Doctor Radar. Asesino de sabios

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Edición nacional / España:: Doctor Radar. Asesino de sabios, diciembre 2014, Spaceman Books.
Edición original: Docteur Radar. Tueur de savants, enero 2014, Glénat.
Guión: Noël Simsolo.
Dibujo, tinta y color: Frédéric Bézian.
Formato: 64 páginas a color editadas en cartoné.
Precio: 18 €.

 

Sé que no es la primera vez que escribo sobre esto, así que espero no repetirme. Hay una cosa que adoro de leer tebeos. Sucede que, a pesar de que jamás se me haya pasado por la cabeza dejar de comprar cómics, ya que siempre queda un autor, siempre hay algo que me genera curiosidad, bien es cierto que de vez en cuando algo de tedio se acumula después de páginas y páginas ligeramente anodinas. Y no hablo sólo de los multiversos superheróicos, tendentes a repetirse hasta el hartazgo. Las líneas independientes suelen basar sus lanzamientos en modas, de manera buscada o no, donde cuando no es el terror lo más in, se convierte en la ciencia ficción, o en la parodia, o en lo que toque, preñando estanterías con productos clónicos que agotan vetas de diversión. También pasa en el tebeo europeo y supongo que en el manga. Esto, mal común de casi todas las artes del entretenimiento, suele generar cierta desidia, que espanta a los lectores menos curiosos o los menos pacientes. Pues bien, no es que este fuera el caso, pero es cierto que llevaba unas semanas donde apenas nada me causaba ese placer especial, esa chispa que te alegra el día y que sedimenta los pilares de una afición que gestiona mi cuenta corriente con descaro. Cayó en mis manos Doctor Radar y eso que comentaba al principio que adoro de leer tebeos, ese detalle, esa chispa, brotó con arrogancia. Esa admiración, esa mandíbula que cae ante un producto que provoca placer instantáneo, evidentemente particular, y tan especial que te hace sentir igualmente especial solo por tenerlo en tus manos. Esto es, la alegría del descubrimiento, el azote de la curiosidad, la algarabía de querer más material gestado por unos autores que a servidor le eran desconocidos. ¿Tengo tu atención? ¿Sabes de lo que te hablo? ¿Reconoces el encendido de ese motorcito que genera las ganas de conocer más, de tener más de lo que acabas de probar? Pues eso exactamente es lo que me ha pasado al leer Doctor Radar, esa alegría de la ignorancia, de la apertura a un universo particular –aunque reconocible- de manos de un autor al que no le seguías la pista.

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¿Y todo esto por qué? Te cuento. Vamos primero a lo más cercano. A lo conocido o reconocible y no por ello menor disfrutable. Doctor Radar es un folletín, un pulp, un penny dreadful, una novela de a duro o como demonios quieras llamarlo. Es entretenimiento escapista, fácil de seguir, de ritmo endiablado, con un ojo mirando a sus antecesores y otro tratando de hacerlo evolucionar. Doctor Radar es un noir, más bien un polar francés antes de que este término existiera. Con el mismo espíritu de Poirot o Holmes, el novelista Simsolo crea su trama imbuido en el ánima de Gaston Leroux y su ilustre detective aficionado Joseph Rouletabille, dando a luz una historia de misterio que junta los bajos fondos con la alta sociedad en sus dos figuras protagonistas. Músculo y refinamiento, navajas de metal y navajas de carne, o lo que es lo mismo, Pascin y Straub, un bohemio y un aristócrata. El primero, casi más un secundario que se come la pantalla, es una versión libre de la figura del pintor búlgaro del mismo nombre que ya retratara con éxito Joann Sfar en su obra de título homónimo. Conocedor de los bajos fondos, sátiro y satírico, salvaje y deslenguado, es la mejor ayuda posible para el timón de la trama, Ferdinand Straub, un as del aire de la Primera Guerra Mundial, que se convierte en detective de puro tedio. Ambos llevan el caso de un extraño asesinato de científicos –los sabios del título-, cuya investigación común los relaciona con la conquista del espacio. Un misterioso villano, el Doctor Radar, está acabando con ellos, ayudado por una extraña troupe de personajes circenses, que le profesan tanto pánico como admiración. La premisa se desarrolla de ese modo tanto en antros de mala muerte, como en salones reputados, entre científicos y zafios, entre polis y cacos, con todo el acierto de sus referentes más directos, pero con la mirada, como decía, puesta en la actualidad. Como decía, todo es reconocible: el villano del título, de opereta y con un plan de dominio mundial; el protagonista, de moral tan intachable como sagaz es su cerebro; el secundario, un canalla de pura cepa. Sólo falta una femme fatale y una novia cándida. Pero lo que es cierto es que Simsolo da en la diana del género con una trama detectivesca donde las piezas se van desvelando al ritmo de unos personajes que casan en el cliché pero que se antojan con la suficiente personalidad como para generar un interés inusual. Quizá sea esto debido a la calidad de los diálogos o a cierta ironía elegante, pero lo que sí es una certeza es que el producto logra entretener y deja con esas maravillosas ganas de más.

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Esto en cuanto al guión. Pero ahora vamos a quien se lleva el aplauso con vehemencia. Frédéric Bézian es un dibujante curtido ya con multitud de obras a sus espaldas, obras que por cierto, no han caído por estos lares. Y es una lástima, ya que la calidad de su trazo es de esos que, como comentaba arriba, te hacen buscar información, te hacen preguntarte de dónde ha salido este señor y por qué no lo había visto antes. A medio camino entre Tanquerelle, Sfar y Perriot, Bézian domina el lápiz o el lápiz le domina a él. Su trazo es nervioso, ágil, ansioso. El dinamismo de su viñetas es tal que sus personajes parecen mercurio y sus calles desafían las leyes de la perspectiva. Todo está estirado hasta rozar la deformación, estilizado hasta la caricatura, pero todo dentro de un orden, un gusto, un ritmo propio y delicioso que, repito, te hace pasar página con avidez. Por si esto fuero poco triunfo, Bézian domina también el pincel, y sus sombras crean volúmenes que refuerzan esa sensación de viveza al tiempo que silban melodías expresionistas, si eso es posible.

Pedantadas aparte, las mías, que no te espanten. Hazte con este tebeo.

  Edición nacional / España:: Doctor Radar. Asesino de sabios, diciembre 2014, Spaceman Books. Edición original: Docteur Radar. Tueur de savants, enero 2014, Glénat. Guión: Noël Simsolo. Dibujo, tinta y color: Frédéric Bézian. Formato: 64 páginas a color editadas en cartoné. Precio: 18 €.   Sé que no es la…

Review Overview

Guión - 7
Apartado Gráfico - 9
Interés - 8

8

Un deleite visual para una amena trama detectivesca.

Vosotros puntuáis: 4.6 ( 3 votos)
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Franky
Franky
Lector
28 enero, 2015 10:15

Este tebeo ya me atrajo cuando salió y me hice el despistado y ahora por culpa de tu artículo voy a tener que comprarlo. Arrgh !!!.
Gracias.

Jose Angel Ares
Jose Angel Ares
Lector
28 enero, 2015 10:35

Está realmente bien, muy recomendable.

Arturo Porras
Autor
28 enero, 2015 10:40

Raúl, me lo acabas de vender.Reseña espectacular como siempre. Interés máximo pero luego miro precio y páginas y digo…. oh shit!! 64 páginas 18 euros. Y ahí está el dilema