El autor completo

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Cuando el otro día elogiaba las virtudes de Alan Moore como autor de cómics, Pepo Pérez se erigió en defensor de los dibujantes que han hecho posibles los hallazgos visuales del británico.

Eso me hizo pensar en una de mis principales dificultades a la hora de votar en los Premios de la Cárcel de Papel. No había ninguna categoría para el autor completo. Ese tipo de autor que estuvo tan de moda cuando la eclosión del cómic adulto y que ahora parece haber quedado como cosa exclusiva y sólo apta para cuatro genios. Porque, ya se sabe, “los dibujantes no son guionistas ni falta que les hace.”

Por poner un ejemplo, Pasqual Ferry y Beroy fueron dos autores bastante criticados en su día en cuanto al apartado argumental de sus obras. A sus guiones les faltaba definir, a ellos les faltaba un Antonio Segura, un guionista. Eso decían. A mí Dr. Mabuse, Ajeno, 999, Crepúsculo y Sebastian Gorza me encantan. Pero no soy ningún experto ni voy a discutir la opinión de gente que entienden mucho más que yo.

Lo que me preguntaba al votar en los Premios de la Cárcel de Papel era… ¿Grist es un buen dibujante o un buen guionista? ¿Y Eisner? ¿Y Andreas? ¿Y Miller? ¿Y Hornschemeier? ¿Y Carlos Giménez? (Por suerte no había ninguna obra de Chris Ware en liza 😉 ) Pero claro, esa pregunta no tiene respuesta. O la tiene en diferido, saliéndonos por la tangente, citando a Marcos Martín:

Mi opción personal es la de plantearme el cómic como una unidad donde forma y contenido son indisociables. No se puede hablar de historia y dibujo por separado porque ambos tienen que trabajar unidos en la búsqueda de un mismo objetivo. Es decir, todos los elementos que conforman una historia se afectan mutuamente, con lo que tienen que pensarse de manera conjunta, teniéndose en cuenta unos a otros, porque el resultado final surge de esa conjunción. Esto significa, por ejemplo, que no se puede enjuiciar el dibujo en términos estéticos de “bueno” o “malo” sino de si es adecuado respecto a lo que se quiere transmitir con la historia. Forma y contenido, el cómo y el qué se complementan hasta el punto de fundirse.

Si esto es siempre verdad, cuánto más cuando dibujo y guión son obra de una misma persona. Cuando muchas de las ideas del autor no las expresan las palabras sino el símbolo gráfico, la secuencia, la composición o el rotulado. En el autor completo la frontera entre guión y dibujo es porosa, difusa, infiltrándose el uno en el otro hasta crear cierto espacio compartido.

Será por eso, además, que algunos de los hallazgos más notables en cuanto al lenguaje del cómic vengan precisamente de estos “autores completos”. Es la exploración de estos autores la que, la mayoría de las veces, ha permitido descubrirle nuevas posibilidades expresivas al medio. Exploración que también podemos encontrar, seamos justos, en ciertos profesionales especializados, bien sean guionistas o dibujantes. Guionistas como Moore que lo son de cómic y no de “relatos ilustrados”. Porque tienen conocimiento de esa potencia comunicativa connatural al lenguaje secuencial y saben exigírsela a los dibujantes con los que trabajan. O dibujantes a los que se les ha permitido trabajar al estilo Marvel y han sabido aprovechar esa oportunidad para hacer suyo un relato y abordarlo con todos los recursos que el cómic permite y que han sabido intuir. Como ha sido precisamente el caso de Marcos Martín en Breach.

El tema en sí no es baladí, porque abre diversos espacios de reflexión. Pocos son los genios como Carlos Gímenez o Will Eisner, capaces de dominar con virtuosismo ilustración, story-telling y apartado literario. ¿Qué pasa con el resto? ¿Grist es un buen dibujante o un buen guionista? ¿Y Andreas? ¿Y Miller? ¿A quién le resulta más fácil devenir un autor de cómic completo? ¿A alguien con más facilidad para la narrativa visual y literaria que para la ilustración? ¿O a alguien en el caso contrario? ¿Luis Durán o Joe Quesada? ¿Qué es más fundamental en un cómic? ¿Debería potenciarse más el surgimiento de estos autores completos? ¿Deberían estar más reconocidos? ¿La esencia del cómic es más fácil de hallar en ellos?

Cada cual tendrá sus propias respuestas, pero yo por si acaso le iré implorando al Gran Maestro que nos incluya nueva categoría en los premios del año que viene.

Andreas subvierte el movimiento natural de lectura tantas veces como quiere y precisa

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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