La Posada del Fin del Mundo

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1. LA CHICA DEL ACANTILADO
2. PASOS EN LA ARENA

Autores: Patrick Prugne, Tiburce Oger.
Formato: Cartoné.
48 páginas, color.
12,00 € c/u.

 

Lo que leo constantemente son cómics de superhéroes y Vertigo, básicamente, y consciente de que conformarme con eso me limitaría como lector, muy a menudo me dejo llevar por la curiosidad cuando voy a la librería y busco obras ajenas a lo superheroico. No entraré en detalles de mis hallazgos, pero hoy me toca hacer mención de La Posada del Fin del Mundo. Mi curiosidad me lleva por caminos poco intelectuales en realidad, y aunque muchas obras de tintes fantásticos me llaman la atención (es inevitable), lo que yo busco son historias sencillas, con una sensibilidad especial, bien contadas, algo no excesivamente gafapasta… De ahí mi pasión por Strangers in Paradise, si me entendéis… La Posada del Fin del Mundo me atrajo inmediatamente por su portada de tristes colores, seguidamente por su sugerente título, después por sus bellísimos dibujos, finalmente leí el texto promocional de la contraportada y entonces ya no hubo duda:

…Es usted un espíritu razonable… Sólo cree aquello que ve… Pero, ¿va a creer en todo lo que verá?

…Después de lo que pasó aquí, nadie se atrevió a instalarse nuevamente… ¡Sólo yo me quedé! Tomé el relevo del antiguo posadero, y desde entonces le estoy esperando…

…Voy a contarle una historia, señor… Una historia apasionante y terrorífica a la vez, incluso para mí, que la he vivido…

…Fue hace casi cincuenta años, en 1822, un día en que llovía en la tierra y en los corazones…

…Y quien más lágrimas derramaba era el posadero…

Es la historia de mi vida: intento huir del género fantástico y me meto de lleno en él. Me dejé llevar por los sugerentes títulos (La chica del acantilado, Pasos en la arena) y sus atractivos dibujos, y me encontré con una historia de tintes fantásticos. Ya lo tengo bastante asumido…

La historia comienza con un bello prólogo en el que vemos a Iréna y Yann, dos niños que juegan en la costa. “Se aman” diríamos si fuesen mayores, pero bueno, son sólo niños… Cuando la niña regresa a casa con su madre, son asaltadas por unos encapuchados. No llegamos a ver qué ocurre, pero su madre muere e Iréna desaparece…

60 años después, una noche de tormenta, un escritor se refugia en la “Posada del fin del mundo”, pues así se llama el único lugar habitado en el pueblo de Trébernec. Por la noche, un extraño descubrimiento por parte del escritor hace que el posadero decida explicarle la historia ocurrida tantos años atrás en el pueblo, ahora deshabitado. La desaparición de Iréna y la muerte de su madre conmocionaron al pueblo, y su padre pasó años destrozado y solo.

Hasta que un día Iréna volvió, pero ya no era la misma… La antaño vivaraz muchacha ahora no pronunciaba una palabra, y parecía poseer ciertos dones curativos. Hubo quienes, inevitablemente, la tacharon de bruja, y otros de milagro. Tal situación atrajo la atención de De Baronie, propietario de la conservera del lugar, y responsable del buen funcionamiento de la industria pesquera del pueblo…

El encuentro entre Iréna y De Baronie dispara los acontecimentos. Yann regresa también justo a tiempo de proteger a la chica de gente temerosa de sus artes, los trabajadores de la conservera se ponen misteriosamente enfermos y solamente Iréna es capaz de sanarlos, criaturas escamosas de rasgos humanos se mueven en la noche, y finalmente Iréna habla y cuenta muchos de sus secretos.

El mal proviene del mar. Para un pueblo cuya vida gira constantemente en torno a ese gran desconocido es lo peor que le puede pasar. La realidad de los pueblos pesqueros en que se ama y se teme la mar por partes iguales deviene, de forma implícita, en el motor de la historia. Extraña estructura tiene La Posada del Fin del Mundo, pues uno no acaba de saber cuál es el núcleo de la historia. ¿Es ese trágico final que nos anuncia el posadero? ¿Es la historia de Iréna y Yann? ¿Es la lucha entre el bien y el mal en un ambiente cotidiano? Todos los conceptos están elegantemente hilvanados creando una atmósfera mágica mágica sin llegar a ser pretenciosa, los autores nos tienen en todo momento donde ellos quieren, dando pequeñas dosis de misterio en los momentos adecuados, aportando respuestas siempre antes de que el relato se resienta.

Las ilustraciones que envuelven este amargo cuento son una pieza clave de esa atmósfera, con sus cielos en permanente aviso de tormenta, siempre cambiantes y sorprendentemente realistas y agradables. No tan realista es el diseño de personajes, cosa nada rara en el BD, pero como es habitual, no es un defecto más que una particularidad. El dibujante domina la expresividad de los gestos y las miradas, y lo demuestra en cada página, con la impasibilidad de Iréna, las lágrimas de su padre o la pose altiva de De Baronie. Los momentos de lluvia son especialmente envolventes, dibujadas las gotas con gran cariño, siendo según el momento escenas de gran tensión, de tristeza o emociones.

Leer La Posada del Fin del Mundo es como dar un paseo por los riscos que nos muestra la historia, es dejarse llevar por el encanto del pueblo de Trébernec, no tanto el lugar como sus gentes, quienes, aunque no tienen un gran protagonismo, los autores se las apañan para que llenen el fondo del relato…

Es ésta una historia en tres actos, de la que solamente queda publicar el final, y aunque hay veces que su ritmo peca de irregular es una agradable lectura que no defraudará a quienes busquen parajes solitarios y algo de melancolía… sin dejar de pisar terrenos fantásticos. Es inevitable…


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