
Edición nacional / España: Luces Nocturnas. Colección Gugú, mayo 2017, Astiberri Ediciones.
Formato: 56 páginas a color editadas en un álbum en cartoné.
Precio: 13 €.
Hay veces que no importa tanto el qué sino el cómo. Luces nocturnas es uno de esos ejemplos de tebeos hermosos, de belleza apabullante, pero menor interés en lo que cuenta. Lo que no le resta atractivo, no temáis. Además, no todos los autores completos suelen dar en la diana con sus narración. De hecho, no es lo normal, para qué engañarnos. No se puede tener todo. No todos los que cogen el lápiz pueden tener algo que contar. Eso no quita para que el producto no tenga cierto interés, como digo, más allá de la belleza evidente de sus viñetas. A ver, quizá no te estoy vendiendo el tebeo, pero es que eso, en este caso, ya sus atractivas páginas lo hacen por sí solas, está claro.

Así, deambulan por sus páginas duendes, pulpos, hadas y demás criaturas que aparecen a través del demiurgo de una niña pequeña que quizá sea un trasunto velado del recuerdo de infancia de la propia autora. Aunque esto es elucubrar. Lo que es seguro es que Álvarez es capaz de diseñar un mundo particular, lleno de color, de formas perfectas, uno en el que estaría bien darse un chapuzón. Y demostrando que puede crear un universo personal, aprovecha para censurar comportamientos crueles en el ámbito escolar, así como para demostrar el abismo generacional entre niños y adultos.

Luces nocturnas es un canto a la importancia de la imaginación y la fuerza de la creación como motor no solo de la vida, sino como impulsor del proceso de madurez.









Yo lo veo más como una idea sencilla a contar, pero para nada simple su resultado final. Lo veo una maravilla para iniciar, un disfrute para el ojo y una alerta a las barreras que contrae la madurez. Me ha encantado.