Prólogo: treinta años no es nada.
Una de las constantes de la actualidad en la lectura de tebeos es la posibilidad de encontrar en los puntos de venta una gran variedad de títulos y propuestas. En el caso de las obras de procedencia extranjera esto se traduce en el hecho de que la oferta se ha multiplicado en cantidad, calidad y procedencia y trabajos que antaño se antojaban de difícil consecución ahora pueden ser leídos en ediciones para el mercado nacional. Sin embargo, esta generalidad tiene sus excepciones, las cuales obedecen a diversas razones. A veces, es la voluntad autoral la que determina la imposibilidad de una adaptación a otro idioma; en otras ocasiones, son razones económicas las que determinan, con base en reflexiones o elucubraciones, que las cabras no van a dar para el gasto. Por último y por no hacer la lista extensa ni aburrir al respetable, porque hay algún que otro lío de derechos de propiedad intelectual que no es sencillo desenredar. Tal es el caso de las aventuras de Vanth Dreadstar.
Este personaje y su no tan alegre banda de forajidos estelares fueron creados por el autor estadounidense Jim Starlin y sus andanzas se publicaron dentro de Epic Comics, el sello de Marvel que permitía a los autores conservar la titularidad de obras y personajes. Dreadstar empezó siendo un actor secundario en una hecatombe cósmica y pasó a ser el protagonista de una cabecera que prometía una epopeya de dimensiones semejantes a las de su predecesora. La historia, sin embargo, derivó prontamente a un terreno más convencional pero entretanto, el autor se llevaba colección, personajes, armas y bagajes a otra editorial, First Comics, por razones de índole tanto creativa como económica.
En España sería Comics Forum, el recordado sello de Planeta DeAgostini, la editorial responsable de traer las aventuras de Dreadstar y compañía al público local. La primera intentona, llevada a cabo a mediados de los ochenta, se saldó con docena y media de entregas y una cancelación por bajas ventas. La segunda, iniciada en el otoño de 1991, terminó con la edición de todo el material editado por Epic Comics o casi. La Odisea de la Metamorfosis y la novela gráfica Dreadstar quedaron por detrás y de El precio, publicada por Eclipse Comics, vimos la versión coloreada y convenientemente censurada para aparecer como un número especial anual. La colección quedaba varada en su vigésimo sexta entrega con número adicional en el que conocíamos en la forma indicada la historia de Syzygy Darklock, el hechicero y mentor de Vanth.
La intención de Forum, expresada a través de José María Méndez -correero y anfitrión de la cabecera en su versión patria, si no me falla la memoria- era continuar con el material de First. Sin embargo, la editorial había quebrado a principios de 1991, seis meses antes de que a este lado del charco se diera una segunda oportunidad a Dreadstar. En ese momento, Planeta ya tenía cierta experiencia en la obtención de derechos más allá de la casa de las ideas. En 1989 verían la luz por estos barrios varias colecciones publicadas por Eclipse y en 1992 conseguirían coronar con éxito la ardua empresa de conseguir los derechos de Dragon Ball, mas esta vez no hubo suerte. En diciembre de 1993 la colección se cerraba con su trama principal en todo lo alto. Maese Méndez hizo un resumen de todo lo que pasaba después, lo cual fue de agradecer, aunque también alimentaba las ganas de verlo directamente. Nueve meses después, Norma Editorial publicaba Jim Starlin’s Dreadstar, una miniserie que continuaba las historias de First, quedando estas últimas inéditas y sin previsión de una próxima publicación en nuestro país.
Sin embargo, la globalización derivada de la aparición de la red de redes como producto de consumo masivo ha permitido acceder a un mercado de segunda mano donde esas viejas grapas se pueden encontrar con relativa facilidad y a un buen precio. Un cierto conocimiento de la lengua del maligno y un poco de paciencia y se puede satisfacer esa magua añeja. Al final pude llegar hasta el verdadero final del camino, pero veamos qué tal fue y particularmente en la etapa final de la serie, en la que el guionista Peter David tomó el testigo cedido amablemente por Starlin.

Previamente en la galaxia Empírica.
Antes de tratar las aportaciones que Starlin y diversos dibujantes, especialmente Ángel Medina, hicieron al universo dreadstariano, hay que tender un puente entre el final abrupto de la segunda edición de Forum y el inicio de la “eta-PAD”. Como recordará la distinguida audiencia, el último número de la serie regular dejaba las cosas en una sorprendente vuelta de tortilla: condenados a una ejecución a retransmitir en toda la galaxia, Dreadstar y los miembros supervivientes de su grupo rebelde han destruido la flota de la Instrumentalidad y han activado las alianzas forjadas a lo largo de la serie con los restos de las fuerzas de la Monarquía y el consorcio conocido como la Comuna. El Alto Señor Papal ve cómo el triunfo definitivo se transforma en una rebelión contra él. Los camaradas de Vanth no entienden qué está pasando y la última viñeta del número presenta a Oedi, el hombre gato y presuntamente la primera baja de la banda, vivo, coleando y con un conocimiento que se les escapa. Ahí terminó la etapa épica de la serie.
El siguiente número, ya en la era primeriza está dedicado a las revelaciones. Oedi explica las razones de su aparente resurrección, las cuales se remontan al cuarto número de la serie. Las razones del ardid están relacionadas con una trama que ha ocupado las mentes de personajes y lectores durante bastante tiempo: la identidad del traidor en el grupo. El Alto Señor Papal ha podido seguir sus pasos hasta darles caza y la única explicación posible es la existencia de algún quisling ¿o quizá no? La respuesta se remonta a la quinta entrega de la colección y es bastante prosaica, pero no hay tiempo para descansar. La victoria está al alcance de la mano y se sustanciará en una batalla con la cabeza visible de la Iglesia de la Instrumentalidad que acabará en un duelo sin cuartel entre el Thanos albino y desnarigado y nuestro amigo Vanth. Las reminiscencias de los enfrentamientos entre el titán loco y el Capitán Marvel resultan inevitables, habida cuenta de que don Jim ha decidido desde más o menos la mitad de la colección prescindir de la mítica espada de Dreadstar y convertirle en una especie de émulo del oficial kree renegado. Mientras tanto, el resto de la banda tiene ocasión de ajustar cuentas con quienes individualmente les derrotaron en el pasado y provocaron su captura. El ansiado triunfo llega a su fin, pero tiene un coste muy elevado. El líder de la banda ha quedado gravemente herido y le llevará un periodo de dos años recuperar la consciencia. En ese intervalo, el autor aprovecha para desvelar algo más sobre el vínculo que existe entre el guerrero y el ente que residía en su mística hoja y es la fuente de su poder. Su condición de ser sentiente se revela después de que el Alto Señor Papal la haga añicos y Syzygy deba emprender una carrera contra el tiempo para salvar la vida de su pupilo y amigo. De nuevo, acude en socorro de su portador, dejando a un Vanth que debe adaptarse a los cambios operados en su ausencia.
La galaxia Empírica ya no tiene ni a la Monarquía ni a la Instrumentalidad, pero el despertar no presenta una realidad luminosa. El poder de Sauce, aumentado y desarrollado para vencer al poderoso telépata eclesial conocido como el oficial científico Monalo la ha alejado de su humanidad; la férrea voluntad de Syzygy Darklock que le mantiene en pie comienza a derrumbarse; Skeevo Phlatus, siempre atento a cualquier oportunidad de negocio, se ha convertido en uno de los héroes del nuevo régimen. Dreadstar está olvidado y sus poderes notablemente reducidos. Los seres con habilidades especiales son empleados como fuerzas del orden, pero casi parece que es una forma de tenerles bajo control. Oedi ayuda a su viejo camarada en la adaptación y se introducen a nuevos personajes como la mercenaria Ángel de Hierro, que tendrá gran importancia en la etapa de Peter David. Las historias adquieren un carácter más mundano y un tanto opresivo. Aún quedan partidarios del antiguo régimen y elementos que deben responder por su papel en el mismo. Vanth aprende nuevos trucos para compensar su pérdida de poder, pero no puede evitar la sensación de vacío que le alberga. Este sentimiento es similar al de la parroquia lector o, al menos, el que va invadiendo a su seguro servidor. Tal parece que Starlin quiera exponer qué sucede después del hipotético «y vivieron felices y comieron perdices», algo parecido a lo que sucede en El Mandaloriano (noniano noniano) tras los acontecimientos de El retorno del Jedi en esa saga estelar de la que usted me habla. Sin embargo, la ejecución no termina de funcionar por diversos motivos.
Para empezar, hay que tener en cuenta que First no tenía los recursos de Epic, que era tanto como decir los de Marvel Comics. En consecuencia, la calidad de la publicación se resiente y eso queda patente en el coloreado del vigésimo séptimo número, primero de la nueva etapa. Para seguir, el dibujo de Starlin ha ido perdiendo fuelle. Todavía hay espacio para escenas espectaculares, pero son la excepción y no la regla. El autor se mantendrá como guionista, cediendo los bártulos gráficos a dibujantes con los que tiene buena relación, como Luke McDonnell, pero cuyo estilo está muy alejado del suyo. Las historias ya no tienen fuerza, los dibujos no acompañan y la edición deja un poco que desear. Con todo, sería injusto decir que la serie ha entrado abruptamente en decadencia.
La atractiva premisa de una banda de forajidos que intenta poner paz en un centenario conflicto bélico estelar entre el trono y el altar se despacha en la primera decena de números, para embarcarse en una misión de supervivencia contra la potencia vencedora con un tono eminentemente superheroico, como ya se ha comentado. La serie que venía de aquella epopeya cósmica que era La Odisea de la Metamorfosis ha derivado hacia unos convencionalismos que hubieran hecho aconsejable ponerle un digno fin tras la batalla final. Sin embargo, hay todavía tramas que deben ser resueltas. Una de las constantes que ha estado presente en la historia narrada por Starlin ha sido el anuncio de que Vanth y sus amigos van a estar presentes en un importante evento cósmico de importancia crucial para toda la galaxia. Este futuro posible ha sido escogido o ha hecho por ser escogido, según lo que se revela en la novela gráfica que narra la historia de Syzygy Darklock, pero aún no se ha producido. Por otra parte, se supone que Dreadstar llegó a la galaxia Empírica porque se hallaba en el mismo punto de inflexión que la destruida Vía Láctea. ¿Hay relación entre uno y otro evento? No sabría decirlo, porque tengo la sensación de que el autor no termina de tenerlo claro, si se tienen en cuenta los cambios que van operando a lo largo de la historia. Sea como sea, el señor Muerte tiene ocasión de cerrar otra de las tramas de la serie: el misterio de la catorlita
Al igual que en Star Wars, la epopeya cósmica creada por maese Jim tiene un componente místico omnipresente en la historia y sus personajes. La magia está bien presente y hay diversos niveles de existencia que llegan al ámbito de la divinidad. Sin embargo y por boca del Alto Señor Papal, el autor deja patente que en su creación no existen los dioses. Puede haber seres dotados de un grandísimo poder, pero no al nivel del Dios de las religiones del libro. Así, los doce dioses de la Instrumentalidad cuyo control de la galaxia se ha realizado a través de una religión organizada homónima cuya iglesia provocó la fractura de la galaxia en dos poderes y una guerra estelar bicentenaria. El misterioso mineral presentado en el séptimo número de la colección parece contener una de las claves del conflicto, pero su introducción en la trama sirve más como excusa para nuevos enigmas. El enfrentamiento con estas divinidades forma parte del arco argumental de Syzygy, que cumple su misión y sale de escena, liberando a su galaxia natal de la amenaza de sus dioses. Si éste es el acontecimiento cósmico largo tiempo anticipado, la ejecución es un tanto apresurado y pobre, debiendo decir que un personaje de la importancia de éste merecía una salida más gloriosa. En todo caso, queda como detalle el hecho de que el dibujante en esta ocasión sea quien habrá de acompañar a Peter David en la etapa posterior: Ángel Medina.
No es únicamente su mentor y amigo el que abandona el grupo. También lo hace Sauce 327 que decide volcar su conciencia en los sistemas que controlan la galaxia para hacerla más humana, aunque ello suponga el sacrificio de una individualidad que igualmente parecía estar perdiendo con la expansión de sus poderes. La victoria general no se traduce en la felicidad: la poderosa telépata no ha conseguido recuperar la mente de su lobotomizada madre y no ha logrado echarle el guante a su abusivo progenitor. Por su parte, personajes de aparición más reciente como Ultravioleta sirven para expresar la amargura que puede venir con el triunfo. Su vida de estudiante se vio truncada por un bombardeo nuclear -visto en el brutal tercer número de la colección-; su lealtad a la Instrumentalidad se ve pagada con la mentira. Sin un lugar en el mundo optará por quitarse la vida. La tristeza que reflejan estos números queda patente también en la parte gráfica de la colección, que después de años de colorido dinamismo marca Starlin se sume en una anodina apatía. El suicidio será una opción que Vanth llegue a barajar.
El final de las historias contadas por Starlin se salda con una aventura en la que Skeevo acaba teniendo problemas con la justicia y Dreadstar y algunos de sus amigos -Oedi, Ángel de Hierro, el musculoso Teutón y el mentado contrabandista- hurtarán una nave y se lanzarán a la búsqueda de nuevas aventuras. El cuadragésimo número será el último que lleve guiones del padre fundador, el cual pasará los bártulos literarios a un Peter David que ya se estaba haciendo un nombre en el oficio y que se encargará de los dos años finales de la colección.

Aventuras siderales en la galaxia de al lado.
La historia comienza con una nave cuyas limitaciones técnicas han obligado a su tripulación a llevar a cabo un tedioso viaje intergaláctico. Un quinteto de personas encerrado durante meses en un espacio reducido acaba por generar problemas de convivencias. La impaciencia de Skeevo -al que David mantiene en su rol de alivio cómico- empieza a hacer mella entre sus colegas y particularmente en el de Ángel de Hierro. La belicosa mercenaria no se lleva bien con el trapacero señor Phlatus y solamente Teutón -demasiado simple como para preocuparse por nada- y Oedi -que ha se ha convertido en la sensata voz de la conciencia del grupo- parecen aguantar con los ánimos relativamente intactos. ¿Y Dreadstar? Aunque sea el teórico protagonista, lo cierto es que buena parte de su existencia ha seguido el camino marcado por un mentor más sabio, consciente y astuto que él. Primero fue Aknatón de Orsiros y después Syzygy Darklock. Uno y otro invocan siempre un inevitable destino al que Vanth parece oponerse fútilmente. Ahora no hay ni guía ni propósito para alguien que toda su vida ha sido un guerrero. Los fantasmas de su esposa y de sus caídos camaradas parecen acosarle. Sin embargo, no todos los entes incorpóreos están en el atribulado cacumen del asesino estelar: Sauce 327 ha descargado una copia de sí misma en los ordenadores de la nave y acompañará a sus colegas en sus nuevas aventuras.
El arribo a la galaxia vecina comienza con un misterio que estará presente durante la mayor parte de la etapa: una especie de tormenta cósmica encierra en su interior a un bebé que Dreadstar rescata y que Skeevo, en un inesperado ataque de paternidad, decide adoptar, bautizándolo como Skeevo hijo. La criatura experimenta un rápido crecimiento y hace gala de una serie de poderes que resultan progresivamente evidentes para la audiencia y para la propia banda. De la infancia a la adolescencia y de ahí a una adultez que va de la mano de una sospechosa madurez. La última incorporación es mucho más de lo que aparenta y hay quien demuestra notable suspicacia ante este hecho. Es el caso de Ángel de Hierro, que descubre con creciente inquietud que el joven experimenta sentimientos amorosos hacia ella.
Entretanto, Dreadstar y compañía exploran esta nueva galaxia, donde queda patente la panspermia del universo creado por Starlin. Tal parece que la naturaleza tiene los mismos modelos para la vida en todo el cosmos, de manera que hay especies humanoides, quelonias, artrópodas y gatunas. El descubrimiento de otro pueblo gato sirve para que el solitario Oedi recupere las esperanzas en torno a la posibilidad de fundar una familia, al tiempo que sirve para que descubran las particularidades de ese rincón del universo que están visitando. Una de las primeras noticias que les llegan es la existencia de un prisionero derrocado, Lord Palafox -préstamo tomado del nombre del defensor de Zaragoza durante las guerras napoleónicas- que ha sido sustituido por su hijo. Dreadstar arrastrará a sus reluctantes compañeros a tomar partido en un conflicto que no conocen bien y en el que queda más que patente que no todo es lo que parece. David juega aquí con alguno de los trucos que le harían célebre durante su carrera como guionista, pero con un desempeño un tanto torpe.
Habiendo elegido bando, Vanth y sus compinches se encargarán de ir ganando aliados para la causa de Palafox. Ello sirve para presentar nuevas civilizaciones de diverso pelaje y a Cookie, una esclava con doble identidad que pertenece a la colectividad gatuna. Ella es rescatada con Oedi y con ello se inicia una trama que culminará con una de esas ceremonias matrimoniales donde una de las partes no sabe exactamente a qué se está prestando. También habrá ocasión con este hilo argumental para que la tropa se dé un paseo hasta el planeta natal de la dama y el guionista se saque de la manga a un venerable gurú gatuno que será la pieza para llevar a cabo una parte del regreso a los orígenes que don Peter va a llevar a cabo, pero no adelantemos todavía los acontecimientos.
En su preparación de la sublevación, las tramas de Skeevo hijo y el desarrollo de ciertos personajes continúa. Así, Ángel de Hierro descubre a un antiguo colega mercenario de sus días de servicio a la Instrumentalidad, el cual deja caer el verdadero nombre de la guerrera -Claudia- y el detalle de que detrás de su bizarra y temible apariencia se oculta el pasado de otra persona bien distinta. Esta trama se desarrollará a través de varias historias de complemento en las que se contará el pasado de ambos personajes y se explicará cómo es posible que aquel compañero de armas acabara en la galaxia vecina por sus propios medios.
Como resulta previsible a lo largo de los episodios, el triunfo y la restauración del señor Palafox en el trono galáctico acaba estallándole en la cara a Vanth, que parece venirse abajo. La banda se fragmenta, Teutón es capturado y sometido a un intensivo lavado de cerebro y reprogramación que le convertirá en un incansable y vengativo cazador de Dreadstar. Skeevo hijo revelará una parte de sus colores y decidirá aliarse con un Palafox que, oh sorpresa, había sido justamente derrocado y encarcelado, pasando de ser un misterio a una ominosa amenaza cuya revelación final está por producirse. Machacado por su mala elección y acosado por el hecho de haber arrastrado a sus amigos, Vanth comienza un camino de redención que coincide con el regreso a un concepto básico en la mitología de la serie: su condición de espadachín. La emblemática hoja volverá a ser restaurada, así como lo es la relación entre el arma y su portador. No será el único ni el último de los retornos. Entremedias, por cierto, y por aquello de que se estrenaba la primera película de Batman dirigida por Tim Burton, los autores se embarcan en una historia de parodia y homenaje que, sin dejar de ser curiosa, pega poco o nada en la serie.
Decididos a corregir su error, los forasteros galácticos cambian de bando y deciden restaurar en el poder al derrocado hijo del tirano. Frente a ellos tendrán al hijo adoptivo de Skeevo que, despechado por Ángel de Hierro, se ha convertido en el verdadero poder tras el trono. Palafox descubrirá para su pesar que su pretendido aliado es quien realmente gobierna, haciendo gala de unos niveles de poderío ciertamente temibles. El combate final revelará el misterio de aquel bebé rescatado en el vacío del espacio: es la encarnación de los doce dioses de la Instrumentalidad. Con grandes esfuerzos es doblegado, pero a un elevado coste: el alma de Ángel de Hierro es secuestrada por un Skeevo hijo absorbido por un portal estelar. Tras de sí queda un resucitado Alto Señor Papal que combate ferozmente a su vieja némesis, pierde una de sus manos y descubre que no está en su galaxia natal. El temible adversario ha vuelto y con un funesto vaticinio: su vida y la de Dreadstar están unidas. El cuerpo sin espíritu de la mercenaria es ocupado por el ¿alma? ¿intelecto? ¿recuerdos? de Sauce.
Después de esta larga, trepidante pero un tanto floja aventura David anuncia que la intención del grupo es la de ir en busca del espíritu de su compañera. Hay tiempo para un par de historias de transición, una de ellas dedicada a la parodia de las dos primeras series televisivas de Star Trek, pero todo termina abruptamente -historias de complemento incluidas- con el cierre de la editorial. La historia quedaba colgada cual salchichón y seguiría así durante tres años. Como apunte anecdótico, hay que decir que el guionista se estaba encargando de escribir los tebeos de la franquicia trequera en DC. Su intención era hacer un díptico inter-editorial entre Dreadstar y la Federación, escribiendo una historia en la que Kirk y su panda se toparan con una banda parecida a Vanth y los suyos. Según cuentan las crónicas nemedias, la distinguida competencia no le dio luz verde y David abandonó la franquicia de sus amores.

Epílogo: la metamorfosis de una odisea.
Me tomo la libertad de copiar el título del artículo con el que José María Méndez resumió para la afición estos tebeos, porque ahora como entonces sigue siendo la mejor descripción de lo que fue y es la etapa en la colección de Peter David. El guionista recibió una colección que llevaba bastante tiempo flojeando y donde se refleja la razón por la cual nadie se plantea cómo continuar el final de los cuentos clásicos. Tolkien intentó iniciar una secuela de El Señor de los Anillos y no lo consiguió. En el caso de Starlin, hay que reconocer que después de una historia del calado de La Odisea de la Metamorfosis presentó una propuesta singularmente atractiva que no solamente tenía acción sino también misterio, intriga y estrategia. Los primeros números de la colección están a un gran nivel: Dreadstar y sus colegas consiguen un alto el fuego, logran mantener el equilibrio de poderes entre las dos superpotencias, recaban el apoyo de una entidad neutral que reúne el poder de la academia y el de los medios de comunicación y fundan su propia religión. Starlin consigue que el principal oponente de los protagonistas -porque el título será individual pero la colección es grupal- el Alto Señor Papal sea algo más que un villano prototípico. Tiene un pasado, una razón, una motivación y una comprensión de la galaxia que sirve para que el autor exponga su visión de la divinidad. Argumentos como el del bombardeo de una ciudad y sus consecuencias exponen la humanidad de estos dos enemigos acérrimos, que están más cerca de lo que podría pensarse en un primer momento. Los elementos de intriga política desaparecerán después del primer duelo entre ambos y dejarán paso a una historia de acción que culminará en una revancha que, vuelvo a decirlo, sabe a poco.
Peter David carga con la tarea de seguir con el espectáculo y cuenta con la bendición y la confianza de Starlin. No lo hace mal, pero dejando aparte la convencionalidad de sus historias, me quedo con la sensación de que está intentando sacar jugo de una piedra. Si se coloca esta etapa frente a su predecesora sale todavía peor parada. Hay ideas interesantes aquí y allá, pero el desarrollo es un tanto pobre.
En la parte gráfica hay que destacar el trabajo de un Ángel Medina que ya muestra buena parte del estilo que le hará célebre posteriormente. Ocasionalmente hay otros dibujantes del colectivo curante como John Calimee -que luce mejor aquí que en su paupérrimo paso por la marveliana Alpha Flight-, Chuck Wojtkiewicz -al que parroquia deceera recordará por sus trabajos con la Liga de la Justicia- o un primerizo Steve Epting. Los entintadores cumplen sin más y el coloreado tiene el problema al que ya hice referencia con el cambio editorial. Todo el mundo cumple, pero el resultado está lejos del nivel de los primeros tiempos de la colección. Es complicado mantener una colección de autor cuando éste ya no está.
Ultílogo: los dos regresos de Dreadstar
Tres años después de la cancelación de la serie clásica, Peter David volvió junto a Ernie Colon e Ian Laughlin para contar la continuación de las tramas que habían quedado colgadas. El resultado fue Jim Starlin’s Dreadstar, editado por el sello Bravura de Malibú Comics en Estados Unidos y por Norma a este lado de la charca. Como comentaba más arriba, nueve meses habían pasado en España desde el final de la historia de Epic y el inicio de ésta, pero la cantidad de números inéditos hacía muy difícil la comprensión de lo acontecido, ítem más si tenemos en cuenta que la Red era un producto de uso más que reducido. La miniserie fue reseñada aquí, por lo que solamente cabe decir que fue una conclusión apresurada que dejaba la puerta abierta a nuevas aventuras que jamás llegaron.
Quien sí lo hizo fue el propio Jim Starlin, que en 2021 lanzaría Dreadstar returns, una novela gráfica de cien páginas en las que el autor volvía al que considera su creación preferida. Acompañado por Jamie Jameson recupera al personaje en su versión icónica, con capucha, pistola y espada, en un contexto que recoge elementos de la serie original: Sauce aún controla los sistemas de la Instrumentalidad; el Alto Señor Papal está en el mundo de los vivos y tiene una ambigua relación de oposición y respeto por Vanth; Oedi y Teutón todavía sirven en las fuerzas del orden. El autor aprovecha un cabo no del todo suelto de la serie para anunciar una nueva amenaza que hará su aparición en la continuación Dreadstar vs. The Inevitable publicada en 2023. El resultado es una historia profundamente nostálgica donde se hace cierto servicio al fan pero que objetivamente no aporta nada nuevo a los personajes.
Estas últimas publicaciones se han llevado a cabo aprovechando los modernos mecanismos de preventa y micro-mecenazgo que dan ciertas plataformas. Gracias a ello se ha podido reeditar también toda la etapa clásica, empezando por el material de Epic Illustrated y terminando con el último de los números que llevo guión de Starlin. El propio Jim ha planteado la posibilidad de hacer algo parecido con la etapa de Peter David. Mientras termino de escribir esta reseña descubro el anuncio de que la colección va a ser reeditada en su país de origen de la mano de Dark Horse. No sería la primera vez que la recuperación se interrumpe, pero al menos es una nueva oportunidad para que nuevas generaciones se acerquen a un tebeo que aborda a través de la fanta-ciencia-ficción problemas que hoy en día resultan tan acuciantes como lo eran cuando el señor Parca se embarcó en una odisea narrativa comparable al viaje de regreso de Ulises a Itaca y desde un punto de vista editorial igualmente accidentado.









Muchas gracias por la reseña, maese Capote. Me encantan tus propuestas de arqueología y cómo transmites tu pasión.
Hace varios años tenía mucha curiosidad por leer lo que había pasado en la colección del perillas tras Starlin, como tú, y busqué todos estos números en inglés. Lo cierto es que no recuerdo prácticamente nada porque, como dices, seguir una serie de autor sin su autor es misión imposible.
Dreadstar es un tobogán cuesta abajo (aunque cierto es que salió de muy arriba):
-impresionante en sus novelas gráficas iniciales (por ambición y calidad gráfica),
-excelente en su primera docena de números de Epic (por maduro y arriesgado),
-notable en el resto de etapa Epic (por consistente y valiente) hasta que Starlin deja de dibujarla (aunque en este último tramo el interés, la singularidad y potencia de los personajes, protagonista incluido, se van diluyendo),
-y mediocre en su etapa First (por falta de originalidad y calidad gráfica).
-Toda la etapa de Peter David transita entre lo anodino y lo olvidable (por lugares excesivamente comunes y falta de carisma)… tendría que ponerle esfuerzo para tratar de encontrarle las virtudes del David que urde tramas y desarrolla personajes (que me ha encantado casi siempre en sus series de largo recorrido) pero no lo voy a hacer por falta de trascendencia.
-Sus nuevas novelas gráficas, pese a recuperar a Starlin como autor completo, como dices, aportan poco a la odisea. Siguiendo la metáfora del tobogán, es el tramo que vuelve a ser plano después de la pronunciada pendiente… pero plano al fin y al cabo.
De haberla cerrado a tiempo, ¡sería una obra en el olimpo de la fanta-ciencia-ficción!