Gastón Elgafe. Edición Integral Vol. 1

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Edición original: Gaston 1 Les archives de La gaffe, Gaston 2. Gaffes à gogo, Gaston 3. Les gaffes d´un gars gonflé y Gaston 4. Gala de gaffes, recopilaciones de material original comprendido entre finales de los cincuenta y principios de los ochenta por Dargaud-Lombard y reeditados en 2009.
Edición nacional / España: Gastón Elgafe, edición integral 1/4. Colección Humor. Abril 2015, Norma Editorial.
Guión, dibujo, tinta y color: Franquin, Jidéhem.
Formato: 192 páginas a color editadas en cartoné.
Precio: 25 €.

 

Norma reedita –por fin- en cuatro integrales los álbumes de una de las creaciones más importantes del tebeo francobelga, cuyo autor Franquin, para los iletrados, vendría a ser uno de los Kirbys particulares de la BD. Gastón Elgafe comenzó como una nota a pie de página en la revista Spirou, apareciendo y desapareciendo casi como un acto rebelde, como un nuevo inquilino del que nada sabemos pero que intuimos está a punto de jorobarnos la vida. Gastón se dejó caer por aquellas páginas sin rumbo, sin sección y aparentemente sin intención. Era un juego, una broma de Yvan Delporte, redactor jefe por aquel entonces de la revista, quien necesitaba de un elemento pertubador de la paz en las páginas de la revista. Así nació Gastón, un tipo del que nadie sabía nada, cuyo carácter fue definiéndose a medida que hacía cada nueva aparición. Su misión: sabotear el trabajo de redactores y dibujantes, colándose en páginas, destrozando unas o simplemente sorprendiendo con su presencia en otras. Poco a poco fue descubriéndose que trabajaba en la propia revista, aunque nadie conocía su auténtico cargo. ¿Era un bedel? ¿un auxiliar? ¿alguien de mantenimiento? Cada nueva aparición aportaba algo de información al tiempo que hacía crecer el misterio, pues o bien veíamos a nuestro protagonista escoba en mano arreglando algún estropicio o directamente provocándolo él mismo con sus continuos juegos de cartas o inventos imposibles. Lo que quedó claro es que aquellas apariciones provocaron la curiosidad tanto de lectores como de autores, de modo que Franquin recibió el encargo de convertir las vicisitudes de nuestro Gastón en historietas de dos tiras, que poco a poco fueron ganándose el corazón de los lectores. La leyenda de uno de los más importantes personajes de la BD encontró sus cimientos entonces, dando paso a un conjunto de historias que fueron siendo recopiladas a posteriori en sendos álbumes de gran éxito editorial. De las páginas de Spirou nacía así otro personaje legendario que llegaría a convertirse en uno de los buques insignia de la editorial Dupuis con más de siete millones de ejemplares vendidos hasta la década de los ochenta del siglo pasado.

Franquin demostró una vez más su habilidad para la comedia con el joven currito de la revista Spirou. Gastón, cuyo aspecto ahora nos parece de lo más normal, supuso un arrebato de modernidad, una bocanada estética de juventud, tan solo por su indumentaria. Aquel jersey verde, apolillado y encogido; esos vaqueros raídos, con sus zapatillas de deporte y esas greñas, sí, greñas, suponían, para el año 1957 recordemos, toda una declaración de intenciones al tiempo que una manera radical de definir la personalidad de un personaje que ya con su aspecto creaba carácter. Spirou estaba diciendo así que Gastón no sólo era un vago o un tipo desastrado, sino que era alguien cercano, alguien con quien el lector joven, ese chaval precursor de la posterior Nouvelle Vague, del mayo del 68 y de revoluciones similares, podía identificarse. A pesar de lo pesares. Pues Gastón demostró ser un desastre. Y probablemente así se sentían miles de lectores jóvenes en la posguerra europea, confundidos con la situación política, ahogados con economías que no terminaban de arrancar y aún encorsetados por aquellas normas, por aquel sistema social que acabaría siendo repudiado una década más tarde, cuando los lectores más jóvenes alcanzasen la mayoría de edad, asistiesen a las universidades y a las artes y medios de comunicación y empezasen a disponer de armas para ser escuchados. Gastón era –es- un referente de la libertad de la espontaneidad frente al tedio del encorsetamiento, el estallido chispeante frente la monotonía. En definitiva, el jersey raído y el pelo revuelto frente a la corbata y el peinado a un lado.

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Y sí, desde luego, Gastón es un desastre, un vago, un torrente de accidentes –de ahí el apellido Elgafe como evidente juego de palabras-, es, en definitva, una persona a la que le cuesta concentrarse, tendente a la dispersión, adormilado y huidizo, irresponsable, un Peter Pan evidente, que no es capaz de llevar una jornada laboral con el ritmo de sus compañeros, con un ojo puesto tanto en su ombligo como en su estómago, como si todo girara en torno a sus apetencias y a sus caprichos. Alguien con quien es difícil hacer equipo, a quien le cuesta domeñar sus impulsos y a quien se le escapan entre los dedos las labores más básicas. Por supuesto, alguien plutoniano, con la mente en otro sistema planetario, que no sigue el ritmo, que no suele bailar las melodías de los demás, sino la propia. Alguien, por tanto, caótico, en el que no se puede confiar. ¿O no? Tal vez sea más que evidente que Gastón no puede ser uniformado ni domesticado y, si bien queda claro que la responsabilidad no es su fuerte o que no parece la persona más fiable para seguir órdenes o realizar labores impuestas, bien es cierto que resulta hiperactivo y brillante cuando tiene una idea, cayendo de lleno en la elaboración de la misma como si el mismo diablo le estuviera pinchando en el culo para llevarla a cabo. Gastón, por tanto, es más un artista que un oficinista, un procrastinador con talento, uno de esos que siempre hay en cada grupo de amigos, a quien las normas del sentido común no se aplican. Ahí radica no solo su originalidad sino su calidad como personaje. Franquin, en páginas de dos tiras, describe a su personaje mejor que algunos autores en novelas completas, conviertiendo a Gastón en un antihéroe de manual, alguien necesario, alguien subversivo, cuya capacidad para obviar los lugares comunes de la sociedad lo convierte en un extraterrestre, casi un genio, uno necesario para que el rebaño sea menos rebaño.

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Y lo anterior envuelto en el delicioso trazo de Franquin, esas líneas dulces, redondas, típicas de la Escuela de Marcinelle, donde la caricatura da un paso más allá y exige a la figura un ritmo y un detalle superior a la tira de prensa convencional. Las figuras de Franquin logran rizar el rizo del caricato, mezclando ímpetu por el detalle con los límites de la expresión humorística, dando luz a viñetas tan precisas como cómicas, donde cualquier elemento del mundo real necesario para el entendimiento del gag pasa por el filtro de la caricatura sin perder su capacidad de representación verosímil. Sus personajes, mientras tanto, desafían las leyes físicas, en gestos, movimientos y posturas, como la versión congelada en papel del Schadenfreude más flagrante. Cada golpe se hiperboliza, cada ruido se convierte en estruendo, trascendiendo la realidad a una mejorada, sofisticada, la del tebeo, la de universos donde las caídas duelen pero no matan y los puñetazos, como los balazos del cine de acción, pueden hasta ser soportados. Y siempre cómicos. Franquin, con personajes como Gastón Elgafe, casi sin quererlo, creó un nuevo lenguaje, un nuevo universo de expresión, que, ahora, de tan asimilado por las masas, parece que siempre estuvo ahí, pero que fue pensado por artistas de su talla, tanto previos como los posteriores que lo hicieron evolucionar. Porque ahora parece que los booooms, los ¡pofs!, los ¡catacrocks!, onomatopeyas e imágenes que usamos a diario, aparecieron de la nada, nada más lejos de la realidad. Algún día, espero, los logros comunicativos del tebeo así como su influencia serán defendidos por sociólogos del futuro como lo son hoy día las tendencias surgidas a partir del cine o la televisión.

¡Ah, sí! Y casi se me escapa, pero sí, esto es humor. El ejemplo perfecto de que con la comedia se puede aspirar al mejor tipo de productos. Franquin desarrolla aquí un estilo humorístico blanco, suave, con cierta tendencia cafre por el carácter del protagonista, pero nunca busca ofender ni mucho menos virar al humor negro negrísimo que caracterizó obras tan personales como Ideas Negras, donde el genio del tebeo francobelga plasmó su mirada más deprimente de la sociedad europea mientras una depresión real azotó su ánimo durante años. Aquí, la otra cara de la moneda. Existe cierta mala baba en las desventuras de Gastón, generadas por esas toneladas de mala suerte, ese gafe, que rodea al personaje, pero la resolución de sus desgracias nunca torna en tragedia. De hecho, sus malas gestiones afectan más a sus compañeros que al propio Gastón. Entonces, en definitiva, Franquin nos regala tiras que a día de hoy provocan sonrisas cómplices y deleite tierno, como si ese universo gastoniano, inocente hasta cierto punto, pudiera ser bálsamo de las miserias propias. ¡Larga vida a Franquin!

  Edición original: Gaston 1 Les archives de La gaffe, Gaston 2. Gaffes à gogo, Gaston 3. Les gaffes d´un gars gonflé y Gaston 4. Gala de gaffes, recopilaciones de material original comprendido entre finales de los cincuenta y principios de los ochenta por Dargaud-Lombard y reeditados en 2009. Edición…
Guión - 7.5
Apartado Gráfico - 9
Interés - 10

8.8

La creación de un mito de la BD a manos de un genio de la misma, el ilustre Franquin

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frankchalmersDillingerRadar Recent comment authors
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Radar
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Radar

Una obra maestra. Lo que adoraba de él era sobre todo ese aura de poeta incomprendido que rodeaba todo lo que hacía. Eso, y su rebeldía a la hora de no pagar en el parquímetro 🙂 Un “must have”

Dillinger
Lector
Dillinger

Maestro de maestros. Cuanto debe el mundo del tebeo a este hombre.
A ver si se animan a reeditar el Ideas Negras donde ya estaba “hastaloscojonesdetó”

Dillinger
Lector
Dillinger

Y aplauso para Norma. Al final van a ser los nuevos Planeta. recogiendo su testigo en cuanto a forma de editar integrales de BD.
Y precio.

frankchalmers
Lector
frankchalmers

Obligatorio, sin duda. Me voy a arruinar, pero nadie me va a quitar la felicidad de leerlo y disfrutarlo de cabo a rabo en casita.