El Playboy

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Edición original: Yummy Fur.
Edición nacional/ España: La Cúpula (1995)/ Ponent Mon (2008).
Guión y Dibujo: Chester Brown.
Formato: comic-book/tomo.
Precio: 250 pts/u (2 números)/15€ (tomo).

 

Las historias de iniciación tienen siempre un atractivo implícito: tras ellas, el personaje afectado no volverá a ser el mismo. Bien sea por un aprendizaje sentimental, un rito que lleva a la madurez, o por el conocimiento de una nueva técnica que le ayude a superar obstáculos vitales, el protagonista recorrerá un camino que le modificará invariablemente. No es, por tanto, una “aventura más”, sino algo que marca un antes y un después. Tal avidez siente el lector por estas tramas que los autores suelen tratar de vendernos sus propuestas apelando a esta necesidad, aún cuando se trate de un juego de prestidigitación o un engaño manifiesto, como ocurre habitualmente en las franquicias. En el underground, que favorece un tipo de narración más personalista, donde se mima la anécdota cotidiana, la educación sentimental es casi un género en sí mismo que ha dado grandes éxitos como Blankets u Odio. En esta estela se mueve el canadiense Chester Brown, si bien el cómic que reseñamos guarda ciertas particularidades.

Para empezar, se trata de una historia de iniciación sexual, sí, pero no con otra persona… ¡sino con una revista! Creada en 1953 por Hugh Heffner para acoger una sesión de fotos de la entonces prometedora actriz Marilyn Monroe, Playboy se convirtió en icono para varias generaciones de lectores masculinos, combinando la estética pin-up con un estilo pretendidamente bon vivant que no sólo sedujo a miles de jovencitas para mostrar sus encantos al mundo sino que se granjeó el apoyo de personalidades como John Lennon, Ray Bradbury o Stephen King. Aunque su prestigio hace años que decayó, aún hoy es probable que incluso el más joven de nuestros lectores la conozca. Su emblema (el conejito con pajarita diseñado por Art Paul para el segundo número) es tan popular que adorna los más variados objetos, desde prendas de vestir a bisutería.

Con una anécdota mínima y recurrente y unos recursos escuetos y directos, el autor desgrana su obsesión, un poco provinciana, con esas chicas inaccesibles que cambiaron su forma de ver el mundo y a sí mismo. Sobre el relato planea la sombra de la culpa, de corte religiosa sobre todo, en una espiral de deseo y remordimiento que se traduce en una incesante ansiedad. Casi siempre le lleva más tiempo narrar las argucias para adquirir la publicación, ocultarla, recuperarla, destruirla ocasionalmente, que el solaz que le proporciona. Se respira un aroma de soledad y de tristeza, como si el autor, en realidad, fuese incapaz de salir de su caparazón y amar verdaderamente. Algo de eso trasluce su obcecación por comprar una y otra vez las mismas revistas en un compulsivo círculo de satisfacción-repulsión. Como si la inseguridad le hubiera destruido internamente aún antes de empezar a vivir.



Chester Brown dibuja a su alter ego de 15 años como un adolescente cabezón y melenudo, flaco y tímido, acompañado de una especie de Campanilla que es él mismo en diminuto y con alas: su yo actual, que ve con cierta complacencia cómo se desenvolvía en 1975. Su trazo muestra una aparente inseguridad juvenil que lo aleja de Bagge, Burns o su colega Joe Matt, con quienes, sin embargo, tiene evidentes conexiones temáticas y estilísticas. La obsesión por el sexo podría emparentarlo con Woody Allen, pero, al contrario que el neoyorquino, Brown no parece tener una afición real más que por la autosatisfacción; además de mucho menos sentido del humor. En contraste con la exhaustividad con que relata sus experiencias con la revista sorprende la ausencia de búsqueda de relaciones auténticas con mujeres. Gracias a Playboy, atisba el mundo adulto, pero no es claro que haya madurado, si atendemos a la descorazonadora descripción que hace de la relación posterior con su novia Lou, de quien llega a decir que prefería masturbarse pensando en las chicas de papel couché que acostarse con ella. Lo peor es que no lo dice por crueldad. A la misma conclusión llegamos los lectores. Sabiendo, por otras obras, los derroteros por los que ha llevado su vida personal (Pagando por ello, su controvertida defensa de la prostitución, podría considerarse prácticamente una secuela) no queda sino admitir que Chester Brown estaba, quizá, siendo más sincero aún de lo que pretendía. Frente a esta ingrata realidad, el detalle con que se explaya en sus peripecias con la revista llega a ser conmovedor. No hace falta estar familiarizado con alguna cabecera similar para reconocer el primer (y universal) sabor de lo prohibido. La convivencia simultánea del Chester Brown adulto con el Chester Brown joven permite ironía y distancia; también comprensión, aunque -por lo dicho- es improbable que lleguemos a sentir una verdadera identificación con él.

En su publicación en comic-book se ciñe a una división de página de tres filas y dos columnas, aunque las viñetas no mantengan proporciones concretas y destaque la abundancia del fondo negro. Su posterior edición en tomo redujo sustancialmente el tamaño y desgranó las viñetas, aumentando considerablemente el número de páginas. Personalmente, prefiero la edición en comic-book, que en España publicó La Cúpula en su colección Brut Comix en 1995, siguiendo los materiales originales de Yummy Fur, magacín donde Brown lanzaba sus criaturas, como Ed, el payaso feliz. Estos dos tebeos contaban, además, con interesantes textos de Isabel Andrade y Hernán Migoya, así como la divertidísima minihistorieta (2 páginas) El hombre que no podía parar. En 2008 Ponent Mon editó el tomo que recoge toda la obra.

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Ocioso
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Ocioso

Mira que casualidad, después de meses buscándolo por todas partes terminé por llevarme el último que quedaba en Amazon.es y lo leí la semana pasada.
Si alguien quiere leerlo y no lo encuentra aviso que una semana de estas se publica otro de Chester Brown de la misma época llamado El hombrecito y que recopila historias cortas.

Sputnik
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Sputnik

  A mí Brown me gusta mucho. Me encanta “Ed, El Payaso Feliz”*, me parece acojonantemente bueno su “Pagando Por Ello” y, aunque me dejó pelín frío, su “Luis Riel” es un tebeo cojonudo. Me gustaría pode hacerme con “El Playboy”, pero no lo encuentro ni a tiros.

*¿Mini-historieta de dos páginas “el hombre que no podía parar”? Es parte importante de la trama de “Ed, El Payaso Feliz”. Aunque, claro, se puede leer por sí misma…

Ocioso
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Ocioso

Sputnik ha comentado: Me gustaría pode hacerme con “El Playboy”, pero no lo encuentro ni a tiros.

Búscalo en Amazon. Ah, que ya no queda, que alguien se llevó el último. Te jodes… 😛

Sputnik
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Sputnik

 No he usado Amazon en mi puta vida, la verdad. Es que nunca tengo pasta en el número de cuenta. Todo en negro y bajo el colchón.

Nerd77
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Nerd77

 En The Book Depository está toda su obra disponible, incluyendo The Playboy que se puede comprar anticipadamente ya que es una nueva edición

calebnewcastle
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calebnewcastle

Chester Brown es en este momento mi autor de cómics favorito, tengo toda su obra editada en español y la mejor noticia de la semana fue que la cúpula editara un nuevo tomo en marzo.

Esta en particular es la que menos me gusta la verdad, si debería elegir la mejor sería el “nunca me has gustado”

Pero toda su obra es recomendable, ahora debido a su obra es que he empezado a comprar las de Joe Matt y las de Seth

Saludos

Sputnik
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Sputnik

 De Joe Matt solamente tengo “Pobre Cabrón” y “Buen Tiempo”. ¿Hay algo más editado en español?

calebnewcastle
Lector
calebnewcastle

Consumido que esta en oferta en bookdepositary en una bonita edición de Pimentel

Saludos

blumini
Lector
blumini

 Chester Brown es en este momento mi autor de cómics favorito, tengo toda
su obra editada en español y la mejor noticia de la semana fue que la
cúpula editara un nuevo tomo en marzo.

¡Hala!…más gasto…

(pero es que el jodío es muy bueno, para mi, el más interesante de los tres amigos)

calebnewcastle
Lector
calebnewcastle

Lo malo es que todos los cómics están con formatos distintos. O mejor dicho tamaños distintos, quedan tan mal en la estantería!