Freddy Lombard

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Edición original: Freddy Lombard.
Edición nacional/ España: Glenat.
Guión: Yves Chaland, Lepennetier (Yann).
Dibujo: Yves Chaland.
Color: Beaumenay-Joannet.
Formato: Álbum.
Precio: 20€.

 

La sombra de Hergé (seudónimo de Georges Prosper Remi) es alargada, acaso más que la del célebre ciprés de la primera novela de Miguel Delibes. Pocos autores tan influyentes en el mundo del cómic como el padre de Tintin, en cuyo caso la expresión “crear escuela” es menos una forma de hablar que la definición precisa de una realidad bien conocida: la corriente denominada “la línea clara”, de la que el reportero del tupé rubio es, sin duda, su más insigne representante. Adscritos a esta tendencia encontramos figuras de primer nivel como Jacques Martin (Alix) o Edgar P. Jacobs (Blake y Mortimer), pero su influencia fue tal que incluso historietistas de publicaciones rivales (pensemos en gente como el genial Franquin o Peyo, el creador de Los Pitufos y de los reivindicables Johan & Pirluit) deben mucho a su talento. Este movimiento, cuyas características podríamos sintetizar -con las excepciones que se quiera- en la claridad de trazos y narrativa y en su gusto por la aventura escapista, llegó a ser tan hegemónico que, siguiendo la ley del péndulo, originó una corriente contraria, cuyas coordenadas estéticas y afán experimental nutrieron cabeceras como Metal Hurlant, dando alas a visionarios como Moebius o Druillet. Pero hete aquí que, ya en los ’80, cuando la línea clara parecía definitivamente aparcada, arrinconada por otras modas, llega su resurrección, de las manos de herederos como Ted Benoit (Ray Banana) y el malogrado Yves Chaland (1957 -1990), responsable de Freddy Lombard y sus amigos Sweep y Dina.

Chaland empezó su carrera a mediados de los ’70 en los fanzines Biblipop y L’Unite de Valeur. En pocos años llama la atención del escritor Jean Pierre Dionnet, uno de los fundadores de Metal Hurlant, revista a la que contribuye con varias historietas y la creación de personajes como Bob Fish o el mismo Freddy Lombard, llamado así en honor a los álbumes que leía de niño. Gráficamente, Freddy Lombard no es sino un Tintin con más cara de susto y peor gusto en el vestir, hasta el grado de que podría tomarse por una parodia. Los argumentos, sin embargo, van por otros derroteros, como el revisionismo de los años ’80, por otra parte, debería hacernos sospechar. Para empezar, sus compañeros no son un inseparable fox terrier y un irascible marino sino un amigo de toda la vida y una bella joven. Tampoco vive del aire, sino que anda siempre a dos velas, preocupado por si no podrá comer al día siguiente. Sus intervenciones son más incidentales, más del socorrido “pasaba por ahí”, que de una verdadera vocación aventurera. Las motivaciones, en general, tampoco son tan puras y honestas. El revisionismo de los ’80, como decía más arriba.

Chaland dedicó cinco álbumes a sus criaturas antes de morir en accidente de tráfico a los 33 años. Sus admiradores, que no dudan en calificarlo de genio, los consideran en la cúspide de las obras producidas en los ’80. ¿Qué hay de verdad en ello? Veámoslo, álbum a álbum.

El testamento de Godofrío de Bouillon

Con unas letras como de Cartoon, arranca el primer título protagonizado por Freddy Lombard. Nuestros amigos viajan en un coche destartalado que les deja tirados en mitad de la carretera, cuando van de camino a las Ardenas. Para refugiarse de la lluvia y descansar, entran en un mesón, donde encontrarán al Duque de Bouillon y aceptarán la aventura que les propone. Son apenas 30 páginas de un batiburrillo de las influencias más clásicas posibles, desde el peso de unos sueños sobrenaturales al estilo Theodore Poussin, pasando por guiños a Asterix (como el bardo galo, Freddy es amordazado cuando canta). Pero, a mi juicio, Chaland bebe sin reparo de Johan y Pirluit, la magnífica serie de Peyo. Es imposible no recordar, por ejemplo, El anillo de los Castellac, donde la pareja encuentra al Duque homónimo en una fonda. La narración es clara, brillante en el detalle, pero la historia no va más allá de la anécdota. En definitiva, un entretenido (y prometedor) inicio para la saga. Como curiosidad, señalaremos que los protagonistas del segmento en el siglo XI (un caballero, su hijo y un gigante que les acompaña) parecen casi un trasunto (paródico, eso sí) de nuestros Trueno, Goliat y Crispín.

También es reseñable que, pese al marcado tono infantil (que irá perdiendo en cada nueva entrega) puede verse a los malvados atravesados por espadas y flechas. Recordemos que, por la misma época, Frank Miller tenía que inventarse subterfugios en Daredevil porque la editorial no permitía que las armas blancas sobresalieran de los cuerpos.

El cementerio de los elefantes

Bajo este título se recogen dos historias que apenas tienen una relación tangencial (la tribu de los Bangobango). La primera de ellas se centra en una expedición a África en busca de una placa fotográfica que muestra al famoso explorador Livingston. Leyéndola, es difícil sustraerse a la idea de que entonces Chaland había entrado en contacto con En busca del arca perdida (con detalles como el uso del látigo o dos expediciones en busca del mismo objeto preciado), si bien desde las constantes del género al que rinde devoción (la población autóctona, por ejemplo, responde a los estereotipos racistas de Tintín en el Congo, que aun hoy día siguen despertando controversia). El gusto por el detalle y la caracterización se siguen refinando. Los elementos que en un momento pasan a primer término ya estaban en viñetas anteriores en segundo plano, como la caja de cerillas con la que Freddy quema el mapa falso con el que pretende engañarlos su guía. El relato, eficazmente narrado, peca de una resolución algo bufa, que empaña el resultado final, si bien puede considerarse satisfactorio y más consistente, en líneas generales, que el álbum anterior.

La segunda parte, sin embargo, no desarrolla sus potencialidades y demuestra el estancamiento de la fórmula, al no acertar a extraer todo su jugo a una historia de venganza con ecos de Conan Doyle. Por el contrario, goza de un final adecuado, que la hace parecer mejor de lo que es.


El cometa de Cartago

El propio Chaland debió de ser consciente de que la fórmula se agotaba, pues pidió ayuda en la parte escrita a Lepennetier (Yann). Fruto de esta colaboración surge el tercer álbum de la serie, y el más desconcertante. La trama gana una sorprendente madurez, entrando en los terrenos de la serie negra (arranca con una situación arquetípica: el cadáver de una mujer hallado en una playa) y de las obsesiones artísticas (entre un escultor y su modelo) a la vez que se mezcla con los malos augurios de un cometa que, en la mejor tradición del género de terror, transforma a sus ciudadanos. Hay mucho en estas páginas de colectividad enajenada, como se ve a menudo en tebeos de corte fantástico (Hellblazer, La Cosa del Pantano, Dylan Dog), con la excepción de que en este caso parece buscarse más un efecto onírico y/o poético que terrorífico, gracias a paralelismos con la historia de Cartago. Los autores mezclan los ingredientes en la fina línea que separa la confianza en la inteligencia del lector con el simple juego de referencias crípticas. Con todo, lo más decepcionante es que se plantean interesantes líneas argumentales (el científico del batiscafo, el romance no correspondido entre Dina y Freddy) que se dejan luego en el aire, como si no hubieran existido. Es probable, además, que el experimento se plantease demasiado pronto, con unos personajes aún no del todo asentados, con lo que el cambio de registro puede ser excesivamente brusco.

Vacaciones en Budapest

Luego del campo de pruebas que supuso El cometa de Cartago, los autores regresan a la narración tradicional con su particular visión de la rebelión de Hungría contra los rusos tras la muerte de Stalin. Eso sí, enriquecida y matizada por la experiencia anterior. De los inicios como serie infantil y juvenil ya no quedan ni trazas, si exceptuamos -evidentemente- las características caricaturescas de la línea clara. Pero las ambigüedades, traiciones, matices y complejidades de la trama no sólo la convierten en un drama “adulto” de pleno derecho, sino que difícilmente un niño hallará solaz en unas peripecias que rehuyen, diríase que voluntariamente, cualquier concesión al espectáculo. No en vano, el creador de la serie, en una carta de 1985, aseguraba: “Me gusta contar un suceso menor de apenas tres minutos en 43 páginas y luego resumir la vida de una persona en una página”. Este no es el procedimiento que emplea, en verdad, pero sí evidencia que los sucesos que a Chaland interesan pueden ser distintos de los que uno esperaría en un relato de género. En todo caso, el resultado es sobresaliente. Al avance logrado en el álbum anterior en cuanto a caracterización, se suma ahora un guión sin fisuras, potenciado por la claridad expositiva que el dibujante ha tenido desde sus primeras planchas. El único pero nace de los prejuicios que esperarían que un enfoque como este precisa de unas ilustraciones “realistas” tipo el Bilal de Las falanges del orden negro.

F-52

Este es, con toda probabilidad, el mejor álbum de la serie. Y si bien puede objetarse -otra vez- que la conclusión no es todo lo brillante que debiera (no quiero destriparla, pero digamos que mientras es obligado quitarse el sombrero por la resolución del tema del espionaje ruso, lo del matrimonio de primera clase resulta algo tópico), el viaje vale la pena. El argumento principal (una niña desaparece en un avión transoceánico, con la razonable desesperación de la madre) ha sido copiado a menudo, incluyendo lo que supone la situación contrarreloj de tener que resolver el problema en vuelo. Resuenan ineludibles ecos hitchcockianos (La dama del expreso) y tintinescos (Vuelo 714 para Sidney), sin embargo, el modelo de narración alcanza tal perfección y sofisticación, que supone un nuevo paradigma a partir del que medirse. Es notabilísima la cantidad de personajes con que se desenvuelven los autores en un tour de force con las inevitables reminiscencias de Agatha Christie y sus búsquedas de sospechosos. El trío protagonista, además, sigue progresando y en esta ocasión han encontrado trabajo en distintos cometidos del avión.

Un funesto accidente de tráfico (en el que también pereció su hija) nos privó del autor en la cima de su talento. Si Chaland hubiera seguido a la altura de estos dos últimos trabajos (incluso, ¿quién sabe? superándolos) ahora estaríamos hablando, huelga decirlo, de uno de los puntales de la historieta francobelga de todos los tiempos. Pero nunca lo sabremos, claro. Freddy Lombard y sus amigos quedaron detenidos en el tiempo, encapsulados en esos cinco títulos. Con todo lo gratificante que resulta su lectura, no me atrevería a decir que es corpus suficiente para ganar la gloria eterna. En todo caso, los cinco álbumes (más extras) están recogidos en dos tomos publicados por Glenat (ahora EDT), en la actualidad víctimas de los saldos a que la editorial se ve obligada por el cambio de nombre. Si los ven por ahí, no duden en llevárselos a casa. Porque aviso: no sólo jamás volverán a verlos tan baratos (20€ el pack con los dos tomos) sino que, si en unos años no los reeditan, podrán lamentarse de los precios estratosféricos que alcanzarán en el mercado de segunda mano.

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Eduardo
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Eduardo

 Me podrian interesar si estuvieran a tamaño album. Si han sido reducidos no. ¿Podéis indicar el tamaño de los tomos de Glenat, por favor?

Raúl Silvestre
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Excelente artículo! Felicidades, Javier.

Jose Manuel
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Jose Manuel

 El tamaño de los albunes es el europeo. Formato grande,tapa dura. Una magnifica edición. Lastima que las ventas no acompañaran, ya que nos hemos quedado sin los dos tomos que faltan para tener todo el material Yves Chaland en español.

the drummer
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the drummer

por cierto que, por el mismo sistema, están disponibles los 4 albumes de los profesionales por sólo 15 euracos el pack (el otro día creo que se habló de las distintas ediciones de la obra en algún hilo); yo me hice con ellos recientemente en la fnac asturiana, aprovechad la ocasión antes de que se agoten.

Ivan Rivas
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Pues tiene muy buena pinta, y el saldo es de los que no se puede dejar escapar.
He de reconocer que no había leído hasta hoy a nuestro nuevo reseñista, pero aprovecho para darle la bienvenida y felicitarle por esta y por las demás reseñas, que están bien construidas y son muy instructivas.

Elvis
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Elvis

Buenas Tardes Javier  1  post  muy acertado Y.Chaland todo un maestro de la BD en particular y el comic en general.

Ocioso
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Ocioso

 Aviso a futuros compradores. Fijaos bien en el lomo de los tebeos. El texto es un doradito sobre tela que se desprende al mínimo roce y como me imagino que son saldos a partir de devoluciones alguno podría venir deteriorado y poner ” red y Lo ba d” o algo por el estilo.

Me ha alegrado saber que no ha quedado por publicar un tomo sino dos. Me jodía tener la colección incompleta a falta de un solo número, pero si son dos parece que me molesta menos. Ya se que suena raro, pero me dio muchísima rabia que colgaran  Krazy & Ignatz a falta de un tomo, pero no tanta que la colección de Popeye se quedara en un PO…

Pero bueno, que os compreis este pack, que merece mucho la pena y nos lo dan regalao, payos. Y no hagais caso a Javier cuando dice que tenía mal gusto con la ropa: a principios de los 80 los modelnos iban con esas pintas.

fer13
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fer13

Ocioso, donde andas? Se te echa tanto de menos…

Retranqueiro
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Retranqueiro

La verdad es que eran más horribles los pantalones bombachos de Tintín…

Ivan Rivas
Lector

Ocioso: pero no tanta que la colección de Popeye se quedara en un PO…

¿Así se quedó en España? Que pena…
De todas formas esa edición es para disfrutarla en original, que está mucho más cuidada (y la española carecía de esa ventanita de la portada)
Yo a ver cuando me pongo a terminarla que voy por POPE y no me me mola 🙂

Ocioso
Lector
Ocioso

Oye, pues creo que la edición española de Popeye estaba muy cuidada y a un precio razonable. Vale que no tenía bujero en portada, pero con un cutter y un poco de maña te quedaba igual.
El problema de la edición original es que es puro slang, y además viejuno. Leerse se lee, pero terminas agotado.

Jeremias Ariel
Lector
Jeremias Ariel

 Hola Javier.

Primero, gracias.

Por comentar autores como Chaland o Crepax, que no son los habituales en este espacio, y cuya grandeza merece mucha mas atención de la que suelen tener.

Ya vendran los halagos en la reseña de Crepax, pero para ser sincero, me he registrado con el solo objeto de comentar la reseña, completamente injusta e incompleta, que has hecho de “El Cometa de Cartago”

“El Cometa..” es la mejor obra de Chaland para casi todos sus fans (entre los que me cuento) y una de las obras fundamentales de la historieta europea de los 80s. Y de cualquier época y latitud me atrevo a decir. Es uno de los primeros relatos en comic completamente post-modernos, y uno de los mas perfectos de siempre en su cuidadosamente ambigua post-modernidad.

En primer lugar, se trata de un thriller psicologico. Y un trhiller psicologico post-moderno significa que NADA de lo que vemos es como parece. Es el “otra vuelta de tuerca” del noveno arte. Tenemos una trama policial ¿tenemos una trama policial? tenemos un escultor obsesionado con su modelo ¿o es una modelo paranoica? tenemos un romance apasionado entre Freddy y la modelo ¿si, tan apasionado? tenemos una modelo acosada ¿o manipuladora?… y así con todo.

La sub trama del cientifico cierra, no sé por qué dices que no. En cuanto al romance no correspondido entre Dina y Freddy, eso no es una subtrama en si misma. Solo es valiosa información del pasado de los personajes, y ese dato cumple un rol en algo que sí es un subtrama o sub-tema importantisimo en este album y en todos los de Freddy Lombard: la amistad del trío portagonista.

El dato de ese viejo romance juega en dibujar esta maravillosa amistad tripártita junto con eventos como los enojos de Sweep con Freddy, el rescate de Freddy a Sweep o el rescate final de Dina a ambos: TODOS ESOS EVENTOS HABLAN DE UNA RELACION DE AMISTAD. Y en función de eso que quieren informar es que deben ser juzgados.

Toda lo referente a la llegada del cometa y el aislamiento solo es “ambiente” “escenario” contexto social y psicologico.

Una verdadera obra maestra absolutamente perfecta.

Mencion aparte para la iluminación, con la que Chaland crea climas de tension inolvidables. Cosa que por cierto tambien sucede en la segunda historia del cementerio de elefantes, con la cual tampoco has sido demasiado justo.

Por supuesto, los 2 albumes siguientes son tan sobresalientes como indicas, pero carecen de esa ambiguedad post moderna que impregna esta obra de magia.

Saludos

Jeremias Ariel
Lector
Jeremias Ariel

 Seguramene seguiré… de hecho comentaba eventualmente antes de que comenzara esto del registro.. pero luego no hubo temas que realmente me sucitaran interes.

Es muy acertada tu comparación con Lynch. Sin duda, “Carretera Perdida” y “El Camino de los Sueños” son sus mejores películas… y creo que con eso dije todo.

Yo leí las historias en el mismo orden que vos, en los intergrales de Glenat. El testamento…: bien, nada del otro mundo. Cementerio de elefantes primera historia: que bonito dibujo! y no mas… Segunda historia: ahí sí que ya me entusiasme con el clima de thriller y el suspense. Llego al cometa, me embruja de un modo que no logro asimilar todavía (por lo que acertadamente comentas), por eso al leer los 2 siguientes albumes, tan redondos, eficaces, entretenidos, efectivos, casi como la perfeccion de la BD… estaba muy cerca de tu actual opinion, no sabía elegir cual era el mejor pero F52 era algo así como una cúspide.

Sin embargo, solo “El Cometa..” te deja eso dentro luego de leerlo, es la única de todas las historias en donde algo se nos escapa, es la única en donde nos queda la sensación que hay mas de lo que se ve… y eso empuja a la relectura. Una relectura, 2 relecturas… y ¡BUM! en un momento el peso de la obra, y su enigmatica belleza la transforman en algo incomparable. Es la ambiguedad lo que permite continuas interpretaciones y relecturas, como en Lynch, olvidate del orden y del contexto… sé que estamos hablando de lo mismo y que me entiendes, dejame darte un consejo: solo te faltan relecturas. “Vacaciones…” y “F52” son obras cerradas y redondas, eso les impide alcanzar el vuelo poético de la que nos ocupa… ademas son obras clásicas, en cambio “El cometa..” es todo innovación.

Por supuesto, son tres grandes obras, pero siendo que te cautiva Lynch y Crepax, me extrañaría que no termines subygado por este hechizo en viñetas de Chaland y Yann…

Digo yo, sobre gustos…

y ahora me voy a al Conde Dracula!