El Gato del Rabino 5. Jerusalén de África

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El Gato del Rabino 5. Jerusalén de África
Autor: Joann Sfar
Norma – 88 pag Color – 16,00 €

Descripción editorial

Joann Sfar (LA MAZMORRA, KLEZMER, EL MINÚSCULO MOSQUETERO), uno de los artistas más prolíficos e imaginativos del cómic europeo actual, nos trae el quinto álbum de EL GATO DEL RABINO.

La lánguida vida en Argelia se ve alterada por la llegada de una caja con libros talmúdicos y un ruso que trae la idea de una Jerusalén negra escondida en lo más profundo de Etiopía. Empieza así un viaje en búsqueda de esta ciudad casi mítica en el que se embarcarán tanto el rabino Sfar como su gato.

Reseña

Uno nunca sabe muy bien hacia dónde le llevará Sfar cada vez que abre una obra suya. Sus propuestas se diría que progresan a base de espasmos creativos, sincopadamente, alternando momentos brillantes con otros mucho más triviales. Eso hace que en una misma serie haya entregas memorables junto a otras que rozan lo prescindible.

Sirva esto para situar cómo me he sentido ante esta última entrega de El gato del rabino, en mi opinión, una de las mejores de esta colección.

Recordemos que en el primer ejemplar de la serieSfar saltaba al ruedo como un toro de miura. Diálogos chispeantes y apreciaciones sumamente clarividentes punteaban un sinfín de escenas, algunas humorísticas, otras animadas por un profundo halito existencial.

Tan arrebatador comienzo quedaba un tanto diluido en los siguientes volúmenes, donde algunas notas de gran interés animaban propuestas generales mucho más austeras en cuanto a alardes de imaginación y lucidez.

Ahora, en esta cuarta entrega, Sfar vuelve a ser el del primer tomo y nos sirve una historia plagada de frases y escenas dignas de ser recordadas. Gran variedad de temáticas desfilan por sus páginas, tratadas con una gracia sincera que se contrasta de vez en cuando con pequeñas y grandes tragedias.

La incomunicación que nos lleva a confundir lo aparente con lo verdadero y el mayor grado de incomunicación que de ello se deriva

Las confrontaciones arte/estómago, agrícola/industrial, erudición/sexualidad…

La crítica a aquellos que anteponen credos y sentimientos identitarios abstractos a la relación con el prójimo

La negación del envejecimiento; el maquillaje con el que solemos disimular nuestros verdaderos intereses; la sanguinaria obcecación de los integrismos religiosos…

Todo ello encuentra su lugar en esta obra excepcional que sigue a un grupo bien ecléctico de personajes en su búsqueda de la Nueva Jerusalén, una santa y mítica ciudad ubicada en el corazón de África donde habitan los descendientes de los primeros judíos, unos gigantes de piel negra.


Reseña de El Gato del Rabino 4

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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Bimago
9 julio, 2007 20:40

Muy interesante, me encanta ver este tipo de còmics que todavía exploran nuevas formas de expresión artística.

Bimago
9 julio, 2007 20:41

Muy interesante, me encanta leer este tipo de cómics, salirse un poco de los superhéroes y explorar otros tipos de lenguaje gráfico.

Jordi Ballera
12 julio, 2007 13:51

Bueno, Sfar es judío y tiene una visión gráfica muy folklórica. Sus influencias hay que buscarlas en Marc Chagall y no en el comic. Por otro lado, sus dibujos son muy “musicales”. No se explicarlo mejor pero cualquiera que siga el arte judío lo puede entender facilmente.

Animal Man
Animal Man
Lector
14 julio, 2007 21:17

“El gato del Rabino” es muy bueno. Y eso que todavía llevo dos de retraso. Lo que no sé ya es si me gusta ésta más o prefiero “Isaac el pirata” de su compañero Blain. Sea como fuere de lo mejorcito que se publica en Francia.
La comparación con Chagall es ciertamente oportuna y acertada, aunque yo también veo parecidos con Kandinsky, no tanto en el resultado en sí, sino en la forma “músical” de afrontar el trabajo, realizando dibujos que tienen un ritmo y una cadencia muy acorde con el estado del autor.