Marvel Gold. Capitán América y El Halcón 5 La saga del Imperio Secreto

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Cómics y política siempre han estado relacionadas. Incluso en épocas en las que el noveno arte era visto principalmente como un producto infantil, los cómics han reflejado la situación política del momento, empezando por todos los héroes patrióticos que surgieron en plena Segunda Guerra Mundial, vistiendo la bandera americana de pies a cabeza como el Capitán América y Wonder Woman. Desde entonces y hasta hoy, esta traslación de las inquietudes socio-políticas ha llegado a las viñetas acentuándose en las horas más duras del clima político americano o internacional e inspirando a los autores y sacando lo mejor de ellos. Alan Moore y David Lloyd crearon V de Vendetta durante el mandato de Margaret Thatcher en Reino Unido a mediados de aquellos grises ochenta. George Bush puso en bandeja a Mark Millar y Bryan Hitch la razón de existencia de Los Ultimates en Marvel donde la intervención militarista en países extranjeros estaba a la orden del día bajo la carta blanca de “seguridad nacional“. Y mientras Ronald Reagan prestaba equipación, tanques y portaviones en cantidades industriales a media industria de Hollywood a cambio de que produjeran películas patrióticas (con Top Gun a la cabeza) con las que animar a un país deprimido post-Vietnam, Doug Murray Larry Hama y Michael Golden mostraron en el best-seller The ‘Nam toda la crudeza y miseria que vivieron los soldados a mediados de los años setenta en una guerra que nadie quiso. Los ejemplos son numerosos y nos darían para un artículo extenso, ya que la lista es interminable (Dios Ama, Hombre Mata, Ex-Machina, la trilogia March, Watchmen…). De hecho, como curiosidad, el cómic más vendido del presente siglo XXI tiene como co-protagonista en portada e historia de complemento a Barack Obama, haciendo team-up con Spiderman…

El Imperio Secreto ha corrompido los más insospechados ámbitos de poder dentro de Estados Unidos. Y cuando el Capitán América luche contra ellos, todo cambiará en la vida de Steve Rogers.

Este mes de Agosto se estrena en España de la mano de Panini Comics el último gran evento de Marvel, Imperio Secreto, a cargo de Nick Spencer, Daniel Acuña, Rod Reis, Steve McNiven, Leinil Francis Yu y Andrea Sorrentino. Este mega-evento de doce partes reciclan el titulo de otra gran saga de cargado matiz político de la historia de la CAsa de las Ideas, aquella realizada por Steve Englehart en el contexto del Watergate, publicada por Marvel Comics allá por 1974 con dibujos de Sal Buscema. Precisamente, este mismo verano Panini Comics ha publicado un quinto tomo Omnigold dedicado al Capitán América que contiene la gran etapa de Steve Englehart al frente del Cetinela de la Libertad. Recuerdo perfectamente cómo cuando Panini lanzó los Marvel Gold en tapa dura parecía casi imposible que algún día se pudiera llegar a publicar esta etapa, pero el éxito de la línea ha sido tal que incluso este mismo año el Capitán Ameríca gozará con un segundo (el sexto en total) tomo, el cual incluirá la etapa de Jack Kirby tras su regreso a Marvel tras su estancia en DC, con historias que incluso ya han sido publicadas previamente en los Marvel Gold en tapa blanda. A modo de guía de lectura, los tomos Omnigold del Capitán América son los siguientes, aunque si ampliaramos esta equivalencia USA a los tomos en tapa blanda nos encontraríamos con que Panini ha publicado ya los 300 primeros números de Captain America.

Para analizar este tomo, esta vez hemos querido contactar con el mismísimo Steve Englehart y preguntarle por aquellas aventuras donde (SPOILER, aunque la portada lo deja bastante claro) Steve Rogers abandonaba el uniforme del Capitán América tras los sucesos ocurridos en el seno del gobierno norteamericana, en un reflejo nada disimulado de los sucesos ocurridos en torno a Nixon y el Watergate.

Entrevista a Steve Englehart

P.M.: Hablemos ahora del Capitán América. ¿Cómo recuerdas la serie del Capi antes de que tu llegaras y cómo recuerdas tu etapa en el título?

S.E.: Cuando el Capitán América volvió al Universo Marvel en el cuarto numero de Los Vengadores fue muy emocionante. Pero poco a poco fue perdiendo su fuerza. Estamos hablando de los años de la Guerra de Vietnam, y la mayoría de los lectores de la serie eran gente joven que a su vez estaban en contra de la entrada en Vietnam. Marvel decidió llevar allí al personaje y a nadie le gustó ese concepto. El personaje que tenía la bandera americana en su pecho no conseguía empatizar con su público, llegar a su audiencia. Stan Lee hizo esa serie durante un largo tiempo y la verdad, no fue su mejor serie. Hacía muchas series y muy bien, pero en la del Capitán América había una sensación de que no sabía muy bien qué hacer con el personaje. Fue una serie aburrida durante un tiempo y las ventas llevaban ya un tiempo bajando todos los meses. En ese momento me dieron la serie a mí, al chico nuevo. Cuando estaba en el fondo del catálogo. Me llegaron a decir que “Esta serie va a pasar a ser bimestral o va a ser cancelada, veamos qué eres capaz de hacer”.

P.M.: ¿En qué momento se te ocurre centrar las tramas en un aspecto político tan marcado?

S.E.: Yo era joven por aquel entonces, pero para mí había una diferencia muy clara entre lo que América dice que significa para sus ciudadanos y lo que de verdad significa para sus ciudadanos. En la escuela te enseñan la teoría pero luego sales al mundo real y te das cuenta de que no es tal cual te lo han contado. Si de verdad todo eso fuera verdad, en aquel momento no estaríamos en Vietnam. No había por donde cogerlo. Por eso en mi primera historia utilicé al Capitán América de los años cincuenta, que todavía tenía esa naturaleza anti-comunista, y lo enfrenté a Steve Rogers, a quien la verdad es que la gente no le gustaba mucho esos días. Pero esta historia gustó mucho. Y en seis meses, la serie del Capitán América pasó de estar a punto de ser cancelada a ser la serie más vendida de Marvel Comics. A mí a veces me daba un poco la risa al ver como pasaba de unos pocos cien mil ejemplares vendidos, a un cuarto de millón… a medio millón y medio años después a un millón de copias vendidas. Y eran cómics, solo cómics. Así que yo estaba en un punto en el que no había hecho funcionar la serie de La Bestia (lo cual todo el mundo entendía) a ser el favorito de todo el mundo porque había hecho el milagro con el Capitán América. Empleado del mes [Risas].

P.M.: En la mitad de tu etapa ocurrió el famoso Watergate. ¿Cómo afectó aquello a tus ideas para la serie?

S.E.: Yo me recuerdo a mí mismo sentado en la oficina pensando qué haría yo si fuese el Capitán América. También lo hice luego con el Doctor Extraño, con Batman, con quien tocase en cada momento. Pero la primera vez que lo intenté fue con Steve Rogers. El Halcón ya estaba en la serie cuando yo llegué. Se suponía que era el compañero de aventuras del Capitán América, pero yo no quería que fuera un simple sidekick, sino que fuera una persona equiparable al Capitán y que tuviera sus propios argumentos y subargumentos, independientes de los Steve Rogers. Yo estaba haciendo mis propias aventuras de superhéroes, con Felix Faust, Garra Amarilla, etc., cuando en ese momento sucedió todo el escándalo del Watergate. El presidente de los Estados Unidos estaba siendo acusado de ordenar las escuchas ilegales. Le estaban investigando. Todo era una gran película de espías, con mucho seguimiento por televisión. Yo pensaba: “¿Cómo puede ser posible que el Capitán América no reaccione a todo esto?”. No era posible. Había gente que todavía pensaba que el Capitán América estaba al servicio del presidente y que tenía que hacer todo lo que este le decía. Yo no era tan inocente, hasta el punto de que en mi historia en la serie el presidente de los Estados Unidos en Marvel llega a suicidarse en la Casa Blanca después de desvelarse que era el cabecilla de una asociación criminal. Y eso supuso que el Capitán América decidiera dejar de llevar ese traje y ese escudo tan patrióticos que llevaba y pasar a llamarse Nómada. Para mí eso fue un desafío muy interesante porque iba a escribir la serie del Capitán América sin el Capitán América. Yo sabía que iba a volver a ser el Capitán América antes o después, pero quería pasármelo bien mientras tanto y aprovechar la oportunidad que ello me ofrecía.

P.M.: ¿Y cómo concluyó tu etapa en la serie? ¿Qué te hizo dejarla?

S.E.: Al final, Cráneo Rojo es la razón por la que Steve Rogers vuelve a vestir el uniforme del Capitán América. Y la serie volvió a ser una serie de aventuras y de superhéroes, menos reivindicativa y con una menor carga política. Podría haber seguido, pero a mí eso me generaba menos interés, porque ya había hecho eso. Iban a hacer un cómic en blanco y negro de Thor, unas treinta y tanto páginas, y pensé que estaría bien hacer ese proyecto de Thor y dejar por un tiempo el Capitán América. Pero luego cancelaron el proyecto de Thor y me quedé sin hacer ninguna de las dos.

P.M.: Por curiosidad, ¿Qué piensas de las películas?

S.E.: Pues a mí me han gustado mucho. Antes estaba hablando con Bob Layton (que tiene una conexión con Iron Man) sobre las películas y él piensa que las de Iron Man son las mejores de todas, pero yo también pienso que las del Capitán América son muy entretenidas. Creo que la del Soldado de Invierno fue una muy buena película, no solo una buena adaptación. Espero que sigan esa línea. Para ellos no tiene que ser muy fácil construir una Universo Marvel en el cine tan rápido o tan orgánico como en los cómics, porque cuando tienes doce series mensuales para explorar nuevos conceptos te puede salir de forma más natural que si te lo tienen que presentar de golpe en las películas. Eso ocurre en la segunda película de Vengadores, donde he oído que hay otra hora entera de película que tuvieron que cortar. Pero a pesar de ello, lo están haciendo muy bien.

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