JSA de Geoff Johns IV

ültima entrega de la serie de artículos dedicados a la JSA.

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¿Qué significan para ti los superhéroes? Pueden que fueran tus mejores amigos de la infancia. Puede que ahora solo sean un recuerdo nostálgico. Puede que para ti solo sean un entretenimiento, un refugio donde esconderse después de un duro día de trabajo. Puede que sean una herramienta que propicie la reflexión, una suerte de artificio filosófico girando en torno a nociones de verdad, justicia, familia y ley. Puede que sean un recordatorio del valor del sacrifico. La JSA de Johns, Goyer y Robinson es todo eso y más.

Se pusieron como meta generar en los lectores la sensación de maravilla y descubrimiento que ellos sintieron al leer tebeos de críos. La nostalgia, por tanto, es algo que está tremendamente presente a lo largo de toda la obra. Las reflexiones sobre el paso del tiempo se articulan, no obstante, de una manera absolutamente entretenida. El lector medio puede disfrutar de la lectura de esta gran serie, convirtiéndola en un pasa-páginas apasionante. Por fortuna, los niveles de lectura no se quedan solo en la superficie. Los personajes principales no son en realidad más que encarnaciones de las ideas controladoras de la narración: la verdad, la justicia, la familia, la ley y el legado.

¿El legado? ¿Cuál es el verdadero legado de este colección? Más allá del poso que haya podido dejar en algunos corazones nostálgicos, ¿cuál hasido su influencia en la industria del comic? Siendo sinceros, muy poca. Las causas de este peculiar “fracaso” pueden venir dadas por varios motivos. En primer lugar, es bien sabido que en el comic de superheroes actual predomina el descompressive storytelling, la narrativa cinematográfica y el impacto instantáneo antes que la implicación emocional de largo recorrido; es decir, precisamente la técnica que predomina a lo largo de toda la colección de JSA.

James Robinson fue el primer arquitecto de la serie.

Por otro lado, y aunque suene mal decirlo después de haber dedicado casi 10.000 palabras de elogios a la colección, a la JSA no le sienta bien un recorrido editorial de noventa números.Si en Starman yen los primeros números de la colección escritos por Robinson se percibe el trazo de un arquitecto maestro que conoce el final de sus historias antes incluso de empezar a escribirlas, en la época Johns parece que este se toma demasiado al pie de la letra aquello de escribir al estilo de la Edad de Plata. La trama parece concebida en base a un final indefinido, como aquellos míticos seriales concebidos por Eisner, Kirby y Ditko. Esta circunstancia lastra un poco la experiencia de la lectura y se crea una sensación de empacho, sobre todo si no se disfrutan los números mes a mes (siendo así, por otra parte, como estaban concebidos).

Pero un momento. ¿Es este un problema mío? ¿Es un problema de los lectores? ¿O es que quizás sus guionistas no saben como tramar una historia en condiciones? Siempre me ha gustado pelear a la contra, así que en estos tiempos de Twitter haré una critica constructiva y no destructiva: opino sinceramente que la misma serie de la JSA estaba concebida como un artefacto fuera del tiempo. No solo respecto a sus tramas. No solo respecto a su narrativa. Su misma concepción como objeto estaba definida por elementos anacrónicos.

Y por eso mismo no podía ser más maravillosa.

Stargirl es el ancla emocional de Johns (y de los lectores) a la serie.

JSA de Geoff Johns Volumen 6
 

Edición original: JLA / JSA: Virtue and Vice USA, JSA núms. 52-58 USA, Hawkman núms. 23-25 USA
Edición nacional/ España: JSA de Geoff Johns vol.6
Guión: David S.Goyer, Geoff Johns.
Dibujo: Carlos Pacheco, Don Kramer, Leonard Kirk, Rags Morales, Sean Phillips.
Formato:Cartoné, 344 págs. A color.
Precio:32,50€

 

Como todos sabemos, los encuentros anuales entre la JLA y la JSA son historia viva de DC Comics. La tradición comenzó con Justice League of America #21 y continuó a lo largo de los años, con nuestros héroes preferidos enfrentándose a amenazas de cierta relevancia en ocasiones que para los fans se convertían en auténticos eventos. En una colección que se caracteriza por su carácter nostálgico y recuperador, parece obvio que tarde o temprano estos encuentros tendrían que recuperarse. Johns y Goyer decidieron dedicar un especial entero a esta circunstancia, contando con la colaboración del gaditano Carlos Pacheco y dando como resultado una auténtica joya del noveno arte llamada Vicio y Virtud.

La trama es relativamente sencilla, pero cuenta con todo el encanto de un cuento de hadas, como los mejores comics de superhéroes. El Dr. Bedlam irrumpe violentamente una conferencia de paz de las naciones unidas, en un atentado frustrado rápidamente por los mejores héroes del mundo. Sin embargo, estos pronto empiezan a comprobar que su comportamiento no es como debería ser.

Es ya un tópico decir que este tipo de historias buscan hablar del verdadero significado del heroísmo mediante el reflejo distorsionado de los dorados campeones del bien (de hecho, Crisis de Identidad se basó en una historia clásica de la Edad de Plata articulada en torno a este mismo concepto). Pero el trabajo en el guion de Goyer y Johns es tan sublime que consigue hacernos olvidar que se trata de una historia mil veces vista.

Pacheco no se quedó atrás, y entregó un trabajo que a la larga se convertiría en un puntal de su carrera. El gaditano siempre ha sentido predilección por colaborar con guionistas de corte clásico (como Busiek o el propio Johns), y ese disfrute se percibe en su trazo y en su manera absolutamente viva de disponer a los personajes sobre el escenario de la ficción.

A continuación se incluyen dos especiales que recuperan (otra) tradición clásica: la de los encuentros grupales en fechas señaladas. El plato fuerte, no obstante, llega después, con un nuevo arco argumental centrado en Black Adam, su nuevo equipo y su peculiar sentido de la justicia. Este arco, conocido como Black Reign, alcanza dimensiones épicas al dividir su trama entre JSA y su hermana espiritual: Hawkman.

A lo largo de esta serie de artículos hemos hablado realmente poco de una figura fundamental en la colección. Rompe Átomos, protegido del superhéroe de la Edad de Oro conocido como El Átomo, siempre se había definido por su necesidad de afecto, reconocimiento y admiración, así como por su inestabilidad. Sus desequilibrios psicológicos le hicieron convertirse en un asesino, así como en una víctima propicia para la manipulación de Black Adam.

Durante un tiempo, este último pareció reformarse y unirse a la JSA, pero cuando quedó claro que tanto sus ideas morales acerca de la justicia como las de Rompe Átomos chocaban frontalmente con la línea política de la JSA, ambos abandonaron el equipo. Cuando ambos atacan el país natal de Adam, Kahndaq, ejecutan a su dictador y toman el poder, los viejos conflictos inherentes a un grupo que lleva en el nombre la palabra “justicia” vuelven a salir a la luz.

Black Adam, Rompe Átomos y su sentido de la justicia.

Si por algo se define este tomo (y este arco argumental) es traer a colación un leitmotiv constante en la obra de Johns: la redención. Johns dice lo siguiente respecto a su método de trabajo: “Los mejores villanos son aquellos terriblemente viles…con alguna pequeña cualidad positiva que posibilita su redención”.

Tanto los villanos de Flash, como Siniestro, como Black Adam o como Manta Negra son villanos equivocados por los motivos correctos (siembran el mal con buenas intenciones) que buscan reintegrase en las filas del bien…bajo sus propios términos. Y es ese individualismo el que imposibilita su redención final. Y lo que los convierte en personajes terriblemente interesantes y románticos. Una pizca más de pimienta en las suculentas sopa que Geoff Johns cocina a fuego lento.

JSA de Geoff Johns Volumen 7
 

Edición original: JSA núms. 59-67 USA
Edición nacional/ España:.JSA de Geoff Johns vol.7 (ECC Ediciones)
Guión: Geoff Johns.
Dibujo: Dave Gibbons, Don Kramer, Jerry Ordway, Sean Phillips, Tom Mandrake.
Formato: Cartoné, 224 págs. A color.
Precio:22,00€.

 

Podría pensarse que este tomo, al ser el penúltimo, es una especie de parada, un retroceso forzado en la acción en la serie, una puesta a punto para la traca final. Nada más lejos de la realidad. Este tomo es un auténtico tour de forcé. Hunde sus raíces en dos puntales sobrenaturales (y básicos) del Universo DC: El Espectro y The Sandman.

El Espectro (como ya se apuntó en la primera parte de este artículo) es literalmente la Ira de Dios en la Tierra. Este antihéroe lleva rondando por el universo en viñetas de DC Comics desde los años 40, pero fue en los años 90, bajo la batuta de John Ostrander, cuando el personaje alcanzó todo su potencial en una etapa de culto cariñosamente recordada por los aficionados.

En las manos de este genial guionista, el personaje se convirtió en un vehículo para la reflexión acerca de la moralidad, la justicia, la ley y el castigo. Son estos conceptos que orbitan en torno al mismo eje moral que la JSA, así que no es de extrañar que El Espectro se dejara caer por las páginas escritas por Geoff Johns. Con el aliciente añadido de que el personaje que se oculta en esta ocasión bajo la capucha es Hal Jordan, un personaje tremendamente vinculado a la trayectoria del escritor de Michigan y asociado a ciertos crímenes cometidos en nombre de la justicia.

El Espectro se dejará caer por estas páginas.

El otro gran concepto fantástico asociado a este tomo de la JSA es el del Señor de los Sueños. Como El Espectro, The Sandman lleva pululando por este cosmos superheroico desde la Edad de Oro. Wesley Dodds, quien por cierto moría al comienzo de este serie (quizá como metáfora del cambio generacional) fue el primero que llevo sobre sus hombros la carga de impartir justicia y pesadillas a los criminales.

Garret Sandford fue el segundo hombre en llevar el manto del administrador de sueños. Creado por Jack Kirby, se postulaba más como un héroe folclórico e infantil que como un siniestro vigilante urbano. Bruto y Glob, sus dos acompañantes, cobrarían una importancia fundamental en la dinastía de los soñadores. Sandford acabaría suicidándose, y su lugar sería ocupado por Héctor Hall, el hijo de Carter Hall (Hawkman) y futuro Doctor Destino.

En un ejercicio de ingeniería postmoderna difícilmente superable, Neil Gaiman consiguió integrar a Wesley Dodds, Sandford y Hall en la misma continuidad. Planteó (homenaje a Winsor McCay mediante) que Bruto y Glob habían escapado del control de Sueño durante el cautiverio de este. Dentro de la mente de Jed (un niño víctima de malos tratos) habían creado un falso mundo de ensueño. Allí alimentaban los sueños del niño con la ayuda involuntaria de Sandford y Hall. Cuando Sueño se enteró, disolvió el mundo subcreado de Bruto y Glob, y averiguó que Daniel Hall (hijo de Héctor) se convertiría en el nuevo Sueño.

El mitico homenaje de Gaiman a Little Nemo.

Johns vio una oportunidad, un hilo del que tirar, en el hecho de tener a Sandy Hawkins (el compañero de Wesley Dodds) en el equipo. Bruto y Glob vuelven a las andadas e intentan repetir la jugada de Héctor Hall con Sandy. Solo que esta vez tienen a la JSA (comandados por Hall) frente a ellos. En cierto modo un homenaje, en cierto modo una continuación de La casa de muñecas (la maravillosa historia de Gaiman), Waking the Sandman supone un auténtico tour de forcé por la historia de la vertiente más metafísica del Universo DC.

El tomo se cierra con la conclusión del arco argumental de Hourman, y con un fill-in relacionado con Crisis de Identidad. Este último episodio, titulado La autopsia, es una obra maestra, una pequeña joya entre tantas grandes sagas de esta serie magnifica. No solo por contar con el buen hacer de Dave Gibbons a los lápices (un autor obviamente experimentado en esto de hacer tebeos de superhéroes “realistas”), si no por el enfrentamiento dialectico entre el Dr.Medianoche y Mr.Terrific; es decir, entre la fe y la razón.

La autopsia, esa pequeña gran obra maestra.

JSA de Geoff Johns Volumen 8
 

Edición original: JSA núms. 68-77, 81 USA .
Edición nacional/ España:JSA de Geoff Johns vol. 8 (ECC Ediciones).
Guión:Geoff Johns.
Dibujo:David López, Don Kramer, Jim Fern, Leonard Kirk, Stephen Sadowsky.
Formato:Cartoné, 288 págs. A color.
Precio:28,50€.

 

¿Qué se puede decir una vez se ha llegado al final? Cerrar de manera efectiva un análisis de casi noventa números de historia-río es una tarea titánica, así que no quiero imaginarme que debió sentir Geoff Johns al escribir las últimas palabras del último guion en su procesador de textos, tras tantos años de esfuerzo ininterrumpido. Supongo que un poco lo mismo que siente este escriba. Que los cabos sueltos, que los asuntos sin resolver, que las palabras no dichas son demasiado abundantes y pesan demasiado. Que es necesario seguir escribiendo. Seguir tramando las historias de esos personajes de papel que a estas alturas se habrían convertido para él en auténticos amigos.

Hablando de cabos sueltos. Johns se dedica con ahínco a resolverlos uno a uno. Desde hace unos cuantos números, la presencia de Per Degaton (un nazi viajero del tiempo) se había hecho más y más constante. El plan de este supervillano era sencillo: viajaría a 1951, asesinaría al presidente Truman e inculparía a la JSA de la Edad de Oro, un grupo que, en la de la caza de brujas, no estaba pasando por su mejor momento. Los héroes de nuestro tiempo deberán viajar al pasado y detener a Per Degaton, aprovechando las pausas en el camino para hablar de legados y de nostalgias.

El siguiente cabo suelto se encarna en la figura de Black Adam. Si el anterior arco argumental había servido para reflexionar de manera cuasi definitiva sobre el paso del tiempo, el retorno de Black Adam, de Rompe Átomos y de El Espectro ayudan a Johns a dialogar con los lectores acerca y una vez más en torno a las nociones de ley, justicia y vigilantismo. El final agridulce de Rompe Átomos muestras a las claras que quiere decirnos realmente Geoff Johns.

Rompe Átomos es una figura trágica dentro de la JSA.

Johnny Thunder es otro de esos personajes a los que, por un motivo o por otro, no hemos prestado suficiente atención. No obstante, su historia es terriblemente interesante. Criado por monjes tibetanos con el objetivo de convertirse en el siguiente Buda, cuando Johnny cumplió veintitrés años descubrió que tenía el poder de controlar a un espíritu de la quinta dimensión. Al descubrir que su salud mental estaba declinando, Johnny encerró al genio de la quinta dimensión dentro de una pluma que fue a parar a Jakeem Thunder, su joven sucesor mentalmente inestable.

Durante la última gran saga de Johns en esta etapa histórica de la JSA, conocida significativamente como Perdido y encontrado, se enfrentan de nuevo las fuerzas del Orden y del Caos, en un contexto en el que Jakeem Thunder ha perdido el control de su mente y ha comenzado a gobernar con mano de hierro la quinta dimensión.

Es de justicia señalar que, aunque sus números no estén incluidos en la recopilación de ECC, fue Paul Levitz el encargado de cerrar esta época de la JSA. Paul Levitz es una especie de figura titánica para los fans de DC Comics. Su etapa en La Legión de Superhéroes (escrita a mediados de los ochenta) se ha convertido en un referente clásico a la hora de escribir series grupales. Por tanto, no parecía haber un candidato más idóneo para sustituir a Geoff Johns al frente de la colección mientras este se ocupaba de escribir Crisis Infinitas, de organizar sus secuelas y de colaborar en 52.

Por desgracia, la breve etapa de Levitz no es especialmente memorable (nuestros héroes se enfrentan a las consecuencias de Crisis Infinita y al Caballero Fantasma), y los lectores quizá puedan echar en falta un cierre a la altura de esta gran colección. Por fortuna para todos, Geoff Johns ya andaba preparando un nuevo volumen de la JSA, que daría al fandom las mismas (o mayores) alegrías que la colección que inició James Robinson.

Conclusión

Una salva de despedida y podremos irnos todos a casa. Eso es lo que se plantea mi romántico corazón al llegar al final de la lectura de esta colección, y por tanto al final de esta serie de artículos. Las despedidas son un buen momento para echar la vista atrás y contemplar el camino recorrido. Cuando Gustavo Higuero me propuso dedicar un monográfico a la JSA de Geoff Johns y David S.Goyer me tomé el asunto con escepticismo. Mi campo de acción era otro, o pensaba que era otro. Las cosas que me gusta leer y sobre las que prefiero escribir están tan alejadas de los “comics de papá” como Voy, lo mato y vuelvo de Centauros del desierto. JSA ha demostrado que me equivocaba, o ha demostrado que me equivocaba a medias.

Digo que me equivocaba a medias porque JSA es, de un modo similar pero distinto a Watchmen, una compleja matriz intertextual. En el curso de estos ochenta y pico números hemos visto referencias a todas las edades de DC Comics: desde la Edad de Oro (los viejos soldados de la primigenia JSA) hasta la Edad Oscura (los conceptos encarnados en los Señores del Orden y del Caos), pasando por el Renacimiento superheroico (la recuperación de héroes como Hawkman).

Digo también que me equivocaba a medias porque JSA tiene un objetivo distinto a Watchmen, o a cualquier otra obra postmoderna. Goyer y Johns son totalmente conscientes de la implicación emocional que sienten los lectores con respecto a los personajes que suelen caer en sus manos. No por nada, ellos también han crecido con Superman, Batman, Hawkman, Sandman y compañía.

Geoff Johns y su pizarra de hacer planes. ¿Recordáis a Kurt Vonnegut?

Su objetivo no es otro que narrar una historia postmoderna y autoreferencial de extrema complejidad tratando a nuestros héroes como si de viejos compañeros de instituto se tratara. Y al igual que ocurre con los viejos amigos, hemos crecido con ellos, hemos reído con ellos, hemos sufrido con ellos y hemos renacido con ellos. Algunos incluso han muerto en el intento.

Puede parecer una tontería desarrollar una vinculación emocional tan fuerte por personajes de papel. Pero las mayores tonterías ocultan las verdades más sabias. Lo que he llamado “desarrollar una empatía tan fuerte por personajes de papel” tiene un nombre académico: experiencia vicaria. Vivir una experiencia vicaria implica sufrir los mismos cambios, el mismo crecimiento, las mismas transformaciones que un protagonista o un personaje. En pocas palabras, abrir el corazón y la mente a la empatía. El verdadero, único y último objetivo de la ficción.

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