HECHOS DE LEYENDA
«¡Escuchadme, dioses de la lejana Asgard!¡Escúchame, Thor!»
Reseñamos una miniserie de principios de siglo protagonizada por el Dios del Trueno, que nos llega de nuevo de la mano de panini cómics como parte de la línea Marvel Must-Have. En medio de los ajetreados tiempos del nuevo milenio, el autor Kurt Busiek se encontraba completamente inmerso en conducir una de las etapas de Los Vengadores más recordadas y que rápidamente se convirtió en un elemento fundamental de la historia del supergrupo. Con aquel volumen Marvel quería volver a los orígenes y Busiek fue una elección acertadísima para llevar acabo tal tarea. El estadounidense llevaba ya varios años encabezando un movimiento hacia lo clásico del cómic superheroico, como ya demostró con Marvels y Siempre Vengadores. Creo que esta obra puede considerarse como parte de ese mismo camino, si bien carece de un impacto mayor sobre la continuidad, se nota un cariño por los cómics sesenteros y todo el cómic podría entenderse perfectamente como un homenaje a Jack Kirby.

La trama nos presenta a Wilf y Uller, una pareja de jóvenes vikingos que se encuentran atrapados por las garras del aburrimiento y comienzan a perder interés en algunas de sus tareas. El anciano de su tribu descubre el desdén de los dos jóvenes por sus deberes y decide enseñarles los antiguos valores vikingos a través de la narración de una epopeya que enfrenta a Thor contra la Tormenta Divina. Una historia de leyendas y mitos, que se expande a lo largo del tiempo y que lleva al Dios del Trueno de Nueva York a Asgard y a las costas de Noruega.
Como ya he comentado, el guion de Busiek busca lo clásico, y lo encuentra. La herramienta de situar toda la obra como una historia dentro de otra historia le da a las aventuras de Thor esa dimensión mitológica que tan bien le sienta al personaje. Principales y secundarios, todos los agentes de la trama se transforman en figuras más grandes que ellos mismos, tanto los dioses como los mortales se usan para representar más de lo que son y se convierten en símbolos. Esto significa que no llegan a sentirse como personajes complejos, a pesar de que se introduzcan elementos personales. La influencia de los cómics de la era Marvel es evidente, Busiek no solo utiliza esa versión del personaje sino que busca emular el efecto de aquellos cómics. Esto resulta en algo bueno y malo, la historia se condensa mucho más de lo que estamos acostumbrados (y estábamos, recordemos que por esta época Bendis ya había comenzado su Ultimate Spiderman) y los avances de la trama llegan a ser frenéticos, a veces en exceso. El método Marvel, que separaba las tareas de dibujante y guionista al máximo, producía cierta desconexión entre la historia y el dibujo y le daba mucho peso a los cuadros de narración y a los bocadillos para explicar lo que estaba ocurriendo, una técnica que ha envejecido sin demasiada gracilidad y que Busiek recupera escasamente para esta obra.

El equipo artístico está formado por un grupo de leyendas del medio. Steve Rude, dibujante estadounidense y co-creador de Nexus, una pieza fundamental del cómic independiente americano (os recomiendo el fantástico artículo de mi compañero Enrique Doblas si queréis saber más al respecto), es el responsable de los lápices. Acertadamente, el estilo de Rude ha sido descrito como una combinación de influencias entre las que destacan dos, Kirby y Toth. En estas páginas, es su vertiente más Kirby la que predomina, como era de esperar y como queda claro en los detalles que encontramos en estas páginas, como la maquinaria imposible, las armaduras que visten los caballos de Asgard o el diseño de la sala del trono de Odín. Y puestos a querer aludir al Rey, Mike Royer se hace cargo de las tintas. El estadounidense, frecuente colaborador de Kirby y considerado por muchos como el mejor entintador de su trabajo, tenía ya más de 60 años en el momento de publicación de esta obra, pero se muestra incombustible por medio de una gran e importantísima labor. Gregory Wright completa el equipo creativo como colorista, adaptándose por completo al aire clásico del dibujo con una paleta amplia de colores vivos.
En definitiva, se trata de una historia que ofrece mucho disfrute. Las comparaciones son odiosas, y esta obra no logra ganarle la partida a otras obras de Busiek durante la década de los noventa y los principios de los dos mil. Lejos de la intención de reinvención de sus Vengadores, aquí el objetivo es un sentido homenaje y se logra con creces. Además, nos permite disfrutar de una de las pocas ocasiones en las que Rude trabajó para la Casa de las Ideas, y una de las últimas para Royer. Quizá sea café para cafeteros, pero uno hecho a partir del mejor grano.
Lo mejor
• Disfrutar de ver juntas a grandes figuras del cómic estadounidense.
Lo peor
• El emular el estilo sesentero a veces lo vuelve algo denso.
Nostálgica
Guión - 8.5
Dibujo - 8.5
Interés - 8.5
8.5
Una historia que ofrece mucho disfrute.









Gracias por la reseña.
Como bien dices un equipo creativo de lujo que logran sacar un muy buen trabajo final.
Cuestión aparte, la edición de Forum que sacó en ese momento le hace gran justicia y todavía la conservo.