En esta sección de Zona Negativa dedicada a cine y series, rara vez tocamos los documentales, un género en sí mismo que da a conocer realidades desde un punto de vista supuestamente objetivo. Este el caso de La Chaparra, documental que cuenta la historia de la secta radicada en la finca del mismo nombre sita en Vistabella del Maestrat, Castellón.
En primer lugar, y antes de entrar en materia, conviene realizar una serie de precisiones sobre el género documental, especialmente en el que se emite por capítulos en plataformas de streaming, precisones que, por supuesto, son aplicables a La Chaparra.
Y es que, que un documental narre una situación supuestamente real, ocurrida en un lugar y momento determinado, y lo haga desde una perspectiva “objetiva” no quiere decir que no esté guionizado, dirigido o conducido hacia una conclusión determinada. En ese sentido, cuando este tipo de producciones muestran entrevistas, grabaciones reales de ciertos momentos vividos dentro de lo que el documental nos cuenta etc, no dejan de ofrecernos un filtrado obtenido mediante el montaje y la postproducción de varias horas de grabación.
Con esto no quiero decir que La Chaparra sea un mal documental, ni mucho menos, ya que a pesar de la crudeza de su historia, me ha emocionado y gustado especialmente. Pero sí que quiero hacer constar que cuando vemos La Chaparra o cualquier otro documental, estamos viendo en este caso, televisión, con todo lo que eso implica.
La Chaparra
Entrando ya en la serie objeto del análisis de hoy, La Chaparra cuenta la historia de una secta montada por el infame Antonio Garrigós Lucas en los años noventa, que llevó a la comisión por su parte, y por la de algunos de sus adeptos a actos indecibles que, afortunadamente y denuncia mediante, fueron muchos año después, abortados por las autoridades competentes.
Antonio Garrigós, fallecido mientras se encontraba en situación procesal de prisión preventiva a la espera de juicio, falleció debido a las complicaciones derivadas de su mala salud antes de poder enfrentarse a las consecuencias jurídico-penales de los viles actos que presuntamente había cometido.
Garrigós, apodado más tarde por sus adeptos como Tío Toni, era un hombre contrahecho y de salud complicada motivada por haber pasado la polio de niño, que en los años noventa comenzó a hacerse conocido en ciertos círculos por ayudar (por supuesto a cambio de dinero, lo que en sí mismo constituye un acto de estafa) a personas con problemas de salud varios, los cuales “curaba” mediante la imposición de manos y otras técnicas del todo ineficaces, por no decir, de efecto nulo a sabiendas y dotadas de falsedad y engaño.
Antonio, se dio cuenta del poder de convicción que tenía y poco a poco, fue ganando más adeptos, montando (por supuesto con el dinero de estos) una gran finca en Vistabella del Maestrat a la que llamó, La Chaparra.

En dicha finca, los hombres trabajaban de sol a sol, o bien en el taller de carpintería que fabricaba suelos para mamparas, actividad con la que La Chaparra obtenía viabilidad económica, o bien en la panadería desde la que elaboraban productos de repostería que luego vendían al por menor.
Las mujeres, en esta estructura por supuesto machista y patriarcal, se dedicaban a dar a luz a sus hijos, niños especiales que iban a salvar el mundo, y a criarlos. Y el Tío Toni… el tío Toni daba cursos y charlas desde La Chaparra, convirtiéndose en más querido para los niños nacidos allí que sus propios padres, encargándose de que a estos no les faltara de nada.
Las fiestas de cumpleaños de estos niños contaban con caros juguetes, caballos, y celebraciones por todo lo alto, que se hacían en La Chaparra ocultas a las ciudades. Pero cuando los niños crecían, y llegaban a la pubertad, el Tio Tony los invitaba a su habitación por las noches, donde purgaba el pecado de estos y las malas energías abusando sexualmente de ellos.
Pensemos que para niños que han nacido allí, todos sus referentes en lo relativo a la educación sexual o de cualquier otro tipo, son los aprendidos en La Chaparra, por lo que entender que están siendo violados, es algo todavía más difícil de asumir y entender que pone una piedra más a la enorme montaña que constituyen sus vidas.

Pero ¿Cómo empezó todo esto para los protagonistas del documental? Nos lo cuenta Eli, mujer que se quedó viuda a finales de los ochenta y que rota de dolor, comenzó a utilizar los servicios de Antonio. Poco a poco, éste le convenció de que se uniera a la comuna que éste estaba construyendo y que viviera allí con él, llevándose a su hijo Carlos, en aquel momento apenas mayor de edad. Allí, Carlos conoce a Conchi, otra de las adeptas de Antonio, con quien rápidamente se casa, llegando a tener tres hijos, Sara, Gabriel y una tercera hija todavía hoy menor de edad cuyo nombre no conocemos por razones obvias.
Carlos era uno de esos hombres que dedicaba todos sus días a trabajar, alejado de la crianza de sus hijos, y que cuando harto de la situación decide divorciarse de Conchi, es expulsado de la comuna, tildado de traidor por Antonio y apartado de sus hijos. Poco a poco va recuperando el contacto con estos, y gracias a la inestimable ayuda del psicólogo especialista en secta Miguel Perlado, se construye una denuncia que terminará en la entrada de la policía por la noche en La Chaparra y la detención de Antonio Garrigós Lucas junto con varios de sus adeptos.
La Sentencia que juzgó todos estos horribles actos fue dictada hace muy poco por la Audiencia Provincial de Castellón, condenando a cinco de los adeptos del Tío Tony, entre ellos a su hijo (reconocido), a su mujer, a su nuera, a otro adepto que acudía regularmente a La Chaparra para abusar sexualmente de niños varones y a Conchi, madre de Sara, Gabriel y de la hermana de estos que durante años permitió el abuso sexual por parte de Antonio de sus propias hijas. Atonio, quien además también mantenía relaciones con sus propias adeptas, llegando a engendar a varios de los hijos de éstas, inscritos algunas veces como hijos de quienes no eran sus padres biológicos.
Una historia desgarradora y emocionalmente muy dura que con un montaje magnífico y una banda sonora cuidadosamente escogida por Raül Refree (La Mesías), sin olvidar la fotografía de Toni Vidal (Sigo siendo la misma), que une imágenes religiosas con vídeos caseros que hace de este documental una de las experiencias más duras que podemos experimentar actualmente en televisión.

Ello se debe por supuesto, no solo a los duros testimonios de Eli, Carlos, Sara, Gabriel o Jeshúa (hijo de otro matrimonio de adeptos de La Chaparra y también protagonista de esta historia) sino a la gran labor de dirección llevada a cabo por Elena Molina (Flores para Antonio) y al guion de la propia Molina y de Silvia Arribas y Marías Recarte.
El documental está realizado, afortunadamente, y a pesar de las duras imágenes y testimonios que vemos a lo largo de sus tres capítulos, desde el respeto a las víctimas y a su sufrimiento y no desde el amarillismo. De hecho, dice mucho de Elena Molina y su equipo que no se haya estrenado este documental (obviamente grabado durante y en parte después del proceso judicial) hasta que ha terminado al menos, en primera instancia, el procedimiento penal abierto en torno a esta peligrosa secta.
Ello, aunque obviamente se hace para depurar responsabilidades legales, no deja de ser un ejemplo más de respeto y deferencia a las víctimas por parte de esta producción.
La Chaparra muestra una realidad muy similar a la que Los Javis nos presentaron desde la ficción en La Mesías, una de las mejores series jamás producidas en España que, casualmente, está libremente inspirada en otra secta (en este caso familiar y muy reducida) la formada por los miembros del extinto grupo musical Flos Mariae.
Podría pasarme horas escribiendo sobre la tristeza y la ira que ha generado en mí este documental, pero lo que pretendo con estas palabras es que lo veáis, no llenaros de spoilers. Sin embargo, sí que quería aprovechar este espacio para expresar mi opinión al respecto de que no podemos ni debemos culpar nunca a las víctimas de una secta (al menos, no más allá de lo que establece el Código Penal cuando algunas de las víctimas son, además, victimarios, algo que ocurre en La Chapara con algunos de los condenados por Sentencia judicial) puesto que todos somos susceptibles de caer en una coerción de este tipo.

Y es que, sí, en este caso estamos ante una secta clásica, de tipo religioso que se congrega y aisla en torno a un Mesías impostado, pero existen y han existido otras peligrosas sectas no religiosas, de tipo económico como I Am Academy, la formada por Llados, o algunas desgraciadamente clásicas ya en esta país como El Palmar de Troya o los Testigos de Jehová, por no hablar de la coerción y lavado de dinero que en no pocas ocasiones ejercen religiones oficiales y respaldadas por las instituciones, y cualquiera de ellas en cualquier momento puede ofrecernos algo que queremos o necesitamos, y bajo dicho pretexto acabar con nuestra libertad y bienestar personal.
Culpemos pues a quienes están detrás de esas organizaciones. A quienes se enriquecen gracias al engaño y el maltrato psicológico, y acudamos a la justicia y a las instituciones siempre que creamos tener noticia de hechos similares a los aquí expuestos.
Dirección - 8.5
Guión - 9
Reparto - 7
Apartado visual - 9
Banda sonora - 7
8.1
Crudo
La Chaparra es un documental muy duro pero magistralmente producido que revela al mundo la crueldad de una peligrosa secta desmantelada hace muy poco.









