que la elección de Mignola fue un acierto de pleno, pues Arcudi será junto a Davis quien llevará a AIDP a sus mayores cotas, haciendo suya la serie bajo una dirección a rasgos generales de un Mignola que sabe tener la visión de apartarse lo debido para dejarles hacer.


Los muertos

Arcudi desembarca en AIDP dispuesto a seguir la premisa que ha heredado de Mignola en Plaga de Ranas y de llevarla a sus últimas consecuencias. La secta de las Ogru Hem, que transforma a personas en esas criaturas-rana, está proliferando alarmantemente por todo el territorio estadounidense. Para afrontar mejor esta amenaza, el director Tom Manning decide que la agencia se mude de su base de Connecticut (curioso que Arcudi tomase esta decisión, considerando que es nativo de allí) a otra situada en las montañas de Colorado. Manning toma esta idea de un nuevo personaje creado por Arcudi, el misterioso capitán Ben Daimio, un hosco militar norteamericano de ascendencia japonesa con el rostro surcado de terribles cicatrices. Daimio ingresa en la AIDP directamente como nuevo jefe de operaciones especiales por decisión de Manning, y sus fricciones con Liz Sherman surgen desde el principio. Daimio, además de su marcial y hostil carácter tiene un extraño episodio en su historial: tras una misión desastrosa en las junglas sudamericanas, estuvo muerto durante tres días enteros antes de levantarse como si nada hubiese pasado, y sin que tal sorprendente cuestión llegase a aclararse. Liz no confía en él, pero en cambio, Roger el Homúnculo, con su personalidad infantil e impresionable, empieza a admirar la figura de Daimio a pesar del trato despectivo que éste le dispensa. Quiere parecerse a él, y su comportamiento empezará a derivar hacia una actitud más beligerante y marcial, para colmo de la irritación de Liz.

El misterioso Capitán Daimio

El cambio de Roger refleja en una medida el de la propia serie, que de ser una especie de procedimental con tintes sobrenaturales, pasa a tener un tono más de acción militar mezclado con horror lovecraftiano y unos toques de serial superheroico. Esta mixtura, que por incompatibilidad casi manifiesta entre sus componentes podría haber fracasado muy fácilmente, sin embargo resulta funcionar sin fisuras con los guiones de Arcudi y los dibujos de Davis, que saben agitar adecuadamente y con precisión la mezcla para que emulsione y dé lugar a un producto de sabor muy característico y casi único. El ritmo empieza a ser trepidante sin sacrificar un ápice —de hecho potenciándose— tanto los componentes de horror y de planteamiento de los personajes, a los que empezamos a sentir más cercanos que nunca. Sin apenas darnos cuenta, hemos perdido muy poco y hemos ganado mucho.

Roger, el gentil homúnculo que paso a ser un duro soldado

Paralelamente, Abe Sapien está empezando a hacer investigaciones a partir de lo que aquella visión al final del anterior volumen le reveló, y sus pesquisas le pondrán en camino de averiguar qué fue de los seres queridos que dejó atrás hace más de un siglo. Pero el resto de la agencia tendrá que afrontar otros problemas, ya que en la apartada fortaleza en la que se han instalado yacen, en sus subniveles más herméticamente cerrados, pavorosos enigmas que les pondrán en peligro. Johann Kraus, con su sensibilidad para los fantasmal, es atormentado por lo que hay encerrado en ese lugar abandonado hace décadas y que tras la segunda guerra mundial sirvió como refugio para que los científicos nazis acogidos por el gobierno estadounidense llevasen a cabo sus experimentos.

El giro de tono comentado, visto con perspectiva, quizás respondiese un poco al signo de los tiempos en el mundo real. Mientras en los noventa, cuando aparecieron por primera vez Hellboy y la AIDP, había cierto boom de conceptos sobre agencias gubernamentales investigando sucesos anómalos (recodemos el éxito de la serie televisiva Expediente X de Chris Carter), a principios de los dos miles se produce, tras los atentados del 11-S y las subsiguientes invasiones de Afganistán e Irak, un ensalzamiento de las fuerzas armadas en la cultura popular norteamericana; una visión un tanto maniquea de que hay un enemigo claro e identificable, despreciable e inhumano, del que solo hay que plantearse el exterminio para la supervivencia.

Va más allá del propósito de este escrito discutir estas cuestiones de índole más bien sociológica, claro, pero es complicado no plantearse que quizás, aunque sea a nivel inconsciente por parte de sus autores, aquí haya una de las razones de la nueva dirección que afrontó este tebeo a finales del primer lustro del siglo XXI. En cualquier caso, nos mantenemos en que los cambios, en lo que a éxitos creativos de esta serie se refiere, fueron a mejor.


La guerra contra las ranas

Esta miniserie que nos encontramos a continuación y que sigue con los acontecimientos de la saga cronológicamente, tiene la curiosidad de haber sido publicada en realidad años después, a modo de retrospectiva sobre el día a día de la contienda contra los seres-rana que se libraba en 2005. Resulta un acierto incluirlas en este punto en lugar de más adelante, ya que encajan mejor, y en lugar de disrumpir el ritmo, como quizás sucedió cuando se lanzaron en 2008 mientras la serie iba con otras líneas argumentales más avanzadas, complementan y amplían este periodo. Se trata de episodios dibujados por un par de veteranos del cómic norteamericano hoy por hoy ya fallecidos, que así le daban respiro a Guy Davis como artista regular de la serie: nada menos que Herb Trimpe y John Severin. También tenemos al excepcional Peter Snejberg, y Mignola se pasa de visita a escribir exclusivamente las escenas de Abe Sapien, mientras que Arcudi se ocupa de todo el resto del guión.

La plaga seguía creciendo y cada vez más a menudo la AIDP realizaba misiones de exterminio sobre sus nidos, en las que perdían no pocos agentes de campo humanos. Asistimos a diversos aspectos de la invasión creciente, de las gentes corrientes adorando a Sadu Hem y siendo transformadas en esos monstruos. Vemos con más calma cómo el progresivamente mayor poder pirokinético de Liz Sherman va siendo fundamental a la hora de vencerlos. Y podemos disfrutar más orgánicamente de como la relación entre Roger y Daimio se acaba transformando en amistad. Con la perspectiva que daba el tiempo, se rellenaron pequeños huecos entre las transiciones y se ajustaron los detalles que tal vez se antojaba que habían resultado demasiado apresurados durante la publicación original. Y así, leídos estos episodios en esta posición, la visión general del transcurrir de la saga gana un tanto, aunque ya era difícil poner pegas originalmente y no aceptar algunas elipsis.


La llama negra

Un ejecutivo de altos vuelos de la multinacional ZinCo (la cual ya sabemos gracias a la serie de Hellboy que tiene tratos en diversos frentes con las fuerzas del mal) apellidado Pope está recolectando especímenes de los seres rana y adiestrándolos en sus laboratorios para sus oscuros designios. Pope pretende dirigirlos, además de construirse una armadura tecnológica (con casco en forma de calavera) que desprende fuego de color negro y le dota con un inmenso poder, para dirigir esta fuerza y doblegar al mundo entero. Bajo sus órdenes, miles de ranas atacan a plena luz del día multitud de ciudades de manera coordinada. La Llama Negra, como se hace llamar Pope, pretende hacerse también con el poder sobre Kata Hem, monstruoso compañero de camada maligna de Sadu Hem… y liberarlo sobre la Tierra.

Por otra parte, Liz Sherman empieza ser atormentada por visiones en las que un misterioso personaje (vamos a llamarle ya Memnan Saa, aunque este nombre no se revelará hasta más adelante) le susurra que esta guerra tal y como la están librando está perdida, que debe unirse a él para vencer a las Ranas. Todo indica que si no, el apocalipsis es inminente e inevitable.

El equipo central de protagonistas de esta época, al completo

Todo esto es de vital importancia para el devenir de la serie. La Llama Negra es otro punto de inflexión clave de AIDP. Uno de los protagonistas, de manera sorprendente y dolorosa, morirá. Las visiones de Liz constituyen uno de los hilos principales por los que las futuras entregas, y el papel que juega el personaje se tornará fundamental, casi central. La presentación del personaje de la Llama Negra también es esencial, pues será retomado más adelante. Y el escenario final de este arco argumental, apocalíptico, con un monstruoso y colosal Kata Hem liberado sobre la Tierra arrasando todo a su paso y dejando miles de muertos, es también trascendente para la serie. No será la última vez en que de repente haya percolado algo que parece sacado más bien del japonés género de Kaijus y que pugna, con una membrana de horror prominente, por introducirse en AIDP. El mundo ficticio en el que se desarrolla, habrá cambiado para siempre tras los horrores desatados aquí y ya nadie en ese planeta puede decir que viva una vida normal.

Todo es de digno aplauso y ovación en la labor de Arcudi y Davis durante La Llama Negra. El horror, la desesperación, y la epicidad alcanzan nuevas escalas inauditas hasta ese momento en la serie, y la valentía a la hora de decidirse a un cambio de rumbo de esta magnitud, es tan digna de elogio como su eficiencia a la hora de plasmarlo.

AIDP integral volumen 3

La máquina universal

Tras los sucesos de La Llama negra, el mundo ha cambiado, pero la causa de las Ranas parece haber sufrido un duro golpe, así que nuestros héroes tienen oportunidad de lamerse las heridas y atender a importantes asuntos personales. Kate Corrigan y el agente Andrew Devon, un nuevo personaje, se dirigen a un pequeño pueblo de Francia siguiendo una pista que quizás devuelva la vida al personaje protagonista que pereció en la historia anterior. Allí, y a lo largo de los cinco números que compusieron en USA la miniserie, vivirán una de las mejores historias de terror de toda la colección, llena de atmósferas de época, ricos conceptos y escenas realmente escalofriantes.

Paralelamente, en la cantina de la base de la AIDP en Colorado, los restantes miembros principales comparten un café y una historia sobre el pasado de cada uno. Todas ellas resultan cruciales en el plano de la caracterización, ahondando en necesarios detalles hasta ahora no perfilados, recordando como es lógico a su añorado compañero Hellboy que ya tanto hace que abandonó sus filas, y, sobre todo, plantando sin que lo sepamos a las semillas de historias que están a punto de llegar, y que se engarzarán en este mismo tomo.

Daryl el Wendigo: una triste y conmovedora historia que dará más de sí en el futuro

Ya es totalmente patente que no estamos ante la serie que empezó en 2001; que Arcudi y Davis la han hecho suya, casi sin que nos diésemos cuenta. Cogen elementos de la mitología ya establecida por Mignola en todo este Hellboyverso, los refinan y los llevan más allá, un poco como hizo la generación de guionistas que entró en Marvel en los años 70 a revolucionar los tebeos que amaban escritos por Stan Lee en los 60 con los que habían crecido, ampliando horizontes, ensanchando límites, añadiendo capas de canon sobre el ya establecido, haciendo más cercanos a personajes que ya estaban ahí cuando ellos llegaron.


El jardín de las almas

Alguien le envía a Abe una misiva que ofrece pistas sobre su olvidado pasado para que se desplace al sudeste asiático. Daimio, de cuyos secretos también vamos teniendo más pistas, le acompaña. Mientras, las visiones de Liz con Memnan Saa insistiendo en que la guerra con las ranas no solo no ha terminado, sino que terminará de manera catastrófica, aumentan. Y Johann, investigando las entrañas de esa base que ya llevan tiempo habitando, pero que sigue llena de misterios, encontrará viejos archivos sobre Lobster Johnson que sorprendentemente revelan detalles muy curiosos sobre Ben Daimio.

Pero es la búsqueda de Abe la que se lleva la parte del león, ya que, por fin, tenemos respuestas claras y concretas y casi todos sus misterios se desvelan. De postre, tendremos a partir de ahora sobre el tablero a un nuevo grupo de antagonistas relacionados estrechamente con su pasado, unos científicos locos de la era victoriana encerrados en armaduras robóticas de fascinante diseño steampunk. Para compensar, un nuevo personaje llega al grupo de protagonistas: la entrañable Panya, que, pese a su condición de momia venida del Egipto antiguo con sensibilidad paranormal, más bien cumple un papel de vetusta y venerable abuela postrada en la cama con la que otros miembros del grupo podrán conversar y reflexionar.

Los estrambóticos personajes relacionados con el pasado de Abe

Aparte de secuencias de trepidante acción, de pausada investigación, de revelaciones fundamentales y de avance en las subtramas mientras otras nuevas se abren, quizás merece mención una pequeña escena de menor importancia en una comisaría en la que Arcudi y Davis echan el todo con su narrativa dejándonos deliberadamente una sensación contrapuesta por el avance en los objetivos de nuestros protagonistas a cambio de una crueldad cotidiana estremecedora.

Estamos ya en 2007, y unos meses después Mignola se anima a publicar una miniserie bastante mediocre y tópica sobre Lobster Johnson que transcurre a finales de los años 30. No obstante, ahí reutiliza al personaje de Memnan Saa como villano folletinesco a lo Fu Manchu, estableciendo relación entre éste y el justiciero pulp, y presentará a Sledgehammer, que mucho más adelante tendrá gran importancia en AIDP. Será mucho más tarde, ya a partir de 2012, cuando Arcudi y Tonci Tonjic se lancen a realizar tandas de magistrales miniseries sobre Lobster Johnson, en las que se recogerán detalles aparentemente nimios de esta andadura de AIDP para dotarlos de mayor volumen.


Zona de caza

Algo bueno adicional ha salido del arco argumental anterior para uno de los protagonistas: Johann habita ahora un cuerpo pseudohumano, de grandes posibilidades: no solo exhibe una fortaleza superior, sino que el médium alemán, tras años encerrado en su traje de contención, puede de nuevo experimentar sensaciones físicas. Y se sumerge en ellas con pasión desmedida. La comida, la bebida, el sexo… todo aquello que le ha sido negado tanto tiempo está de nuevo a su disposición, y pretende recuperar el tiempo perdido con creces. Tanto, que cometerá una imprudencia que puede costarle muy cara al resto de sus compañeros, que necesitan toda la ayuda posible. Porque simultáneamente, mientras la base de Colorado está aislada por una ventisca, se han liberado en ella dos horrores independientes de los que se nos habían dejado pistas en la conversación que mantuvieron los protagonistas en la cafetería hace dos arcos argumentales, y las instalaciones se van a convertir en una trampa mortal.

Panya, la entrañable momia

El ritmo resulta endiablado en esta historia de survival horror, y los planes que Arcudi tenía desde el principio para Ben Daimio por fin cristalizan y estallan, desvelando cuáles son sus secretos. Pero quizás precisamente por todo eso, resulta un tanto decepcionante que tras desvelar tal pastel, la cosa quede abierta sin mayor resolución. Según acaba esta miniserie, y el tomo integral, suponemos que ese final es un cliffhanger que será inmediatamente retomado en la siguiente entrega. Pues lamentamos informar de que no, y que como veremos a continuación, se pasa a otra cosa, de importancia vital para las tramas centrales de largo recorrido, sí, pero dejando este fleco de manera un tanto decepcionante. No todo iba a ser perfecto en la andadura y planes de Arcudi, claro.

AIDP integral volumen 4.

La advertencia

Como acabamos de adelantar, las investigaciones de los graves sucesos acontecidos en la base de Colorado se abandonan de manera brusca para atender otros asuntos. Entre las interacciones de Johann con el fantasma de Lobster Johnson y el talento psíquico de Panya, se descubren las piezas necesarias para dar con el nombre y verdadera identidad de Memnan Saa. Y más importante aún, con su paradero, así que se deja de lado lo que parecía urgente para ir en busca del personaje que ha estado atormentando a Liz y que puede tener información vital para decantar la balanza en la guerra contra las Ranas.

Las cosas no salen como esperado, y Memnan Saa captura a Liz, dejando al resto de la AIDP un señuelo que les conducirá a Munich. Saa quiere demostrarles que la guerra va mucho peor de lo que piensan, y efectivamente allí descubren que las Ranas se han aliado con los seres subterráneos del primer arco argumental, Las Tierra Huecas, que liberan sus Mechas arcanos hiperbóreos devastando por completo la ciudad alemana y causando miles de víctimas.

En esta historia hace por primera vez aparición el personaje del oficial de policía alemán Bruno Karhu, que acabará convirtiéndose en el interés romántico de Kate Corrigan. Se agradece que se preste atención estos detalles cotidianos a pesar de que la trama central estalle de nuevo para tornarse apocalíptica, con esos monstruos gigantes aparentemente invencibles causando devastación. También es genial el momento del agente Devon mirando con horror una cabina telefónica, que nos remite a los angustiosos momentos que vivió en La máquina universal, sin decírsenos expresamente nada al lector para que disfrute atando cabos del porqué de su reacción.

No todo está perdido. Devon ha localizado la vieja guarida subterránea de Lobster Johnson en Nueva York, y quizás eso les lleve a encontrar a Memnan Saa y a Liz.


La Diosa Negra

Tirando del hilo de las averiguaciones sobre Lobster Johnson, y entrevistándose con el anciano único superviviente de los ayudantes del justiciero de los años 30, nuestros héroes reconstruyen la historia de Memnan Saa y deducen su más probable localización. En las nevadas montañas de la frontera entre China y una de las antiguas repúblicas soviéticas, la AIDP reúne un auténtico ejército pidiendo favores a las fuerzas armadas estadounidenses para asaltar la fortaleza oculta del villano.

Sin embargo, no es una confrontación lo que hallan de entrada, ya que los nobles servidores de Saa permiten el paso pacíficamente a varios de los protagonistas, mientras otros de ellos y la fuerza militar reunida esperan fuera. Saa quiere demostrarles que, como dice, “Jamás os he mentido”, que de algún modo está de su lado para salvar a la raza humana del casi inevitable apocalipsis que se cierne. Pero que, excepto a Liz y su poder pirokinético, no les necesita para ello, ya que no son lo bastante crueles para hacer lo que es debido.

Memnan Saa, un villano que será muy utilizado retroactivamente en otras series del Mignolaverso

De repente se produce una épica batalla en el exterior cuando las fuerzas de la Tierras Huecas y las Ranas surgen de improviso con una fuerza arrasadora para destruir la fortaleza de Memnan Saa. Los militares, la AIDP y los servidores de Saa deberán repelerles en una lucha desesperada de proporciones épicas, en la que participan Ranas, subterráneos servidores del Rey del Miedo, Mechas hiperbóreos, militares norteamericanos, tanques, yetis, y hasta dragones. El espectáculo resulta impresionante.

Y mientras tanto, dentro de la fortaleza de Saa, algunos de nuestros héroes cometen actos viles e irreflexivos para liberar a su amiga. No se plantean en ningún momento la utilidad de Memnan Saa para la crisis mayor que les acecha, ni tiene en consideración las vidas de sus sirvientes, los cuales no han mostrado sino nobleza y camaradería en la lucha contra la amenaza común, y en ningún momento hostilidad hacia ellos. Resulta extraño que Arcudi no haga hincapié en esta actitud de nuestros supuestos héroes, y quizás sea una oportunidad lamentablemente desaprovechada de explorar los actos estúpidos y moralmente cuestionables que en situaciones extremas llegan a cometer buenas personas.

Con todo y a pesar de estos detalles, la confrontación final con Memnan Saa se muestra espectacular a nivel lúdico en su ejecución, con los miembros de la AIDP en situación desesperada, con Lobster Johnson tomando posesión de la forma ectoplásmica de Johann para manifestarse físicamente y poder luchar una vez más con su viejo enemigo, con Liz liberando su poder para solucionar la situación.

Viejas némesis vuelven a verse las caras tras décadas

El Rey del miedo

Este arco, el desenlace de la saga Plaga de Ranas, se abre con Kate junto con su cada vez más cercano Bruno, y con Johann poseído por el fantasma de Lobster Johnson, viajando hacia las ruinas donde éste último falleció, las que vimos en la historia El Gusano Vencedor de Hellboy. Allí darán por fin paz al espíritu del justiciero, en un conmovedor homenaje y una despedida al personaje a la altura, que por fin alcanza el peculiar paraíso que le espera en la otra vida.

Por otra parte, ante el desastre de la operación conjunta con el ejército norteamericano de la historia anterior, el gobierno USA, que además ha localizado puntos de infección de Ranas que le han pasado desapercibidos a la AIDP, decide cortar lazos con ella ante lo que perciben como incompetencia en un escenario de crisis total. Reuniendo todos los últimos retazos de sus recursos, la agencia dirige sus pasos al monasterio de Agartha donde Liz estuvo viviendo durante dos años, pues si recordamos, en el primer arco, Las Tierras Huecas, allí había un acceso a los subterráneos donde habitan el Rey del Miedo y su ejército de servidores de La Mano Izquierda. Su intención desesperada es lanzar un último ataque frontal contra ellos y la alianza que han forjado con las Ranas. No solo darán con sus objetivos, sino también con un reaparecido Llama Negra, que ha abrazado del todo la causa del Ogru Hem, dejando atrás su humanidad… pero curiosamente, no sus modales.

Una sorpresa sucede a otra y de paso surgen escalofriantes revelaciones de implicaciones gigantescas para el futuro de Abe Sapien. Liz, una vez más cae en un trance de los que Memnan Saa le inducía cuando estaba vivo, haciéndola ver de nuevo ese futuro apocalíptico que parece confirmar todo lo que se está descubriendo. De nuevo, Liz sufre una epifanía; repite el mantra que le acompaña desde siempre (“El fuego no es mi enemigo. Es parte de mi”)… y libera todo su poder, arrasando el ejército enemigo, todo él allí reunido, solucionando de manera espectacular la situación in extremis.

Es muy cierto que el uso de este recurso como Deus Ex Machina en esta serie empieza a ser cansino. Pero hay algo en la forma que se va usando cada nueva ocasión que le da un toque interesante, en lo escalofriante de la magnitud de ese poder que Liz esgrime y hasta qué punto la persona se quedará perdido en él. Es fácil trazar analogías lejanas con la Jean Grey de los X-Men durante la clásica etapa previa a que se transformase en Fénix Oscura, aunque, por muchas flores que queramos tirarle a Arcudi en este artículo, para qué engañarnos: lo cierto es que Claremont y Byrne manejaron el asunto mejor a finales de los años 70.

Aquí, las consecuencias del despliegue de Liz son también devastadoras. Parece que se ha acabado con los seres subterráneos y con las Ranas, y que la Llama negra ha desaparecido, sí. Pero a cambio, países enteros han sido arrasados. Y monstruos verdaderamente gigantescos han despertado, inmóviles de momento, pero emitiendo nubes de gases que transforman a los seres humanos en repugnantes criaturas servidoras suyas. Y, hagamos hincapié en ello, todo es responsabilidad de Liz, aunque desconcertantemente parece que Arcudi pase por alto esto tan fundamental. ¿Hubiese sido mucho peor el plan que Memnan Saa tenía en mente? Pues a la vista de los resultados, quizás no.

El panorama que deja el final ciclo de Plaga de Ranas no es menos apocalíptico que el que su transcurso nos presentaba. Es casi un cierre en falso, para continuar con el siguiente mega arco de AIDP, que llevará a que la serie pase a ser llamada AIDP: El infierno en la Tierra. No hay retorno feliz al status quo: como mucho tenemos que la ONU acoge a la agencia bajo su amparo para seguir luchando con las colosales y funestas amenazas a las que se enfrentarán a partir de ahora. Hemos llegado a de 2010 y a la entrega 68 de la numeración general de esta serie de miniseries.

Arcudi y Davis seguirían en la siguiente etapa un tiempo; primero se retirará el dibujante tras dos arcos argumentales, agotado con la dinámica de las fechas de entrega durante años, para ser sustituido por un elenco cambiante de artistas de primer nivel. El guionista irá siendo relevado de manera intermitente y puntual de vez en cuando en algunas miniseries, principalmente por el editor Scott Allie y por Chris Roberson, hasta definitivamente dejar la serie en el número 147. Parece que la partida de Arcudi fue en términos amistosos, no concluyendo El Infierno en la Tierra, pero dejando trazadas las líneas argumentales para que Allie y Mignola pudiesen terminarlo. Y, por otro lado, sigue guionizando de vez en cuando miniseries de Lobster Johnson donde retoma detalles de su andadura en AIDP. De hecho, para el gusto personal de este redactor, aunque muy distintas entre sí, Lobster Johnson es incluso más disfrutable que AIDP, así que quien no se consuela es porque no quiere.

En cualquier caso, su intachable labor y la Guy Davis, tras casi diez años en la serie, la han marcado de manera imborrable. AIDP era una serie con potencial, pero de resultados algo tibios, antes de que ambos la hiciesen suya y la convirtiesen en una de las más disfrutables del panorama estadounidense. Y la marcaron tanto que la inercia que la imprimieron ha hecho que no decaiga tras su marcha. AIDP: Infierno en la Tierra ha seguido a excelente nivel incluso en el tramo tras la marcha de Arcudi, y suponemos que pronto veremos en castellano qué tal está su continuación, BPRD: The Devil you know.

No queremos cerrar estas líneas sin dedicar de nuevo un comentario a la edición en cuatro volúmenes que Norma ha dedicado a los tebeos de los que hemos estado hablando, y en la que hemos usado para elaborar este texto. Están a la altura de la calidad del material que aglutinan, con tapa dura, faja promocional, punto de lectura, abundantes extras en forma de bocetos, y portada con cierto relieve. Y a un precio bastante majo para el disfrute que van a encontrar dentro, la verdad, así que no es una mala elección si quieren hacernos caso y darle una oportunidad a esta serie. Probablemente la edición anterior sea más complicada de localizar entera, y no salga más rentable. Resaltaremos que hay un quinto volumen de estos integrales con historias retrospectivas muy interesantes de entre 1946 y 1948, de cuando el profesor Bruttenholm dirigía la agencia. Y hoy mismo al parecer (ya es casualidad, se lo prometo) se pone a la venta un nuevo volumen recopilando los tres primeros arcos argumentales del nuevo ciclo, Infierno en la Tierra.

Así que quien sabe, cualquier día de estos les sorprendemos y le dedicamos otro artículo a esta obra a través de esos tomos y continuando este ya demasiado prolongado texto.

Mientras tanto, hasta que eso suceda, de momento pasen ustedes una feliz noche de difuntos. Diviértanse, disfrácense… y sobre todo, atérrense.

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Adoro a Mignola. Quizá para mí sea con diferencia uno de los mejores dibujantes que he visto.
Pero como guionista…