Editando con cariño, zapatillas y corbata

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A poco que queramos mirar más allá de nuestro ombligo, simplemente repasando, por ejemplo, el plan de Planeta para Dc, veremos que hay bastante cariño puesto, muchas veces, en los proyectos editoriales que se nos dirigen.
La recuperación de obras como el Sandman Mystery Theatre – fallida para Norma -; Shade, the changing man y el Hellblazer de Delano, son movimientos que tienen su riesgo comercial y evidencian la existencia en nuestros editores de cierto vinculo afectivo para con ellas.
Es ésta, una impresión, que se extiende a medida que vamos rastreando parte de la oferta editorial del país. En una y otra editorial encontramos proyectos que dicen mucho de sus editores. Obras nuevas al lado de recuperaciones en formato álbum de series que en su día sólo vieron la luz por entregas en las fenecidas revistas de cómics o en ediciones menores y ya descatalogadas. Es este cariño, esta implicación afectiva con el proyecto ofrecido, algo que deberíamos reconocerles en su justa medida a los equipos editoriales de nuestra pequeña industria. Algo positivo mientras no suponga coartar la edición de productos más comerciales, que los lectores esperan y que quizás no sean tan del agrado del editor.

Se dice también que, en nuestro país, los editores andan en bata y zapatillas de estar por casa, en el sentido de que no se toman demasiado en serio su trabajo. Después de haber estado 13 años trabajando en Sanidad se sorprenderían ustedes de lo qué un profesional puede llegar a tomarse a broma. Un cierto punto de distanciamiento cómico respecto de nuestro quehacer diario suele constituir una defensa ante ciertas situaciones o nos ayuda a situar cada cosa en su justo lugar y no darnos a nosotros mismos excesiva importancia. Las zapatillas de andar por casa pueden no ser algo malo cuando quedan simplemente en ese relativizar un tanto la magnitud de la propia tarea y no derivan en acabar haciéndola mal. Son, por supuesto, intolerables, cuando reflejan desidia, holgazanería, desinterés e ineptitud.

Finalmente, esos mismos editores en zapatillas de andar por casa, a veces las suelen combinar con una flamante corbata negra. Que otorga distinción. Que marca distancia. No insinuamos que no deban los editores delimitar su terreno y no confundirse a través del coleguismo con los consumidores a los que dirigen su producto. Hay en el mundo del cómic una buena dosis de frikismo fanático, del cual entiendo que los editores quieran desmarcarse. Pero mal vamos si la corbata sólo sirve para distanciarse de todo el mundo, hacer la batallita solos y acabar ninguneando el papel que en este “negocio” tienen también autores, lectores, libreros y prensa. Porque en el fondo, seguramente, el acierto en combinar zapatillas y corbata depende, como en tantas otras cosas, de la ocasión..

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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